THE WALKING GAY- CAPITULO 7: LA BASE MILITAR

Por fin Daniel y Ángela llegaron a la base militar. Estaba rodeada por una enorme valla cuya parte superior estaba cubierta de alambre de espino y cuchillas muy bien afiladas.  Se acercaron a la puerta y pulsaron un botón que estaba situado en el lado derecho de esta con un cartel que decía: TIMBRE. A los pocos segundos se oyó la voz de un soldado  por el interfono.

-Acercaros a la cámara que tenéis  sobre vuestras cabezas para veros mejor- les indicó el soldado.
Ángela y Daniel hicieron lo que les dijo la voz y se situaron bajo la cámara.

-¿Os han mordido o habéis entrado en contacto con la sangre o la saliva de algún infectado?- les pregunto.

-No- respondieron los dos al unísono.

-Bien, os voy a abrir la puerta. Pasareis a una sala y después tendréis que atravesar el pasillo que encontrareis frente a vosotros. Al final del pasillo os esperará un guardia que os llevara a una habitación, donde os realizaremos un examen médico. Cuando comprobemos que todo está bien se os asignara una tienda de campaña .

Se oyó un zumbido y después un clic al abrirse la puerta. Daniel entró primero  y Ángela tras él, nerviosa pensando en que cuando le hicieran el examen médico descubrirían que estaba infectada. Atravesaron el largo pasillo en silencio hasta llegar donde les esperaba el soldado.

-Síganme- les dijo cuando les vio llegar y comenzó a caminar.

-¿Ha venido mucha gente?- le pregunto Daniel- Estoy buscando a alguien. Un chico de mi misma edad, se llama Francisco y me dijo que vendría aquí. Es moreno y…

-Cuando estén dentro responderán a todas sus preguntas- le interrumpió el soldado- ahora limítense a seguirme en silencio.

Al fin llegaron a la sala médica, llena de aparatos y artilugios médicos. Allí les esperaban un médico y una doctora con sus batas blancas  que les indicaron que tomaran asiento. El soldado atravesó la sala y se marchó por otra puerta que daba a otro largo pasillo y se perdió por él.

Después de hacerles algunas preguntas la doctora se llevó a Ángela a una sala contigua y Daniel se quedó con el doctor que estaba midiéndole la presión arterial.

Una vez que estuvieron en la otra sala, también llena de aparatos médicos como la anterior, una camilla, bandejas con bisturíes y demás utensilios, la doctora le pidió a Ángela que se desnudara  para examinarla.

-Quítate la ropa y túmbate en esa camilla- le indico la doctora señalando la camilla que estaba frente a ellas.

-¿Tengo que quitarme toda la ropa?- le pregunto Ángela cada vez más nerviosa porque la iban a descubrir.

-Es el protocolo, tengo que examinarte completamente- le explicó la doctora-  No podemos arriesgarnos a dejar pasar a ningún infectado. Después te haré un análisis de sangre  y también analizare tu saliva.

Ángela comenzó a desnudarse lentamente. Se quitó el abrigo, después el pantalón y comenzó a desabrocharse la blusa.

-Creo que te resultaría más fácil desabrochar los botones de la blusa si te quitaras los guantes- le dijo la doctora al ver que Ángela todavía no se los había quitado.

-Si es verdad, con los nervios ni me había dado cuenta- mintió Ángela y comenzó a quitárselos. Primero se quitó el guante de la mano sana y después se quitó el otro  intentando evitar que la doctora viera el mordisco.

Cuando ya estuvo completamente desnuda, la doctora le indico que se tumbara en la camilla y comenzó a examinar cada centímetro de su cuerpo buscando algún indicio de infección.  Al fin reparo en la herida de la mano.

-¿Cómo te has hecho esto?- le preguntó.

-Solo es un arañazo- le dijo Ángela.

-A mí me parecen marcas de dientes- le contestó la doctora acercándose al interfono que estaba al lado de la puerta para avisar a los soldados.

Ángela se levantó rápidamente y sujetó a la doctora por los brazos para impedir que avisara a alguien.
-Suéltame- le dijo la doctora- tengo que avisar para aislarte y ponerte en cuarentena.

-Estoy bien- le dijo Ángela sin soltarla- es solo un rasguño.

Empezaron a forcejear y Ángela empujo a la doctora que cayó al suelo de espaldas. Mientras intentaba levantarse  Ángela miró alrededor buscando un arma hasta dar con un bisturí. Antes de que la doctora se levantara se acercó a ella y sujetándole la cabeza con una mano le rajo el cuello con el bisturí. La sangre empezó a brotar a borbotones. La doctora se llevó las manos a la garganta intentando tapar la herida, pero era imposible. La sangre no dejaba de manar y cada vez se iba sintiendo más débil.


Ángela  se vistió rápidamente y fue hacia la puerta para salir de allí, buscar el campamento y perderse entre la gente para que no la encontraran. La puerta estaba cerrada y se abría con una tarjeta personalizada. Se acercó a la doctora, que ya había muerto desangrada y busco la tarjeta en su bata hasta dar con ella. Después se dirigió hasta la puerta, abrió y atravesó un largo pasillo hasta llegar a otra puerta sobre la que había un cartel que decía: CAMPAMENTO. Atravesó esa puerta y se quedó impresionada por lo que encontró allí. Había cientos de tiendas de campaña y miles de personas que iban de un lado a otro, que formaban corrillos contado sus experiencias antes de llegar a aquel sitio, niños jugando…  Después de observar el campamento durante unos segundos con la boca abierta recordó que tenia que esconderse, cerró la puerta tras de sí y corrió perdiéndose entre la gente.

CONTINUARA...

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