RELATO GAY. EL INQUILINO DE ARRIBA. CAPÍTULO 4: UN SECRETO Y UN MISTERIO
-¿Pero qué haces?- dijo Eduardo
empujando a Axel y apartándolo de él.
-¿Por qué me empujas?- preguntó Axel
ofendido- ¿Es que no quieres que sigamos con lo que dejamos a medias el otro día?
-El otro día no pasó nada, yo
estaba borracho y te abalanzaste sobre mi, igual que has hecho ahora. Te
intentaste aprovechar de la situación, pero te dejé bien claro que no quiero
nada contigo. Soy muy feliz con David y no voy a estropear nuestra relación por
un polvo.
-Podemos pasarlo bien sin que
David se entere- señaló Axel- Yo no le diré nada.
-Agradece que yo no le haya
contado nada de lo que pasó el otro día, porque seguro que David no volvería a
hablarte en la vida- dijo Eduardo muy enfadado- Aunque quizá deba contárselo.
Axel le miraba incrédulo. No entendía
cómo alguien podía rechazarle. No entendía como Eduardo podía rechazar a un
chico tan guapo como él.
-Creo que será mejor que te
marches- indicó Eduardo.
Axel salió de la cocina
completamente indignado. Recogió su abrigo del perchero del salón y salió por
la puerta dando un sonoro portazo.
Eduardo se quedó allí parado en
mitad de la cocina, pensando en si debía contarle a David lo sucedido o si sería
mejor ocultárselo.
* * *
Era la una de la madrugada. Tras
cenar y ver un rato la televisión, David y Eduardo se disponían a meterse en la
cama. Ambos estaban agotados. En cuanto se introdujeran bajo las sabanas
caerían rendidos al instante.
Eduardo se descalzó mientras
David ponía la alarma de su despertador a las ocho y media de la mañana. Quería
levantarse temprano para escribir.
Ambos se desnudaron. Una vez que estuvieron en ropa interior, apartaron el edredón y la sabana y se introdujeron
en la cama. Se besaron dulcemente en los labios y tras aquel dulce beso de
buenas noches, David apoyo la cabeza sobre el pecho de Eduardo y se dispusieron
a dormir a pierna suelta durante toda la noche.
Entonces, un espantoso estruendo
les hizo dar un salto en la cama. El corazón comenzó a latirles a toda
velocidad debido al susto.
Reconocieron aquel ruido al
instante. Ya sabían de donde provenía y quien lo provocaba. El nuevo vecino de
arriba ya estaba de nuevo en acción.
-¡No puede ser!- exclamó David-
Es la una de la madrugada.
-¿Pero quién narices se ha mudado
ahí arriba y qué hace todo el día dando golpes?- dijo Eduardo levantándose de
la cama.
David apartó la sabana y también
se levantó.
El ruido era insoportable.
David y Eduardo caminaron hasta
el salón, de donde provenía el sonido.
PUM PUM PUM
Se escucharon unos terribles
golpes y después como un objeto pesado era arrastrado por todo el salón del
piso superior.
El apartamento de David y Eduardo
temblaba como si se tratara de un terremoto.
PUM PUM PUM
De nuevo se oyeron aquellos
golpes, y después el sonido de algo que parecía ser lanzado violentamente
contra el suelo. ¿Piedras, pelotas, canicas, cadenas…? Ni David ni Eduardo eran capaces de identificar que objeto podía provocar aquel terrible ruido.
David cogió una de las sillas del
salón y se subió en ella. Después, como había hecho su amigo Axel hacía tan
solo unas horas, comenzó a golpear el techo con los puños.
-¡Basta ya!- gritó- ¿Es que no ha
visto que hora es?
En lugar de parar, el ruido
comenzó a escucharse aún más fuerte.
-¡Basta ya!- repitió David sin
dejar de golpear el techo- ¡Pare o llamaremos a la policía!
La intensidad de los golpes
aumentó todavía más, hasta tal punto, que una grieta se abrió en el techo ante
la atónita mirada de David. Este estuvo a punto de caer de la silla debido al
susto. Suerte que Eduardo pudo sujetarle a tiempo.
-¡Joder!- exclamó Eduardo- El
techo se ha rajado. ¿Cómo es posible?
-Se acabó- dijo David bajando de
la silla- Voy a llamar a la policía ahora mismo.
-No te molestes- señaló Eduardo-
La policía no va a hacer nada. Yo subiré ahí arriba y le diré cuatro cosas a
ese o esa imbécil.
Tras decir esto, Eduardo corrió
hasta el dormitorio, se vistió y después se encaminó hacia la puerta totalmente
enfurecido.
-¡Espera!- gritó David- Puede ser
peligroso. No sabemos quién vive ahí arriba.
Eduardo no escuchó las
advertencias de David. Estaba encolerizado y dispuesto a plantar cara al
misterioso habitante del piso de arriba a toda costa.
CONTINUARÁ...
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