MI CAMA ESTA VACIA- RELATO COMPLETO

Me despierto por el ruido que hay en el piso de arriba. Miro el reloj y son las nueve de la mañana. Alguien está arrastrando muebles  y se oye el ruido de varias pisadas. Me incorporo  hasta sentarme y miro el otro lado de la cama con añoranza. Hasta hace una semana estaba saliendo con un chico pero hemos roto. Llevábamos juntos seis meses y ha sido una ruptura bastante dura. Me llamo Saúl y tengo 26 años. Solo he estado con dos chicos en toda mi vida. No me interesa el sexo como a mis otros amigos gays, me parece algo secundario. Por eso me cuesta tanto conocer gente. A la mayoría de los gays solo les interesa echar un polvo la primera noche y después si te he visto no me acuerdo. Yo busco algo más serio, pero en la época en que vivimos parece que la gente quiere batir el record de a ver quién se acuesta con más gente antes de los 30.
Me levanto de la cama y voy al cuarto de baño. Me lavo la cara con agua helada para despejarme y después voy hasta la cocina. Hago café y me tomo una taza. La verdad es que no duermo nada bien desde que lo deje con mi chico, pero sé que es algo pasajero. Dentro de poco mi vida volverá a la normalidad ya que el tiempo todo lo cura.
Dejo la taza en el fregadero y me voy a darme una ducha. Después me visto y enciendo el ordenador. Me conecto al chat de siempre para charlar un rato y conocer gente, pero después de veinte minutos lo apago decepcionado cuando solo encuentro gente que busca sexo.
Suena el timbre y voy a abrir la puerta. Es mi amiga Maite que viene a hacerme una visita.
-Hola, ¿Qué tal estas?- me dice al abrir la puerta mirándome con cara de lastima.
-Estoy bien- le respondo.
-No me mientas, llevas toda la semana sin salir de casa-me dice- entiendo que estés mal pero por quedarte encerrado no vas a solucionar nada.
-Necesito tiempo-le contesto.
-¿Sabes que tienes nuevo vecino en el piso de arriba?- me dice cambiando de tema- Le he visto subiendo cajas.
-Por eso tanto ruido esta mañana- le digo.
-Pues está muy bueno- me dice sonriendo- deberías ir a darle la bienvenida.
-¿Qué dices?- le respondo mirándola como si estuviera loca.
-Yo creo que es gay, a lo mejor te viene bien conocerle.
-No gracias- le contesto.
-Venga, vamos a saludarle- me dice agarrándome del brazo y arrastrándome fuera del piso- si luego resulta que no es gay me lo quedo yo.
Subimos las escaleras y llegamos al piso de arriba. Nos paramos frente a la puerta y llamamos al timbre. Se oyen pasos acercándose al otro lado y abre la puerta un chico guapísimo. Debe ser de mi misma edad más o menos, alto, moreno, sin demasiados músculos como a mí me gustan y unos ojos verdes muy bonitos.
-Hola, pensaba que eran los de la mudanza- dice sorprendido al vernos- todavía quedan algunas cosas por subir.
-Somos los vecinos de abajo- le dice Maite- bueno en realidad tu vecino es el- dice señalándome – yo soy una amiga aunque suelo venir mucho por aquí. Queríamos darte la bienvenida al edificio. Yo me llamo Maite.
-Muchas gracias. Encantado yo me llamo Lucas- se presenta el dándole dos besos a Maite.
-Y yo soy Saúl- me presento y nos damos un apretón de manos.
-Bueno mucho gusto- nos dice- perdonadme pero tengo que seguir ordenando todo esto. Pero para lo que queráis aquí estoy y muchas gracias por la bienvenida. Supongo que nos veremos mucho por aquí ahora que somos vecinos.
Nos despedimos y Lucas cierra la puerta. Una vez de vuelta al piso nos ponemos a comentar  la jugada.
-Tenías razón es muy guapo- le digo a Maite.
-Si, además también tengo razón al decir que es gay. Has visto cómo te miraba el paquete- me dice señalando mi pantalón y riéndose.
-¿Que dices? A mí no me ha parecido nada gay- le respondo quitándole la razón.
-Bueno vamos dar una vuelta y seguimos hablando- me dice poniéndose el abrigo y ofreciéndome el mío. Me pongo el abrigo pensando en las palabras de Maite. El chico parece majo y además es guapo. Quizá no debería cerrar ninguna puerta y darle una oportunidad a ver qué pasa. Tampoco tengo nada que perder.
Después salimos por la puerta y bajamos las escaleras planeando que hacer para intentar descubrir si el nuevo vecino es gay.


Estoy agotado esta mañana. Llevo todo el día moviendo cajas y trasladando muebles. Odio las mudanzas pero hay que hacerlas cuando no queda más remedio. Me llamo Lucas y tengo  28 años. He tenido que mudarme por motivos de trabajo, más sueldo y mejores condiciones así que no me puedo quejar. Arrastro varias cajas al fondo de la habitación y al poco rato entran los de la mudanza para dejarme más cajas que colocar. Parece que no vamos a terminar nunca. Salgo del piso y bajo las escaleras hacia la calle para ver cuantas cosas quedan todavía en el camión de la mudanza. Por el camino me cruzo con una chica pelirroja muy guapa que me saluda y sube las escaleras. Cuando llego al camión me asomo al interior por la puerta de atrás y veo que todavía faltan muchísimas cosas por descargar, seguramente no terminaremos hasta la hora de comer.  Vuelvo a subir al piso y una vez allí me pongo a ordenar. En ese momento llaman a la puerta y voy a abrir, seguramente serán los de la mudanza que vienen a dejar más cajas.
