AMOR ONLINE- RELATO COMPLETO
Enrique estaba muy nervioso aquella tarde porque estaba
preparándose para una cita. Había conocido a un chico por internet y
después de hablar durante un mes con él por fin se habían decidido a quedar en
persona. El chico se llamaba Rubén, tenía 29 años, era rubio, tenía los
ojos azules, era alto, delgado, guapo, muy simpático e inteligente. Tenía todo
lo que Enrique buscaba en un hombre. Enrique se acercó al espejo y se miró
en él. Él tampoco estaba nada mal, tenía 30 años, era moreno, tenía
unos ojos marrones enormes, también era bastante guapo y estaba bastante en
forma ya que iba al gimnasio casi a diario. Estaba listo, se puso el abrigo,
cogió las llaves, el teléfono móvil y salió por la puerta.
Bajó las escaleras despacio pensando en la última vez que
había quedado con un chico por Internet, fue hacía ya tres meses y su cita
no se había presentado. Enrique tenía miedo de que aquello volviese a pasar
pero Rubén no parecía el tipo de persona que da plantón a la gente. Habían
quedado en una cafetería del centro así que tenía que coger el autobús y
en menos de quince minutos estaría allí.
Después de esperar un buen rato por fin llegó su autobús, se subió
a él y se sentó en la parte de atrás. El corazón se le iba acelerando por
momentos. Ya faltaba menos para conocer a Rubén en persona.
Tras quince minutos el autobús llegó a su destino. Enrique bajó de
él y caminó hasta la cafetería. Localizó una mesa vacía y se sentó. Había
llegado pronto así que mientras esperaba a que Rubén llegara pidió al camarero
que le trajera una cerveza.
Pasaba el tiempo y Rubén no aparecía. Enrique ya estaba perdiendo
la esperanza porque ya pasaban diez minutos de la hora a la que habían quedado.
Cuando ya estaba pensando en irse alguien le tocó en el brazo.
-Hola Enrique, perdona por el retraso- le dijo Rubén que llegaba
sudando y acalorado- vengo corriendo porque se ha estropeado el autobús y creía
que no llegaba a tiempo.
-No te preocupes, si acabo de llegar- mintió Enrique.
-Menos mal, pensaba que iba a llegar tarde y ya te habrías
marchado- le dijo Rubén aliviado.
Rubén colgó el abrigo en el respaldo de la silla y se sentó. Pidió
al camarero también una cerveza y siguió hablando con Enrique.
-Entonces me dijiste que eres profesor de química, ¿verdad?- le
preguntó Rubén a Enrique interesado.
-Sí, llevo dando clase durante dos años y me encanta- le contestó
Enrique.
-A mi siempre se me dio fatal la química- le dijo Rubén riendo-
Siempre suspendía.
- Bueno y tú eres abogado- le dijo Enrique- si algún día necesito
de tus servicios espero que me hagas un precio especial.
-Claro que si- respondió Rubén sonriendo.
Después de hablar durante más de dos horas decidieron que ya era
tarde ya que tenían que madrugar al día siguiente para trabajar. Pagaron y se
marcharon de la cafetería. Rubén decidió acompañar a Enrique a la parada de su
autobús para hacerle compañía mientras esperaba. Una vez en la parada
intercambiaron los números de teléfono para seguir en contacto y volver a
quedar otro día.
-Rubén tengo que decirte que eres mucho mas guapo en persona- le
dijo Enrique ruborizándose un poco.
-Muchas gracias- contestó Rubén- tu también. Entonces agarró a
Enrique por la cintura, le aproximo hacia él y le plantó un beso en los labios.
Justo en ese momento llegó el autobús de Enrique, dejaron de besarse y se
despidieron.
-Nos vemos otro día- le dijo Enrique mientras subía al autobús.
-Claro que si- le respondió Rubén- Y espero que sea pronto.
Rubén se quedó allí mirando cómo se alejaba el autobús y después caminó
hacia su parada. Cuando llegó a la parada tuvo la suerte de que el autobús
estaba allí, corrió para alcanzarlo y se subió.
Después de un trayecto de media hora llegó por fin a su casa.
Estaba cansado. Subió las escaleras despacio y por fin llegó a su puerta. Llamó
al timbre y al otro lado de la puerta se oyeron unos pasos que se acercaban.
