THE WALKING GAY- RELATO COMPLETO

Daniel se despertó cuando los rayos del sol comenzaron a entrar por la pequeña ventana.   Abrió los ojos poco a poco, entrecerrándolos por la molesta luz. Se cubrió la cara con una mano y se incorporó en la cama hasta quedar sentado. Tenía frio ya que no llevaba camiseta y tenía el torso al descubierto. Miró alrededor esperando que la noche anterior hubiera sido una pesadilla, pero nada de eso.  Había salido de fiesta y al volver a casa en coche, con algunas copas de más, le había parado la policía en un control de alcoholemia. Le hicieron la prueba y salió positivo y para terminar de arreglar la noche intento resistirse e insulto al agente.  Así que allí estaba en una celda y con una resaca enorme. Vio su camiseta tirada en un rincón, se levantó a recogerla y se la puso.
 No sabía qué hora era porque le habían quitado el reloj y el resto de efectos personales. Miró las demás celdas y estaban vacías. No se veía a ningún agente por ninguna parte por lo que empezó a gritar para que acudiera alguien.
-Hola, puede venir alguien por favor. ¿Cuándo me vais a dejar salir de aquí?
No hubo respuesta. 
-¿Me oye alguien?- volvió a preguntar alzando un poco más la voz.
Nadie respondió a su llamada. Se sentó sobre la cama y dio un puñetazo a la almohada. En cuanto viniera alguien exigiría que le soltaran o que por lo menos le dejaran hacer una llamada. Su chico debía estar preocupado sin tener noticias de el en toda la noche. Se llamaba Fran y era bastante comprensivo pero lo de pasar la noche fuera no creía que le hubiera hecho mucha gracia. Además la noche anterior le había dicho que salía con sus amigos pero que volvería pronto a casa.  
Oyó un ruido al final del pasillo pero no alcanzaba a ver que era desde su celda. Parecían unos pasos que se acercaban lentamente.
-Ya era hora de que viniera alguien- gritó Daniel- llevo un buen rato llamando.
Se acercó a los barrotes para poder ver mejor y vio a un agente que se acercaba lentamente por el pasillo, con paso torpe y con una extraña mirada. Cuando el policía llego a la celda donde se encontraba Daniel se quedó parado mirándole. Daniel se acercó más a la reja.
-Oye, ¿estás bien?- le preguntó al policía que tenía la mirada perdida y que no respondió- ¿Y cuando voy a poder salir de aquí? He tenido que pasar toda la noche en esta mierda de celda.
En ese momento el policía alargó el brazo y agarró a Daniel por el cuello de la camiseta. Le atrajo hacia los barrotes intentando morderle en la cara. Daniel se resistió como pudo, la camiseta se rompió y consiguió soltarse.  Cayó al suelo y se alejó todo lo que pudo. El policía seguía allí metiendo los brazos entre los barrotes intentando alcanzarle.
Daniel no sabía que estaba ocurriendo. El policía parecía estar rabioso. Tenía los ojos enrojecidos y abría su boca haciendo un ruido estremecedor. Entonces se fijó que el agente tenía las llaves de las celdas colgadas en el pantalón.
Tenía que conseguir coger esas llaves y salir de allí.
Daniel permaneció allí sentado en el suelo de la celda con la camiseta destrozada un buen rato, pensando en cómo conseguir las llaves que el agente de policía tenía colgadas en el cinturón. Mientras, el agente enloquecido golpeaba los barrotes  e introducía los brazos entre ellos intentando alcanzarle.
Entonces Daniel reparó en algo que el susto y los nervios no le habían dejado ver. En el lado derecho, en una funda colgada también del cinturón, el policía tenía su arma. Tenía que conseguir coger aquella pistola. Rápidamente se le ocurrió una idea.
