SOLAMENTE AMIGOS- CAPITULO 7: NECESITO AYUDA
Ricardo entró en su casa apesadumbrado. Había estado todo el camino de vuelta desde
la tienda pensando en el problema que tenía encima. ¿Qué podía hacer para
solucionarlo? La dependienta le había dicho que una vez hecho el conjuro ya no había
vuelta atrás. Quizá solo fuera un efecto secundario pasajero. Dejó el teléfono móvil
sobre la mesa del salón, fue hasta la cocina y cogió el caldero que contenía la
poción. Después lo volcó sobre el fregadero hasta que todo el contenido se fue
por las cañerías. Mejor deshacerse de ella antes de que causara más problemas.
Luego volvió al salón y se tumbó en el sofá. Alargó el brazo para coger el
teléfono móvil y vio que tenía veinte mensajes de Luis. Como había estado
hablando con la dependienta ni se había dado cuenta de que los había recibido.
Los leyó uno a uno. Aquello parecía obra de un psicópata o un acosador. El último
mensaje terminó asustándole de verdad.
<<NO SE PORQUE NO ME CONTESTAS A LOS MENSAJES ¿ES POR
LA DISCUSION DE ANTES? ¿ESTAS PENSANDO DEJARME? NO PUEDES DEJARME. SOY CAPAZ DE
QUITARME LA VIDA. PERO ANTES TE LA QUITARIA A TI PARA QUE NO PUDIERAS ESTAR CON
NADIE MAS.>>
Se levantó del sofá de un salto y buscó la nota que le había
dado Alberto con su número de teléfono. Estaba sobre la mesa de la entrada.
Marcó el número y tras dos tonos de llamada se oyó la voz de Alberto al otro
lado.
-Diga.
-Hola Alberto, soy Ricardo. Necesito hablar contigo.
-Es sobre tu novio, ¿verdad?- le preguntó Alberto aunque ya sabía
la respuesta- por la discusión de antes.
-Sí, que te parece si quedamos en la cafetería de la esquina
dentro de diez minutos.
-De acuerdo, ahora te veo.
Cuando Ricardo llegó a la cafetería Alberto ya estaba allí,
sentado en una de las mesas.
-Que puntual eres- le dijo Ricardo sentándose.
-Cuando alguien necesita ayuda suelo serlo- respondió
Alberto- además me he tomado la libertad de pedir dos cervezas. Una para ti y
otra para mí. Creo que la necesitas- le dijo señalando las dos jarras que
estaban sobre la mesa.
-Muchas gracias- le dijo Ricardo cogiendo la jarra de
cerveza helada y espumosa y dando un largo trago.
-Bien, cuéntame- le pidió Alberto.
-Necesito ayuda. Luis, mi chico, está fuera de sí. Creo que
puede ser peligroso y no sé qué hacer.
-Si crees que puede hacerte daño lo mejor es acudir a la
policía- le indicó Alberto.
En ese momento Luis apareció de la nada y se abalanzó sobre él.
Alberto cayó de la silla y aterrizó en el suelo, mientras Luis se le echaba encima
y comenzaba a golpearle.
CONTINUARA...

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