MÁGICOS 30.TEMPORADA 2 / THE WALKING GAY: EL ORIGEN. CAPÍTULO 7: CRUCERO GAY

Allí estaba Marcos, en la cubierta del barco con una camiseta azul y un pantalón corto. Llevaba un gorro de lana de color negro en la cabeza, y golpeaba impacientemente el suelo con el pie. Por fin divisó a lo lejos a David y a Guillermo. Se quedó atónito. << ¿Pero David no había muerto?>> se preguntó << Si asistí a su funeral>>.

Marcos había retirado la pasarela de madera para que ningún zombie pudiera subir al barco.
Un par de muertos rodeaban la nave. Eran dos hombres. Uno llevaba rastas y le faltaba la mano derecha. El otro era calvo y tenía un enorme bigote. A este le habían arrancado una oreja, y la sangre  caía sobre la camiseta blanca que llevaba puesta, tiñéndola de rojo. Ambos arañaban la proa del barco intentado subir a él para llegar hasta Marcos. Seguramente David y Guillermo tendrían que ocuparse de ellos para poder atravesar la pasarela sin problemas.

-Allí está el barco- dijo Guillermo señalando la nave.

-Hay dos zombies en la proa, tendremos que matarlos para poder subir- indicó David- será mejor que busquemos algo que podamos utilizar como arma.

Guillermo vio una botella de cristal que sobresalía de una papelera y la cogió para defenderse. David agarró una enorme piedra del tamaño de una pelota de béisbol, y ambos se encaminaron hacia el barco.

-¿Pero qué coño está pasando? ¿Tú no estabas muerto?- preguntó Marcos señalando a David, cuando Guillermo y este estuvieron cerca de la nave.

Los dos zombies, al reparar en la presencia de David y Guillermo, se giraron hacia ellos.

-Hola Marcos- dijo Guillermo- en cuanto nos libremos de estos dos te lo explicaré todo.

El zombie de las rastas se lanzó contra Guillermo. David sujetó fuertemente su piedra con la mano derecha y le propinó al muerto un buen golpe en mitad de la cabeza. Este se tambaleó y cayó al suelo, lo que David aprovechó para ponerse sobre él en cuclillas y golpearle repetidamente en la cabeza con la roca hasta partirle el cráneo.

Guillermo sujetó por el cuello al zombie del bigote y le rompió la botella de cristal en la cabeza. Después, le incrustó en el cráneo la boquilla rota de esta, que se le había quedado en la mano. El zombie seguía en pie. Este se abalanzó contra Guillermo y estuvo a punto de tirarle al suelo. El pedazo de cristal sobresalía de su cabeza como si el zombie fuera un unicornio. David, que ya había acabado con el muerto de las rastas, se interpuso entre Guillermo y el muerto. Este le miró confundido y se quedó completamente quieto. Acercó su cara a la de David y le olfateó. Después, lo esquivó y se dirigió hacia Guillermo. David levantó la piedra y la dejó caer enérgicamente sobre la cabeza del muerto, golpeando el pedazo de cristal que sobresalía de esta e incrustándolo en su cerebro. El muerto cayó al suelo al instante.

-Ya sabemos que destrozándoles el cerebro mueren- dijo David señalando los sesos del zombie de las rastas que estaban esparcidos por el suelo.

Guillermo sintió nauseas al ver aquella masa viscosa de sangre y pedazos de cerebro.

-¡Venga rápido, subid!- exclamó Marcos mientras colocaba la pasarela en su sitio.

Guillermo y David la atravesaron rápidamente. Después, Marcos comenzó a retirarla de nuevo.

-¡Esperad un momento!- gritó alguien a lo lejos.

Era Laura, la amiga de Marcos. Esta llegaba apresuradamente. Su pelo pelirrojo se balanceaba de un lado a otro mientras corría hasta el barco. La joven cruzó la pasarela ágilmente y se introdujo en la embarcación a toda velocidad.

-Siento haber tardado tanto- dijo respirando agitadamente- pero es que me he topado con un montón de esos monstruos por el camino.

-No te preocupes, ahora que estamos todos ya nos podemos marchar- dijo Marcos mientras desataba las amarras y retiraba la pasarela- y ahora espero que vosotros me expliquéis que está pasando y como es que David está vivito y coleando.

Guillermo y David se miraron el uno al otro, preguntándose cómo iban a contar la increíble historia de la resurrección de este último.

Laura se sentó en el suelo del barco para recuperar el aliento. Con cuidado, se bajó las mangas de la camiseta negra que llevaba puesta para cubrir el mordisco que tenía en su brazo derecho.

CONTINUARA...



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