Se tumbó en el suelo boca abajo y se arrastró por el suelo de la celda hasta quedar a la altura de las piernas del policía.  Agarró sus pies y cuando este se movió para intentar liberarse y agarrar a Daniel perdió el equilibrio y cayó al suelo. En ese momento Daniel aprovechó para desabrochar la funda de la pistola y coger el arma. El policía estuvo a punto de agarrar el brazo de Daniel pero este fue más rápido y enseguida se arrastró por el suelo hasta el centro de la celda. Permaneció allí sentado y se dio cuenta de que el policía tenía varias heridas de bala en la espalda. Todo aquello era muy raro. ¿Qué era lo que estaba pasando?
El poli intentaba levantarse pero no lo conseguía. Daniel levantó el arma y apuntó con ella al corazón del policía. Se dijo a si mismo  que tenía que hacerlo. Eso que estaba fuera de la celda ya no era humano o tal vez el policía había contraído alguna especie de virus. Disparó el arma y el policía  quedo boca arriba inmóvil en el suelo. Pero enseguida comenzó a moverse de nuevo. Daniel no podía creerlo. Le había disparado en el corazón y seguía vivo. Entonces apuntó a su cabeza y volvió a disparar. La sangre salpico las paredes y Daniel soltó el arma que cayó al suelo a su lado. Esta vez el poli no volvió a moverse.
Daniel se acercó lentamente y metió el brazo entre los barrotes para coger las llaves, con miedo de que el agente se volviera a levantar. Una vez que tuvo las llaves en sus manos volvió a introducir los brazos rápidamente dentro de la celda.  Aquel tipo no se movió, estaba completamente muerto.  Daniel se levantó, saco la mano por los barrotes sujetando bien las llaves y fue introduciéndolas en la cerradura una a una hasta que por fin encontró la que abría su celda. Salió de ella y subió las escaleras a toda prisa hacia la planta de arriba de la comisaria. Estaba desierta, la gente había desaparecido. Lo primero que hizo fue buscar un teléfono para llamar a Fran, su chico. Vio uno sobre uno de los escritorios, descolgó y lo acercó a su oreja, pero para su desgracia no funcionaba. Lo arrojó contra el suelo con rabia.
Dio una vuelta por la comisaria y encontró un cajetín con llaves en su interior. Eran las llaves de los vehículos policiales. Cogería uno de esos coches para ir a su casa y encontrarse allí con Fran. Cogió una de las llaves y se  fijó en que tenía un llavero donde estaba escrita la matrícula del coche. Solo tenía que salir al aparcamiento y buscarlo. Atravesó la puerta que daba a la calle y lo que allí se encontró le dejo sin habla. Todo estaba destrozado, había coches estrellados, contenedores incendiados y varios cuerpos tirados en el suelo.
Corrió hacia la parte de atrás de la comisaria, que era donde estaba el aparcamiento. Fue mirando las matrículas de los coches una a una hasta dar con la que coincidía con las llaves. Tardó un buen rato pero por fin la encontró. Se subió al vehículo, arrancó y salió del aparcamiento hacia la calle principal. Respiró aliviado ya que por fin había salido de allí. Giró a la derecha en la primera calle y entonces el coche se paró en seco. Intentó volver a arrancar pero no lo consiguió.  Apoyó la cabeza en el volante. Aquella situación empezaba a superarle. Al volver a levantar la cabeza vio que varias personas se acercaban caminando hacia a su coche. Eran dos hombres y una mujer.  Daniel salió del vehículo para pedir ayuda.
-Socorro- grito- ¿pueden ayudarme? Ha habido un accidente en la comisaria y algo raro está pasando.
La mujer y los dos hombres  siguieron caminado sin contestar. Pero cuando estuvieron más cerca Daniel pudo ver que tenían los ojos enrojecidos y la misma expresión en la cara que el poli. Corrió hacia el coche y se metió en el. La mujer llego hasta el vehículo y comenzó a golpear la ventanilla del lado del conductor. Daniel la miró y se fijó en que tenía un corte en el cuello y la camiseta cubierta de sangre. Los dos hombres comenzaron a golpear la ventanilla del otro lado del vehículo. Daniel estaba atrapado en el coche y para su desgracia se había dejado el arma olvidada en el suelo de la celda. Estaba aterrorizado y vio que del otro lado de la calle venían más de aquellos zombies, una veintena por lo menos, caminando hacia su coche.


