RETRATO DE UN GAY ADOLESCENTE- RELATO COMPLETO
Me llamo David y tengo 17 años. Me acabo de mudar a una nueva
ciudad porque tuve problemas en el instituto del lugar donde vivía antes. Fui víctima
de bullying y la mejor solución fue abandonar aquel instituto. Sufrí acoso por
un motivo por el que en el siglo en que vivimos, donde se supone que la
gente tiene la mentalidad más abierta y hay libertad de expresión creía que era
imposible. Pero no, hay gente que todavía no acepta ciertas tendencias y
pensamientos. Sufrí acoso por ser gay.
Ahora voy en el coche con mi padre camino a mi nuevo
instituto. Tengo miedo de que vuelva a ocurrir lo mismo otra vez por eso he
decidido mantenerlo en secreto. En mi anterior instituto cometí el error de contárselo
al que creía que era mi mejor amigo, pero en cuanto se enteró dejo de hablarme
y no tardo en contárselo a todo el instituto.
Me despido de mi padre, bajo del coche y voy con paso lento hacia
la puerta del centro. Entro a secretaria y pregunto por mi clase. Me ha tocado
estar en la 4D en el segundo piso. Subo la escalera lentamente y llego
hasta la puerta. Me quedo parado enfrente de ella mirándola. Respiro hondo y
entro mirando alrededor buscando un sitio libre donde sentarme. De repente oigo
una voz que se dirige a mi:
-Hola eres el nuevo, ¿verdad?
-Si me acabo de mudar aquí- le respondo.
-Me llamo Raúl, ¿tu cómo te llamas?
-Yo me llamo David-le contesto.
-Si quieres puedes sentarte a mi lado- me dice- este pupitre esta vacío
-Claro, gracias- le respondo- creía que me iba a tener que sentar
solo.
Me siento a su lado dejando la mochila en el suelo y como todavía
quedan unos minutos para que empiece la clase intento hablar un poco más con mi
nuevo compañero.
- Bueno y como es que este sitio esta vacío- le pregunto
extrañado- la persona que se sienta contigo está enferma.
-Que va- me contesta- ese sitio lleva vacío desde que comenzó el
curso.
- Pero si hace dos meses que empezaron las clases- le digo sin
comprender
-Ya es que yo no soy muy popular en el instituto- me dice Raúl agachando
la cabeza.
-¿Y eso?
- Bueno, te lo contaré. De todas formas te vas a enterar tarde o
temprano- hizo una pausa, trago saliva y continuó hablando- Los demás no
quieren sentarse conmigo porque soy gay.
David se quedó con la boca abierta al escuchar que Raúl era gay.
No sabía que decir cuando de repente alguien le tocó el hombro. David se giró
para ver quien le tocaba, era un chico alto, moreno, y fuerte, se notaba que
hacia deporte.
- Hola me llamo Martín- le dijo el chico a David- Ya veo que eres
el chico nuevo. ¿En serio vas a sentarte en este sitio?
-Bueno...- balbuceo David
-Antes de escoger este sitio deberías saber que Raúl es marica.
Verdad que eres un maricón de mierda- le dijo Martín a Raúl con desprecio.
Raúl agachó la cabeza avergonzado.
David no sabía que hacer ni que decir.
-Ahora que sabes que Raúl es marica no creo que quieras sentarte
aquí- le insistió a David- ¿O es que tú también eres marica? No me digas que
nos han metido en clase a una pareja de maricones.
A David le vinieron a la cabeza las imágenes de todo lo que paso
en el otro instituto cuando habían descubierto que era gay, como le habían
insultado y humillado durante casi un año.
-Entonces que... ¿Vas a sentarte aquí o te vienes a aquel sitio
libre de allí conmigo y mis colegas?- Martín seguía insistiendo.
- Pues...- David pensó un momento y entonces le dijo a Martín-
Creo que... iré a sentarme con vosotros. No quiero que me confundan con un
marica por sentarme al lado de este.
David se fue con Martín y sus amigos al sitio que quedaba libre y
Raúl se quedó mirando el pupitre con la cabeza agachada mientras una
lágrima caía por su mejilla.
Cuando llegaron al pupitre Martín presentó a David y sus amigos.
-Chicos este es el chico nuevo- les dijo- se llama David. Y estos
son Marcos y Víctor.
Marcos era alto, delgado y rubio. Tenía un piercing en la ceja y
era bastante guapo. Víctor era moreno, un poco más bajo que Marcos y estaba un
poco rellenito.
Después de presentarse entró el profesor de matemáticas por la
puerta así que tuvieron que sentarse en sus pupitres y dejar la conversación
para más tarde.
Después de tres horas de clase que se le hicieron larguísimas
a David, primero matemáticas, luego lengua y después química. Por fin llegó la
hora del recreo. Tenía media hora por delante para descansar y comer algo.
Martín y sus amigos se acercaron al pupitre de David y le dijeron que se fuera
con ellos a tomar algo.
- David, vente con nosotros a la cafetería que está enfrente del
instituto- le dijo Martin. Siempre vamos allí a comer algo.
-Sí, tienen unos bocadillos de bacon con queso que están buenísimos-
le dijo Víctor.
-Tu siempre pensando en comer- le contestó Marcos- Así te estas
poniendo de gordo.
-Bueno entonces te vienes con nosotros, ¿no?- le volvió a
preguntar Martín.
-Claro, me apunto- contestó al fin David.
