UN CUENTO HECHO REALIDAD- CAPITULO 2: EL CASTIGO

Victoria estaba sentada tranquilamente tomándose un vaso de té helado y leyendo su revista cuando el timbre de la puerta volvió a sonar. Se levantó del sofá y fue a abrir. Esta vez sí era su hijo Paul. Era dos años mayor que Eric, pero este en lugar de ir a un instituto público como el, acudía al mejor instituto privado de la ciudad. Su madre quería que tuviera la mejor educación posible. Era moreno, bastante guapo y no demasiado alto. Tenía en la mirada cierto aire de superioridad que sin ninguna duda había heredado de su madre. Esta le recibió con los brazos abiertos.

-¿Qué tal el día hijo?- le preguntó con una sonrisa de oreja a oreja.

-Muy bien mama- respondió Paul- He aprobado el examen de química con un 9.

-Sabía que lo harías genial como siempre- le dijo Victoria con orgullo- Estoy muy orgullosa de ti. ¿Qué te apetece hoy para cenar? Te preparare lo que quieras. Además hoy también cenaremos solos. Eric está castigado en su cuarto.

-Ese imbécil siempre está castigado- respondió Paul riendo- Cualquier cosa me vale para cenar mama, de todas formas hoy no tengo  mucho apetito. Voy a mi cuarto a dejar la mochila

Paul subió las escaleras de dos en dos hasta la planta de arriba mientras Victoria volvía a sentarse en el sofá a terminar de leer su revista antes de preparar la cena.  Lo primero que hizo Paul fue entrar en la habitación de Eric.

-Hola imbécil, ya me ha dicho mi madre que hoy también estas castigado.

Eric estaba tumbado sobre la cama. Se incorporó hasta sentarse y miro a su hermanastro.

-Déjame en paz. ¡Vete y cierra la puerta!- le grito Eric.

-Hoy vas a quedarte sin cenar pero después puedes bajar a fregar los platos- le dijo Paul riendo.

-Vete de aquí. Hoy no me apetece escuchar tus tonterías.

-No me voy a ir de aquí porque esta es mi casa y puedo estar en la habitación que me apetezca- le espetó Paul dando un paso al frente.

Eric se levantó de la cama de un salto y se puso frente a él.

-Esta casa no es tuya- le dijo empujándole hacia la puerta- esta casa es de mi padre.

-Esta casa era de tu padre. Te recuerdo que está muerto y que le dejo todo a mi madre en el testamento, por lo tanto esta casa es mía- le dijo Paul dándole un empujón.

Eric lleno de rabia se lanzó contra Paul dándole un puñetazo. Este cayó al suelo. Se levantó rápidamente y se pasó la mano por el labio que le sangraba debido al golpe. En ese momento entro Victoria en la habitación.

-¿Pero qué está pasando aquí? Se oyen los gritos desde la planta de abajo. ¿Pero qué te ha pasado en el labio?- dijo al ver a su hijo sangrando- ¿Qué le has hecho a mi hijo? ¡Salvaje!

Victoria corrió hacia Eric a toda velocidad y le agarró del pelo estirando de el con todas sus fuerzas y lanzándole sobre la cama.

-Quédate ahí y no te muevas. No vas a salir de aquí en mucho tiempo- le dijo dándose la vuelta y caminando hacia la puerta. Después salió de la habitación y Paul  tras ella- ¿Sabes lo que se hace con los salvajes? Se les encierra para que no hagan daño a nadie- y cerró la puerta con llave desde fuera para que Eric no pudiera salir del cuarto.

Eric corrió hacia la puerta. Intentó abrir pero era inútil, estaba encerrado.

Se sentó con la espalda apoyada en la pared y comenzó a llorar. Después se levantó y se tumbó sobre la cama, donde agotado de tanto llorar se quedó dormido.

Despertó unas horas más tarde. Miró el reloj y eran las nueve de la noche. La fiesta empezaba a las diez e iba a perdérsela y lo peor es que no iba a poder ver a Mike. Cogió su móvil que estaba sobre la mesilla de noche para llamar a Laura y darle la noticia.
-Hola Eric-le saludo esta al descolgar- creía que ya no me ibas a llamar. ¿Nos vemos a las nueve y media para ir a la fiesta?

Eric se acercó a la ventana y miro al exterior. Hacia una bonita noche de verano y él tenía que estar encerrado. Entonces se le ocurrió una idea.

-Sí, nos vemos a las nueve y media en tu casa- le respondió Eric sonriendo.

-Ponte guapo- le aconsejó Laura- Esta noche yo me encargo de que Mike se fije en ti.

-Vale, luego nos vemos que todavía tengo que arreglarme.


 Se despidieron y Eric se dirigió a su armario. Estaba harto de todo y de todos, se iban a enterar de lo que era capaz. Abrió el armario y cogió una camisa azul que le había regalado Laura en su último cumpleaños y que no se había puesto porque no iba mucho con su estilo. Después cogió un pantalón vaquero algo desgastado. Una vez que estaba vestido se quitó las gafas y se puso sus lentillas que solamente se ponía para ocasiones especiales, es decir casi nunca, pero esta ocasión lo merecía. Y después busco un bote de gomina que tenía en el armario, casi entero ya que nunca la usaba y se puso un poco en el pelo hasta peinárselo de punta. Se miró en el espejo y estaba genial. Casi ni se reconocía. Se puso un poco de perfume y se dirigió hasta la ventana. La abrió y salió al tejado. Caminó con cuidado sobre las tejas  hasta el canalón y se deslizó por la tubería que bajaba por la pared hasta llegar al suelo. Después corrió alejándose de la casa antes de que Victoria o Paul le vieran desde alguna de las ventanas. Tendría que volver a casa antes de las doce ya que a esa hora Victoria siempre pasaba a echar un vistazo a las habitaciones de Paul y Eric para comprobar que todo estaba en orden antes de acostarse.

CONTINUARA...





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