Los zombies se acercaban lentamente hacia el coche policial. Daniel no tenía escapatoria. La puerta del lado del conductor estaba bloqueada por la mujer que tenía el cuello rajado, que no paraba de golpear la ventanilla y al otro lado del coche estaban los otros dos zombies que también intentaban entrar.
De repente se oyó el motor de un coche que se acercaba a toda velocidad. Daniel giro la cabeza y miro por la ventanilla de atrás. Un coche rojo se acercaba rápidamente. El vehículo fue directo hacia la mujer del cuello rajado y la atropelló.  Esta rodó por el suelo unos cuantos metros y quedó allí tendida  e inmóvil.  Daniel aprovechó para salir del coche policial.
Miró el interior del coche rojo y vio que lo conducía una mujer joven y rubia de unos treinta años.
-Sube al coche- le dijo la mujer- Rápido, se están acercando.
Daniel abrió la puerta del vehículo y entró en él. La mujer arrancó el coche y rápidamente dejaron atrás a la horda de zombies, que alargaban los brazos hacia el coche como si todavía lo pudieran alcanzar.
-Gracias por ayudarme- le dijo Daniel.
-¿Qué hacías en la calle?- le preguntó la mujer- Han dicho por la radio y la televisión que nadie salga de sus casas.
-No sé lo que está pasando- le respondió Daniel- me he despertado y he encontrado la ciudad así.
-Todo sucedió anoche- le contó la mujer sin dejar de mirar a la carretera- fue una especie de brote. No saben lo que es, pero creen que es una especie de virus que vuelve agresiva a la gente. Dijeron que nadie saliera de sus casas, pero esta mañana he localizado una señal de radio en la que informaban sobre un lugar seguro a las afueras de la ciudad.  Allí han establecido vehículos para llevar a la gente a una base militar donde nos esperan unos helicópteros para evacuar a la gente sana. Allí es donde me dirigía cuando he visto que te atacaban.
- ¿Podrías llevarme antes a mi casa?- le pregunto Daniel- Puede que mi chico este allí todavía.
-Puede que haya ido a la zona segura- le respondió la mujer.
-También puede que me esté esperando. Si no quieres llevarme déjame aquí e iré a pie. No está lejos de aquí.
-Está bien- le dijo la mujer suspirando- te llevaré. Indícame el camino.
Tardaron unos diez minutos en llegar. Por el camino encontraron muchos de aquellos seres vagando por las calles, que giraban la cabeza a su paso mirando el coche embobados.
Aparcaron el coche en la entrada de la casa. La mujer se quedó en el interior del vehículo esperando y Daniel  salió corriendo hacia la puerta de la entrada. Llamó al timbre varias veces y esperó, pero nadie abría la puerta. Miró alrededor dando una vuelta por el jardín y cogió una maceta. La arrojó contra la puerta de cristal del  jardín, que daba al salón, rompiéndola en mil pedazos y se introdujo en  la casa.
-¿Fran estas aquí?- pregunto, aunque sabía la respuesta . Allí no había nadie.
Fue hacia la cocina y todo estaba como siempre, pero reparó en que había una nota sujeta con un imán en la puerta de la nevera. Daniel la cogió y la leyó.
