SOLAMENTE AMIGOS- CAPITULO 6: CAOS

Ricardo se quedó mudo al ver la exagerada reacción de Luis por una simple llamada de teléfono. De repente la cara de este cambió y paso de la ira a la calma.

-Lo siento mucho, no sé qué me ha pasado- dijo Luis disculpándose- es que solo con pensar que puedas abandonarme por otro me pongo enfermo.

Ricardo seguía sin palabras.

-Esto no volverá a ocurrir- continuó diciendo Luis.

-Creo que es mejor que te vayas y hablemos mañana cuando estemos más calmados- le dijo finalmente Ricardo señalando la puerta.

-Lo siento de verdad- se volvió a disculpar Luis- mañana hablamos.

Después salió por la puerta totalmente confundido y arrepentido porque ni el mismo entendía aquel cambio de humor tan extraño. Aquello nunca le había ocurrido.

Una vez que Luis  se hubo marchado Ricardo comenzó a atar cabos. La dependienta de la tienda de ocultismo le había avisado de que no debía darle más de un frasco de poción y él no le había hecho caso. Y para empeorar más las cosas Luis había bebido unas cuantas cucharadas extra hacia un momento. Por eso había reaccionado de aquella manera tan extraña. Debía ser algún efecto secundario. Tenía que volver inmediatamente a la tienda y hablar con la dependienta.

En ese momento llamaron a la puerta. Ricardo caminó hasta ella y echó un ojo por la mirilla para ver quién era. Al otro lado estaba su vecino. Se llamaba Alberto. Tenía media melena, barba de tres días y una sonrisa perfecta. Era bastante arrogante y se creía un seductor, por eso a Ricardo no le caía nada bien. Siempre que se cruzaban en el rellano se saludaban, pero nunca había llamado a su puerta. ¿Qué querría?

Por fin se decidió a abrir.

-Hola Ricardo- le saludó.

-Hola, ¿qué tal estas?- le dijo Ricardo devolviéndole el saludo.

-Yo estoy bien, ¿y tú? Es que pasaba frente a la puerta de tu casa y he oído gritos. Después he visto a ese chico salir.

-No pasa nada, solo hemos discutido- le respondió Ricardo un poco avergonzado porque Alberto hubiera escuchado la discusión.

-¿Estás seguro?- le preguntó Alberto-  Yo pasé por algo parecido con mi anterior pareja. Era muy agresivo e incluso llegó a golpearme.

-No, esto solo ha sido una pelea puntual, nunca antes habíamos discutido así.

-Está bien- le dijo Alberto- pero si necesitas hablar o cualquier cosa llámame.

Después sacó un bolígrafo del bolsillo, anotó su teléfono en un papel y se lo entregó a Ricardo.

-Gracias por preocuparte- le dijo Ricardo sorprendido por tanta amabilidad. Creía que ese chico solo pensaba en ir al gimnasio y ligar.

-De nada. Nos vemos por el rellano y ya sabes si necesitas cualquier cosa llámame. Hasta luego.

Cuando  Alberto se marchó Ricardo salió por la puerta a toda prisa camino de la tienda de ocultismo.

Cuando llegó allí la dependienta salía por la puerta ya que era la hora de cerrar.

-Hola, tengo que hablar contigo urgentemente- le dijo Ricardo.

-Lo siento, vuelve mañana- le dijo la dependienta señalando el cartel de cerrado.

-Pero es muy urgente.

-Mira llevo todo el día trabajando y me apetece llegar a mi casa, cenar y meterme en la cama- le espetó la dependienta.

-Es por la poción de amor que hice. El chico al que se la he dado ha tomado más de la cuenta- le dijo Ricardo.

-¿Cuánto es más de la cuenta?- preguntó la dependienta con cara de preocupación.

-Dos frascos y algo más.

-No sabes lo que has hecho- le dijo la dependienta con la cara desencajada- si ha tomado más de un frasco esa persona ya no está enamorada. Estará obsesionada. Ese chico estará loco por ti y una persona así es muy peligrosa. Es capaz de hacer cualquier locura.

-¿Hay algún remedio?- preguntó Ricardo.


-Una vez que está hecho ya no hay vuelta atrás.


CONTINUARA...


Comentarios

  1. Buenisimo el relato..me encantaria continuarlo...recopado men!!!!!!

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  2. Hola :) es la primera vez que me paso por tu blog, y me resulta gratamente interesante...un abrazo!

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