RELATO GAY. STRANGER THINGS. CAPÍTULO 2: ¿QUE ME ESTÁ PASANDO?
Tras la explosión, las puertas de las casas del vecindario
comenzaron a abrirse. La gente salió de sus hogares asustada para ver lo que
había sucedido. Algunos sacaron sus teléfonos móviles para llamar a los
servicios de emergencia. Otros solamente salieron para curiosear. Sam y yo nos
habíamos quedado conmocionados por partida triple, primero por el accidente,
luego por la explosión y por último al ver como se detenía levitando frente a
nuestros ojos aquel amasijo de metal. Pasados
unos segundos conseguí reaccionar. Agarré a Sam de la mano y comencé a correr
llevándomelo del lugar casi a rastras.
* * *
Fuimos a casa de Sam ya que sus padres estaban de viaje. Nada
mas entrar por la puerta me quité la ropa y me metí a toda velocidad en la
ducha. Me froté y froté casi hasta arrancarme la piel para eliminar
aquel líquido viscoso de mi cuerpo. Tras estar completamente seguro de que había
eliminado cualquier rastro de aquella sustancia de mi piel, salí de la ducha
y me sequé con una de las toallas que Sam había dejado para mi sobre el lavabo.
Después de secarme Sam me prestó algo de ropa para ponerme y una vez que estuve
vestido me tumbé sobre su cama. El se tumbó a mi lado.
-Creo que deberías ir al médico- me dijo- has estado en contacto
con ese liquido radioactivo.
-Estoy bien- le respondí.
-Prométeme que si te empiezas a encontrar mal vas a ir al
médico sin perder ni un segundo- rogó Sam mientras pasaba su mano por mi
mejilla.
-Te lo prometo- le dije mientras me levantaba de un salto de
la cama.
-¿Y qué es lo que ha pasado antes?- preguntó Sam mientras se
incorporaba hasta sentarse en la cama- ha sido muy raro.
-Quizá lo hemos imaginado por el shock- respondí- esas cosas
suelen pasar, ¿no?
-No creo que dos personas puedan imaginar lo mismo y al mismo
tiempo- dijo Sam levantándose de la cama.
-Bueno, no quiero hablar mas del tema- señalé- me apetece un vaso de
agua, tengo la boca seca.
-Yo te lo traigo- dijo Sam saliendo de la habitación y regresando
con un vaso de agua helada.
-Gracias, dámelo me muero de sed- dije.
El vaso de agua, ante nuestros incrédulos ojos, voló desde la
mano de Sam hasta la mía.
-¡Joder!-exclamó Sam- Lo has hecho tu verdad, como cuando se
ha detenido el amasijo de hierro.
-No estoy seguro- respondí.
-Dame el vaso- dijo Sam cogiendo el vaso de mi mano. Después
se alejó un par de metros- vuelve a hacerlo. Haz que el vaso vuele hasta tu
mano.
Yo me concentré y deseé que el vaso volara hasta mi,
pero resultó imposible.
-No ocurre nada- le dije a Sam.
-Vuelve a intentarlo- me pidió este.
Volví a concentrarme y esta vez el vaso si salió volando de
la mano de Sam, pero en lugar de llegar hasta la mía, a mitad de camino cayó al
suelo y se rompió en mil pedazos.
-¡Es increíble!- exclamó Sam- ¿Cómo es posible?
Yo estaba paralizado. No podía creérmelo.
-Quizá tenga algo que ver con la sustancia que contenía el camión
cisterna- dijo Sam.
En ese momento llamaron a la puerta. Sam salió de la habitación
y yo salí tras él. Bajamos la escalera, que descendía hasta la planta baja de la casa y
caminamos hasta la entrada. Sam agarró el pomo de la puerta y lo giró para
abrir. En la entrada vimos a un hombre de unos cuarenta años, con corbata y
vestido con un traje negro.
-¿Qué desea?-le preguntó Sam.
-Chicos, vais a tener que acompañarme- dijo el hombre
mientras sacaba del interior de su chaqueta una pistola y nos apuntaba con
ella.
CONTINUARA...
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