Al abrir la puerta me encuentro a la chica pelirroja con la que me he cruzado en la escalera y a un chico que la acompaña, moreno, con barba de unos tres días y bastante guapo.
-Hola, pensaba que eran los de la mudanza- les digo bastante sorprendido- todavía quedan algunas cosas por subir.
-Somos los vecinos de abajo- me dice la chica pelirroja- bueno en realidad tu vecino es el- dice señalando al chico guapo que va con ella – yo soy una amiga aunque suelo venir mucho por aquí. Queríamos darte la bienvenida al edificio. Yo me llamo Maite.
-Muchas gracias. Encantado yo me llamo Lucas- me presento dándole dos besos a la chica pelirroja que resulta que se llama Maite.
-Y yo soy Saúl- dice el chico guapo presentándose. Dudo un segundo entre si darle la mano o dos besos, porque el chico me parece que es gay, pero ante la duda le doy la mano mientras sin querer se me va la vista hacia su pantalón ya que se le marca bastante el paquete, pero retiro la mirada rápidamente.
-Bueno mucho gusto-les digo  - perdonadme pero tengo que seguir ordenando todo esto. Pero para lo que queráis aquí estoy y muchas gracias por la bienvenida. Supongo que nos veremos mucho por aquí ahora que somos vecinos.
Después de despedirnos se van y cierro la puerta. Parecen simpáticos y el chico es guapísimo. Espero volver a verlos, sobre todo a él. Aunque primero tendré que averiguar si también es gay.
Entonces se abre la puerta del baño y sale Ramón que estaba dándose una ducha.
-Vaya ya era hora- le digo- pensaba que iba a tener que ordenar todo esto yo solo.
-Claro que no- me dice- descansa un rato que ya me pongo yo a ordenar el resto de las cajas- y me agarra por la cintura dándome un beso en los labios.
Ramón es mi chico. Muy guapo, con el pelo castaño y media melena. Siempre me han gustado los chicos con el pelo largo. Llevamos juntos más de un año, aunque las cosas últimamente se han enfriado un poco por mi parte. Me propuso que nos fuéramos a vivir juntos cuando me ofrecieron el ascenso en esta ciudad y le dije que sí, pero ahora no se si fue buena idea. Siempre he tenido pareja porque nunca me ha gustado estar solo. Ese es el motivo de mi miedo a dar el paso y dejar la relación. Tengo muchas dudas en la cabeza ahora mismo.
 Me preparo un café mientras le doy vueltas a todo esto, y salgo a la terraza. Me siento en una de las sillas mientras le doy un sorbo a la taza. Pienso en Ramón y en nuestra relación que se ha vuelto algo monótona y en que quizá estemos juntos por costumbre y entonces me viene a la cabeza el chico que acabo de conocer: Saúl. Pero rápidamente me lo quito de la cabeza. Qué tontería, le acabo de conocer y ni siquiera sé si es gay. Doy otro sorbo a la taza de café y me quedo allí sentado en la terraza sumido en mis pensamientos.
Después de dar un largo paseo, Maite y yo decidimos tomarnos algo en el bar que hay al lado de casa. Encontramos una mesa vacía y nos sentamos en ella. Al poco rato viene el camarero y le pedimos unos refrescos. Después seguimos con la conversación que habíamos dejado pendiente.
-Pues a mí me parece que es buena idea que conozcas a otros chicos para que te olvides de tu exnovio de una vez- me dice Maite.
-Si es que todos los tíos buscan lo mismo- le respondo- solo quieren sexo y más sexo. Yo busco otras cosas. La fase de buscar sexo con una persona diferente cada semana ya la pase hace mucho tiempo. Ahora quiero algo serio, pero es muy difícil en el mundo gay.
-Pero Saúl, a lo mejor lo que necesitas ahora es sexo y no meterte de nuevo en otra relación- me aconseja Maite.
-No gracias, ya sabes que eso no me gusta.
-Pues intenta hacerte amigo del vecino- me dice- parece simpático y así te distraerás y no pensaras en tu ex. Además me gusta para ti, haríais buena pareja.
-Ya te he dicho que no es gay- le digo a Maite que se está poniendo pesada con el tema.
-Pues yo te digo que si lo es. Además si no es gay porque no puede ser tu amigo. Un heterosexual puede ser perfectamente amigo de un gay.
En ese momento aparece el camarero que nos deja nuestros refrescos y vuelve a marcharse.
-Ya veremos- le digo a Maite para zanjar la discusión y luego intento cambiar de tema- ¿Sabes lo que deberíamos hacer?
-¿Qué?- me pregunta intrigada.
-Irnos de excursión a la montaña- le digo- eso me distraería.
-¿Que dices? –responde Maite mirándome horrorizada- sabes que no me gusta nada el campo. Pero lo que de verdad te hará distraerte y pasártelo bien es hacer una fiesta en tu casa.
-No estoy para muchas fiestas- le respondo.
-Venga, anímate. Yo me encargo de todo. Tu solo tienes que poner tu casa- me dice mirándome con ojos suplicantes.
-Está bien-accedo por fin- pero no invites a mucha gente.
-De acuerdo, lo prometo- me responde levantando la mano como si estuviera jurando sobre la biblia.
De repente veo a Lucas, el vecino, entrar en el bar y dirigirse hacia nuestra mesa.
-Hola- nos dice al llegar – iba a tomarme algo y os he visto desde fuera.
-Siéntate con nosotros si quieres- le invita Maite señalando una de las sillas vacías.
-Gracias-dice Lucas aceptando la invitación y sentándose- no me apetece mucho beber solo.
Después de pedirle al camarero una cerveza continuamos con la conversación.
-¿Cómo va la mudanza?- le pregunto.
