RELATO GAY: EL DÍA DEL ÚLTIMO CREPÚSCULO. CAPÍTULO 14: UN REENCUENTRO Y VARIAS SORPRESAS
¿Traer un niño al mundo es un
acto egoísta o de bondad?
Algunos, tienen hijos solamente
para no estar solos en este planeta; otros, para tener a alguien que les cuide
cuando lleguen a la vejez; la mayoría, por la satisfacción de dar vida a otro
ser humano; y muchos otros, para tener a alguien a quien cuidar y ofrecer su
cariño.
Supongo que cada persona tiene
sus razones, ya sean estas egoístas o bondadosas.
También es cierto que algunos
jamás deberían ser padres. Antes del fin del mundo, escuchábamos a diario
noticias sobre abusos a menores, malos tratos, padres que asesinaban a sus
hijos para vengarse de sus exmujeres…
El mundo era un lugar cruel para
los niños, y ahora es todavía peor.
Yo, jamás hubiera traído un niño
al mundo antes del apocalipsis. A un planeta con guerras, hambre, enfermedades,
pobreza, injusticias, lleno de maldad… Un planeta donde solo se viene a sufrir.
Pero en este nuevo mundo es muchísimo peor. Tenemos los mismos problemas, pero
multiplicados por mil, y encima, a eso hay que sumarle la falta de oxígeno, de
agua y la desaparición de la capa de ozono… La Tierra ya no es habitable, y las
pocas personas que quedamos con vida intentamos resistir con los pocos recursos
que nos quedan. Pero cuando estos se agoten, ya que no son infinitos, la vida
en la Tierra se extinguirá.
No, definitivamente, este no es
lugar para un niño.
* * *
Iván estiró los brazos y agarró
al pequeño. El chiquillo tenía el cabello rubio y rizado. Su camiseta blanca y
su pantalón vaquero estaban bastante sucios, ya que seguramente no se había cambiado
de ropa desde el incidente. Estaba pálido y extremadamente delgado, debido a la
falta de alimentos. Al parecer, se había estado alimentando de chocolatinas y
bolsas de patatas fritas, que había extraído de las máquinas expendedoras del
pasillo. Los envoltorios de estas estaban esparcidos por el suelo del despacho.
Cuando Iván cogió al pequeño en brazos, este se resistió. Al principio, no
quería separarse de sus padres. Comenzó a llorar desconsoladamente, pero
finalmente se rindió. Dejó que Iván le levantara en volandas y le sacara de
aquel despacho lleno de inmundicia, y que olía a muerte por cada uno de sus
rincones. El muchacho salió de la habitación con el niño en brazos, cargando
también con la pesada bombona, gracias a la cual el pequeño continuaba
respirando, y con la bolsa llena de medicamentos que había recogido para Jesús.
El pequeño se abrazó a Iván y se durmió en cuestión de segundos. Estaba
agotado, y además, necesitaba urgentemente algo de calor humano. Después, el joven llevó
al crío hasta le entrada del hospital y lo tumbó sobre el carro. Ya que no
había encontrado oxígeno, este le vendría muy bien para transportar al niño y
también la pesada bombona a la que el pequeño estaba conectado. Colocó junto al chiquillo la
bolsa de los medicamentos, y después se dirigió de nuevo hacia el almacén. Una
vez allí, cogió una manta limpia para cubrir con ella al pequeño durante el traslado,
un traje de protección, que más tarde, en el centro comercial, adaptaría para
que el chiquillo pudiera ponérselo, y unas muletas para Jesús, ya que las
necesitaría para caminar después de curarle, puesto que con un disparo en la
pierna le iba a resultar bastante difícil ponerse en pie.
Cuando ya lo tenía todo, regresó
junto al pequeño. Le cubrió con la manta completamente, hasta la cabeza,
introdujo las muletas y el traje de protección en el carro, y caminó hasta la
entrada del hospital. Miró a través del cristal de la puerta. Parecía que por
fin había dejado de llover. Ya podía regresar al centro comercial. De repente,
el hospital entero se quedó sin luz. La lluvia ácida debía haber corroído los
cables de alta tensión. Ya era oficial, la electricidad también se había ido a
la mierda. Bueno, ya sabíamos que algún día sucedería. Adiós a las tardes de
cine y música con Jesús en el departamento de electrónica del centro comercial.
Al menos podrían ir a la sección de velas y coger unas cuantas para iluminarse.