Recogieron sus mochilas y salieron de clase. Cruzaron el pasillo y
allí estaba Raúl solo, sentado en uno de los bancos comiéndose una
manzana. Al pasar a su lado Martín le dijo:
-Mira aquí está el marica- le dio un manotazo en el brazo y
le tiro la manzana al suelo.
Raúl no dijo nada ni se movió, simplemente se quedó mirando la
manzana que había caído al suelo.
Todos siguieron su camino hacia la cafetería riéndose.
Cuando llegaron allí, buscaron un buen sitio y pidieron unos
bocadillos y unos refrescos al camarero. Mientras se los traía siguieron
hablando.
- Venga Martín- comenzó a hablar Marcos- dile a David lo que hemos
planeado hacer hoy cuando terminen las clases.
- Si, a lo mejor quiere apuntarse- añadió Víctor.
-¿Que tenéis planeado hacer?- les pregunto David intrigado- vais a
salir a tomar algo luego.
-No- respondió Martín- Vamos a pegarle una paliza a Raúl cuando
acaben las clases.
David, Martín, Víctor y Marcos salieron de la cafetería después de
tomarse sus refrescos y sus bocadillos. Todavía faltaban diez minutos para volver
a clase así que Martín sacó un cigarrillo y se puso a fumar apoyado en un
coche.
David mientras se comía su bocadillo no había parado de
darle vueltas a lo de la paliza que querían darle a Raúl. Por un lado le
gustaría avisarle porque el mejor que nadie sabía lo que era estar en
aquella situación, pero por otro lado sabía que la mejor forma de hacerse pasar
por hetero y que a él le dejaran en paz era seguirles la corriente a los
matones del instituto y ser su amigo.
-¿Habéis dicho en serio lo de darle una paliza a Raúl?- les
preguntó David.
-Claro que si- respondió Martín- tenemos que enseñarle a ese
imbécil que no queremos maricas en este instituto
-Pero podemos meternos en un lio- le dijo David.
-Ese idiota no dirá nada- dijo Víctor riéndose- desde que llevamos
metiéndonos con él no ha pedido ayuda a nadie, ni se ha quejado al director.
-Pero no es lo mismo insultar a alguien que agredirlo- volvió a
insistir David- podría denunciarnos.
-Tal vez tengas razón- reconoció Martín- quizá deberíamos dejarlo
para mañana. Tengo en casa unos pasamontañas que no he usado nunca, sería un
buen momento para estrenarlos, y con ellos puestos no nos reconocería.
¿Vosotros que opináis?- les pregunto a Víctor y Marcos.
-Si será mejor usar los pasamontañas- dijo Marcos.
Víctor asintió con la cabeza.
-Pues si todos estamos de acuerdo lo dejamos para mañana- dijo
Martín arrojando el cigarrillo al suelo.
Todos se pusieron en marcha y volvieron a entrar al instituto.
David había ganado algo de tiempo, pero tenía que hacer algo para
ayudar a Raúl y que ni Martín, Marcos ni Víctor se enteraran.
Cuando iban caminando por el pasillo David vio que Raúl entraba al
cuarto de baño y le pareció una buena oportunidad para avisarlo de lo que
estaban planeando hacerle.
- Chicos voy un momento al baño- les dijo a los demás- id pasando
a clase que ahora voy.
-No tardes mucho que ahora tenemos inglés y si llegas tarde la
profesora no te dejara entrar, está muy amargada- le aviso Marcos.
- No tardo nada- les dijo corriendo hacia el baño.
David entro al baño y allí estaba Raúl lavándose las manos. Se
puso en el lavabo de al lado a lavarse las manos el también, no sabía muy bien cómo
empezar a hablar con él.
Al fin se decidió:
-¿Qué tal estas?- le preguntó.
-¿Por qué quieres saberlo?- contestó Raúl- Estaría mejor si tus
nuevos amigos me dejaran en paz.
-Ya- le dijo David- Lo siento
-¿Por qué vas con esa gente?- le preguntó Raúl- No pareces como
ellos
-Supongo que es mejor unirse a ellos que estar contra ellos- le
respondió David- En realidad te he visto entrar al baño y quería hablar
contigo. Siento lo de antes. Haberme ido así, tú has sido amable conmigo y me
has dicho que me sentara en el sitio libre que estaba a tu lado y yo he sido un
desagradecido. Pero tengo mis motivos para actuar así.
-¿Y cuáles son esos motivos?- le preguntó Raúl.
-Ahora no es un buen momento para hablar de eso- le respondió- en
realidad he venido a decirte que tengas cuidado con Martín, Marcos y
Víctor.
-Dime algo que no sepa- le contestó Raúl con sarcasmo.
-Me refiero a que tienen planeado darte una paliza mañana a
la salida de clase- le soltó David de golpe.
Raúl se quedó paralizado.
-¿Lo dices en serio?- le preguntó asustado Raul.
-Sí, debes tener cuidado- le advirtió David- ¿Por qué no pides
ayuda a un adulto, habla con el director o con tus padres?
-No creo que sea buena idea- le respondió Raúl- creo que eso
empeoraría más las cosas. Ellos tomarían represalias por delatarlos. Además
siento un poco de vergüenza.
-No deberías avergonzarte por ello, los que deberían sentir
vergüenza son ellos- le dijo David- Además son tres contra uno. Yo sigo
opinando que deberías pedir ayuda.
