RELATO GAY. UN GAY DIFERENTE. CAPÍTULO 12: EL PEOR DÍA DE MI VIDA
Desperté en el mismo lugar donde
me había desmayado. Estaba en el portal de mi casa, rodeado de enfermeros y sanitarios.
Estos estaban curando la herida de mi abdomen, que al parecer había sido
superficial. Por lo visto me había desmayado al ver la sangre. El golpe al caer había sido
peor que el corte de la navaja. Tenía un enorme chichón en el lado derecho de
la frente, que seguramente mañana estaría morado. Varios vecinos estaban detrás
de los sanitarios observando la escena. Supongo que alguno de ellos sería quien
llamó a la ambulancia al encontrarme allí tirado. Después de curar mi herida y preguntarme que
me había sucedido, los sanitarios me acompañaron hasta mi casa. Subieron
conmigo en el ascensor hasta el segundo piso ayudándome a caminar y explicaron
a mis padres lo que había sucedido. Yo simplemente les había contado a los
enfermeros que me habían atacado, omití los motivos y que sabía quien había
sido mi atacante. Mi miedo seguía siendo que mis padres descubrieran mi
homosexualidad. Tras recomendarnos que lo mejor sería que al día siguiente
fuésemos a poner una denuncia, los sanitarios se marcharon. Mis padres se
quedaron muy preocupados. Yo lo único que quería era meterme en la cama. Fui
hasta mi habitación, me puse el pijama y me metí en la cama. Cogí mi teléfono
móvil y escribí varios mensajes a Aaron contándole lo sucedido. No obtuve
respuesta. Debía estar dormido. Necesitaba hablar con alguien de lo ocurrido,
así que escribí a Laura. Para mi fortuna ella si estaba despierta. Estuvimos
hablando durante mas de una hora. Después agotado, me despedí dándole las
gracias por escucharme e intenté dormir un poco. Esa noche tuve terribles
pesadillas sobre lo ocurrido. Apenas dormí un par de
horas.
* * *
Al día siguiente me salté la
primera clase con Laura para ir a poner una denuncia contra Alberto. Les había
prometido a mis padres que lo haría y además estaba harto de tener miedo y
esconderme. Alberto tenía que pagar por lo que había hecho. Además era posible que volviera a intentarlo.
Tras poner la denuncia en la
comisaria, Laura y yo fuimos al instituto. Yo estaba deseando ver a Aaron,
contarle lo que había sucedido y que este me consolara con uno de sus abrazos.
Para eso tendría que esperar a que acabaran las clases, pero por el momento me
bastaba solo con verle. Me llevé una gran decepción cuando llegó la hora
de matemáticas y Aaron no apareció. En su lugar vino un profesor de guardia.
Necesitaba tanto verle. Miré mi teléfono móvil y vi que Aaron tampoco había
respondido a los mensajes que le había enviado la noche anterior, así que
decidí que cuando terminaran las clases iría a verle a su casa.
* * *
El autobús me dejó en la misma
calle donde vivía Aaron. Caminé calle arriba y en un par de
minutos estuve frente a la verja de su casa. Llamé al timbre pero no obtuve
respuesta. Volví a llamar pero Aaron tampoco respondió. Cansado, me apoyé en la verja y para
mi sorpresa esta se abrió sola. La atravesé lentamente. Caminé hasta la puerta
de la casa recorriendo el camino de piedra que atravesaba el jardín. Cuando
estuve frente a esta llamé con los nudillos, para descubrir que la puerta de la casa también estaba abierta como la verja del jardín. Aquello era muy raro. Entré sigilosamente y cerré la
puerta tras de mi.
-¿Aaron?- pregunté- ¿Te has dado
cuenta de que has dejado las puertas abiertas?
No obtuve respuesta. Recorrí el salón
lentamente. Tal vez Aaron había tenido que ausentarse para resolver algún
asunto, pero que las puertas estuvieran abiertas era rarísimo. Llegué hasta la
cocina, entré y entonces lo vi. Aaron estaba tendido en el suelo y rodeado por un
charco de sangre. Me arrodillé junto a el para ver si estaba consciente. Aaron estaba pálido y completamente inmóvil. Saqué mi teléfono móvil del
bolsillo y marqué rápidamente el número de emergencias.
CONTINUARA...
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