“SI ESTAS LEYENDO ESTA NOTA SEGURAMENTE YA SABES LO QUE HA OCURRIDO. TE HE ESPERADO TODO EL TIEMPO QUE HE PODIDO. HAN HABILITADO UN LUGAR SEGURO A LAS AFUERAS DE LA CIUDAD PARA EVACUAR  A LA GENTE. ME DIRIJO HACIA ALLI. ESPERO QUE ESTES BIEN Y REENCONTRARME CONTIGO ALLI. UN BESO. FRAN”
Daniel se guardó la nota en el bolsillo y se dirigió hacia la puerta hecha añicos para salir de la casa. Pero en ese momento dos zombies se introdujeron en el salón cortándole el paso. Los reconoció al instante. Eran sus vecinos Emma y Juan. Fran y el habían cenado varias veces en su casa. A Emma le  faltaba un brazo y Juan tenía la parte derecha de la cara destrozada. Daniel retrocedió unos pasos con tan mala suerte que tropezó con el sillón del salón y cayó al suelo. Emma se lanzó sobre él y le agarró del cuello con el único brazo que le quedaba, mientras intentaba morderle.  Juan se tiró al suelo y se arrastró hasta llegar a la pierna derecha de Daniel, aproximando su boca hacia ella para darle un mordisco.


La boca de Juan estaba a punto de morder la pierna de Daniel cuando apareció la mujer rubia con una pala en la mano y le golpeó en la cabeza.  Juan quedó tendido en el suelo pero a los pocos segundos comenzó a levantarse. La mujer levantó la pala  hasta tocar el techo con ella y después la bajo clavándosela en la cabeza con  todas sus fuerzas. 
Mientras, Daniel seguía forcejeando con Emma. Esta no paraba de abrir la boca con intención de morderle. Daniel cerró los ojos cuando Emma estaba a punto de morderle en el cuello pero de repente  oyó un ruido seco y esta quedo tendida encima de él completamente inmóvil. Cuando abrió los ojos vio que Emma tenía una pala incrustada en la cabeza. La empujó para quitársela de encima y se levantó del suelo.
-¿Te han mordido?- le preguntó la mujer muy asustada- la infección se transmite por la sangre y por la saliva.
-No han llegado a morderme., gracias por salvarme la vida otra vez- le dijo a la mujer- ya me has salvado la vida dos veces hoy y ni siquiera se tu nombre.
-Me llamo Ángela- respondió la mujer-  Espero que si alguna vez yo estoy en apuros tú también acudas en mi ayuda.
-Yo me llamo Daniel- se presentó este- y cuenta con mi ayuda cuando la necesites.
Después Daniel le dijo a Ángela que esperara un segundo y subió las escaleras hacia su habitación. Cuando volvió a bajar se había quitado la camiseta rota y llena de sangre y se había puesto un limpia.
Salieron de la casa y se dirigieron hacia el coche. Ángela se sentó en el asiento del conductor y Daniel en el del acompañante y permanecieron allí sentados en silencio un buen rato para recuperar el aliento. Después Ángela arrancó el coche y siguieron su camino.
-Necesitamos gasolina- le informó Ángela a Daniel señalando el contador - ¿sabes si hay cerca una gasolinera para llenar el depósito?
-Si hay una a un par de kilómetros hacia el sur.
Ángela condujo mientras Daniel le indicaba el camino. Por el trayecto vieron más infectados vagando por las calles y algunos cadáveres tirados por el suelo.
Por fin llegaron a la gasolinera.  Ángela detuvo el vehículo al lado de un surtidor, se bajó del coche y comenzó a llenar el depósito.
-Voy a coger algo de comida de la tienda mientras - le dijo Daniel encaminándose hacia allí.
Cogió todas las provisiones que pudo. Algunas botellas de agua, barritas energéticas, patatas fritas y algunas latas de conserva. Cuando volvió al coche Ángela estaba sentada sobre el capó esperándole.
Metieron las provisiones en el asiento de atrás. Daniel se sentó en su asiento, pero cuando Ángela iba a entrar en el vehículo alguien le agarro por la espalda.  Gritó e intento liberarse pero aquel hombre era muy fuerte. Daniel al oír el grito de Ángela giró la cabeza y vio que un hombre bastante musculoso y lleno de tatuajes tenia sujeta a Ángela por el cuello. Esta sintió algo frio en la sien. El hombre la estaba apuntando con un arma.