-Es muy fácil dar consejos- dijo Raúl- Como se nota que no estás
en mi situación.
David pensó para si mismo <<si supieras que me identifico
mas contigo de lo que crees...>>
De repente se abrió la puerta del baño de golpe.
Era Martín.
-¿Pero por qué tardas tanto David?- le preguntó. Entonces vio que
estaba allí también Raúl- ¿Pero se puede saber qué haces aquí con este marica?
Martín entró al baño.
-Bueno ¿porque tardas tanto?- le preguntó a David-La profesora ya
ha entrado en clase y nos va a caer una bronca.
-Ya iba para allá-le contestó David- Me estaba lavando las manos.
Raúl se dirigió hacia la puerta para salir del baño pero Martín le
cortó el paso.
-¿Y qué haces tú aquí marica? -le dijo a Raúl dándole un empujón-
No te dedicaras a espiar a los demás chicos en el baño...
-Yo ya me iba- le contestó el.
-Venga Martín deja que se vaya- le dijo David.
-David no me digas que tú no tienes ganas de darle una lección a
este gilipollas- dijo Martín agarrando a Raúl por la solapa de la camisa.
-Deberíamos ir a clase antes de que se haga más tarde todavía-le
insistió David.
Martín empujó con fuerza a Raúl y este estuvo a punto de caer al
suelo.
- ¿Y tu porque le defiendes tanto?- se volvió hacia David- Antes
en la cafetería no parabas de poner excusas para nuestro plan y ahora también
le defiendes.
-Yo no estoy defendiendo a nadie-contestó David- simplemente te
estoy diciendo que vayamos ya a clase porque cada vez se nos está haciendo más
tarde.
-Vale, pues demuéstrame que eres como nosotros y que mereces estar
en nuestro grupo-le dijo Martín a David- Dale un puñetazo a Raúl y entonces te
creeré.
-Pero que dices- respondió Raúl- no voy a pegar a nadie.
-Venga demuéstrame que no eres un marica como el, dale un buen
puñetazo en la cara.
Raúl los miraba a los dos con cara de asustado. Quería escapar
pero Martín le cortaba el paso hacia la puerta.
-Yo te lo sujeto, dale un buen puñetazo- Martín seguía
insistiendo. Agarró a Raúl por los brazos, que luchaba por soltarse pero Martín
tenia más fuerza que el.
-¿Por qué haces esto Martín?- grito Raúl- ¿Por qué odias tanto a
los gays? Actúas así desde aquella noche.
-¡Cállate!- le gritó Martín.
-¡Actúas así desde que aquella noche me besaste! ¡Martín odias a
los gays porque en realidad te odias a ti mismo! ¡Porque no quieres aceptar que
tú también lo eres!
Se hizo un silencio inmenso en el cuarto de baño. Martín soltó a
Raúl, que en cuanto estuvo libre corrió hacia la puerta y desapareció por el
pasillo.
David se quedó con cara de asombro mirando a Martín. Aquello sí
que no se lo esperaba.
David y Martín se quedaron mirándose unos segundos.
Después Martín empezó a hablar.
-No te habrás creído nada de lo que ha dicho Raúl, ¿verdad?- dijo
completamente exaltado- se lo ha inventado todo. Eso es mentira, como voy a
besarle.
David no sabía que decir. Se había quedado sin palabras después
del bombazo que acababa de soltar Raúl. Claro que se lo creía, aquello lo
explicaba todo. ¿Por qué razón iba a odiar tanto Martín a Raúl? Pues porque
eran iguales pero Martín no quería aceptar su homosexualidad. Como bien había
dicho Raúl a quien se odiaba era a el mismo.
-No me puedo creer que haya dicho que le bese- Martín seguía
negándolo- ¿Y tú te lo has creído? Yo no soy maricón.
-Bueno...- David seguía sin saber que decir.
-¡Ya ha sembrado la duda ese imbécil! Espero que esto no salga de
aquí David. No le cuentes esto a nadie.
-Claro, tranquilo- le contestó David.
-Estoy deseando que llegue mañana porque no solamente voy a darle
una paliza a ese marica, le voy a matar.
Después de decir aquello Martín se marchó cerrando la puerta del
baño de un portazo.
El resto del día pasó sin complicaciones. Durante las dos horas
que quedaban para salir del instituto Martín no molesto en ningún momento a
Raúl. Estaba reservándose para el día siguiente.
Cuando David llego a casa sus padres todavía no habían regresado
del trabajo. Subió las escaleras hasta su habitación y se tiró encima de la
cama.<< Menudo primer día de clase- pensó- solo espero que mañana Raúl no
vaya a clase>> Decidió dormir un poco mientras esperaba a que
llegaran sus padres para comer. Poco a poco fue quedándose dormido pensando en
el día que le esperaba mañana y en que podía hacer él para evitar que
le dieran la paliza a Raúl.
El coche se acercaba a gran velocidad. De repente dos cuerpos
salieron de la nada. Eran dos chicos que forcejeaban. El conductor del coche
intento frenar pero resultó imposible. Arrolló a uno de los dos chicos, que
chocó contra el coche y cayó al suelo rodando. El otro
chico huyó. Todo el mundo corrió hacia él joven que yacía en el suelo para
socorrerle. Una mujer sacó su teléfono móvil y llamó a una ambulancia.
El joven no se movía y estaba boca abajo por lo que la gente no podía ver
su rostro. Otro joven apareció de repente, corrió hacia el cuerpo y le dio la
vuelta.