Suspiró con resignación y retiró el hacha que bloqueaba las puertas. Las abrió,
y después agarró el carro y lo empujó hasta el exterior. Al salir, intentó no
mirar el amasijo de carne y huesos en que se había convertido Pablo.
Le esperaba un largo camino hasta
el centro comercial, y además, regresaba sin Pablo, sin oxígeno, y con un niño
durmiendo en el enorme carro que llevaba consigo. Tendría que explicarle muchas
cosas a Jesús a su llegada. Decidió ponerse en marcha. Cuanto antes comenzara
su viaje, antes llegaría a su destino.
* * *
Jesús continuaba tumbado sobre la cama.
Estaba muy preocupado.
¿Estaría bien Iván?
No sabía cuánto tiempo había
pasado desde que Pablo y él se habían marchado.
Durante el tiempo que había
permanecido allí solo, Jesús se había desmayado varias veces y había perdido la
noción del tiempo.
Estaba seguro de que Pablo
intentaría hacer daño a Iván. Le conocía muy bien. Había recibido múltiples
palizas de su parte a causa de sus celos enfermizos. Por no hablar de que había
intentado matarle provocando su accidente de tráfico.
Lo peor de todo era que no podía
hacer nada. Apenas lograba moverse con la pierna en aquellas condiciones. Además,
esta empezaba a dolerle de nuevo, ya que se le estaba pasando el efecto de los
analgésicos. Y, para colmo, se había ido la luz. Estaba allí, solo y a oscuras,
en la tienda de colchones de un centro comercial. Muchas películas de terror
empezaban así. Se incorporó hasta sentarse y cogió la caja de analgésicos que Iván
había dejado bajo su almohada. Se quitó la máscara de oxígeno unos segundos, sacó
una pastilla y la introdujo en su boca. Después alargó el brazo hasta la
botella de agua que tenía en el suelo, junto a la cama, y dio un gran sorbo
para ayudar a tragar la cápsula. Acto seguido, se colocó la mascarilla de nuevo
en el rostro.
¿Y ahora qué?
¿Y si intentaba dirigirse hacia
el hospital para avisar a Iván?
¡Que tontería! Con la pierna así
lo único que iba a conseguir era acabar muerto.
No podía hacer nada. Era
frustrante. Se sentía como un completo inútil allí tumbado.
Necesitaba hacer algo para calmar
los nervios. Se giró en la cama y alargó el brazo, buscando algo bajo esta. Tras
unos segundos, encontró lo que buscaba. Una pequeña radio que también disponía
de reproductor de MP3, y que por suerte funcionaba con pilas. Durante todo ese
tiempo, se había dedicado a llenar la memoria del aparato con sus canciones
favoritas. Escucharlas una y otra vez era lo único que conseguía calmar su
ansiedad. Lo único que le devolvía por unos minutos a la normalidad. Cerraba
los ojos, y la música le transportaba a épocas pasadas. Cuando todo era normal;
cuando sus padres estaban vivos; cuando era completamente feliz; cuando el
mundo no había acabado. Pulsó el botón de encendido, y lo primero que se puso
en funcionamiento fue la radio. Cuando Jesús iba a presionar el botón para
cambiar a la función de MP3, se dio cuenta de que la radio no emitía el
estridente sonido de estática de siempre, ruido que día tras día, escuchaba en el aparato al
no existir ninguna emisión. En su lugar, escuchó la voz de un hombre. Subió el
volumen y prestó atención a sus palabras. Aquello era de lo más raro. Las
emisoras no habían vuelto a emitir nada desde el día de la catástrofe.
<< Este es un comunicado
para los supervivientes. Si escuchan este mensaje, deben dirigirse hacia la
estación espacial de la ciudad. Nuestros científicos han estado trabajando día
y noche desde el incidente, hasta dar con un planeta con unas condiciones y una
atmósfera muy parecidas a las de la Tierra. Un planeta capaz de albergar vida.
Un planeta donde comenzar de nuevo. Hemos habilitado varias naves espaciales
que se dirigirán a dicho planeta dentro de tres días. Allí, podremos comenzar
una nueva vida. Entre todos lograremos que la raza humana salga adelante.