-Bastante bien gracias. Ya solo falta colocar las últimas cajas.
-Antes de que llegaras estábamos hablando de hacer una fiesta- le dice Maite- si te apetece venir estas invitado.
-¿Cuándo pensáis hacerla?- pregunta Lucas.
-Mañana viernes en casa de Saúl- responde Maite rápidamente- para despedir bien la dura semana de trabajo.
-Ya os lo diré- responde Lucas- estoy un poco cansado con lo de la mudanza. Pero a lo mejor me paso un rato.
-Estaría genial que vinieras- le digo sin poder evitar quedarme embobado mirando sus labios. Después me doy cuenta e intento disimular- además la fiesta estará genial, lo pasaremos muy bien.
Maite coge su vaso y se bebe el resto del refresco de un trago.
-Bueno yo tengo que marcharme- dice levantándose rápidamente de la silla- tengo mucha prisa. Os dejo a los dos para que os conozcáis mejor y ultiméis los detalles de la fiesta. Saúl luego te llamo y me cuentas.
Y después de decir esto sale corriendo por la puerta, chocando con un chico que no para de mirar hacia nuestra mesa. Lucas no le ve porque esta de espaldas a él.  Tiene el pelo castaño y media melena. Permanece allí un buen rato mirando como hablamos y después parece que se marcha algo enfadado. No le doy más importancia y continúo charlando con Lucas.


Necesitaba darme una ducha. El agua caliente cae por mi cuerpo, me relaja y me ayuda a eliminar la tensión acumulada durante todo el día. Llevo toda la mañana de mudanza, bueno llevamos, mi chico esta ahora colocando algunas cajas. Ahora iré a ayudarle, pero necesitaba relajarme un rato. Me llamo Ramón y mi chico se llama Lucas. Acabamos de mudarnos a este barrio. La verdad es que necesitábamos un cambio. Las cosas no están muy bien entre nosotros y, últimamente la relación se ha enfriado bastante. En la ciudad donde vivíamos antes el pasaba mucho tiempo con sus amistades y se estaba alejando de mí. Su jefe es amigo mío por lo que me tome la libertad de hablar con él y suplicarle que le diera un puesto de trabajo en otra ciudad. Le dije que necesitábamos un cambio urgente. Me debía un favor, así que logre convencerle y le propuso un ascenso si estaba dispuesto a mudarse aquí. Lucas no sabe nada de esto por supuesto, si hubiera sabido que yo tengo algo que ver nunca hubiera aceptado. Yo terminé de convencerle y por fin estamos aquí. Lejos de esas amistades que estaban separándonos. Ahora tenemos una nueva oportunidad de empezar de cero sin que nadie se entrometa.
Me aclaro el pelo, cierro el grifo de la ducha y cojo el albornoz.  Me seco y mientras me visto me parece oír el timbre de la puerta. Serán los de la mudanza que han subido más cosas. Una vez vestido salgo del baño. Lucas está en el salón ordenando  cajas.
-Vaya ya era hora- me dice- pensaba que iba a tener que ordenar todo esto yo solo.
-Claro que no- le digo- descansa un rato que ya me pongo yo a ordenar el resto de las cajas- y le agarro por la cintura dándole un beso en los labios. Después me pongo a ordenar cajas mientras Lucas se prepara un café y sale a la terraza con la taza en la mano.
En esta nueva ciudad las cosas empezaran a mejorar y tendremos más tiempo para estar los dos solos. Sé que si no nos hubiéramos mudado en menos de un mes habríamos roto.  Me siento mal por mentir a Lucas pero cambiar de ciudad es lo mejor que podíamos hacer.
Lucas sale de la terraza y deja la taza vacía en el fregadero.
-Voy a dar una vuelta y a tomar algo al bar de abajo- me dice-así me da un poco el aire, que llevo todo el día aquí metido.
-Vale, tu descansa- le digo- yo me ocupo de ordenar todo esto.
Después me da un beso y sale por la puerta.
Antes no era tan frio. Además creo que no le ha hecho mucha ilusión lo de vivir juntos.  Espero que con el tiempo se dé cuenta de que esto es lo mejor.
Los de la mudanza me suben una docena de cajas y unos cuantos muebles y después se marchan. Me paso una hora ordenándolo todo y después me siento en el sofá para descansar un rato. Como ya casi esta todo ordenado decido bajar al bar y así tomarme algo con Lucas. Bajo las escaleras corriendo hasta llegar al portal y salgo a la calle.
Llego hasta la puerta del bar, pero cuando voy a entrar me paro en seco al ver a Lucas sentado en una mesa con otro chico. Una chica pelirroja sale rápidamente por la puerta y choca conmigo ya que le impido el paso.  Me pide disculpas pero no le respondo porque no dejo de mirar hacia la mesa donde están sentados Lucas y ese otro chico. Durante un segundo se me pasa por la cabeza acercarme a la mesa, pero estoy muy enfadado y no quiero hacer ni decir nada de lo que pueda arrepentirme, así que decido marcharme dando un sonoro portazo. Subo corriendo a casa aguantando las lágrimas y al llegar me siento en el sofá donde ya no puedo aguantar más y rompo a llorar.


Después de un agradable par de horas con Saúl en el bar, intercambiamos nuestros números de teléfono y nos despedimos. Él tiene cosas que hacer por lo que se marcha calle abajo y yo entro en el portal para subir a casa con Ramón y terminar de ordenar las cosas de la mudanza entre los dos. Mientras subo la escalera pienso en Saúl y en su forma de mirarme. Está claro que él también es gay. Creo que le gusto. No le he dicho que tengo pareja. Ni siquiera le he dicho que vivo con alguien. Supongo que no he querido cerrar ninguna puerta, aunque se acabara enterando ya que vivimos en el mismo edificio.  Creo que me gusta un poco este chico, pero no llevo aquí ni un día, ni siquiera le conozco así que es demasiado pronto.  Aunque está claro que tiene algo que me gusta.