UNAS HORAS ANTES...
La mañana había pasado bastante lenta. Faltaba menos de media hora
para que acabaran las clases. Durante el recreo Martín, Marcos, Víctor y David
se habían reunido para hablar sobre la pelea. Martín le había dado a cada uno
un pasamontañas y habían quedado en esperar a Raúl en la calle paralela al
instituto ya que este pasaba por allí para ir a su casa. David intentó
persuadirlos pero fue imposible, Martín estaba demasiado enfadado porque Raúl
había contado su secreto, no había quien le parara.
Raúl no había hecho ningún caso a las advertencias de David y
había ido a clase como si nada. Las cosas iban a acabar muy mal y no se le
ocurría nada para poder evitarlo. Contárselo al director del instituto o a uno
de los profesores estaba descartado, David no quería ser un chivato, sobre todo
porque no quería que después tomaran represalias contra él. De repente el
sonido del timbre le sacó de sus pensamientos. Ya habían acabado las clases.
Había llegado el momento.
Martín, Marcos y Víctor recogieron todas sus cosas todo lo deprisa
que pudieron y se colgaron las mochilas a la espalda. David se colgó la mochila
en el hombro y enseguida Martín le agarró del brazo y salieron los cuatro
de clase corriendo. Martín quería llegar antes que Raúl para esperarlo y
pillarle por sorpresa. Cuando salieron de la clase Raúl todavía seguía
recogiendo así que tenían tiempo de sobra para prepararse.
Cuando llegaron a la calle que habían acordado Víctor se quedó en
una esquina vigilando para avisar a los demás cuando Raúl se estuviera
acercando. No pasaba mucha gente por aquella calle, por eso la había elegido
Martín. David y Marcos se escondieron detrás de un coche.
-Bueno id sacando los pasamontañas y tenedlos preparados- les dijo
Martín.
-Yo vuelvo a decir que no es buena idea hacer esto- les insistió
David- Os dais cuenta de lo que queréis hacer, es una locura. No os basta con
hacerle la vida imposible todos los días en el instituto.
-Claro que no- respondió Martín- vamos a demostrarle que no
queremos maricas en el instituto. Él se lo ha buscado.
-Además será divertido partirle la cara a ese niñato- dijo Marcos
riendo.
Víctor corrió hacia ellos para avisarles de que ya venía Raúl.
Todos se colocaron sus pasamontañas y esperaron ocultos detrás del coche hasta
que Raúl pasó por su lado, entonces salieron y le rodearon. Raúl los miraba con
cara de asustado.
-¿Qué queréis?- pregunto completamente aterrado-¿Quiénes sois?
Nadie dijo nada. Martín simplemente le empujo y Raúl cayó al
suelo. Una vez en el suelo Marcos le propino una patada en el estómago y Víctor
le dio otra en la espalda. David se quedó allí parado, estaba completamente
paralizado. Aquello estaba ocurriendo de verdad ante sus ojos. Tenía que hacer
algo. Raúl estaba tirado en el suelo, intentado levantarse. Martín iba a darle
otra patada pero en ese momento David se interpuso y le paró.
-No lo hagas-le dijo David- ya basta. ¿Queréis matarle o que?
-Quítate si no quieres que te parta la cara a ti también- le dijo
Martín mirándole desafiante.
-¡No!- le respondió David.
Entonces Martín lo agarró del cuello y empezaron a forcejear.
David tiró del pasamontañas de Martín y su cara quedo al descubierto. Martín
hizo lo mismo con el pasamontañas de David. Víctor y Marcos los miraban sin
saber muy bien que hacer y Raúl los miraba desde el suelo aterrado.
-¡Por tu culpa ya ha visto nuestras caras!- le gritó Martín a
David.
Se abalanzó sobre él, le dio un puñetazo en la cara y la nariz de
David comenzó a sangrar. David le devolvió el puñetazo, propinándole otro en el
estómago. Martín le agarró del cuello y comenzaron a forcejear otra vez.
Chocaron contra un coche que estaba aparcado y se fueron aproximando a la
carretera. Un coche venía a gran velocidad. David y Martín salieron sin
darse cuenta a la carretera forcejeando y al coche le resultó imposible
frenar. Marcos y Víctor cogieron sus mochilas y huyeron a toda prisa. Raúl
consiguió levantarse y vio como el coche se aproximaba hacia David y Martín
pero no le dio tiempo a hacer nada, solo a ver como el coche atropellaba a uno
de los dos.
Raúl se abrió paso entre la gente que se había arremolinado
alrededor del cuerpo. Estaba a medio camino, consiguió ver una pierna pero
todavía no llegaba a ver si el que estaba tendido en el suelo era
Martín o era David. Por fin llegó, se agachó ante el cuerpo y vio
que el coche había atropellado a David. Todavía respiraba. Una mujer había
llamado a una ambulancia y gritó que no lardaría en venir. Pocos minutos
después ya se oía la sirena. Cargaron a David en la parte de atrás de la
ambulancia y dejaron ir a Raúl con él.
Cuando David despertó estaba en la cama del hospital, con una
vía en la muñeca y con dolores por todo el cuerpo. A su lado estaba Raúl
sentado en un sillón. Al ver que David se despertaba se levantó y se acercó
a la cama.
-¿Qué tal estas?- le pregunto Raúl.
-Me duele todo el cuerpo- contestó- ¿tengo algo roto?- le
preguntó David preocupado.
