MÁGICOS 30: CAPITULO 4: MIEDOS
La habitación estaba a oscuras. Solamente entraba un poco de luz por la rendija de la puerta, que estaba entreabierta. Eran las dos de la madrugada y Guillermo estaba despierto. No podía dormir porque tenía miedo, pero su miedo no era debido a sus pesadillas ni a los monstruos de alguna película de terror. Su miedo era real. A sus ocho años, sabía muy bien cuál era la verdadera cara del terror. Era la de su padre. Ese hombre que de día era un ejemplo a seguir: ayudaba a sus amigos y vecinos, era el marido perfecto y siempre tenía una sonrisa en la cara para todo el mundo, pero por la noche, entraba en la habitación de su hijo para hacer cosas que cualquiera que le conociera creería imposibles. Aquella noche Guillermo rezaba para que su padre no le hiciese una de sus visitas nocturnas, pero los pasos que provenían del pasillo le hicieron comprender que ya estaba de camino. La puerta se abrió lentamente, dejando pasar la luz al interior de la habitación. Una sombra se ref...