-Sal del coche o le vuelo la cabeza- le ordenó a Daniel-  Si dejáis que me lleve el vehículo no habrá ningún herido.


Daniel abrió la puerta del coche lentamente y salió del vehículo.
-Tranquilo- le dijo al hombre de los tatuajes-  no hace falta que hagas esto, podemos viajar todos en el coche.
-¡Cállate y aléjate del coche!- le ordenó el hombre.
Daniel obedeció y se alejó del coche  hasta que el hombre le dijo que parara.
-Bien, quédate ahí y no te muevas- le indicó este.
Ángela estaba muy asustada. Notaba la presión de la pistola contra su sien. El cañón del arma estaba helado.
-Llévate el coche pero no dispares- le rogó Ángela sollozando.
Daniel no paraba de mirar como el hombre apuntaba a Ángela completamente impotente sin poder ayudarla. De repente vio como detrás de ellos, un zombie con la ropa hecha trizas salía arrastrándose  de la cuneta de la carretera  y se ponía en pie.
-Creo que voy a llevarte conmigo rubia- le dijo el hombre con tono lascivo- voy a necesitar una mujer para un viaje tan largo, un hombre tiene sus necesidades.
-! No!- grito Ángela- ¡Suéltame!
El zombie comenzó a caminar hacia el hombre tatuado silenciosamente con los brazos extendidos intentando alcanzarle. Este estaba entretenido pasándole la lengua a Ángela por la cara de manera asquerosa por lo que no se dio cuenta del peligro que tenía a su espalda. Daniel miraba como el zombie cada vez se acercaba más, solo faltaban un par de metros para que llegara hasta aquel loco de la pistola.  Todo pasó en unos segundos pero el tiempo se hizo eterno para Daniel y parecía que todo sucediera a cámara lenta.  Por fin el infectado llegó hasta el hombre y le agarró por detrás. Este sorprendido soltó a Ángela que corrió hasta donde se encontraba Daniel. El hombre comenzó a forcejear con el zombie que abría la boca intentando morderle. Después de  un largo forcejeo no pudo sujetar  por más tiempo la cabeza del infectado que consiguió morderle en el cuello. La sangre comenzó a brotar del mordisco y la camiseta blanca del hombre se tiño de rojo. Consiguió liberarse  y se alejó de él. Se tapó la herida con la mano que tenía libre mientras con la otra levanto el arma intentado apuntar al infectado a la cabeza. El hombre empezó a marearse debido a la pérdida de sangre y comenzó a verlo todo borroso. Seguía apuntando al zombie que se acercaba a el lentamente, pero cada vez se sentía más débil.   Ángela y Daniel que lo observaban todo boquiabiertos  vieron que corrían peligro en el lugar donde estaban ya que si el hombre disparaba podía alcanzarlos, así que corrieron para alejarse de allí.
Justo en ese momento el hombre disparó el arma. La bala rozo la cabeza del zombie sin llegar a darle. Este se abalanzó sobre él y los dos cayeron al suelo mientras  le mordía de nuevo en el cuello arrancándole un pedazo de carne. La bala perdida fue a parar a uno de los surtidores de gasolina que explotó lanzando por los aires a Ángela y  a Daniel que cayeron al suelo aturdidos. Desde el suelo vieron como las llamas comenzaron a extenderse  por la gasolinera, aproximándose cada vez más al coche de Ángela.


-Tenemos que llegar hasta el coche antes de que las llamas lo alcancen- le dijo Ángela a Daniel levantándose del suelo a toda prisa.
-¡Es muy peligroso, espera!- grito Daniel intentando detenerla. Pero Ángela ya había comenzado a correr hacia el vehículo. Abrió rápidamente la puerta del conductor y se introdujo en el coche. Giró la llave y lo puso en marcha arrancándolo y alejándolo de las llamas hasta llegar donde se encontraba Daniel. Este corrió hasta el hombre que estaba siendo devorado por el zombie y cogió su arma. Después  subió al vehículo justo en el momento en que explotaba otro de los surtidores de gasolina alcanzado por las llamas, lanzando pedazos ardiendo por todas partes. Daniel miraba por la ventanilla trasera como ardía la gasolinera mientras se alejaban a toda velocidad. Cuando ya estuvieron fuera de peligro se acomodó en el asiento y poco a poco se fue quedando dormido.