- No- le respondió Raúl- el médico ha dicho que has tenido mucha
suerte y que no te has roto nada.
-Menos mal- dijo David aliviado
-El medico ha llamado a tus padres- le avisó Raúl-
buscamos su número en tu teléfono móvil. No creo que tarden mucho en
llegar. Me quedare contigo hasta que ellos vengan para hacerte algo de
compañía.
-Muchas gracias- le dijo David sonriendo.
-Es lo menos que puedo hacer, estas en el hospital por defenderme-
le dijo Raúl agradecido.
-Tenía que hacerlo-le dijo David- no podía quedarme de brazos
cruzados.
-¿Qué pasó?- le pregunto Raúl- ¿No visteis venir el coche?
-Salimos de repente a la carretera, pero si llegamos a ver el
coche- le respondió David
-¿Y por qué no os apartasteis?- le pregunto Raúl extrañado.
-Yo intente apartarme pero Martín no me dejo- contestó David- No
fue un accidente, Martín me empujo contra el coche.
-Deberíamos hablar con la policía- le dijo David a Raúl- Martín
estuvo a punto de matarme.
-¿Y tú crees que eso serviría de algo?- le contestó Raúl- Sabes
una cosa. Mi padre es policía. ¿Y sabes lo que hizo cuando le conté que me
estaban acosando en el instituto? No hizo nada. Me dijo que ya soy mayorcito
para defenderme yo mismo.
David se quedó mirándole sorprendido. Cada vez iba comprendiendo
mejor la situación. Raúl se sentía indefenso porque ni su propio padre le había
prestado ayuda.
-Mi propio padre pasó de mi- le siguió contando Raúl- Me dijo que
no quería que yo fuera un blando al que le tuvieran que sacar las castañas del
fuego cada vez que tuviera un problema, y que debía arreglármelas por mí mismo.
¿Y sabes una cosa? Creo que tiene razón, tengo que arreglar esto cuanto antes y
tengo que hacerlo yo solo.
-¿Y qué piensas hacer?- le pregunto Raúl sorprendido porque Raúl
había conseguido sacar el valor para afrontar la situación.
-Se me ha ocurrido una idea para acabar con esto para siempre- le
respondió Raúl.
Justo en ese momento entraron los padres de David en la habitación
del hospital. Estaban muy preocupados y corrieron hacia la cama para ver cómo
estaba su hijo. Raúl los saludo y se despidió de David prometiendo ir a verle
al día siguiente.
De camino a casa iba dándole vueltas a la idea que se le había
ocurrido en el hospital. Era la mejor manera de acabar con todo aquello de una
forma definitiva.
Después de un viaje de veinte minutos en autobús por fin llego a
su casa.
Metió la llave en la cerradura y abrió la puerta. A esa hora su
padre no estaba en casa. Vivía solo con su padre desde que este y su madre se
habían divorciado hace tres años.
Se dirigió a la cocina, abrió el frigorífico y saco las sobras de
la comida del día anterior. Metió los macarrones con queso en el microondas y
mientras se calentaban se dirigió hacia su habitación. Subió las escaleras,
entró en su habitación y dejó la mochila en el suelo. Después salió de su
habitación y entró en la que estaba enfrente de la suya. Era la habitación de
su padre. Estaba muy ordenada porque su padre era un maniático de la limpieza.
Se acercó a la mesilla de noche , abrió uno de los cajones y rebuscó dentro.
Sacó la pistola que su padre tenía allí guardada en el doble fondo del cajón.
<< Vamos a ver quién se ríe ahora>> pensó mirando el arma y
sonriendo.
Raúl salió de la habitación de su padre con la pistola en la mano.
Entró en su habitación y guardo el arma en su mochila. Después bajó a comerse
los macarrones con queso que había dejado calentándose en el microondas.
Pasó el resto de la tarde haciendo deberes y viendo la televisión.
Cuando por la noche se metió en la cama su padre no había regresado todavía,
llegaría de madrugada como de costumbre. Pocas veces le veía entre semana por
culpa del trabajo. Hablaban un poco durante el desayuno hasta que su padre se
iba al trabajo y el a clase.
Se quedó dormido enseguida, pensando en el día que le esperaba
mañana.
A las siete de la mañana comenzó a sonar el despertador. Raúl se
levantó de la cama, se dio una ducha y se vistió. Cuando bajo a desayunar su
padre ya estaba sentado en la mesa tomándose su café y sus tostadas.
- Buenos días- le dijo Raúl.
-Buenos días- le contestó su padre- ayer cuando llegué ya estabas
dormido. ¿Qué tal te fue el día?
-Como se siempre- le respondió Raúl.
-¿Te siguen molestando esos chicos?- le preguntó su padre.
-No ya no me molestan- le contestó Raúl- He decidido plantarles cara
como me dijiste, no se van a volver a meter conmigo nunca más.
-Así me gusta- le dijo su padre orgulloso- Hay que plantarle cara
a los problemas y a los miedos.
-Bueno papa voy a por la mochila y me voy, que hoy quiero llegar
antes.
-Pero desayuna algo- le dijo su padre.
-No tranquilo- le contestó Raúl- ya comeré algo en el instituto.
Subió corriendo las escaleras, entró en su cuarto y se agachó al
lado de la mochila. Miró dentro para comprobar que el arma seguía allí y se
colgó la mochila al hombro. Bajó las escaleras corriendo, se despidió de
su padre y salió de casa.
