UN CUENTO HECHO REALIDAD- CAPITULO 9: CONFESIONES
Eric abrió los ojos. Tenía un dolor de cabeza muy intenso y
la vista nublada. Seguía en aquel sótano, encadenado a la tubería. Miró con
nauseas el cubo donde tenía que hacer sus necesidades ya que ni siquiera le
dejaban salir para eso. No sabía que estaba pasando ya que nunca había estado
encerrado tanto tiempo. Victoria solía encerrarle durante un día, dos como
mucho. Pero ya llevaba una semana allí abajo. Escuchó con atención y oyó pasos arriba y
también varias voces. Había más gente en la casa. El ruido parecía venir del
salón. Ahora era su oportunidad para hacer ruido y que con suerte alguno de los
invitados le oyera y acudieran en su ayuda. Sujetó con dificultad la cadena con
las manos y comenzó a golpear la tubería con ella.
Mientras en el salón todos estaban disfrutando de una buena
copa de vino y de una agradable conversación. Victoria, el doctor Walter y
Andrea, su mujer, charlaban alegremente sobre sus hijos y lo contentos que
estaban por su relación. Entonces el ruido de las cadenas de Eric comenzó a
escucharse en el salón. Era casi imperceptible debido a que las voces de la
conversación lo ahogaban. La única que se percató del ruido fue Victoria.
-Voy a poner música de fondo para ambientar un poco la
velada- les dijo al doctor y a su mujer mientras se levantaba de la mesa y
caminaba hasta el equipo de música. Subió el volumen hasta que dejó de
escucharse el ruido que provenía del sótano y volvió a sentarse con sus
invitados.
Paul se paró frente a la puerta que acababa de aparecer ante
sus ojos detrás del muro. La miró boquiabierto unos segundos sin saber qué
hacer, hasta que por fin se decidió a atravesarla. Se preguntó si su madre conocía
la existencia de aquella puerta. Subió las escaleras que daban al desván,
caminó entre las cajas llenas de trastos y llegó hasta el espejo mágico. Retiró
la sabana que lo cubría y miró extrañado la calavera que tenía tallada en la
parte superior. Acercó su mano hasta él y al tocarlo vio como este comenzaba a
brillar. Su primera intención fue salir corriendo, pero la curiosidad pudo con él
y continuó mirando como brillaba totalmente hipnotizado.
-El último deseo ya ha sido solicitado, ¿Qué es lo que queréis
ahora?- preguntó el espejo.
Paul lo miraba incrédulo. ¿El espejo acababa de hablar o se
lo estaba imaginando?
-¿Acabas de hablar?- preguntó Paul al espejo.
-Pues claro, ¿es que ves a alguien más por aquí?- respondió
este.
-¿De qué deseo hablas?
-Tu madre ha vuelto a requerir mis servicios. Aunque esta es
la última vez ya que solo puedo conceder tres muertes a cada familia y tu madre
ya ha consumido dos.
-¿Dos muertes en mi familia?
-Victoria pidió la muerte de sus dos maridos para heredar sus
bienes y su fortuna- le explicó el espejo.
-Entonces mi madre es la culpable de la muerte de mi padre y
también de la muerte del padre de Eric- dijo Paul mientras las lágrimas
comenzaban a caer por sus mejillas al comprobar hasta donde podía llegar la
maldad de su madre.

Que mujer tan hija de mil es Victoria >:(
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