MÁGICOS 30.TEMPORADA 2 / THE WALKING GAY: EL ORIGEN. CAPÍTULO 4: SHOCK
La
dependienta estaba sobre David, acercando peligrosamente el cuchillo a su
garganta. Este sujetaba su brazo para evitar que la joven clavara el arma en su cuello.
Guillermo estaba paralizado. Observaba la
escena sin ser capaz de reaccionar. De repente, volvió en sí. Echó un vistazo a su alrededor. Su mirada se detuvo sobre la jarra de la cafetera. La tomó en su mano y
golpeó a la dependienta con ella en la cabeza. La jarra de cristal estalló en
mil pedazos al impactar contra su cráneo. La joven cayó al suelo
inconsciente.
-¿Estas
bien?- preguntó Guillermo mientras ayudaba a David a ponerse en pie.
-Si- respondió
este- pero ha estado a punto de matarme.
-¿Has oído lo
que ha dicho? Si tu mueres los muertos regresarán a sus tumbas- señaló Guillermo.
-No deberías
haberme resucitado- indicó David- Lo que ha dicho la dependienta tiene sentido, ya que yo no debería estar
aquí. Quizá sería mejor que muriera.
-¡No digas
eso ni en broma!- exclamó Guillermo, abrazándole- ahora que te tengo aquí de
nuevo no pienso renunciar a ti.
-¿Y que se
supone que vamos a hacer ahora?- preguntó David - Si lo que ha dicho
esta mujer es cierto las cosas se van a poner muy feas.
-Creo que
deberíamos salir de la ciudad- señaló Guillermo.
-Pues
entonces será mejor que volvamos a casa, cojamos todo lo necesario y nos vayamos
en mi coche lo antes posible- indicó David.
-Estoy de
acuerdo- dijo finalmente Guillermo.
Ambos
salieron a toda prisa de la trastienda y se dirigieron hacia la salida. Justo
cuando estaban abriendo la puerta, oyeron un grito a su espalda.
-¡No puedes
huir de aquí!- vociferó la dependienta señalando a David con el cuchillo en la mano- Nos
condenarás a todos.
Los dos jóvenes se giraron hacia la chica, mientras esta comenzaba a correr hacia ellos. Guillermo
intentó detenerla, pero la joven le empujó contra la pared. Después, esta se abalanzó sobre David, pero en esta ocasión el joven estaba preparado, y le propinó un fuerte empujón, haciéndola caer de bruces. La dependienta cayó al suelo sin soltar el cuchillo, y tan pronto
como pudo, se volvió a levantar. David tomó a Guillermo de la mano y ambos comenzaron a correr, atravesando la puerta de la tienda a toda velocidad. Se
llevaron un susto de muerte al encontrar frente a ellos a dos de aquellos terribles zombies. Eran
un hombre y una mujer, o al menos lo habían sido cuando estaban vivos. Ella
tenía un mordisco en el cuello, del cual brotaba la sangre a borbotones, empapando el jersey de color beige que llevaba puesto, y él llevaba un enorme cristal clavado en mitad de
la cabeza y le faltaba el ojo derecho. La pareja de muertos intentó atraparlos, pero David y Guillermo pudieron esquivarlos por los pelos. La
dependienta, salió tras ellos, pero no tuvo tanta suerte. Los muertos se echaron
encima de ella, cortándole el paso y tirándola al suelo.
-¡No!- gritó la joven intentando liberarse. Pero le resultó imposible. La mujer muerta le mordió en la
garganta, impidiendo que siguiera gritando y haciendo que la chica comenzara a ahogarse con su propia sangre. El hombre muerto le arrancó una oreja de un mordisco, y después, la devoró con ansia.
David y
Guillermo observaron aterrados aquella dantesca escena.
-¡Se la están
comiendo!- exclamó Guillermo- es cierto lo que nos ha contado. Los muertos
regresan sedientos de sangre.
-Y ha dicho
que un solo mordisco te convierte en uno de ellos- señaló David- Ella ya está
perdida. Vayámonos de aquí si no queremos ser los siguientes.
Ambos comenzaron a correr hacia la casa de Guillermo, dejando atrás a la
dependienta y a la pareja de muertos vivientes.
* * *
Los dos jóvenes atravesaron rápidamente la puerta de la casa y la cerraron tras de sí. Durante el trayecto, tuvieron suerte, no se encontraron
con ningún otro zombie. Ya habían tenido suficiente
con la pareja que había devorado a la dependienta. Esperaban no tener que ver nada parecido nunca más. Ambos estaban en estado de
shock después de haber visto como se comían viva a la joven.
-¡No puede ser
cierto!- exclamó Guillermo agitado- ¿Qué he hecho? Todo esto es por mi culpa.
-Tranquilízate-
dijo David, intentando calmarle.
-No puede
ser… No puede ser…- repitió Guillermo, respirando cada vez más deprisa y de
forma más agitada.
-Cálmate
Guillermo, me estas asustando- dijo David con preocupación.
Guillermo
comenzó a temblar y a respirar aceleradamente. El corazón le latía
a toda velocidad y empezaba a sentirse mareado. Entonces, se desplomó en mitad del
salón. David se arrodilló junto a él e intentó reanimarlo, pero Guillermo no
reaccionaba.
-¡Guillermo
despierta!- suplicó David mientras intentaba que este recobrara la consciencia- No me hagas esto ahora.
CONTINUARA...

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