Por fin llegó al instituto. Estaba
nervioso pero totalmente decidido a hacer lo que había planeado. Cruzó la
puerta de entrada y miró alrededor del pasillo buscando a Martín, Marcos o
Víctor pero no vio a ninguno de los tres. A lo mejor habían decidido no ir a
clase después de lo que había pasado el día anterior. Entonces vio salir a
Martín de clase y entrar en el cuarto de baño. Aquel era su momento. Fue a toda
prisa hacia el baño y entró tras Martín. Este al notar que alguien había
entrado detrás de él se dio la vuelta para ver quién era y entonces Raúl le dio
un puñetazo tirándole al suelo.
-¿Pero qué haces? Es que no tuviste bastante ayer. Te voy a partir
la cara y hoy no tienes a nadie que te defienda- le gritó Martín desde el
suelo.
Raúl saco rápidamente la pistola de la mochila.
- Te equivocas, hoy he venido con mi amiga- le dijo mostrándole el
arma.
Martín se quedó mirándole desde el suelo, completamente paralizado
por el miedo.
Martín miraba desde el suelo como Raúl le apuntaba con la pistola.
- ¿Tienes miedo?- le pregunto Raúl - Ahora sabes lo que se siente
al tener miedo. ¿Sabes lo que es venir al instituto todos los días con miedo?
Pensando en cómo te van a humillar.
Martín seguía en el suelo sin moverse.
-Si te pegara un tiro ahora mismo libraría al mundo de un
gilipollas como tú y evitaría que le volvieras a hacer lo mismo a más gente.
-No dispares- le suplicó Martín- siento lo que te he hecho.
-Ya es muy tarde- le contestó Raúl sacando su teléfono móvil-
ahora vamos a hacer un vídeo.
Raúl seleccionó la cámara del móvil e inició la grabación de
vídeo.
- Bien ahora vas a mirar a la cámara y vas a repetir lo
que yo diga- le dijo a Martín sin dejar de apuntarle con la
pistola- Vas reconocer en el vídeo que eres gay.
-No pienso hacer eso- le respondió Martín.
-Claro que lo vas a hacer. Si no haces la confesión vas a
llevarte un tiro en la cabeza-le advirtió Raúl.
-Estás loco- le gritó Martín- debería haberte atropellado a ti el
coche en lugar de a David y ojala te hubiera matado. Te debería haber empujado
a ti contra el coche en lugar de a él y haber librado al mundo de un marica de
mierda como tú.
Raúl por fin había conseguido lo que quería, en ningún momento
había querido matar a Martín. Había conseguido arrancarle una confesión y la tenía
grabada en el móvil.
Justo en ese momento se abrió la puerta del baño y entró un chico.
Raúl miró hacia la puerta y Martín aprovechó el momento para abalanzarse sobre él
y quitarle el arma. El joven que había entrado al baño huyó al ver la pistola y
Martín y Raúl se volvieron a quedar solos en el cuarto de baño.
-Ahora tengo yo el arma- le dijo Martín- dame el móvil ahora
mismo.
Raúl sacó el móvil del bolsillo y comienzo a acercárselo a Martín,
pero antes de que este lo cogiera le dio tiempo a dar a la tecla de envío y
enviar el vídeo al móvil de David. Cuando Martín tuvo el móvil en su mano buscó
el vídeo para borrarlo, pero cuando lo encontró se dio cuenta de que ya había
sido enviado a un número de teléfono.
El chico que había salido huyendo del cuarto de baño corrió hacia
la sala de profesores para avisarles de que había dos alumnos con una pistola
en el cuarto de baño. Todos los profesores salieron enseguida hacia allí a toda
velocidad y justo en ese momento oyeron el sonido de un disparo.
Todos los alumnos salieron de sus aulas al oír el disparo. La
gente se amontonaba en los pasillos. Todos los profesores corrieron al cuarto
de baño y al llegar allí encontraron el cuerpo de un chico sobre un charco de
sangre. Era Raúl. No se movía. Uno de los profesores llamó a una ambulancia
pero ya era demasiado tarde. Raúl había muerto ya que el disparo le había
alcanzado en el corazón.
Martín había conseguido huir sin que nadie le viera. Corría calle
abajo sin darse cuenta de que llevaba el arma en la mano. Al pasar al lado de
una mujer esta se le quedo mirando con cara de terror, entonces Martín reparó
en la pistola y la guardo debajo de la camiseta. Siguió corriendo sin saber a dónde
dirigirse. A lo lejos se empezaron a oír las sirenas de una ambulancia y
también las de varios coches de policía. Martín decidió parar de correr para no
llamar la atención, vio una cafetería y entró. Una vez dentro se sentó en una
de las mesas del fondo y pidió al camarero un refresco ya que estaba agotado de
tanto correr. Sacó el teléfono móvil de Raúl que se había guardado en el
bolsillo, buscó el vídeo en el que había confesado y vio que Raúl se lo había
enviado a David. Tenía que evitar que David viera ese vídeo, si se lo enseñaba
a la policía Martín estaría perdido porque además sabrían que él era el que
había disparado a Raúl.
