RELATO GAY: EL DÍA DEL ÚLTIMO CREPÚSCULO. CAPÍTULO 11: LA MUERTE ESTÁ PASANDO LISTA
La maldad humana no tiene límites,
y lo mismo ocurre con el egoísmo.
Venganza, avaricia, envidia,
asesinato… Solamente el ser humano puede realizar estos actos sin sentir ningún
tipo de arrepentimiento. Simplemente por puro placer.
Venimos al mundo puros, limpios,
carentes de prejuicios, valores, principios y maldad. Como un disco duro vacío.
Luego, a lo largo de nuestra vida, nos vamos llenando de información y forjando
nuestra personalidad.
Según nuestras experiencias,
nuestros momentos felices, momentos tristes, las desgracias que nos ocurren,
las personas con quienes nos cruzamos, los golpes que nos da la vida; nos convertimos
en personas extrovertidas, tímidas, amables, ariscas, buenas o malvadas. El
camino que seguimos a lo largo de nuestra vida es decisivo. Nos marcará para
siempre, y también marcará a las personas con las que nos cruzamos. Como una
reacción en cadena. Como una onda expansiva. Nuestras elecciones y decisiones
tienen consecuencias, y nos afectan a nosotros y a los que están a nuestro
alrededor. No hay que subestimar el valor de una decisión o elección, por muy
pequeña o insignificante que nos parezca, porque nuestros propios actos o los
de las personas con las que nos relacionamos, nos pueden llevar a convertirnos
en un ser humano bondadoso o perverso.
Me pregunto qué se puede torcer
en la cabeza de alguien para convertirse en un ser malvado. Como pasar de ser
un niño inocente a ser una mala persona. A ser un asesino. A arrebatar la vida
de otro ser humano con tus propias manos. Sin remordimientos. Y ahora en este
nuevo mundo, sin consecuencias ni castigo.
Muchas cosas han cambiado desde
el fin del mundo, pero el miedo a la muerte no ha sido una de ellas. Sigue
presente en nuestras mentes ahora más que nunca. Aunque no se trata del miedo a
la muerte en sí mismo, sino el miedo a lo desconocido. Miedo a perder a las
personas que nos importan.
A veces, pensamos que con el mundo
en pleno apocalipsis quizá sería mejor morir. Que para malvivir en un mundo que
ya no es mundo, sería mejor pasar a mejor vida. Pero no lo decimos en serio. El
ser humano está hecho para sobrevivir. Para aferrarse a la vida. Aunque sabemos
que más tarde o más temprano, la muerte nos alcanzará a todos. No hay
escapatoria. No hay donde esconderse, y lo peor, es que la muerte siempre llega
sin avisar, cuando menos lo esperamos.
* * *
Todo ocurrió en cuestión de
segundos, pero pareció durar una eternidad.
Un disparo. La bala perdida
impactó en la cabeza de Ricardo, entrando por su frente y saliendo por su
coronilla. Pedazos de cerebro y huesos de su cráneo volaron por los aires,
esparciéndose por el suelo. El cuerpo del joven se desplomó, quedando totalmente
inerte en mitad del pasillo.
Un segundo disparo. La bala
impactó en la pierna de Jesús, atravesando su muslo derecho. El muchacho cayó
al suelo de bruces entre gritos de dolor.
Pablo e Iván observaron la escena
aterrorizados.
Debían actuar con rapidez o
acabarían todos muertos.
Pablo consiguió arrebatar el arma
de las manos al tipejo del bigote. Después, le propinó un buen golpe en la
cabeza con la culata de la pistola. El hombre cayó hacia atrás aturdido.
Acto seguido, el muchacho apuntó
con el revólver a uno de los gemelos y le disparó a la cabeza sin piedad. El
cuerpo de este se desplomó en el suelo mientras la sangre brotaba del agujero
que la bala había abierto en su cráneo.
Iván aprovechó la confusión para
arrebatar la barra de hierro de las manos al otro gemelo, que se había quedado
paralizado al ver morir a su hermano. Después, le asestó un golpe en la cabeza
con el arma. El muchacho cayó al suelo, lo que Iván aprovechó para seguir
golpeándole, una vez, y otra vez más, y otra más, hasta partirle el cráneo y
acabar con su vida sin darle siquiera tiempo a defenderse.
-¡Hijos de puta!- gritó la mujer corriendo a toda prisa hacia su machete, que permanecía en el suelo a un par de metros de distancia.
El enorme cuchillo se encontraba junto a la escalera que llevaba hasta el piso inferior.