Abrió la puerta una mujer de unos 30 años, muy guapa, morena y con ojos verdes
que llevaba puesto solamente un albornoz y una toalla en la cabeza. Rubén entró
en la casa y cerraron la puerta.
-Acabo de salir de la ducha- le dijo ella- Que bien que ya estés
en casa cariño, ya te echaba de menos. Desde que estas tan ocupado parece que
no tengo novio.
-Sí, creo que trabajo demasiado- le contestó Rubén.
- Claro que trabajas demasiado- le dijo Bárbara, que así se
llamaba la novia de Rubén- últimamente nos vemos muy poco.
-Sabes que ahora estoy trabajando en muchos casos- le mintió Rubén.
-Ya lo sé, pero recuerda que nuestra boda es dentro de una semana
y para ese día te quiero solo para mí- le dijo Bárbara agarrándole por la
cintura y besándole en los labios.
-Me tendrás para ti ese día y para el resto de tu vida- le
contesto Rubén.
Entraron en la cocina besándose, donde Bárbara había preparado la
cena y la tenía ya servida en los platos.
Mientras, Enrique en su casa no paraba de pensar en la cita que
acababa de tener. Rubén le había parecido un chico maravilloso. No quería
hacerse muchas ilusiones porque en otras ocasiones las cosas al final no habían
salido bien, pero Rubén le había encantado. Sacó la cena que tenía preparada en
la nevera, un par de muslos de pollo que habían sobrado de la comida y los
metió en el microondas para calentarlos un poco. Mientras fue a su habitación y
dejo el abrigo sobre la cama. Notó un olor fuerte en la habitación y se dirigió
al armario. Lo abrió y de su interior salió un brazo que cayó al suelo
inerte. Enrique se quedó mirando el cadáver que estaba en el interior de
su armario con desprecio. Era el cuerpo de un hombre de unos 30 años y estaba
completamente desnudo.
-Tengo que hacer algo contigo- le dijo al cuerpo en voz alta-
estas empezando a oler mal. Siento que hayas acabado así pero deberías haberlo
pensado bien antes de engañarme. Ya me he librado de tu amante, la verdad
es que no me llegaba ni a la suela de los zapatos. El pobre ha acabado
enterrado al lado de un rio. A ti te enterrare en otro lugar, claro, no quiero
que paséis la eternidad juntos.
Enrique volvió a meter el brazo en el interior del armario y cerró
la puerta.
- Esta noche de madrugada me librare de ti- dijo hablándole al
cadáver a través de la puerta del armario- ya he encontrado un sustituto,
ya no te necesito.
Salió de la habitación y se dirigió a la cocina para cenar. Sacó
el pollo del microondas y dejó el plato sobre la mesa. Cogió los cubiertos y un
vaso de agua y se sentó a cenar.
Mientras cenaba no paraba de mirar el móvil, pensando en cuando
enviarle un mensaje a Rubén para volver a quedar.
Mientras Rubén en su casa ya se había acostado en la cama. Su
novia estaba a su lado ya dormida y el no paraba de mirar el móvil sin poder
pegar ojo. Por fin se decidió, cogió el móvil y empezó a teclear.
<< ENRIQUE ME HA ENCANTADO CONOCERTE Y LO HE PASADO MUY BIEN.
ME APETECE MUCHO VOLVER A VERTE, ¿QUE TE PARECE SI NOS VEMOS MAÑANA POR LA
TARDE A LA MISMA HORA QUE HOY Y EN EL MISMO SITIO?>> Después pulsó la
tecla de envío.
Pasados unos segundos recibió un mensaje en el móvil
:<<CLARO, YO TAMBIEN TENGO GANAS DE VOLVER A VERTE. MAÑANA NOS VEMOS.
Habían pasado ya dos semanas desde que Rubén y Enrique se
habían conocido. Rubén ya se había casado con Bárbara y seguía quedando con
Enrique a escondidas. Ella se daba cuenta de las ausencias de Rubén y le notaba
distante. Había hablado de ello con el pero este siempre le
decía que era a causa del trabajo. Ni siquiera se habían ido de luna de miel
porque Rubén no había querido, le había puesto como excusa que tenía trabajo
pendiente y que ya se irían más adelante.