El camarero dejó el refresco sobre la mesa. Martín cogió el vaso y
se lo bebió de un trago, estaba sediento por la huida. Después dejó el dinero
sobre la mesa y salió por la puerta. Ya hacía un buen rato que habían pasado
los coches de policía así que era buen momento para salir de allí. <<
Tengo que evitar que David vea el vídeo- pensó mientras andaba por la calle
mirando a un lado y a otro con miedo de que apareciera la policía- iré al
hospital, tengo que borrar el vídeo del móvil de David antes de que lo
vea>>
Caminó a paso ligero hacía el hospital pensando en que haría si
David ya había visto el vídeo
Después de caminar durante más de veinte minutos Martín estaba
agotado. Ya le faltaba menos para llegar al hospital pero justo en ese momento
vio que de frente venia Marcos caminando. Intentó cruzar a la acera de enfrente
para que este no le viera pero no le dio tiempo, Marcos ya le había visto y le
llamaba saludando con la mano.
- ¡Eh, Martín! - le llamó a gritos.
Martín se acercó a él.
-¿Qué tal Marcos? No te había visto- mintió Martín
-¿Por qué no estás en clase?- le pregunto Marcos- Te estas
escaqueando como yo.
-Si- le contestó Martín- es que hoy no me apetecía ir.
-A mí tampoco y después de lo de la paliza tenía miedo por si Raúl
hablaba con el director- le dijo Marcos- Oye, ¿Por qué no compramos unas
cervezas y vamos al parque a pasar la mañana?
-No puedo, es que he quedado con un amigo y ya llego tarde- le
mintió Martín para librarse de el.
-¿Y con quien has quedado?- le preguntó Marcos extrañado.
-Con un amigo que no conoces- le contestó Martín que ya se estaba
poniendo nervioso- Bueno, tengo que marcharme, ya nos vemos en clase mañana.
Se despidieron y Martín siguió su camino aligerando el paso ya que
había perdido mucho tiempo con Marcos. Este se quedó extrañado. Nunca había
visto a Martín tan nervioso.
Por fin Martín llegó al hospital. Entró por la puerta principal y
caminó hasta el mostrador de la recepción. Allí estaba sentada una enfermera
bastante entrada en carnes y que por la bolsa de patatas fritas que tenía a su
lado y de la que iba picando de vez en cuando, no tenía pensado ponerse a dieta
en un futuro cercano. Martín le preguntó a la enfermera por
la habitación de David.
-Hola buenos días- le dijo a la enfermera- Quiero visitar a mi
amigo David Bermejo, ingresó ayer por un atropello.
La enfermera tecleó en el ordenador el nombre y rápidamente le salió
la información en la pantalla.
- Tu amigo está en la habitación 205 en la segunda planta- le
informó la enfermera, mirándolo de arriba a abajo de una forma extraña.
-Gracias- le respondió Martín y se dirigió hacia el ascensor.
Después de esperar un buen rato a que el ascensor bajara, por fin
llegó y Martín se montó en él. Pulsó el botón de la segunda planta, se cerraron
las puertas y el ascensor comenzó a subir. Estaba nervioso, sudaba y tenía la
frente empapada. Sacó la pistola de debajo de la camiseta y la miró sosteniéndola
en la mano. Utilizarla sería el último recurso. El ascensor llegó a la segunda
planta y Martín volvió a guardar la pistola rápidamente antes de que se
abrieran las puertas. Después caminó hacia la habitación de David. Respiró
hondo frente a la puerta y se asomó por la ventanilla de cristal para mirar
dentro de la habitación. Allí estaba David tumbado en la cama, durmiendo y con
el teléfono móvil sobre la mesita de noche.
Martín miraba a través de la ventanilla como dormía David. Ahora
era el momento perfecto para entrar sin que se enterase, coger su móvil y
borrar el vídeo. Comenzó a abrir la puerta de la habitación poco a poco y se
introdujo en ella lentamente. Una vez dentro caminó hacia la mesilla de noche
donde estaba el teléfono móvil. Ya estaba a punto de alcanzarlo cuando de
repente David abrió los ojos. Martín se quedó paralizado y entonces se oyó una
voz a su espalda.
-¡Quédate quieto donde estas y no te muevas!
Martín giró la cabeza y vio que tenía a su espalda a un
policía de unos cincuenta años apuntándole con una pistola. Detrás del entró
otro más joven, también con la pistola en la mano. Se acercaron a él, le
agarraron por los brazos y le pusieron las esposas. Martín no intento escapar,
es más, ni siquiera movió un solo músculo porque todo aquello le había pillado
completamente por sorpresa.
-Creo que se están equivocando- es lo único que salió de sus
labios.
-Yo creo que no- le dijo el policía más mayor- Tu amigo
David nos llamó y nos enseñó el vídeo en el que sales confesando que le
empujaste contra un coche para que este le atropellara. Después recibimos
la noticia de que han disparado a un alumno del mismo instituto del que
sois alumnos vosotros dos- dijo señalando a David y a Martín con el dedo
índice- Tras recibir la noticia del disparo pusimos bajo vigilancia a tu
amigo David y cual fue nuestra sorpresa cuando recibimos una llamada
de la enfermera de recepción diciéndonos que tiene una visita y te
vemos por las cámaras de seguridad con una pistola en el ascensor- siguió
diciendo el policía mientras sacaba la pistola que tenía Martín escondida y la
metía en una bolsa de pruebas- Así que quedas detenido por el asesinato de
Raúl Gutiérrez y por el intento de asesinato de David Bermejo- le dijo el
policía mientras se lo llevaban y le leían sus derechos.