Llego ante mi puerta y saco la llave del bolsillo. La introduzco en la cerradura, abro y entro dejando la cazadora en la percha que Ramón ya ha colocado en su sitio, al lado de la puerta.  Ando hasta el salón y  le encuentro sentado en el sofá mirándome con cara de enfadado.
-¿Qué pasa?- le pregunto.
-Ya lo sabes- me responde.
-¿Estas enfadado porque no te he ayudado? Me dijiste que descansara y que tú te encargabas de ordenar el resto de las cosas.
-No es por eso- me responde levantándose del sofá cada vez más enfadado- Está volviendo a pasar, ¿verdad?
-¿Qué está volviendo a pasar? No entiendo nada- le pregunto cada vez más perplejo.
-Te he visto en el bar con ese chico- me dice señalándome con el dedo- Quieres volver a engañarme otra vez.
-Yo nunca te he engañado y ese chico es un vecino que acabo de conocer- le explico- Estas sacando las cosas de quicio.
-Creía que mudándonos aquí todo iría mejor- me dice sentándose de nuevo- sé que tuviste una aventura con alguno de tus amigos, por eso pasabas tanto tiempo con ellos.
-Lo que dices es absurdo. Pasaba tiempo con ellos precisamente porque son mis amigos- le digo enfadándome yo también- Nunca ha pasado nada con ninguno de ellos.
-No me mientas más.
-Te das cuenta de las tonterías que estás diciendo. Ya empiezas otra vez con tus celos- le digo- por eso empezamos a alejarnos. Porque no confiabas en mí.
-No quiero que vuelvas a hablar con ese chico- me dice levantándose de nuevo y acercándose a mí- no vuelvas a quedar con él y ni siquiera  le saludes si te lo encuentras en el rellano.
-¿Pero qué dices?- le digo completamente indignado- Me cae bien y no voy a dejar de hablarle por tus estúpidos celos.
De repente, sin apenas darme cuenta me encuentro en el suelo debido al puñetazo que acaba de propinarme Ramón. Noto sangre en la boca ya que me he mordido el labio por el golpe.
-No vas a volver a verle, está claro- grita mientras yo sigo en el suelo.
Después me propina una patada en el estómago, que me deja sin aire y me hace toser haciendo salir  unas gotas de sangre por la comisura de mis labios.
Después se marcha al dormitorio dejándome allí tirado y cierra con un sonoro portazo.
Permanezco en el suelo un buen rato con las manos en el estómago. Cuando me recupero un poco me incorporo sentándome en el suelo y me limpio la sangre de los labios con la mano mientras las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos. Me dejo caer de nuevo en el suelo y lloro allí tirado hasta quedarme sin lágrimas.


Ramón  abre la puerta de casa y entra agotado después de un largo día de trabajo, pero por fin es viernes así que tiene todo el fin de semana para descansar. Da una vuelta por la casa esperando encontrar a Lucas, pero este no está. Esta mañana al despertarse ya se había marchado. Ramón le ha llamado varias veces al móvil pero Lucas no ha contestado. Quería disculparse por haberle golpeado la noche anterior. Estaba fuera de sus casillas. No tenía que haber reaccionado así pero es que solo imaginar a Lucas con otro chico le ponía enfermo.  Se dirige al frigorífico y coge una  lata de cerveza. La abre y se la bebe casi de un trago. Después con la lata en la mano va al salón y ve que la luz del contestador está parpadeando. Se acerca hasta el teléfono y pulsa el botón para escuchar los mensajes.
-Tiene un mensaje nuevo- dice la voz mecánica del contestador y después de un largo pitido comienza a reproducirlo- Hola soy Saúl, te llamaba para saber si al final te vas a pasar por la fiesta. Pásate a partir de las diez de la noche y te tomas algo. Además estamos en el piso de abajo si te aburres tienes tu casa justo encima y puedes irte cuando quieras (risas) Espero que puedas venir. Hasta luego.
Ramón aprieta la lata de cerveza en su mano hasta abollarla y después la lanza contra la pared. Mira el reloj y comprueba que son las once de la noche. Después sale por la puerta muy enfadado y baja las escaleras hasta la casa de Lucas. Llama al timbre varias veces hasta que un chico rubio con una copa en la mano abre la puerta.
-¿Vienes a la fiesta? Pues adelante- le dice haciéndose a un lado para dejarle pasar.
-Estoy buscando a Lucas- le dice Ramón sin entrar.
-No sé quién es Lucas- le responde el chico rubio agitando la copa y derramando unas gotas por el suelo de lo quiera que esté tomando. Se nota que está bastante borracho- pero entra y búscale tú mismo.
Ramón entra al piso y el joven cierra la puerta y vuelve  junto a un grupo de chicos que están bailando en un rincón. La música está muy alta y hay bastante gente. Unos bailando, otros hablando tranquilamente, otros bebiendo… Da una vuelta por la casa pero no ve a Lucas y tampoco ve al chico que estaba con él en el bar y que ahora sabe que se llama Saúl por el mensaje del contestador. Se acerca a una chica que está sirviéndose una copa de ron y le pregunta.
-Perdona, ¿sabes dónde está Saúl?
-Estaba aquí hace un momento hablando con un chico pero hace un buen rato que no les veo- responde la chica y después añade unos hielos a su copa.
Ramón cada vez está más enfadado y al pasar junto a un grupo de chicos se enfada aún más al escuchar lo que están comentando.
