RELATO GAY. EL INQUILINO DE ARRIBA. CAPÍTULO 1: SELFIE
Antonio entró en el salón con su copa de whisky en la mano. Le había añadido unos cubitos de hielo como solía
hacer su padre. La habitación estaba a oscuras, excepto por una pequeña
lamparita que se encontraba en un rincón y que le proporcionaba la luz justa
para no tropezar y romperse la crisma. Había apagado las luces para que sus
padres no descubrieran que todavía estaba despierto cuando regresaran de su
salida nocturna. Estos habían salido a cenar. Después irían al casino, así que Antonio tendría la casa entera para él solo durante casi toda la noche. Por ese motivo había
aprovechado para saquear el mueble bar de su padre.
Dio un largo sorbo a su copa y empezó a toser al instante. La garganta comenzó a arderle. Aquel whisky tenía un sabor horrible, pero le daba igual. Todo el mundo bebía alcohol. Se sentía más adulto haciéndolo.
Antonio tenía diecisiete años, por lo que todavía no había cumplido la edad mínima para beber alcohol, así que aprovechaba aquellas salidas nocturnas de sus padres para pillarse un buen pedo. Se sentó en el sofá y dejó la copa sobre la pequeña mesa que se encontraba frente a este. Sacó su teléfono móvil del bolsillo y se dispuso a chatear con Andrés, su chico. Antes de abrir el chat miró la foto de perfil de su novio. Que guapo salía en ella. Le encantaba aquella foto. Adoraba aquellos cabellos rubios y esos ojos azules que cuando le miraban conseguían hipnotizarle. Antonio en cambio era todo lo contrario. Tenía el pelo negro y los ojos marrones. Además, se consideraba un chico del montón, no como Andrés, que era guapísimo. A veces se preguntaba como un chico tan guapo podía haberse fijado en él.
Tras mirar la fotografía durante unos segundos, abrió el chat y comenzó a escribir a su chico. Comenzó a teclear como un loco, explicándole que estaba solo en casa y que había invadido el mueble bar de su padre para pillarse un buen pedo. Para que quedara constancia de que lo que decía era cierto y mostrarle a su chico lo que se estaba perdiendo, decidió hacerse un selfie con la copa en la mano y enviárselo. Activó la cámara del teléfono y lo alzó con su mano derecha hasta situarlo frente a su rostro. Con la otra mano sujetó la copa, la acercó a su boca simulando que estaba bebiendo, y realizó la foto. El flash iluminó todo el salón durante unos instantes, después la habitación volvió a quedarse medio a oscuras. Inmediatamente envió la fotografía a Andrés mientras daba otro sorbo a la bebida y fruncía el ceño debido al sabor tan fuerte de esta.
Dio un largo sorbo a su copa y empezó a toser al instante. La garganta comenzó a arderle. Aquel whisky tenía un sabor horrible, pero le daba igual. Todo el mundo bebía alcohol. Se sentía más adulto haciéndolo.
Antonio tenía diecisiete años, por lo que todavía no había cumplido la edad mínima para beber alcohol, así que aprovechaba aquellas salidas nocturnas de sus padres para pillarse un buen pedo. Se sentó en el sofá y dejó la copa sobre la pequeña mesa que se encontraba frente a este. Sacó su teléfono móvil del bolsillo y se dispuso a chatear con Andrés, su chico. Antes de abrir el chat miró la foto de perfil de su novio. Que guapo salía en ella. Le encantaba aquella foto. Adoraba aquellos cabellos rubios y esos ojos azules que cuando le miraban conseguían hipnotizarle. Antonio en cambio era todo lo contrario. Tenía el pelo negro y los ojos marrones. Además, se consideraba un chico del montón, no como Andrés, que era guapísimo. A veces se preguntaba como un chico tan guapo podía haberse fijado en él.
Tras mirar la fotografía durante unos segundos, abrió el chat y comenzó a escribir a su chico. Comenzó a teclear como un loco, explicándole que estaba solo en casa y que había invadido el mueble bar de su padre para pillarse un buen pedo. Para que quedara constancia de que lo que decía era cierto y mostrarle a su chico lo que se estaba perdiendo, decidió hacerse un selfie con la copa en la mano y enviárselo. Activó la cámara del teléfono y lo alzó con su mano derecha hasta situarlo frente a su rostro. Con la otra mano sujetó la copa, la acercó a su boca simulando que estaba bebiendo, y realizó la foto. El flash iluminó todo el salón durante unos instantes, después la habitación volvió a quedarse medio a oscuras. Inmediatamente envió la fotografía a Andrés mientras daba otro sorbo a la bebida y fruncía el ceño debido al sabor tan fuerte de esta.
A los pocos segundos su teléfono emitió
un pitido. Andrés le había contestado.
Antonio abrió el mensaje
rápidamente y lo leyó.
Antonio miró la pantalla de su teléfono
extrañado y después respondió:
“NO ME ENGAÑES. MIRA BIEN LA
FOTO. TE HE PILLADO, ME ESTAS TOMANDO EL PELO. SEGURO QUE ESO DE LA COPA NI
SIQUIERA ES WHISKY”- respondió Andrés.
Antonio buscó la foto en la
galería de imágenes de su teléfono. La abrió y observó con detenimiento la
pantalla del móvil. Asustado vio como detrás de él, junto a la ventana, se
dibujaba la silueta de una persona. El corazón comenzó a latirle a toda
velocidad. Se giró hacia la ventana aterrorizado, pero lo único que alcanzó a
ver fue la brillante y afilada hoja del cuchillo que la misteriosa sombra
empuñaba, y que clavó en su cuello con todas sus fuerzas. Antonio llevó las
manos a su garganta intentando taponar la herida, pero su atacante le había
seccionado la carótida, por lo que aquello resultó completamente inútil. Cayó
al suelo, entre el sofá y la pequeña mesita.
Cada vez se sentía más débil debido a la pérdida de sangre. Su teléfono móvil había
caído a su lado. Este comenzó a pitar al recibir los mensajes que su chico le
estaba enviando, preocupado al no haber recibido ninguna respuesta. Mensajes
que Antonio jamás leería. Sus ojos comenzaron a apagarse mientras veía como la
sombra de su atacante se situaba frente a su cuerpo agonizante, admirando su
obra. Después, la sombra se alejó a toda velocidad.
Antonio continuó allí tirado durante unos minutos, mirando el techo de la habitación que cada vez se iba oscureciendo más y más. Una lagrima comenzó a caer por su mejilla.
Antonio continuó allí tirado durante unos minutos, mirando el techo de la habitación que cada vez se iba oscureciendo más y más. Una lagrima comenzó a caer por su mejilla.
Después... oscuridad.
Después… nada.
CONTINUARÁ...
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