Ángela le despertó unas horas más tarde. Estaba atardeciendo y  empezaba a hacer frio.
-Despierta- le dijo a Daniel tocándole el hombro- hemos llegado al lugar seguro.
Daniel al oír esto se despertó en el acto.
-Por fin, creía que no íbamos a conseguirlo- dijo Daniel aliviado- allí estará Fran, estoy deseando volver a verle.
Ángela había aparcado en el arcén de la carretera al lado de un cartel en el que se leía:” LUGAR SEGURO. BASE MILITAR A 400 METROS SIGUIENDO EL CAMINO A TRAVES DEL BOSQUE”. Tenían que seguir a pie ya que era imposible atravesar en coche aquel camino.
Ángela cogió su abrigo y sus guantes que estaban en la parte de atrás del coche y se bajó de este. Una vez fuera se puso el abrigo y se metió los guantes en el bolsillo mientras se abrochaba la cremallera. Daniel se guardó la pistola debajo de la camiseta y se bajó del coche también.
Los dos se introdujeron en el bosque y se encaminaron hacia el lugar seguro. A lo lejos, al fondo del camino se veían unas luces que provenían de la base militar.
Cada vez estaban más cerca, pero entonces uno de aquellos zombies salió de entre los arboles agarrando a Ángela y tirándola al suelo, cayendo sobre ella. Ángela gritó intentando quitárselo de encima. Daniel sacó la pistola pero era imposible disparar ya que el zombie estaba sobre Ángela y podría darle a ella por error.  Esta sujetaba con la mano la cabeza del infectado para evitar que la mordiera. Daniel corrió hacia ellos y agarró al zombie por la espalda apartándolo de Ángela .Lo lanzó contra un árbol y después le apunto a la cabeza con el arma y disparó. El infectado cayó muerto al suelo y Daniel corrió para ayudar a Ángela a levantarse.
-¿Estas bien?-le pregunto preocupado ofreciéndole la mano para levantarla-¿Ha llegado a morderte?
-Tranquilo estoy bien, no me ha mordido- le respondió Ángela- será mejor que nos demos prisa antes de que venga otra de esas cosas.
Los dos caminaron a paso ligero hacia la base militar. Ángela saco sus guantes del bolsillo del abrigo y se los puso para esconder la herida que el zombie le había hecho al morderle en la mano.


Por fin Daniel y Ángela llegaron a la base militar. Estaba rodeada por una enorme valla cuya parte superior estaba cubierta de alambre de espino y cuchillas muy bien afiladas.  Se acercaron a la puerta y pulsaron un botón que estaba situado en el lado derecho de esta con un cartel que decía: TIMBRE. A los pocos segundos se oyó la voz de un soldado  por el interfono.
-Acercaros a la cámara que tenéis  sobre vuestras cabezas para veros mejor- les indicó el soldado.
Ángela y Daniel hicieron lo que les dijo la voz y se situaron bajo la cámara.
-¿Os han mordido o habéis entrado en contacto con la sangre o la saliva de algún infectado?- les preguntó.
-No- respondieron los dos al unísono.
-Bien, os voy a abrir la puerta. Pasareis a una sala y después tendréis que atravesar el pasillo que encontrareis frente a vosotros. Al final del pasillo os esperará un guardia que os llevara a una habitación, donde os realizaremos un examen médico. Cuando comprobemos que todo está bien se os asignara una tienda de campaña.
Se oyó un zumbido y después un clic al abrirse la puerta. Daniel entró primero  y Ángela tras él, nerviosa pensando en que cuando le hicieran el examen médico descubrirían que estaba infectada. Atravesaron el largo pasillo en silencio hasta llegar donde les esperaba el soldado.
