MÁGICOS 30: CAPITULO 4: MIEDOS

La habitación estaba a oscuras. Solamente entraba un poco de luz por la rendija de la puerta, que estaba entreabierta. Eran las dos de la madrugada y Guillermo estaba despierto. No podía dormir porque tenía miedo, pero su miedo no era debido a sus pesadillas ni a los  monstruos de alguna película de terror. Su miedo era real. A sus ocho años, sabía muy  bien cuál era la verdadera cara del terror. Era la de su padre. Ese hombre que de día era un ejemplo a seguir: ayudaba a sus amigos y vecinos, era el marido perfecto y siempre tenía una sonrisa en la cara para todo el mundo, pero por la noche, entraba en la habitación de su hijo para hacer cosas que cualquiera que le conociera creería imposibles.

Aquella noche Guillermo rezaba para que su padre no le hiciese una de sus visitas nocturnas, pero los pasos que provenían del pasillo le hicieron comprender que ya estaba de camino. La puerta se abrió lentamente, dejando pasar la luz al interior de la habitación. Una sombra se reflejó en la pared del dormitorio. La sombra de un verdugo. Ese verdugo cerró la puerta, y encaminó sus pasos hasta la cama. Guillermo se cubrió la cabeza con la sabana, como si eso fuera a servirle de protección, pero la sabana salió volando, dejándole al descubierto. Las lágrimas comenzaron a  brotar de sus ojos mientras su padre se quitaba los zapatos y se introducía en su cama.

-No hagas ruido ni te muevas, porque será todavía peor- susurró su padre mientras metía la mano bajo el pijama de Guillermo, acariciando sus partes por encima del calzoncillo.

Guillermo notaba a su espalda como el miembro de su padre comenzaba a endurecerse, y sabía que dentro de poco comenzaría su tortura.

*                               *                                 *

Guillermo colgó el teléfono y lo dejó sobre la mesita de noche después de hablar con David. No sabía si aquello iba a funcionar, pero ahora mismo era capaz de agarrarse a un clavo ardiendo. Necesitaba que David estuviera bien. Además, por fin había tomado una decisión. Tanto si aquello funcionaba, como si salía mal, iba a contarle a David lo que sentía. La vida era demasiado corta como para andarse con miedos y rodeos. Su vida no había sido de color de rosa y había superado cosas peores. Todo lo que había sufrido durante su infancia con su padre, le había hecho más fuerte, pero también le había convertido en una persona introvertida y con dificultad para expresar sus sentimientos, pero había llegado el momento de dejar todos sus miedos atrás. Estaba completamente decidido. Mañana por fin le contaría a David que estaba enamorado de él.

*                            *                             *

Los primeros rayos de sol atravesaron la persiana de la habitación. Eran las 7 y media de la mañana. Un haz de luz se posó sobre los ojos de David, que comenzó a pestañear. Se dio media vuelta en la cama y se tumbó boca abajo. Estaba cansado y quería seguir durmiendo un rato más. Le hubiera gustado levantarse y bajar la persiana, para así dejar la habitación a oscuras y poder dormir mejor, pero la pereza se lo impidió. De repente abrió los ojos de par en par. Recordó que la noche anterior había tomado la poción de rejuvenecimiento. Se levantó de un salto de la cama y corrió hacia el cuarto de baño. La verdad es que se sentía con bastante energía, quizá aquello había funcionado de verdad. Entró en el cuarto de baño y encendió la luz. Lo que vio en el espejo le dejó con la boca abierta. Al principio, le costó reconocer a la persona que tenía delante, pero era él. Era él diez años mas joven. Las canas que ya empezaban a aflorar en su cabello castaño, habían desaparecido por completo. Las pequeñas arrugas, que habían aparecido en su frente y alrededor de sus ojos a lo largo de los años, ya no estaban ahí. La incipiente barriga, que todavía no era demasiado prominente, pero que ya empezaba a notarse en su abdomen, había desaparecido dejando paso a unos fuertes abdominales. David recordaba haber tenido aquellos abdominales con veinte años, pero ya casi se había olvidado de ellos.
La poción había funcionado. Se sentía lleno de energía. Se sentía joven de nuevo, se sentía sano y lo mas importante, sentía que ahora tenia la oportunidad de vivir todo aquello que la vida y el destino le habían robado.

CONTINUARA...



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