MÁGICOS 30.TEMPORADA 2 / THE WALKING GAY: EL ORIGEN. CAPÍTULO 3: LA SOLUCIÓN
Guillermo y
David llegaron sin problemas hasta la tienda de magia. Tras llamar a la puerta, la dependienta les abrió rápidamente. Les hizo pasar al
interior de la tienda a toda velocidad, y cerró la puerta tras de si, echando el cerrojo. Se notaba que estaba nerviosa por su cara de preocupación y también por la forma en que le temblaban las
manos.
-Vamos a la trastienda- dijo la joven señalando
una puerta que se encontraba tras el mostrador.
Dicha trastienda era un pequeño habitáculo, con una mesa, unas cuantas sillas, una pequeña
nevera, una cafetera, un microondas y un minúsculo baño. La dependienta les
indicó que tomaran asiento, y después, ella tambien se sentó en una pequeña butaca.
-Contadme lo
que ha sucedido- dijo sin más preámbulos.
-He hecho el
conjuro tal como me indicaste- señaló Guillermo- Todo iba bien, pero de repente, los muertos han empezado a levantarse de sus tumbas.
-Debes haber cometido algún error- dijo la joven- enumera, uno por uno, los pasos que has seguido.
- Primero coloqué las
velas sobre la tumba- explicó Guillermo- luego puse a su lado la foto de David, después su camiseta,
vertí mi sangre, esparcí la poción que me diste sobre la arena y por último realicé el sacrificio.
- ¡¿Vertiste
el contenido de la poción sobre la tierra?!- preguntó la dependienta exaltada.
-Sí, es lo
que me dijiste- respondió Guillermo.
-¡Tenías que beber la poción primero y después derramar tu sangre!- exclamó la dependienta
enfadada- ¿Sabes lo pura que era esa poción? Tendría que haber estado diluida en tu torrente sanguíneo.
-Pero... yo
entendí…- dijo Guillermo titubeando.
-Te pregunté
si todo estaba claro y me dijiste que sí. Te dije que había que seguir los
pasos a rajatabla o que habría consecuencias- dijo la dependienta- ¿Sabes lo que has hecho? Nos has condenado a todos.
David los
miraba sin decir ni una palabra. Todavía seguía en shock por lo que acababa de
ocurrir.
-Lo siento mucho-
fueron las únicas palabras que salieron de la boca de Guillermo.
-¡Con sentirlo
no arreglas nada!- exclamó la joven- Lo que ha surgido esta noche no son solo
unos resucitados. Un solo mordisco de uno de esos muertos vivientes te
convierte en uno de ellos. Cualquier persona que muera a partir de este momento, no podrá descansar en paz, y volverá a la vida convertida en uno de esos
monstruos sedientos de sangre.
-Eso es
imposible- dijo David- yo estoy aquí y soy normal.
-Tu eres
normal porque el conjuro iba dirigido a ti- explicó la dependienta- pero has traído
contigo algo contra lo que la humanidad no está preparada para luchar. Por
suerte tiene solución, y si actuamos rápidamente podremos evitar daños mayores.
-¿Cuál es esa
solución?- preguntó Guillermo intrigado.
-Voy a
preparar café- dijo la dependienta, levantándose de la silla y dirigiéndose
hacia la cafetera que se encontraba sobre la encimera-
Esto no es la primera vez que sucede. Durante siglos, la gente ha intentado
resucitar a sus seres queridos. Unos lo consiguieron y otros no. A veces, las
personas regresaban como el mal en estado puro. No volvía aquel querido hijo que tanto echaban de
menos, o aquella difunta esposa sin la que no podían vivir. Volvían malvados.
En una ocasión, sucedió lo que acaba de pasar esta noche, por eso en mis libros
de magia esta descrito lo que hay que hacer en estos casos.
La
dependienta, tras añadir café y agua a la cafetera, pulsó el botón de
encendido. Después, abrió uno de los cajones que se encontraba bajo la encimera, y comenzó a rebuscar en su interior.
-Es un alivio
que haya solución- dijo David- ¿y que es lo que hay que hacer para acabar con
esto?
La
dependienta se giró hacia los dos jóvenes, sosteniendo en su mano el enorme cuchillo que
acababa de sacar del cajón.
-¡Para acabar
con esto debes morir!- gritó abalanzándose sobre David con intención de apuñalarle- Tú
has empezado todo esto y si mueres acabará.
CONTINUARÁ...

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