-Me han dicho que hay dos personas en esa habitación enrollándose- dice uno de los chicos señalando una habitación que esta al fondo del pasillo.
Ramón ya no puede más y se dirige corriendo hacia la puerta de aquel cuarto
Todo está oscuro en la habitación. En la oscuridad se escucha el sonido de dos respiraciones entrecortadas y de unos labios besándose  apasionadamente. De repente se abre la puerta y la luz ilumina  el cuarto donde unos ojos temerosos miran hacia Ramón al verse descubiertos.


Ramón observa desde la puerta las caras asustadas que le miran desde  el fondo de la habitación.
-¡Joder!-  le dice uno de los chicos al otro- vamos a buscar otro sitio donde tengamos más intimidad.
 No son ni Lucas ni Saúl. Salen por la puerta empujando a Ramón a un lado y bastante enfadados.
Ramón vuelve al salón donde la gente sigue bebiendo y bailando. Entonces ve a Lucas y a Saúl saliendo de la terraza y entrando en  el salón, donde se acercan a una de las mesas y se sirven unas copas.
Le empieza a hervir la sangre y se aproxima hacia ellos a toda velocidad. Agarra a Lucas por el hombro y le gira violentamente.
-¿Qué estabais haciendo en la terraza?
-¿Qué haces tú aquí?- le pregunta Lucas- No creo que te hayan invitado a la fiesta.
-Os estabais enrollando, ¿verdad?- grita Ramón señalando a Lucas y a Saúl con el dedo.
La gente que está alrededor escucha la discusión y empiezan a dejar sus conversaciones a un lado para enterarse de lo que está pasando.
-Oye, márchate de mi casa- le dice Saúl- nadie te ha invitado. Además Lucas me ha contado que le golpeaste la otra noche así que vete si no quieres que llamemos  a la policía.
-Échame si puedes- le grita Ramón a Saúl dándole un empujón. Este le devuelve el empujón aún más fuerte y casi le hace perder el equilibrio y caer al suelo. Ramón se abalanza contra Saúl pero en ese momento llega Maite que se encontraba en el baño y los separa.
-Lárgate de aquí- le dice Maite a Ramón interponiéndose entre ellos.
Los invitados de la fiesta se empiezan a arremolinar alrededor de ellos para ver el espectáculo.
-Quítate de en medio pelirroja o te quito yo- le dice Ramón a Maite con tono amenazador.
-Eso me gustaría verlo- le responde ella.
Entonces Ramón empuja a Maite y esta cae al suelo. Saúl se lanza contra él y le agarra por la solapa de la camisa. Lucas intenta separarlos pero Ramón le propina un puñetazo en el ojo y este debido al impacto cae sobre una de las mesas volcándola y arrojando al suelo todos los vasos y botellas que  había sobre ella, que se hacen añicos y se esparcen por todo el salón. 
Ramón y Saúl siguen forcejeando. Saúl le empuja contra la pared y le agarra por el cuello. Pero Ramón consigue librarse de él y le da un puñetazo en el estómago. Saúl se inclina debido al dolor y Ramón aprovecha para coger una de las botellas que hay en uno de los estantes y golpea a Saúl en la cabeza con ella. La botella se rompe en mil pedazos y la sangre empieza a brotar de la cabeza de Saúl que cae al suelo.
Varios invitados al ver que aquellos se les ha ido totalmente de las manos comienzan a rodear a Ramón y entre todos consiguen sacarlo de la casa a empujones. 
Maite corre hasta el baño y vuelve con una toalla que pone sobre la herida que Saúl tiene en la cabeza. Este se levanta un poco aturdido.
-¿Estas bien?- le pregunta  Maite.
-Sí, me duele un poco la cabeza pero estoy bien- responde Saúl.
-Voy a llamar a una ambulancia- le dice Maite sacando su teléfono móvil del bolsillo- es mejor que te vean esa herida.
Maite marca el número de emergencias y avisa para que manden una ambulancia. Mientras Saúl busca a Lucas con la mirada por todo el salón  para ver como esta, pero no le ve por ningún sitio. Entonces se da cuenta de que todavía esta tirado en el suelo. Se acerca corriendo hasta el para descubrir que está completamente inmóvil y parece que no respira.


-Me han dicho los médicos que Lucas se debió golpear la cabeza al caer al suelo- informa Saúl  a Maite que le está esperando en la sala de espera del hospital- parece que está bien aunque ahora está dormido.
-Vaya forma de fastidiarnos la fiesta el payaso de su novio- le dice Maite- que pena que la policía no le haya encontrado todavía.
-No estaba ni en su piso ni en los alrededores- le dice Saúl sentándose en uno de los asientos- Nadie sabe dónde ha podido meterse.
-Espero que le encuentren pronto. Bueno, ¿nos vamos ya?-le  pregunta Maite cambiando de tema- Son las tres de la madrugada, todavía podemos llegar a la discoteca y tomarnos unas copas para olvidarnos del susto.
-No gracias- le responde Saúl- Creo que voy a quedarme a pasar la noche aquí con Lucas. Así cuando se despierte en la habitación no estará solo.
-Venga, vente a la disco- le insiste Maite- Apenas le conoces, no le debes nada. Lo único que vas a conseguir es meterte en un lio.
-Pues yo creo que tengo parte de culpa de  que haya pasado todo esto.
-El único culpable es el loco de su novio, pero bueno no te insisto más. Yo me marcho. Mañana te llamo por teléfono y hablamos- le dice Maite levantándose del asiento y dirigiéndose al ascensor.
-Hasta mañana- se despide Saúl y se encamina hasta la habitación de Lucas.