Aquella tarde Rubén había vuelto a quedar con Enrique, se había
duchado y se estaba vistiendo en el dormitorio.
-¿Vas a salir otra vez?- le preguntó Bárbara.
-Si, he quedado con un cliente dentro de una hora- le mintió Rubén
mientras se ponía la cazadora.
-Podrías mirarme por lo menos cuando te estoy hablando-le dijo Bárbara
enfadada- Ya estabas raro antes de casarnos, pero desde el día de la boda lo
estas todavía más.
-Estoy cansado por el trabajo- le volvió a mentir Rubén- no
paro en todo el día.
-Oye si has conocido a otra mujer dímelo- le dijo Bárbara- prefiero
que me lo digas a que me estés engañando.
-No digas tonterías- le contestó Rubén dándole un beso en los
labios- te veo a la hora de cenar y no le des tantas vueltas, voy a una reunión
con un cliente ya te lo he dicho.
Después de decir esto cogió el teléfono móvil y las llaves y salió
por la puerta. Bárbara se quedó allí de pie sin haberse creído una palabra de
lo que le había dicho Rubén.
Rubén llegó a la cafetería donde había quedado con Enrique después
de casi una hora de viaje en autobús, por culpa de un atasco en la carretera.
Este ya estaba sentado tomando un refresco. Rubén se acercó por detrás y le
agarró por los hombros. Enrique se giró y Rubén le dio un beso en los labios.
-Hola, hoy has tardado mucho en llegar- le dijo Enrique.
-Si, es que había un atasco enorme y ha tardado mucho el autobús-
le respondió Rubén sentándose y dejando el móvil sobre la mesa.
En ese momento llegó el camarero para preguntarle a Rubén si
quería tomar algo. Este pidió un refresco y siguió hablando con Enrique.
- Tenía muchas ganas de verte hoy- le dijo Rubén a Enrique
agarrándole la mano- he estado toda la mañana pensando en ti.
-Yo también he pensado en ti- le contestó Enrique- estaba deseando
salir del trabajo para venir a verte.
En ese momento llegó el camarero con el refresco de Rubén y este
soltó la mano de Enrique rápidamente y cuando el camarero se marcho volvió a
agarrarle la mano de nuevo.
-¿Por qué me has soltado la mano?- le preguntó Enrique- ¿te da
vergüenza que sepan que eres gay?
-Todavía estoy acostumbrándome a esto- le respondió Rubén- ya
sabes que eres el primer chico con el que estoy, tienes que darme un poco de
tiempo.
-Claro, el tiempo que necesites- le contestó Enrique acariciándole
la mano.
-Voy un momento al baño- le dijo Rubén levantadose de la silla-
vengo enseguida.
Se marchó y Enrique se quedó allí dando un sorbo a su refresco.
Entonces se dio cuenta de que Rubén se había dejado el teléfono móvil encima de
la mesa. Acercó su mano hacia el móvil para curiosear un poco, sabía que
aquello no estaba bien pero Rubén no tenía porque enterarse. Justo cuando tenía
el móvil en la mano comenzó a sonar, Enrique miró en la pantalla el nombre de
la persona que llamaba y leyó: MI CHICA.
Enrique se plantó delante de la puerta del apartamento de Rubén y Bárbara.
Sabía que a esa hora no había nadie en casa ya que los dos estaban en el
trabajo, pero Bárbara siempre volvía antes que Rubén a casa. Abrió la puerta
con sigilo y entró despacio dentro del piso. Llevaba en la mano un sobre con
aconitina, un potente veneno sacado de la planta aconitum. Para algo tenía
que servirle ser químico, además de para dar clase a adolescentes de
veinte años . Aquel era su veneno favorito, lo había utilizado con todas sus víctimas.
Le gustaba ese veneno en especial porque la persona que lo ingería sufría
muchísimo antes de morir. Se dirigió a la cocina y comenzó a buscar por los
armarios. Por fin encontró lo que buscaba, un tarro que tenía una etiqueta
pegada en el exterior en la que se leía el nombre de Bárbara. Era un té en
polvo con sabor a frutas del bosque que a Bárbara le encantaba y en cuyo frasco
Bárbara ponía su nombre para no confundirlo con el té que tomaba Rubén cuyo
sabor no le gustaba nada. Enrique abrió el frasco e introdujo en el todo el
contenido del sobre, lo agitó un poco, lo cerro y lo volvió a dejar en su
sitio. Después se dirigió deprisa hacia la puerta para salir del apartamento lo
antes posible, pero oyó pasos al otro lado y como alguien introducía la llave
en la cerradura. Rápidamente Enrique se escondió en una de las habitaciones y
se metió debajo de la cama. En ese momento la puerta se abrió y entró Bárbara.
