MÁGICOS 30.TEMPORADA 2 / THE WALKING GAY: EL ORIGEN. CAPÍTULO 5: LA HUIDA
Guillermo abrió
los ojos poco a poco. Le dolía la cabeza y sentía nauseas. Estaba tumbado sobre el
sofá, David debía haberle acostado tras desmayarse. Este estaba a su lado,
sentado en el suelo y con la cabeza apoyada sobre su pecho. Se había quedado
dormido, pero al notar que Guillermo se movía se despertó.
-¿Qué tal
estás?-pregunto David, frotándose los ojos- me has dado un susto de muerte.
-Me duele la
cabeza, pero creo que estoy bien- respondió Guillermo.
-Me parece que has
tenido un ataque de ansiedad- indicó David- es normal después de lo que hemos
visto.
-Espero que
no me vuelva a pasar- dijo Guillermo, incorporándose hasta sentarse en el sofá- creía
que me moría.
-Mientras
descansabas he preparado una maleta y unas bolsas con agua y comida- dijo David
señalando el equipaje que estaba al lado de la entrada- en cuanto te sientas
con fuerzas para caminar, nos ponemos en marcha.
-Necesito
beber agua- indicó Guillermo- y después creo que podré caminar hasta el coche.
David corrió
hasta la cocina, cogió un vaso del armario que se encontraba bajo el fregadero y después lo puso debajo del grifo. Lo llenó casi hasta el borde y se lo
llevó rápidamente a Guillermo.
-Muchas
gracias- dijo este tomándolo entre sus manos.
Bebió con ansia hasta dejar el vaso vacío y después lo dejó sobre la mesa.
Bebió con ansia hasta dejar el vaso vacío y después lo dejó sobre la mesa.
-Ya estoy
listo- dijo Guillermo poniéndose en pie- salgamos de aquí cuanto antes.
-Está bien- señaló David, cogiendo las llaves del coche y guardándolas en el bolsillo de su pantalón-
yo llevaré la maleta, tu coge las bolsas de las provisiones.
-Genial- exclamó Guillermo.
Parecía que el dolor de cabeza y las náuseas habían desaparecido. Caminó hasta la entrada y cogió las dos bolsas repletas de latas de conserva, barritas energéticas y botellas de agua mineral.
Parecía que el dolor de cabeza y las náuseas habían desaparecido. Caminó hasta la entrada y cogió las dos bolsas repletas de latas de conserva, barritas energéticas y botellas de agua mineral.
-Vaya, es
cierto que ya estas mejor- dijo David sonriendo- prepárate para empezar a correr en
cuanto habrá la puerta, puede que haya alguna de esas cosas ahí fuera. Por
cierto, ¿Dónde está aparcado tu coche?
- No
está lejos, está aparcado a unos cien metros de aquí, así que no tardaremos mucho en
llegar- respondió Guillermo.
David agarró
la maleta y se dispuso a abrir la puerta.
-¿Estas
preparado para correr?- preguntó.
-Claro- respondió
Guillermo.
David abrió
la puerta y ambos salieron de la casa a toda prisa. Bajaron la pequeña escalinata de la entrada a toda velocidad,
recorrieron el camino de piedra que atravesaba el jardín y traspasaron la verja que daba
a la calle. Un hombre y una mujer corrían calle abajo agarrados de la mano. Esta
lloraba, mientras el hombre tiraba de ella para que corriera más deprisa. Pasaron junto a David y Guillermo a toda velocidad. Les faltó poco para chocar contra ellos, ya que la calle era bastante estrecha.
-Parece que
esto empeora por momentos, debemos llegar rápido hasta el coche, está aparcado por allí-
dijo Guillermo comenzando a correr calle arriba.
Ambos
corrieron en dirección al coche. Enseguida descubrieron de que huía la pareja que
había estado a punto de chocar con ellos. Tres zombies caminaban calle abajo. Un hombre, una mujer y una niña de unos 7 años. Tenían varios cortes en la cara
y los brazos. Debían haber sufrido algún tipo de accidente.
-¿Qué vamos a
hacer? Vienen hacia nosotros- dijo Guillermo aterrorizado.
-Fíjate en
ellos, caminan muy despacio- indicó David- podemos pasar a su lado y no podrán alcanzarnos.
