CAPITULO 11: LA PISTOLA
Raúl salió de la habitación de su padre con la pistola en la mano. Entró en su cuarto y guardó el arma en su mochila. Después, bajó a comerse los macarrones con queso que había dejado calentándose en el microondas.
Pasó el resto de la tarde haciendo deberes y viendo la televisión.
A las siete de la mañana, sonó el despertador.
Cuando llegó al instituto, estaba temblando debido a los nervios, pero totalmente decidido a hacer lo que había planeado.
Pasó el resto de la tarde haciendo deberes y viendo la televisión.
Cuando por la noche se metió en la cama, su padre no había regresado todavía. Llegaría de madrugada, como de costumbre. Pocas veces le veía entre semana por culpa del trabajo. Hablaban un poco durante el desayuno, hasta que su padre se iba al trabajo y él a clase, pero nada más.
Se quedó dormido enseguida, pensando en lo que le esperaba al día siguiente.
Se quedó dormido enseguida, pensando en lo que le esperaba al día siguiente.
* * *
A las siete de la mañana, sonó el despertador.
Raúl se levantó de la cama, se dio una ducha y se vistió.
Cuando bajó a desayunar, su padre ya estaba sentado en la mesa tomándose un café y unas tostadas.
- Buenos días- saludó Raúl.
-Buenos días- contestó su padre- Ayer cuando llegué ya estabas dormido. ¿Qué tal te fue el día?
-Como siempre- respondió el joven.
-¿Te siguen molestando esos chicos?- preguntó su padre.
-No, ya no me molestan- contestó Raúl- He decidido plantarles cara como me dijiste. No se van a volver a meter conmigo nunca más.
-Así me gusta- dijo su padre, orgulloso- Hay que plantarle cara a los problemas y a los miedos.
-Bueno papá, voy a por la mochila y me voy a clase, que hoy quiero llegar pronto.
-Pero desayuna algo primero- dijo su padre, señalando las tostadas que había preparado.
-No, tranquilo- respondió Raúl- ya comeré algo en el instituto.
Acto seguido, el muchacho subió corriendo las escaleras y entró en su cuarto. Se agachó al lado de la mochila y miró dentro para comprobar que el arma seguía allí. Después, se echó la mochila al hombro. Sin perder tiempo, bajó las escaleras corriendo, se despidió de su padre y salió de casa.
- Buenos días- saludó Raúl.
-Buenos días- contestó su padre- Ayer cuando llegué ya estabas dormido. ¿Qué tal te fue el día?
-Como siempre- respondió el joven.
-¿Te siguen molestando esos chicos?- preguntó su padre.
-No, ya no me molestan- contestó Raúl- He decidido plantarles cara como me dijiste. No se van a volver a meter conmigo nunca más.
-Así me gusta- dijo su padre, orgulloso- Hay que plantarle cara a los problemas y a los miedos.
-Bueno papá, voy a por la mochila y me voy a clase, que hoy quiero llegar pronto.
-Pero desayuna algo primero- dijo su padre, señalando las tostadas que había preparado.
-No, tranquilo- respondió Raúl- ya comeré algo en el instituto.
Acto seguido, el muchacho subió corriendo las escaleras y entró en su cuarto. Se agachó al lado de la mochila y miró dentro para comprobar que el arma seguía allí. Después, se echó la mochila al hombro. Sin perder tiempo, bajó las escaleras corriendo, se despidió de su padre y salió de casa.
* * *
Cuando llegó al instituto, estaba temblando debido a los nervios, pero totalmente decidido a hacer lo que había planeado.
Cruzó la puerta de la entrada y atravesó el pasillo, buscando a Martín, Marcos y Víctor, pero no vio a ninguno de los tres. A lo mejor habían decidido no ir a clase después de lo sucedido el día anterior.
En ese momento, vio salir a Martín de clase y entrar en el cuarto de baño. Aquella era su oportunidad. Fue a toda prisa hacia el baño y entró tras Martín. Este, al notar que alguien entraba detrás de él, se giró hacia atrás para mirar, entonces, Raúl le propinó un puñetazo en la mejilla, con tanta fuerza, que le tiró al suelo.
-¿Pero qué haces? ¿Es que no tuviste bastante ayer? Te voy a partir la cara y hoy no tienes a nadie para que te defienda- gritó Martín desde el suelo.
Raúl sacó rápidamente la pistola de la mochila.
-Te equivocas, hoy he venido con mi amiga- dijo mostrándole el arma.
Martín le miró desde el suelo, completamente paralizado por el miedo.
CONTINUARA...
-¿Pero qué haces? ¿Es que no tuviste bastante ayer? Te voy a partir la cara y hoy no tienes a nadie para que te defienda- gritó Martín desde el suelo.
Raúl sacó rápidamente la pistola de la mochila.
-Te equivocas, hoy he venido con mi amiga- dijo mostrándole el arma.
Martín le miró desde el suelo, completamente paralizado por el miedo.
CONTINUARA...

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