SOLAMENTE AMIGOS- CAPITULO 3: ADVERTENCIA

Ricardo llegó a su casa aquel día bastante animado. Había pasado toda la tarde charlando con Luis y lo mejor era que este había discutido con su novia. Sacó del bolsillo el frasco ya vacío de la poción que había vertido en el refresco. Lo miró impresionado. Parecía que había funcionado de verdad, o quizá simplemente había sido casualidad. Dejó el frasco sobre la mesa de la cocina y después abrió la nevera para preparar algo de cena. Entonces comenzó a sonar su teléfono móvil. Ricardo lo sacó del bolsillo y contestó.

-Diga.

-Hola, quería saber si habías llegado bien a casa- era Luis, era la primera vez que le llamaba preguntando si había llegado bien.

-Sí, ya estoy en casa- respondió Ricardo con una sonrisa de oreja a oreja- ahora iba a prepararme algo para cenar.

-Me alegro de que hayas llegado bien, estaba un poco intranquilo.

-Gracias por preocuparte- le dijo Ricardo encantado.

-Bueno voy a cenar yo también que tengo que acostarme pronto. Mañana toca madrugar- le dijo Luis.

-Vale, mañana hablamos- se despidió Ricardo sonriendo.

-Hasta mañana. Un beso- le dijo Luis antes de colgar.

¿Un beso? ¿Había oído bien? Luis se había despedido con un beso. Aquello sí que era raro. No podía ser casualidad. La poción había funcionado de verdad.




EL DIA ANTERIOR…
Allí estaba Ricardo de nuevo frente a la tienda de ocultismo. Se sentía terriblemente tonto y desesperado, pero después de leer la receta del Hechizo para enamorar a un amigo, se había dado cuenta de que le faltaba un ingrediente. Tenía las dos hojas de laurel, el trébol de cuatro hojas, un pelo de la persona que se quiere enamorar (lo había recogido de la ducha de Luis aquella misma tarde que había ido a visitarle), una gota de sangre de la persona que realiza el hechizo (Ricardo todavía tenía el dedo dolorido por el pinchazo) y le faltaba la raíz de mandrágora. Cuando compró el libro esa mañana había visto que la tenían en una de las estanterías, por eso había vuelto a la tienda para comprarla. Entró y se dirigió al mostrador.

-Buenas tardes- dijo saludando a la dependienta del piercing en la nariz.

-Vaya veo que has vuelto- le dijo esta- seguro que te falta algún ingrediente para tu hechizo.

-Sí, vengo a comprar raíz de mandrágora.

-Me lo imaginaba- dijo la dependienta- la mayoría de los conjuros llevan ese ingrediente. Después caminó hasta la estantería donde estaba la raíz y volvió al mostrador con ella- ten cuidado con los conjuros de amor, son impredecibles y sus resultados son inesperados.

-Pero funcionan, ¿verdad?- le preguntó Ricardo sin prestarle mucha atención.

-Claro que funcionan, pero una persona enamorada es capaz de hacer muchas locuras y más si hay magia de por medio.

-Gracias por el consejo- le dijo Ricardo sin hacerle mucho caso. Después pagó, la dependienta metió el frasco que contenía la raíz en una bolsa y se la entregó. Antes de que se marchara la dependienta le dijo que esperara un momento y busco algo bajo el mostrador.

-Toma este frasco, es un regalo de la casa- le dijo la dependienta entregándole un pequeño frasco vacío con un tapón de rosca- llena este frasco con la poción. Bastara esta cantidad para que funcione. Nunca uses más poción  porque podría ser peligroso.

-Gracias- respondió Ricardo cogiendo el frasco y metiéndolo en la bolsa con la raíz.



HOY…
Ricardo miró el caldero que estaba sobre la encimera de la cocina en el que había preparado el conjuro. Había sobrado mucha poción. Cogió el pequeño frasco y lo volvió a llenar. La próxima vez que quedara con Luis le daría otra dosis. La poción parecía haber funcionado pero lo único que había conseguido hasta ahora era que Luis se preocupase más por él, y Ricardo quería más. Al fin y al cabo, ¿que tenia de malo amar demasiado? ¿Qué peligro podía tener el amor?  Nadie muere de amor, ¿No?


CONTINUARA...








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