-No puedo
hacerlo- dijo Guillermo- recuerda lo que le hicieron a la dependienta de la
tienda de magia, yo no quiero acabar así.
-Confía en
mi- señaló David- no podrán alcanzarnos, son demasiado lentos.
Los dos jóvenes se
encaminaron hacia los zombies. Estos venían hacia ellos tambaleándose, con los
ojos inyectados en sangre y además emitían un ruido espantoso a través de sus bocas,
parecido al gruñido de un animal. Tenían los brazos extendidos hacia David y Guillermo,
con intención de agarrarlos en cuanto se acercaran. Los jóvenes estaban a pocos
metros de los muertos. La calle era bastante estrecha, pero entre los zombies y
la pared había un hueco, por el cual si David y Guillermo pasaban rápidamente, podían escapar y continuar corriendo hasta el coche.
-Vamos, ahora
es el momento- indicó David- debemos pasar por ese hueco antes de que nos
cierren el paso.
Ambos comenzaron a correr. Los zombies, al ver que se aproximaban, comenzaron a gruñir con más
fuerza. La mujer tropezó con el bordillo de la acera y cayó al suelo, lo que
les facilito aún más las cosas. Los jóvenes aprovecharon para saltar por encima de
ella, mientras esta intentaba levantarse y agarrar sus piernas. David golpeó al hombre con la maleta, y este cayó de bruces, arrastrando a
la niña consigo. Los tres zombies les observaban desde el suelo, con aquella
mirada vacía y aquella aterradora expresión, mientras intentaban levantarse para
atraparlos, pero David y Guillermo eran
demasiado rápidos para ellos.
Por fin llegaron hasta el coche. David abrió el maletero e introdujo la maleta y las
bolsas de las provisiones en él. Lo cerró rápidamente, corrió hacia
la puerta del conductor y se introdujo apresuradamente en el vehículo.
Guillermo hizo lo mismo, introduciéndose a toda prisa en el lado del acompañante.
-Arranca-
apremió Guillermo - Quiero irme de aquí cuanto antes.
David puso el motor en marcha.
De repente, la ventanilla del lado de Guillermo estalló en mil pedazos. Alguien la había golpeado con una enorme piedra desde fuera. David y Guillermo se cubrieron las caras para proteger sus ojos de los trozos de cristal que volaron por el interior del vehículo. Quien había roto la ventanilla del coche era un hombre de unos cuarenta años, con algo de sobrepeso y cara de chiflado.
De repente, la ventanilla del lado de Guillermo estalló en mil pedazos. Alguien la había golpeado con una enorme piedra desde fuera. David y Guillermo se cubrieron las caras para proteger sus ojos de los trozos de cristal que volaron por el interior del vehículo. Quien había roto la ventanilla del coche era un hombre de unos cuarenta años, con algo de sobrepeso y cara de chiflado.
-¡Salid del
coche!- gritó este mientras introducía un brazo dentro del vehículo. Portaba un enorme cuchillo en su mano, e intentaba abrir la puerta para introducirse en el coche. Guillermo
sujetó con fuerza el brazo de aquel perturbado para evitar que le apuñalara.
-¡Vámonos de
una vez!- gritó al ver que el hombre estaba a punto de abrir la puerta.
David dio
marcha atrás para salir del estacionamiento. El hombre perdió el equilibrio y estuvo a punto e caer al suelo. Guillermo aprovechó para cerrar bien la puerta, pero el psicópata seguía agarrado a la
ventanilla, con la mano en la que sostenía el cuchillo dentro del coche. David giró el
volante para incorporarse a la carretera y pisó el acelerador a fondo para
librarse del perturbado. Este seguía aferrado a la ventanilla y agitaba el
brazo en el interior del vehículo intentando apuñalar a Guillermo. David dio un
volantazo y empezó a conducir en zig-zag. El hombre se golpeó contra un
contenedor de basura. Se soltó del vehículo, pero con tan mala suerte que apuñaló a Guillermo en el
hombro antes de caer rodando por la calzada. Un coche apareció de
repente por el lado derecho. David intentó frenar, pero iban a tanta velocidad que le resultó
imposible. Chocaron contra el vehículo, volcando y dando varias vueltas de campana hasta
quedar boca abajo en mitad de la carretera.
CONTINUARA...

Comentarios
Publicar un comentario