Reconstruiremos nuestro mundo. Haremos de ese planeta nuestro nuevo hogar, y
esta vez no cometeremos los mismos errores. Lo cuidaremos y respetaremos para que
no vuelva a suceder lo mismo. Para no agotar sus recursos naturales y poder
vivir en él durante muchos años. Quedan pocas plazas. Se dará prioridad a las
personas con profesiones de primera necesidad: personal sanitario, profesores,
ingenieros, científicos… - el comunicado enumeraba una larga lista de
profesiones- Se necesitará una acreditación, título o documento que nos permita
comprobar que la persona dispone de la formación indicada… >>>.
Después, el comunicado se repetía
una y otra vez en bucle, y se emitía a través de todas las emisoras.
Jesús se había quedado
boquiabierto. No podía creer lo que acababa de escuchar. Al parecer aun había
esperanza. Al fin escuchaba una buena noticia. Apagó la radio y la dejó a su
lado, sobre el colchón.
De repente, escuchó un ruido que
provenía del exterior de la tienda. Alguien había entrado en el centro
comercial.
¿Sería Iván? ¿Sería Pablo? ¿O sería
otro asaltante?
Se bajó de la cama como pudo. Cayó de bruces y emitió un quejido de dolor al golpearse la pierna contra el suelo. Cogió
su bombona de oxígeno, que se encontraba sobre el colchón, y se arrastró con
ella hasta el almacén de la tienda. Abrió la puerta y se escondió dentro. Si
era otro asaltante, allí no le encontraría. Si era Pablo estaba perdido, eso querría
decir que había hecho daño a Iván y ahora venía a por él.
Estaba aterrado.
Escuchó pasos en la tienda, y el
sonido de unas ruedas que se deslizaban por el suelo.
¡El carro!
Entonces, solamente podían ser
Pablo o Iván.
-¡Hola!¿Jesús, donde estás?
Era la voz de Iván.
Jesús respiró aliviado al
descubrir que este se encontraba bien. Abrió la puerta del almacén y se arrastró
hasta el exterior. Allí estaba Iván, junto al carro y con una linterna en la
mano.
-¿Qué haces ahí?- preguntó Iván
sorprendido, mientras corría hasta Jesús para ayudarle a ponerse en pie.
-Cuanto me alegro de que estés
bien- indicó Jesús- Lo he recordado todo. Pablo es un asesino. ¿Qué ha
sucedido? ¿Dónde está?
-Lo sé, intentó matarme, pero al
final ha recibido su merecido- respondió Iván.
-Él, provocó el accidente por el
que acabe en el hospital- explicó Jesús, apoyándose en Iván para levantarse- No
podía avisarte. Estaba muerto de miedo.
-No te preocupes, ya ha pasado
todo- indicó Iván, abrazándolo para tranquilizarlo.
Tras esto, los labios de los dos
jóvenes se buscaron para besarse, pero cuando estaban a punto de hacerlo, las
mascarillas de oxígeno que llevaban puestas chocaron entre sí. Se habían
olvidado de ellas. Entonces, ambos las retiraron por unos segundos y se besaron
apasionadamente. Después, se colocaron de nuevo las mascarillas en sus rostros,
y permanecieron abrazados durante más de un minuto. Estaban tan a gusto que se
hubieran quedado así para siempre.
Tras soltarse, Jesús arrebató la
linterna de las manos de Iván, y caminaron juntos hasta el carro.
-Pasé por una tienda de lámparas,
vi que tenían linternas y cogí unas cuantas. También me hice con algunas pilas-
dijo Iván señalando el carro, en el cual lo había transportado todo - Como se
fue la luz debido a la lluvia ácida pensé que podrían venirnos bien.
-¡¿Lluvia ácida?! ¡¿Ha llovido?!-
exclamó Jesús sorprendido- No me he enterado de nada.
-Mejor no preguntes- respondió Iván-
No querrías ver lo que yo he visto.
Jesús decidió no indagar más.
Iván ya le contaría lo que había sucedido cuando llegase el momento.
-¿Has conseguido algo de oxígeno?-
preguntó el joven mientras observaba el bulto que se escondía bajo la manta, en
el interior del carro.
Tras decir esto, Jesús tiró de
ella, dejando al descubierto al pequeño que se escondía debajo, y que
continuaba durmiendo plácidamente.
El muchacho, miró a Iván,
confundido al ver a aquel extraño niño que tenía delante.
-Si, iba a decírtelo ahora- dijo Iván
con semblante serio.
-Yo también tengo algo que contarte-
anunció Jesús, tras recordar el comunicado que había escuchado a través de la
radio.
CONTINUARÁ...
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