-Síganme- les dijo cuando les vio llegar y comenzó a caminar.
-¿Ha venido mucha gente?- le pregunto Daniel- Estoy buscando a alguien. Un chico de mi misma edad, se llama Francisco y me dijo que vendría aquí. Es moreno y…
-Cuando estén dentro responderán a todas sus preguntas- le interrumpió el soldado- ahora limítense a seguirme en silencio.
Al fin llegaron a la sala, llena de aparatos y artilugios médicos. Allí les esperaban un médico y una doctora con sus batas blancas  que les indicaron que tomaran asiento. El soldado atravesó la sala y se marchó por otra puerta que daba a otro largo pasillo y se perdió por él.
Después de hacerles algunas preguntas la doctora se llevó a Ángela a una sala contigua y Daniel se quedó con el doctor que estaba midiéndole la presión arterial.
Una vez que estuvieron en la otra sala, también llena de aparatos médicos como la anterior, una camilla, bandejas con bisturíes y demás utensilios, la doctora le pidió a Ángela que se desnudara  para examinarla.
-Quítate la ropa y túmbate en esa camilla- le indico la doctora señalando la camilla que estaba frente a ellas.
-¿Tengo que quitarme toda la ropa?- le pregunto Ángela cada vez más nerviosa porque la iban a descubrir.
-Es el protocolo, tengo que examinarte completamente- le explicó la doctora-  No podemos arriesgarnos a dejar pasar a ningún infectado. Después te haré un análisis de sangre  y también analizare tu saliva.
Ángela comenzó a desnudarse lentamente. Se quitó el abrigo, después el pantalón y comenzó a desabrocharse la blusa.
-Creo que te resultaría más fácil desabrochar los botones de la blusa si te quitaras los guantes- le dijo la doctora al ver que Ángela todavía no se los había quitado.
-Si es verdad, con los nervios ni me había dado cuenta- mintió Ángela y comenzó a quitárselos. Primero se quitó el guante de la mano sana y después se quitó el otro  intentando evitar que la doctora viera el mordisco.
Cuando ya estuvo completamente desnuda, la doctora le indico que se tumbara en la camilla y comenzó a examinar cada centímetro de su cuerpo buscando algún indicio de infección.  Al fin reparo en la herida de la mano.
-¿Cómo te has hecho esto?- le preguntó.
-Solo es un arañazo- le dijo Ángela.
-A mí me parecen marcas de dientes- le contestó la doctora acercándose al interfono que estaba al lado de la puerta para avisar a los soldados.
Ángela se levantó rápidamente y sujetó a la doctora por el brazo para impedir que avisara a alguien.
-Suéltame- le dijo la doctora- tengo que avisar para aislarte y ponerte en cuarentena.
-Estoy bien- le dijo Ángela sin soltarla- es solo un rasguño.
Empezaron a forcejear y Ángela empujo a la doctora que cayó al suelo de espaldas. Mientras intentaba levantarse  Ángela miró alrededor buscando un arma hasta dar con un bisturí. Antes de que la doctora se levantara se acercó a ella y sujetándole la cabeza con una mano le rajo el cuello con el bisturí. La sangre empezó a brotar a borbotones. La doctora se llevó las manos a la garganta intentando tapar la herida, pero era imposible. La sangre no dejaba de manar y cada vez se iba sintiendo más débil.
Ángela  se vistió rápidamente y fue hacia la puerta para salir de allí, buscar el campamento y perderse entre la gente para que no la encontraran. La puerta estaba cerrada y se abría con una tarjeta personalizada. Se acercó a la doctora, que ya había muerto desangrada y buscó la tarjeta en su bata hasta dar con ella. Después se dirigió hasta la puerta, abrió y atravesó un largo pasillo hasta llegar a otra puerta sobre la que había un cartel que decía: CAMPAMENTO. Atravesó esa puerta y se quedó impresionada por lo que encontró allí. Había cientos de tiendas de campaña y miles de personas que iban de un lado a otro, que formaban corrillos contado sus experiencias antes de llegar a aquel sitio, niños jugando…  Después de observar el campamento durante unos segundos con la boca abierta recordó que tenía que esconderse, cerró la puerta tras de sí y corrió perdiéndose entre la gente.