Una vez allí se sienta en el sofá que tienen en la habitación para que descansen los familiares y amigos de los pacientes, coge una de las revistas que hay sobre la mesita que está a su lado y comienza a ojearla.

Maite sale del ascensor en la planta baja y atraviesa la puerta principal del hospital. Una vez en la calle para un taxi y se introduce en el alejándose de camino a la discoteca más cercana.  Justo en ese momento de entre las sombras de un callejón oscuro aparece Ramón. Se ha escondido allí al ver salir a Maite. Una vez que el taxi se ha alejado lo suficiente entra al hospital y se acerca hasta el mostrador de información. Allí pregunta a la enfermera de guardia por la habitación de Lucas. Una vez que ha conseguido la información se dirige hasta el ascensor y una vez dentro pulsa  el botón de la tercera planta.
Mientras Saúl en la habitación se levanta del sofá al notar que Lucas se mueve en la cama, se acerca hasta el para ver cómo está, pensando que se ha despertado, pero solamente ha cambiado de postura. Se aleja de la cama y entonces le entran ganas de ir al baño. Sale por la puerta y cruza el pasillo hasta llegar a los lavabos justo en el momento en que se abren las puertas del ascensor .No se encuentra de frente con Ramón por los pelos. Este sale del ascensor y camina hasta la habitación de Lucas. Entra y cierra la puerta tras de sí.
Después  de hacer uso de uno de los urinarios, Saúl  se lava las manos y sale del cuarto de baño. Camina hasta la puerta de la habitación de Lucas, extiende la mano hacia el pomo pero en ese momento se le ocurre ir a la máquina que está al fondo del pasillo para sacar una botella de agua y algo para comer por si le entra hambre durante la noche.
Ramón está de pie frente a la cama de Lucas y observa durante un rato como duerme. Después se inclina sobre él, le acaricia la mejilla y le da un beso en la frente.
-Siento lo que ha pasado- le dice susurrando- No sé qué me ha ocurrido pero te prometo que no va a volver a suceder.
Justo en ese instante se abre la puerta de la habitación y entra Saúl. Al ver allí a Ramón se le caen de las manos el sándwich y la botella de agua que acaba de sacar de la máquina, que aterrizan en el suelo. Los dos se miran durante unos segundos.
-¿Qué coño haces tú aquí?- preguntan los dos al unísono.
-Voy a llamar a seguridad, la policía te está buscando- le dice Saúl acercándose al teléfono que esta sobre  la mesilla de noche.
Ramón le sujeta el brazo antes de que llegue a coger el teléfono y le empuja  haciendo que caiga al suelo. Después sale rápidamente  por la puerta y escapa corriendo por el pasillo a toda velocidad. Saúl se levanta y corre hacia la puerta. Se asoma al pasillo pero Ramón ya ha desaparecido.  Se acerca a la cama para asegurarse de que Lucas está bien y después descuelga el teléfono y llama a seguridad.


Han pasado tres meses desde el incidente y no hemos vuelto a saber nada de Ramón desde la noche que se presentó en el hospital.  Ahora Lucas y yo somos novios. Llevamos saliendo prácticamente desde que salió del hospital. Hoy exactamente cumplimos tres meses y he preparado una cena especial para celebrarlo. Falta una hora para que vuelva del trabajo y estoy ultimando los últimos detalles. He preparado una crema de champiñones y ahora estoy terminando de hacer un pollo a la naranja que me está quedando buenísimo.
Al principio yo no estaba muy seguro de querer empezar una relación con Lucas. Cuando nos conocimos todo fue una locura y no quería problemas con su ex novio. Pero Ramón no volvió a dar señales de vida y a medida que Lucas y yo nos fuimos conociendo mejor, nos fuimos enamorando. El sigue viviendo en su piso, pero la mayoría de los días suele quedarse a dormir en el mío. La verdad es que nos va muy bien y espero que siga siendo así por mucho tiempo.
Suena el teléfono y atravieso la cocina  hasta llegar al salón y descuelgo el auricular.
-Hola Saúl, ¿cómo van los preparativos de la cena?- me pregunta Maite riendo- Felicidades por esos tres meses.
-Gracias Maite- le digo- Ya casi está todo listo. Solo falta que llegue Lucas.
-Me dais bastante envidia. Yo nunca voy a conocer al hombre adecuado.
-Claro que sí. Todo acaba llegando- le digo para animarla- Además cualquier chico querría estar contigo.
-Eso espero, no quiero acabar viviendo sola y rodeada de gatos- bromea- bueno te dejo, voy a preparar mi cena. Hablamos mañana.
-Que aproveche.
-Lo mismo digo…. Espera un momento- me dice, se aleja del teléfono unos segundos y después regresa-  Me había parecido…
Se oye un pitido al otro lado del teléfono al cortarse la llamada.
Marco el teléfono de Maite pero comunica. Se le habrá vuelto a caer la línea. Ya le dije que cambiara de compañía pero no me hace caso. Después cuelgo y vuelvo a la cocina. Compruebo que ya está hecho el pollo y apago el fuego.
Vuelvo al salón  y enciendo la tele. Me siento en el sofá a ver un programa sobre unos famosos que tienen que sobrevivir en una isla desierta. Me aburre tanto que me quedo dormido.
Al despertarme el programa ha terminado y ahora hay una película. Apago el televisor y miro el reloj. He estado durmiendo durante dos horas y parece que Lucas todavía no ha llegado a casa. Saco mi teléfono móvil del bolsillo y le llamo. Un mensaje de voz me dice que el teléfono al que llamo está apagado o fuera de cobertura. Vuelvo a guardarme el móvil en el bolsillo y voy a ver cómo está la cena. Habrá que volver a calentarla cuando llegue Lucas porque ya está completamente helada. Al volver al salón suena mi teléfono móvil, lo vuelvo a sacar del bolsillo y miro la pantalla. En la pantalla leo: NUMERO DESCONOCIDO. Descuelgo y al otro lado oigo una respiración.
