RELATO GAY. EL INQUILINO DE ARRIBA. CAPÍTULO 2: UNA VISITA NOCTURNA
Un misterioso individuo, encapuchado
y vestido de negro, arrastraba el cuerpo sin vida de Antonio a través de un
largo pasillo. Llevaba puestos unos guantes de cuero, también de color negro, para evitar dejar huellas en el cadáver. Al final del pasillo se abría un
enorme salón, donde todos los muebles habían sido retirados para dejar libre el
centro de la estancia, donde una enorme estrella de cinco puntas había sido
dibujada en el suelo con sangre.
El encapuchado dejó el cadáver de
Antonio sobre la estrella y después caminó hasta el otro extremo de la
habitación, donde un enorme libro descansaba en el suelo. Parecía antiguo, ya
que tenía la cubierta muy desgastada. Lo tomó en su mano y después regresó
junto al cadáver. Abrió el libro y comenzó a pasar sus páginas hasta que
encontró la que contenía lo que necesitaba. Después sacó un enorme cuchillo que
escondía bajo su abrigo y lo alzó sobre el cadáver de Antonio. Acto seguido
comenzó a leer en voz alta.
-Te entrego este cuerpo como
sacrificio. Con su corazón saldo mi deuda. Tómalo y…
En ese momento la puerta de la
vivienda saltó por los aires. Una docena de policías armados con fusiles y
pistolas entraron en el piso.
El encapuchado recorrió la
habitación con la mirada buscando algún sitio por el que poder escapar. Pero
no encontró ninguno. No tenía escapatoria.
Los policías atravesaron a toda
velocidad el largo pasillo por el que hacía tan solo unos minutos el
encapuchado había arrastrado el cuerpo sin vida de Antonio. Al final de este
encontraron el salón, donde estaba el asesino junto al cadáver de su víctima.
-¡Suelta el arma!- gritó uno de
los agentes al encapuchado mientras le apuntaba con su pistola. Los demás policías le rodearon, apuntándole también con sus armas.
El encapuchado levantó los brazos, dejando caer el cuchillo y el libro al suelo. Estos cayeron junto al cadáver de Antonio.
-Tenía que hacerlo- dijo
sollozando- No soy un asesino. Tenía que hacerlo.
Las lagrimas empapaban sus
mejillas cuando los agentes le rodearon, esposándole y leyéndole sus derechos.
-Tenía que hacerlo- repetía sin
parar mientras se lo llevaban detenido- Tenía que hacerlo… tenía que hacerlo.
* * *
David y Eduardo estaban sentados cómodamente
en el sofá de su pequeño apartamento. David apoyaba su cabeza en el hombro de
Eduardo mientras ambos veían una película en la televisión. Los dos jóvenes eran pareja desde hacía ya cuatro años. Se conocieron en el trabajo, salieron
durante un año y después decidieron irse a vivir juntos.
Sus sueldos no eran
como para tirar cohetes, por lo que el dinero solo les había alcanzado para
alquilar un pequeño apartamento de cuarenta metros cuadrados en el centro de la
ciudad.
David tenia veintiocho años. Era
alto y moreno. Necesitaba gafas, pero nunca las usaba, prefería ponerse
lentillas para no esconder sus preciosos ojos verdes tras los cristales de
estas. Eduardo tenía un año más que él. Este
era pelirrojo, tenía los ojos azules y las mejillas salpicadas por decenas de
pecas que le daban un aspecto de lo más mono. David siempre decía que se había
enamorado de él porque le encantaban aquellas pecas.
Ambos estaban concentrados en la
película, que estaba de lo mas interesante. Trataba sobre una mansión
encantada, en cuyo interior tenía que sobrevivir una familia durante una terrible
noche de tormenta. En las escenas más terroríficas o cuando aparecía algún fantasma
en la pantalla, David se abrazaba fuertemente a Eduardo. Le encantaban las
películas de terror, pero lo pasaba fatal viéndolas, y por las noches solía
tener pesadillas siempre que veía alguna.
Tras dos horas de película
aparecieron los créditos finales en la pantalla. Al final la familia había
conseguido salvarse.
-¿Has pasado mucho miedo?-
preguntó Eduardo besando dulcemente a David en los labios.
-Mucho- respondió este sonriendo-
pero teniéndote a mi lado se me ha hecho más llevadero.
Tras la película comenzaron las noticias de la noche. Una joven presentadora con el cabello rubio y
vestida con un elegante traje blanco apareció en la pantalla.
-Hoy la ciudad está conmovida por
el terrible asesinato de un joven de diecisiete años- informó la periodista-
Antonio del Moral se encontraba solo en casa, ya que sus padres habían salido a
cenar, cuando un individuo se introdujo en su vivienda y le degolló
salvajemente. Tras seguir varias pistas, la brigada de homicidios ha dado con
el asesino esta misma noche. Todo parece indicar que el homicida ha sido la
pareja sentimental de la víctima. Su nombre es Andrés Nava. La clave para poder
dar con él ha sido la geolocalización de su teléfono móvil, que le situaba en
el lugar del crimen a la misma hora en que sucedió todo. El presunto asesino además tuvo la sangre fría de enviar varios mensajes de preocupación a la víctima en el momento del asesinato para poder construirse una coartada. Tras
asesinar a su pareja, trasladó el cuerpo hasta un apartamento abandonado, donde
al parecer pretendía realizar alguna especie de ritual satánico. Los agentes de la ley pudieron seguir su
rastro hasta dicho apartamento gracias a que todavía llevaba su teléfono móvil
encima. Creen que podría tener serios problemas mentales...
David apagó el televisor.
-¡La gente cada vez esta mas
loca!- exclamó- ¿Cómo ha podido matar a su novio?
-Ya lo has oído, creen que tiene
problemas mentales- señaló Eduardo.
Unos ruidos que provenían del rellano
interrumpieron su conversación. Parecía como si alguien estuviera arrastrando
algo muy pesado por la escalera.
David miró el reloj de su muñeca.
Eran las doce de la noche.
Eduardo y él se levantaron del sofá
y caminaron hasta la puerta.
David echó un vistazo a través de
la mirilla, pero apenas pudo ver nada, ya que la luz del rellano estaba
apagada. Solamente pudo distinguir una sombra que atravesaba el descansillo y
que debía arrastrar algo muy pesado, porque hacia un ruido espantoso
-¿Qué ves?- preguntó Eduardo-
¿Quién está ahí fuera?
David se apartó de la mirilla.
-Solamente he podido distinguir
una sombra- señaló este- No sé qué arrastrará, pero parece que lleve un baúl
lleno de piedras.
Escucharon como el misterioso
individuo subía por la escalera, montando un terrible escándalo, y como se introducía
en el apartamento que se encontraba encima del suyo, cerrando la puerta de este
con un sonoro portazo que hizo temblar los muros de todo el edificio.
¿Quién sería el misterioso
individuo que se había mudado al piso de arriba a aquellas horas de la noche y en mitad de la oscuridad?
CONTINUARÁ...
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