SOLAMENTE AMIGOS- CAPITULO 8: CULPA
Ricardo se levantó de la silla y corrió a socorrer a
Alberto. Luis estaba sobre él y no paraba de golpearle. Cuando Ricardo llegó hasta ellos intentó separarlos
pero Luis le empujó y este perdió el equilibrio y cayó al suelo. Alberto
sangraba por la nariz. Intentaba zafarse de Luis pero este estaba sobre él y le
tenía inmovilizado. Siguió golpeándole en la cara hasta que oyó la sirena de un
coche patrulla. Por suerte la policía pasaba por allí haciendo su ronda y vio
lo que estaba sucediendo. Los policías detuvieron el coche, salieron del vehículo
y corrieron para detener a Luis. Este que vio que se acercaban se puso en pie y
salió huyendo a toda prisa. Uno de los
policías se arrodilló para ver cómo se encontraba Alberto, que estaba tirado en
el suelo inconsciente, sangrando por la nariz y con una herida en la mejilla.
Mientras el otro agente corrió tras Luis, pero después de perseguirlo durante
unos minutos lo perdió entre la gente.
El policía que estaba comprobando el estado de Alberto llamó
a una ambulancia, mientras el otro agente tras volver de la persecución comenzó
a tomar declaración a Ricardo.
La ambulancia tardó en llegar unos cinco minutos y Alberto ya estaba recobrando la consciencia.
Le colocaron en la camilla y después le subieron al vehículo. Ricardo subió con
él en la parte de atrás, la ambulancia
arrancó y salieron camino del hospital.
-¿Qué tal estas?- le pregunto a Alberto.
-Un poco mareado y dolorido- respondió este- Siento la cara
hinchada, ¿estoy muy mal?
-Tienes un ojo morado y un pequeño corte, pero se curará. No
te preocupes. Sigues estando guapo- dijo Ricardo. ¿Por qué había dicho aquello?
Ahora se sentía tonto, pero después de ver como se preocupaba por él y de
ofrecerle su ayuda veía a Alberto con otros ojos.
-Gracias-dijo Alberto sonriendo y después hizo una mueca
debido al dolor- No puedo ni sonreír, me duele.
-Lo siento, todo esto ha sido por mi culpa- se disculpó
Ricardo.
-Tú no tienes la culpa. La culpa es del psicópata de tu
novio.
Ricardo recordó el libro de conjuros, el hechizo, la poción…,
sí, todo aquello había sucedido por su culpa. Si no hubiera jugado con la magia
nada de aquello habría ocurrido. Ahora Luis había enloquecido y quien sabe lo
que sería capaz de hacer.
-Lo siento mucho- volvió a decir Ricardo acercándose a la
cama. Acarició la mejilla de Alberto y este agarró su mano. Tiró de ella para
aproximar a Ricardo hasta él y cuando estuvieron cara a cara se besaron. Para
sorpresa de Ricardo el beso le gustó e incluso algo en su interior estaba
deseando que aquello sucediera.


Me fascinan tus historias sigue asi ;)
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