-¿Quién es?- pregunto.
Nadie contesta, solo sigo escuchando esa siniestra respiración. Cuando estoy a punto de colgar, alguien comienza a hablar.
-Hola, Saúl- me dice una voz al otro lado. Suena distorsionada como si esa persona no quisiera ser reconocida.
-¿Quién eres?-pregunto un poco asustado.
-Eso es lo de menos. Lo importante es quien eres tú y lo que tienes que hacer.
-No entiendo nada-le digo completamente perplejo.
-¿Eres el novio de Lucas y también eres amigo de una tal Maite verdad?
-Si-respondo cada vez más confuso- ¿Por qué?
-Porque están aquí conmigo y vas a tener que hacer todo lo que yo te diga si quieres que sigan vivos. Volveré a llamarte dentro de una hora. No llames a la policía o morirán.
-Eres Ramón ¿verdad?- le pregunto, pero al otro lado solo oigo el teléfono comunicando.


La hora de espera se hizo eterna para Saúl.  Estuvo sentado en el sofá dándole vueltas a  todo lo que estaba pasando.  Cuando sonó su teléfono móvil saltó sobre la mesa donde se encontraba y descolgó rápidamente. Al otro lado volvió a escuchar aquella voz distorsionada.
-Espero que estés preparado- le dijo – vas a tener que hacer todo lo que yo te diga si quieres volver a ver a tu amiga y a tu chico con vida.
-Déjame escuchar su voz- le pidió Saúl- quiero saber que los dos están bien.
-Lo siento ahora no se pueden poner- le respondió la voz- vas a tener que fiarte de mí. Lo primero que te voy a preguntar es muy fácil. ¿Sabes dónde estoy?
Saúl recordó que hace unas horas al hablar por teléfono con Maite el teléfono se había cortado de forma extraña.
-Supongo que estas en casa de Maite- respondió Saúl dudando un poco.
-Has acertado. Pues lo primero que quiero que hagas es venir hasta aquí. Y cuidado con avisar a la policía., yo no tengo nada que perder pero tu si- y después de decir esto se cortó la llamada.
Saúl fue a la cocina y cogió un cuchillo que escondió debajo del jersey. Después salió por la puerta y bajo las escaleras hasta la calle. Una vez allí comenzó a correr hasta llegar a  casa de Maite que estaba a unas cuantas manzanas de distancia. Cuando llegó al portal estaba exhausto. Se acercó al timbre pero antes de  pulsar el botón la puerta se abrió. Maite vivía en el tercer piso. Subió lentamente las escaleras hasta llegar a la puerta de su casa, que se encontró abierta de par en par. Entró lentamente  y avanzó por el pasillo. Llegó hasta el salón donde encontró un sobre encima de la mesa en el que estaba escrito: SAUL.
 Lo cogió y leyó la nota que contenía.
“ENTRA EN EL DORMITORIO DE MAITE”
Saúl fue hasta el dormitorio y abrió la puerta lentamente. Allí encontró a Maite y a Lucas atados. Maite estaba atada de pies y manos sobre la cama y Lucas en el suelo. Cuando iba a acercarse para desatarlos alguien apareció detrás de él.
-Quieto- le dijo con aquella voz siniestra.
Saúl se dio la vuelta y vio que detrás de él había un hombre con un pasamontañas que le apuntaba con una pistola
-¿Por qué llevas el pasamontañas? Ya sé que eres Ramón, no tienes por qué esconderte- le dijo Saúl dando un paso atrás.
-Como ves aquí están Maite y Lucas sanos y salvos- le dijo con aquella siniestra voz ignorando sus palabras- saca el cuchillo que llevas escondido debajo del Jersey.
-¿Cómo lo sabes?- le pregunto Saúl sorprendido.
-Crees que soy un aficionado. He estado vigilando todos vuestros movimientos  con cámaras ocultas durante todo este tiempo. Ahora saca el cuchillo.
Saúl sacó el cuchillo y lo sostuvo en la mano esperando órdenes.
-Bien, deja el cuchillo en el suelo y dale una patada hasta mí.
Saúl obedeció.
-Bien, ahora vas a tener que tomar una decisión. Tienes que elegir quien quieres que viva: tu mejor amiga o tu novio.
Saúl se llevó las manos a la cabeza totalmente desconcertado. Era imposible tomar aquella decisión.


-¡¿Pero, qué dices?!-exclamó Saúl- No puedes matar a nadie.
-Elige o los matare a los dos- dijo el enmascarado dando un paso al frente.
Saúl al ver que se acercaba dio un paso atrás chocando contra el armario que tenía a su espalda.
-Te doy treinta segundos para que te decidas o les pego un tiro a los dos.
Saúl apoyó su espalda contra el armario, la cabeza le iba estallar. Estaba a punto de sufrir un ataque de pánico. De repente las puertas del armario empezaron a vibrar como si algo las empujara desde dentro y escuchó un gemido que provenía del interior.
-¿Qué hay en el armario?- preguntó Saúl extrañado.
-Creo que tienes cosas más importantes de las que preocuparte- respondió el enmascarado.
Lucas y Maite miraban la escena con ojos aterrorizados.
En ese momento Saúl giró rápidamente el pestillo del armario y abrió sus puertas. Se quedó petrificado al ver lo que había en su interior.
Dentro del armario estaba Ramón atado de pies y manos y amordazado.