Había salido antes del trabajo porque su jefe le había dado el resto del día
libre. Dejó el bolso sobre la mesa del salón y fue hacia la habitación a colgar
el abrigo en su perchero. Enrique vio desde debajo de la cama como se acercaba
y se quedó mirando sus pies taconeando sobre el suelo. Bárbara colgó el abrigo
en el perchero y volvió a salir de la habitación. Enrique volvió a
respirar ya que había estado conteniendo la respiración por temor a que Bárbara
le oyera.
Después Bárbara se dirigió a la cocina. Puso a calentar un poco de
agua y sacó el tarro de su té favorito sin saber el peligro que corría. Aquel
té le encantaba, podía tomarse al día tres o cuatro tazas e incluso en verano a
veces lo tomaba con hielo. Una vez que el agua estaba caliente, se sirvió una
taza y añadió dos cucharadas de té en él., removió durante unos segundos hasta
que todos los polvos estaban disueltos y dejó la taza sobre la encimera de la
cocina. Sacó de uno de los armarios unas pastas que también le encantaban,
cogió dos de la caja y volvió a guardarla. Dio un mordisco a una de las pastas
y volvió a coger la taza. Dio un sorbo, la alejó y olio su contenido. Parecía
que el té sabia diferente, pero no le dio importancia y siguió bebiendo. Cuando
dejo la taza vacía, la metió en el fregadero para fregarla más tarde y terminó
de comerse las pastas. Después decidió ponerse a preparar la comida y fue hacia
la nevera para coger algunos ingredientes, pero antes de llegar hasta el
frigorífico comenzó a encontrarse mal. Empezó a notar un hormigueo y un picor
en la boca que poco a poco se iba extendiendo hacia la cara y la garganta.
Comenzó a sentir nauseas, vértigo y calambres. Cayó al suelo y empezó a
convulsionar.
Enrique que había estado oculto bajo la cama todo el tiempo, salió
de debajo de esta al oír el golpe del cuerpo de Bárbara contra el suelo y fue
caminando despacio hacia la cocina. Cuando llego allí vio a Bárbara tirada en
el suelo agonizando. Ella se quedó mirándole sin saber quién era esa persona y
sin saber lo que la estaba pasando.
Se dibujó una sonrisa en la cara de Enrique cuando por fin Bárbara
dejó de moverse. Por fin había muerto. Se dio la vuelta para huir de allí
rápidamente y entonces se dio cuenta de que allí había alguien más. Enrique no
había escuchado como alguien entraba en la casa y se paraba en mitad del
pasillo. Era Rubén que miraba a Enrique y al cadáver de Bárbara con la boca
abierta.
Rubén no podía apartar los ojos del
cadáver de Bárbara. Se había quedado paralizado por la impresión de verla allí
inmóvil en el suelo. Lentamente caminó hacia Enrique que seguía de pie al
lado del cuerpo. Cuando llego hasta él le agarró de la camisa y le empujó
contra la pared.
-Por fin lo has hecho- le dijo Rubén a
Enrique besándole en los labios- Por fin nos hemos librado de ella.
-Por poco me descubre- le dijo Enrique-
he tenido que esconderme debajo de la cama.
-Nunca había visto un cadáver- le dijo Rubén
arrodillándose al lado del cuerpo de Bárbara- Solamente he visto muertos en las
películas y no tiene nada que ver con esto, menuda impresión.
EL DIA ANTERIOR...
Enrique cogió el móvil de Rubén y
justo en ese momento empezó a sonar. Enrique miró la pantalla del teléfono para
ver el nombre de quien estaba llamando y en la pantalla leyó: MI CHICA.
Volvió a dejar el teléfono donde estaba
y dejó que sonara. Tenía la cara desencajada. Había descubierto que el chico con
el que salía tenia novia y que le estaba engañando. Llamó al camarero para
pedir la cuenta y marcharse de allí y justo en ese momento volvió Rubén del
baño.