Iván corrió tras la chica y la alcanzó
antes de que llegara a coger el arma. Entonces, el joven la golpeó en el rostro
con la barra de hierro, arrancándole la máscara de oxígeno, que salió volando
por el aire y cayó al suelo a los pies de la muchacha. La mujer se agachó a
recogerla mientras comenzaba a quedarse sin respiración, pero Iván asestó una
patada a la mascarilla y la lanzó escaleras abajo. Esta fue a parar al piso
inferior.
La muchacha se ahogaba. Comenzó a
bajar por la escalera a toda velocidad para recuperar su mascarilla antes de
morir asfixiada, con tan mala suerte que tropezó y cayó rodando por la
escalinata. La mujer quedó tendida al final de esta, con el cuello roto y sin
vida.
El tipejo del bigote se levantó
del suelo como pudo, y al verse solo y desarmado, salió corriendo a toda prisa
en dirección a la escalera para bajar al piso inferior y escapar por la puerta
principal. Pero Pablo no iba a permitir que huyera. Justo cuando el hombre llegó
hasta la escalinata, el joven apuntó con el revólver a la bombona de oxígeno
que el tipejo llevaba colgada a la espalda, y apretó el gatillo.
Iván y Pablo se alejaron corriendo mientras la bala impactaba en la bombona del asaltante, haciéndola explotar. La onda expansiva les hizo caer al suelo mientras ambos se cubrían sus cabezas para protegerse de la explosión.
El hombre saltó en mil pedazos, que ahora estaban esparcidos por todo el pasillo del centro comercial.
-¡Estás loco!- exclamó Iván
poniéndose en pie- Da gracias a que esa bombona debía estar medio vacía, porque
si hubiera estado llena hubiéramos saltado todos por los aires.
-No podía permitir que ese cabrón
escapara- respondió Pablo levantándose también del suelo y comprobando que continuaba
de una pieza.
Acto seguido, ambos corrieron
hasta donde se encontraba Jesús para comprobar su estado. El joven estaba
tirado en el suelo, retorciéndose de dolor debido al disparo que había recibido en su pierna. Su
pantalón estaba empapado de sangre y el muchacho presionaba la herida con sus
manos para contener la hemorragia.
Iván se arrodilló junto a él y remangó la pernera de su pantalón para comprobar el estado de la herida.
-¿Cómo te encuentras?- preguntó.
-Fatal, como si me hubieran
pegado un tiro- respondió Jesús, que al menos no había perdido las ganas de
bromear.
Pablo se arrodilló también a su
lado.
-La bala ha travesado el muslo y
ha salido por el otro extremo- informó Iván- Por suerte no ha tocado la arteria
femoral. No parece grave, pero hay que detener el sangrado.
Tras decir esto, Iván se levantó,
caminó hasta el cadáver de uno de los gemelos y arrancó una de las mangas del traje de
protección que este llevaba puesto. Después, regresó junto a Jesús y ató la manga
alrededor de su herida, apretando bien el nudo para contener la hemorragia.
-Esto ayudará- señaló Iván
suspirando.
-Gracias- respondió Jesús con voz
temblorosa.
-¡Esos cabrones!- exclamó Pablo
encolerizado- Han matado a Ricardo y
casi acaban también con tu vida.
-Por suerte les habéis dado su
merecido- señaló Jesús.
-Bien, ahora tenemos que curarte-
dictaminó Iván acariciando la mejilla de Jesús con el dorso de su mano- Pablo y
yo iremos al hospital más cercano a por vendas, desinfectante, analgésicos para
el dolor, y antibióticos para evitar que se te infecte la herida. También harán falta
aguja e hilo, porque necesitarás algunos puntos de sutura. De paso traeremos
todo el oxígeno que encontremos en el almacén, si es que todavía queda algo.
-Claro que sí, traeremos todo lo
que necesites para que te recuperes lo más rápido posible- señaló Pablo.
-Te llevaremos a la tienda de
colchones mientras estemos fuera, allí podrás esconderte hasta que regresemos
por si aparecen otros asaltantes- indicó Iván- Volveremos enseguida. Estarás
bien. Pronto nos reiremos de todo esto.
-Muy bien chicos, creo que…-
comenzó a decir Jesús, pero no pudo acabar la frase. Se desmayó debido al dolor
y a la pérdida de sangre.
Por fin tuvo unos instantes de
paz entre tanta locura. Pudo descansar por unas horas. Olvidarse de todo. Dejar
la mente en blanco. Dormir sin despertarse sobresaltado a cada minuto. Lo malo
es que, al despertar, se daría cuenta que la pesadilla no había terminado,
porque ahora la verdadera pesadilla se encontraba en el mundo real.
CONTINUARÁ...
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