-Pero si Ramón está aquí, ¿Quién eres tú?- le pregunto al enmascarado confundido.
El enmascarado guardó silencio. Ramón saltó del armario y cayó al suelo. Saúl se agachó a su lado y aprovechó para quitarle la mordaza.
-Quería culparme a mí de todo, por eso me tenía en el armario. Yo no he hecho nada malo. Tú le conoces Saúl, él es…
El disparo resonó en la habitación y la bala impacto en la cabeza de Ramón que no pudo terminar la frase.
Maite, Lucas y Saúl se quedaron paralizados.
-Parece que mi plan se ha ido al garete- dijo el enmascarado- esto no debería haber sucedido así. Ahora os tendré que matar a todos.
-¿Pero quién eres?- grito Saúl.
-Supongo que ya no importa que sepáis quien soy, ya que vais a morir de todas formas-dijo el enmascarado sacando el distorsionador de voz que guardaba bajo el pasamontañas y arrojándolo al suelo. Después se quitó el pasamontañas para dejar su rostro al descubierto.
Saúl se quedó petrificado. No podía creer lo que estaba viendo. Maite reconoció al instante a la persona que tenían delante. Era el exnovio de Saúl por el que había sufrido tanto antes de conocer a Lucas.
-Carlos, eres tu- dijo Saúl sin entender nada- ¿Pero qué has hecho?
-Todavía te quiero- respondió Carlos bajando el arma.
-Pero si me dejaste, estuve fatal por nuestra ruptura. No entiendo nada.
-Cuando te deje creía que era lo correcto- comenzó a explicar Carlos- pero después de unos meses separado de ti me di cuenta de que todavía te quería. Pero cuando volví para hablar contigo y decírtelo tú estabas con este- dijo señalando con el arma a Lucas- y cuando me entere de lo que había sucedido con Ramón encontré la manera de echarle las culpas de todo esto. En realidad no iba a matar a Maite, sabía que no ibas a poder elegir así que pensaba matar solamente a Lucas y dejaros marchar a vosotros. Después iba a matar a Ramón y hacer que pareciera un suicidio, hasta  tenía una carta escrita por el explicando que este había matado a Lucas y después se había suicidado porque no podía vivir sin él. Una vez que Lucas hubiera muerto tú y yo podríamos volver a estar juntos. Pero ahora os tengo que matar a todos, aunque me duela matarte a ti Saúl. Pero si no puedo estar contigo, prefiero que no estés con nadie-dijo Carlos apuntándole con la pistola
-¡Espera!- gritó Saúl- ¿Por qué no hablaste conmigo? Todavía se pueden arreglar las cosas.
-¿Qué quieres decir?- preguntó Carlos que comenzaba a impacientarse.
-Todavía siento algo por ti. Podemos estar juntos otra vez- dijo Saúl dando un paso al frente.
-¿No estás enamorado de Lucas?- pregunto Carlos confundido.
-Solo estaba con él para olvidarte a ti- Saúl dio otro paso al frente acercándose un poco más a Carlos- Podemos matar a Lucas y a Maite para no dejar testigos y huir juntos. Culparemos a Ramón. Podemos hacer que parezca que el los mato y que después se suicidó con la pistola.
Maite y Lucas se miraron aterrorizados el uno al otro.
-Es un buen plan- respondió Carlos asintiendo con la cabeza y bajando el arma.
Por fin Saúl llego hasta Carlos y se colocó frente a él.
-He esperado mucho tiempo para que llegara este momento-dijo Carlos.
Saúl se inclinó para besarle. Carlos cerró los ojos para recibir sus labios, pero en lugar de eso este le quito el arma de las manos y le propino un puñetazo. Carlos cayó al suelo aturdido.
-¡Me has engañado hijo de puta!- gritó Carlos desde el suelo.
-En serio creías que iba a volver contigo, eres un psicópata- le gritó Saúl apuntándole con la pistola- No te muevas o te disparo.
-No me vas a disparar- dijo Carlos poniéndose en pie- no eres capaz de matar a nadie.
-No te acerques- le advirtió Saúl.
-No vas a disparar-volvió a decir Carlos avanzando hacia Saúl.
-¡Quieto!
Pero en ese momento Carlos se abalanzó sobre él y los dos cayeron al suelo. Comenzaron a forcejear hasta que el arma se disparó. Maite y Lucas que no veían nada desde donde se encontraban se miraron aterrorizados esperándose lo peor.
 Saúl y Carlos permanecieron inmóviles unos segundos hasta que Saúl empujo el cuerpo sin vida de Carlos para quitárselo de encima. La bala había impactado en su pecho alcanzándole en el corazón. Después se levantó del suelo, dejó el arma sobre la cama y comenzó a desatar a Maite.
-Gracias- dijo esta cuando Saúl le quito la mordaza. Todavía estaba temblando por el susto.
Después desató a Lucas y le quitó también la mordaza.
-Por un momento he creído que decías en serio lo de volver con él y matarnos- le dijo Lucas abrazándolo con todas sus fuerzas- Gracias por salvarnos la vida.
Saúl y Lucas se besaron como nunca antes lo habían hecho mientras Maite avisaba a la policía desde su teléfono móvil.
-Me ha dicho la policía que llegaran en cinco minutos- les dijo después de colgar y luego dejó el teléfono sobre la cama- vamos a esperarles en el salón. 
Fueron todos hasta el salón. Saúl y Lucas se sentaron en el sofá y se abrazaron con fuerza. Maite los miró.
-Qué envidia me dais ¿Pero que sepáis que elegís muy mal a vuestras parejas? No sé quién era más psicópata, Ramón o Carlos.
Lucas y Saúl se miraron sonriendo y se besaron con ternura.




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