-¿Qué pasa?- le preguntó - Ya quieres
marcharte, si acabamos de llegar.
-Sí, estoy cansado y quiero irme a casa-
le respondió Enrique.
-Pero si hace un momento estabas bien.-
le dijo Rubén extrañado.
En ese momento Rubén se dio cuenta de
que su móvil estaba sobre la mesa y que tenía una llamada perdida. Cogió el
teléfono para mirar quien le había llamado y vio que había sido Bárbara.
-¿Has visto la llamada, verdad?- le
preguntó a Enrique.
-Si, ya sé que tienes novia- le contestó
Enrique muy enfadado- llevas mintiéndome desde el primer día que nos conocimos.
-Todo tiene una explicación- le dijo Rubén.
-Sí, que no te atreves a salir del
armario y Bárbara es tu tapadera.
-No- le respondió Rubén- si me dejas que
te lo explique te contaré todo.
-Vale- le dijo Enrique - te doy cinco
minutos.
Rubén comenzó a hablar.
-No quiero a Bárbara y nunca la he
querido, ni tampoco estoy con ella para utilizarla como tapadera - explicó- Me
case con ella hace una semana porque su padre tiene mucho dinero y al casarse
ella iba a recibir su parte de la herencia. Ahora ese dinero me pertenece a mí
también. Ahora solamente tengo que librarme de ella.
- ¿Y que piensas hacer?- le preguntó
Enrique- ¿vas a divorciarte?
-No, porque entonces la mitad del dinero
seria para ella y yo lo quiero todo- le respondió Rubén- Que te parece si la
matamos y nos vamos muy lejos con el dinero.
-¿Estás hablando en serio?- le preguntó
Enrique.
Claro que si- respondió Rubén
emocionado- Hay que hacer que parezca un accidente y después podremos ir donde
queramos y tendremos un montón de dinero.
- Y si te dijera que sí, ¿cuál sería tu
plan?- le pregunto Enrique con curiosidad.
-Bueno, había pensado que como tú eres químico debes conocer
alguna sustancia o veneno que no deje huella- le dijo Rubén.
-Creo que ya lo tengo- le dijo Enrique que ya estaba totalmente
convencido para hacerlo- conozco un veneno que es casi imperceptible en una
autopsia. Podríamos usarlo.
-Me parece bien- le dijo Rubén sonriendo- ¿Qué te parece si lo
hacemos mañana?
-Vale, no me será difícil conseguir el veneno para mañana- le
respondió Enrique que guardaba en su armario una docena de frascos.
-Entonces te dejo esta copia de la llave de mi casa- le dijo
dejándola sobre la mesa- y anota la dirección en el teléfono móvil.
Una vez que Enrique ya tenía la dirección anotada Rubén le dio los
últimos detalles.
-Recuerda que tienes que ir a la cocina y buscar en el segundo
armario empezando por la derecha. Allí Bárbara guarda un té que le encanta.
Suele tomar dos o tres tazas al día. Ahí es donde debes echar el veneno.
HOY...
Rubén y Enrique se abrazaron y comenzaron besarse al lado del
cadáver de Bárbara.
Después Rubén cambió el frasco del té que contenía el veneno por
uno normal. Decidieron no verse durante un par de semanas para no levantar
sospechas y Enrique se marchó del piso.
A las pocas horas Rubén llamó a una ambulancia muy alterado
explicando que había encontrado a su mujer en el suelo. Todo surgió sin
complicaciones, no encontraron rastro del veneno y la única conclusión a la que
llegaron es que había sido un infarto por muerte súbita.
Pasado un tiempo Rubén recibió todo el dinero de su mujer y
Enrique y él volvieron a verse. Después de unos cuantos meses se marcharon de
la ciudad y se fueron a vivir juntos.
Enrique era feliz porque por fin había encontrado a alguien como él
y Rubén también estaba feliz de compartir sus días con Enrique que había sido
capaz de matar a alguien para demostrarle su amor.
Rubén sabía que podía confiar en Enrique ciegamente.
Enrique confiaba en Rubén, pero por si acaso tenia bien guardado y
escondido un pequeño bote de aquel veneno por si algún día necesitaba usarlo.
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