RELATO GAY: EL GRANJERO Y EL MOZO DE CUADRA. CAPÍTULO 9: OJO POR OJO
Marta regresó a casa cargada de bolsas. Volvía con una sonrisa en los labios. Se había gastado un dineral en ropa, joyas y en diversos manjares que, en su vida pasada, jamás hubiera imaginado que algún día llegaría a probar. También había comprado varios vestidos para su pequeña, y estaba deseando cogerla en brazos, abrazarla y probarle todos y cada uno de aquellos modelitos, porque sabía que iba a estar monísima con ellos.
Dejó las bolsas sobre la pequeña
mesita que se encontraba en el recibidor de la entrada, y recorrió el pasillo
que llevaba hasta el gran salón de la casa. Atravesó la estancia y caminó hasta
la escalera que ascendía hasta el piso superior.
Una vez arriba, llamó a su
marido.
-¡¿Roberto?!- gritó, pero no
obtuvo respuesta- ¡¿Todavía estás durmiendo?! ¡Son más de las doce de la
mañana!
Recorrió el pasillo del piso
superior hasta llegar al dormitorio, donde observó el bulto que formaba su
marido, el conde, bajo la colcha de la cama.
<<Todavía durmiendo>>
pensó << Si le pagaran por dormir sería el doble de rico>>.
Después, dirigió su mirada hacia
la cuna que se encontraba junto a la cama, buscando a su pequeña.
El corazón le dio un vuelco al
ver que la cunita estaba vacía.
-¿Dónde está mi pequeña?- preguntó
aterrada girándose hacia su marido, que permanecía totalmente inmóvil bajo las sábanas-
¡¿Dónde está Claudia?! ¡Claudia!
Gritó, llamando a su hija,
mientras corría hasta la cama para despertar a su esposo. Lo zarandeó con
violencia, pero este no reaccionó. Estaba tapado hasta la cabeza con la sábana y la colcha, y no movía ni un solo músculo.
Marta, de lo más enfadada, y
asustada al mismo tiempo, agarró la colcha y la sábana, y tiró de ellas con
violencia. Bajo estas, encontró el cadáver de su marido, cosido a puñaladas y
cubierto de sangre.
De la boca de la mujer escapó un
grito de terror. Sintió náuseas y estuvo a punto de vomitar, pero apartó la
mirada del cuerpo y consiguió recomponerse.
Las lágrimas inundaron sus ojos,
y entonces, su cabeza quedó ocupada por un solo pensamiento. Solo podía pensar
en su hija. En que a su pequeña no le hubiera pasado nada. Se giró hacia la
puerta del dormitorio para salir a buscarla, y entonces, reparó en que había
alguien allí de pie, en el umbral de esta.
Le reconoció al instante. Ese
alguien, era Guillermo, su antiguo marido.
-¡Has sido tú! ¡Lo has matado! – gritó
Marta sollozando- ¿Qué has hecho con mi pequeña? ¿Dónde está mi hija?
Tras decir esto, corrió hasta
Guillermo y le agarró por la solapa de la camisa.
-¡Asesino!- gritó completamente
fuera de si mientras le zarandeaba violentamente.
Guillermo agarró los brazos de
Marta con fuerza, haciendo que soltara su camisa, y le propinó un empujón para
quitársela de encima.
Esta estuvo a punto de caer al
suelo, pero finalmente logró recuperar el equilibrio.
-¿Qué se siente al recibir tu
propia medicina?- preguntó Guillermo con la voz llena de odio- Tú me quitaste
lo que más quería, y ahora yo te he hecho lo mismo a ti.
-¿Qué has hecho con mi pequeña?
Solo es una niña inocente. Ella no ha hecho mal a nadie. Devuélveme a mi hija.
Mátame a mí, pero a ella déjala en paz- rogó Marta entre lágrimas.
-Puedes ir a buscarla tu misma-
indicó Guillermo- Hace apenas unos minutos he arrojado a tu pequeña al pozo del
jardín. Si te das prisa, a lo mejor llegas a tiempo. Puede que no se haya
ahogado todavía.
Marta miró a Guillermo
horrorizada. Después, le apartó de un empujón del umbral de la puerta y corrió
hacia el pozo del jardín como alma que lleva el diablo, con la esperanza de que
su hija estuviera todavía con vida.
CONTINUARÁ...
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