RELATO GAY: EL GRANJERO Y EL MOZO DE CUADRA. CAPÍTULO 10. FINAL: NO HABRÁ PAZ PARA LOS QUE NOS HAN DAÑADO
Marta bajó la escalera de la casa
a toda prisa, hasta llegar al piso inferior. Corrió con todas sus fuerzas hasta
la entrada, abrió la puerta apresuradamente y la atravesó como un rayo.
Solo podía pensar en su pequeña.
En que esta estuviera bien. En llegar a tiempo para salvarla.
Recorrió el jardín sin demora,
en dirección al pozo. Tropezó con una pala, que el jardinero había olvidado
guardar en el cobertizo de las herramientas el día anterior, y cayó al suelo.
Volvió a ponerse en pie de un
salto y continuó corriendo.
Tras unos segundos de carrera, que para
Marta parecieron horas, consiguió llegar junto al pozo. Se asomó a la abertura
de este, pero no logró ver nada. El pozo era bastante oscuro y profundo, por lo
que la mujer no llegaba a ver el fondo. Se asomó un poco más, pero continuaba
sin ver nada. El corazón latía en su pecho a toda velocidad. En aquel momento
de tanta tensión, el pozo parecía mucho más profundo que de costumbre.
Entonces, desesperada, agarró la cuerda de la cual colgaba el cubo que
utilizaban para sacar agua de aquel insondable pozo, dispuesta a bajar por ella
hasta el fondo de este para salvar a su pequeña. Cuando estaba alzando la
pierna para sortear el borde del agujero y comenzar a descender, unas manos la
empujaron por la espalda, haciendo que cayera al interior de este.
Se golpeó repetidas veces contra el
muro de roca que conformaba las paredes del profundo pozo. Un espantoso
chasquido se escuchó cuando la cabeza de Marta chocó contra una piedra que sobresalía
de dicho muro, haciendo que su cuello se rompiese. La mujer, murió al instante.
Su cuerpo sin vida cayó al agua, donde quedó flotando completamente inerte en
las profundidades del oscuro pozo.
Arriba, asomado a la abertura de
este, se encontraba Guillermo, intentando vislumbrar la terrible escena que
ocultaba el fondo del agujero, pero sin llegar a ver nada; aunque el horrible
chasquido que había escuchado cuando Marta se había golpeado la cabeza contra
la roca, dejaba claro, sin lugar a duda, que era imposible que esta hubiera
sobrevivido.
Tras comprobar que del fondo del pozo no provenía ningún ruido, ni parecía captarse ningún tipo de movimiento, se apartó del agujero y se encaminó hacia la entrada de la casa, donde Lidia y Olaf le estaban esperando. Allí, junto a la puerta de la vivienda, se encontraban la joven muchacha y su hermano, que le observaban con una sonrisa en los labios, contentos porque su plan había salido a pedir de boca. Olaf, sostenía entre sus manos una pequeña manta de color rosa, que escondía algo en su interior. Cuando Guillermo llegó junto a los hermanos, el muchacho le entregó la manta, que el granjero desenvolvió con cuidado, dejando ver lo que la pequeña mantita contenía.
Allí dentro, estaba Claudia, la
hija de Marta. La niña observaba con curiosidad a los tres extraños que la
rodeaban, ajena a lo que acababa de suceder. Guillermo jamás había tenido
intención de hacer daño a la pequeña. Ella era inocente, y no tenía la culpa de
los pecados que había cometido su madre. Nunca la hubiera puesto en peligro. La
niña nunca había formado parte de su plan de venganza.
Lidia, Olaf y Guillermo,
comenzaron a andar por el camino que atravesaba el jardín y que llevaba hasta
la salida de la casa del conde. Lo recorrieron a paso ligero, sin volver la
vista atrás. Tras cruzar la verja de la propiedad, una vez fuera de la vivienda,
Guillermo le entregó la pequeña a Lidia, que la tomó en sus brazos con sumo
cuidado. Acto seguido, el granjero se acercó hasta Olaf, le estrechó entre sus
brazos, y después, le besó apasionadamente en los labios; algo que el muchacho había
estado esperando con ansia, y que Guillermo, en el fondo, también anhelaba con
todo su corazón. Por fin el granjero había superado sus miedos. Tras haber
cumplido la promesa que le había hecho a Héctor sobre vengar su muerte,
finalmente había conseguido cerrar un ciclo. Ya podía continuar con su vida.
Tras aquel romántico momento,
Guillermo, Lidia, Olaf y la pequeña Claudia, se alejaron del lugar lo más
rápido posible, antes de que alguien reparase en lo que había ocurrido en la
vivienda del conde.
Ahora, buscarían un buen lugar donde vivir y criar a la pequeña, ya que los cuatro se habían convertido en una bonita familia.
Ahora, dejarían todo aquel horror
atrás y empezarían de cero.
Ahora, podrían por fin intentar
ser felices.
Ahora… podrían centrarse en el ahora, y dejar el
pasado atrás.
FIN
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