David se quedó allí tumbado en la cama del hospital mientras una
lágrima caía por su mejilla.
DOS DÍAS MAS TARDE...
David estaba recogiendo su ropa y guardándola en una maleta. Por
fin le habían dado el alta en el hospital. Guardó las ultimas cosas, cerró la
maleta y caminó por el pasillo hacia el ascensor. Mientras esperaba a que el
ascensor llegara pensaba en Raúl, no había llegado a conocerle mucho pero
podrían haber llegado a ser buenos amigos. Debería haberle ayudado cuando tuvo
ocasión. Debería haber denunciado a Martín y a los demás y Raúl todavía
seguiría vivo. David se prometió a si mismo no volver a ignorar una situación
así nunca más y la próxima vez denunciar cuando viera un caso de
bullying porque no solo es culpable el que maltrata sino también el que calla.
Es la tercera vez que lo leo y me sigue impactando y gustando aunque aveces me da algo de pena saber que es posible que eso pase ya que una vez lo viví (osea la discriminación, no toda la historia en si) jajaja
ResponderEliminarMuy cierto
Eliminarexcelente uffffffff
ResponderEliminaruuuffff excelentisimo
ResponderEliminarEso es por culpa de los mayores, y los profesores en general. Yo soy hetero, soy una chica. No podría decir que me siento identificada por ti pero me paso algo similar.
ResponderEliminarCuando entre a un nuevo curso me jalaban el cabello y me pegaban en el baño, la profesora me hecho la culpa a mi y me dijo qu si alguna vez decía algo a mis padres seria por mi inmadurez. Un dia tiraron mi ropa al baño y la profe me ridiculizo delante de todo el curso.
Todavia esos recuerdos no me dejan ser libre, no puedo hablar con soltura.
Pero te entiendo.
Lo único que no me cabe en la cabeza es porque nadie hace nada, osea son los mayores, ellos deberían frenar ese abuso.
En mi curso existe un chico que es gay y todos se burlan de el, incluyendo profesores.
A mi eso me molesta.
Me da rabia.
Algun dia sere una profesora y nunca, nunca en mi vida voy a hacer lo que todos hacen. Yo si voy a frenar esos abusos.
A veces me levanto por las mañanas y tengo que ver a esas personas que me golpeaban antes, las veo y no siento nada.
Ya no pueden tocarme.
Me corte el cabello hace tiempo, el solo tenerlo largo me recuerda todo lo que he sufrido. Aprendí a perdonar pero esas secuelas se quedaron ahí para siempre.
Mi primo es bisexual, el me defendió un dia. Gracias a el pude cambiar y aprender a defenderme. Ahora estoy bien, tengo un novio y la gente habla bien de mi. Ellos no saben nada, piensan que soy una chica inteligente, nunca sospecharían que sufrir grandes maltratos en el colegio.
Aquel lugar de donde SUPUESTAMENTE tienes que aprender lo que es la vida.
Todo el odio que sentía al menos se acabo para mi, hoy puedo frenar los abusos que veo he incluso llego a enfrentarlos.
Tu historia me conmovió mucho.
Es una historia bastante triste afortunadamente no todos somo iguales, y hay muchas personas que no saben respetar eso. No le hecharía la culpa a nadie ya que eso viene en el caracter de cada quien. Aunque no entiendo como es que raul tenía el movil de david si se acababan de conoser, buenoeso no importa, pues el mensaje llega. Seria bueno que muchos estudiante lean estas historias que realmente suceden.
ResponderEliminaruna historia en si q sucede muchas veces pero por dicha no es ami es muy triste e impactante
ResponderEliminarinteresante historia creada para sacudir un poco la mente y el cuerpo de esos abusos, es facil pensar en denunciar, pero dificil para los chicos hacerlo. Lo importante es comenzar a valorarse desde dentro para ser fuertes y animarse a usar y crear todas las herrsmientas para evitar estos abusos,siendo fuerte y seguro de si, nada es imposible.
ResponderEliminarExcelente relato que nos hace reflexionar de lo importante que es la amistad y de detectar el acoso a tiempo ,,,,para evitar hacer daños ,,,
ResponderEliminarPienso que el culpable aquí no es otro que "David". Si se hubiese sentado con Raúl aún después de haberle dicho Martín que era "marica" esto no hubiese pasado, pienso yo. Sea la historia real como inventada creo que las cosas podrían haber acabado de otra forma si se hubiese hecho eso.
ResponderEliminarFran
A mí me pasaba algo parecido. Cuando chico era bastante afeminado. Por suerte era bueno con las materias y gracias a eso gané aliados poderosos. Reconozco que fui manipulador y algo maquiavélico, casi diabólico a veces, pero vi pedir perdón a todos los que alguna vez osaron molestarme. Vamos a ser claros, los adultos son los primeros culpables. Los niños no nacen homófobos ni abusadores. Yo me di cuenta muy pronto que no contaba con ningún apoyo, y simplemente decidí no ser víctima de nadie, costara lo que costara. Nunca tomé una pistola, pero sí fui muy violento, mientras más amenazado y temeroso me veía peor eran las consecuencias para los abusadores. Los adultos me percibieron como abusador y líder negativo, pero nunca permití que se maltratara a nadie débil o diferente porque yo conocía el sentimiento. Todo eso está en el pasado. Ya no soy afeminado, sí gay. Pero en mi mente lo tengo bien grabado "nunca actúes, ni seas, una víctima".
ResponderEliminar