El medico término de realizar las pruebas a Daniel y después de unos minutos comprobó que todo estaba en orden
-Todo parece estar bien, así que puedes pasar al campamento. Allí te asignaré una tienda de campaña.
El doctor acompañó a Daniel a la otra sala, donde estaban la doctora y Ángela y cuya puerta estaba cerrada. La abrió pasando su tarjeta por el lector y al entrar allí se encontraron el cuerpo  de la doctora sobre un charco de sangre.
-¡Dios mío!-  exclamó el doctor- ¿Pero qué ha pasado aquí?
Se arrodilló ante el cuerpo de la doctora y le tomó el pulso para comprobar lo que ya se temía., la doctora estaba muerta. Se levantó y corrió hasta el interfono. Pulsó el botón y  avisó a los soldados.
-Hemos tenido un problema en el laboratorio. Una  mujer ha atacado a la doctora. Es rubia, de unos 30 años, iba vestida con una camiseta negra y un pantalón vaquero. Probablemente esté contaminada.
-Bien la buscaremos inmediatamente- dijo el soldado al otro lado del interfono.
-Háganlo con discreción- le indicó el doctor- no queremos que cunda el pánico entre la gente. Eso sería muy peligroso.
-De acuerdo- dijo el soldado, y se cortó la conexión.
El doctor tapó el cuerpo de la doctora con una sábana y a los pocos segundos un grupo de soldados entraron en la sala para llevárselo.
-Incineradla para que no vuelva a levantarse- les ordenó el médico. Los soldados obedecieron y se llevaron el cuerpo a  la sala de incineración.
-¿Cómo que para que no vuelva a levantarse?- preguntó Daniel sorprendido- Pero si está muerta.
-El virus actúa reactivando el cerebro después de muerto, todo aquel que muera volverá a la vida, aunque con sus instintos más primitivos. Y todo aquel que haya sido mordido, morirá debido a la infección y después también resucitará.
-¿Pero qué clase de virus es ese?
-Eso es lo que estamos intentado averiguar en este laboratorio. Bien acompáñeme al campamento- le indicó el doctor- le asignare una tienda de campaña y después colaborará con  los soldados para encontrar a esa mujer ya que usted podrá ayudarles a reconocerla.
El doctor abrió la puerta que daba al pasillo y que se dirigía hasta la entrada del campamento. Mientras recorrían el largo pasillo Daniel preguntó al doctor por su chico.
-Conozco a alguien que puede estar en el campamento. Podría ayudarme a encontrarle.
-Cuando lleguemos al campamento dígame  el nombre y los apellidos de la persona que busca y le diré si está aquí.
Por fin atravesaron la puerta que daba al campamento y el doctor cogió una carpeta negra que estaba en un soporte al lado de esta. La abrió y en ella había  una lista de nombres ordenados alfabéticamente.
-Dígame el nombre de la persona que busca- le indicó el doctor.
-Se llama Francisco Sánchez Pascual.
El doctor comenzó  a pasar páginas hasta llegar a la letra “S” y después fue pasando el dedo por cada nombre hasta dar con el que buscaba.
-Aquí esta- le dijo el doctor golpeando la carpeta con el dedo- está en la tienda número 22. Sígame y le llevaré hasta allí.
A Daniel se le iluminó la cara. Por fin iba a reencontrarse con su chico. Siguió al doctor hasta la tienda de campaña número 22.
-Aquí es- le dijo el médico señalando la tienda- Dentro de un rato vendrán a por usted para que ayude en la búsqueda.
Daniel asintió y el medico se marchó a toda prisa. Bajó la cremallera de la tienda y se introdujo en ella. Allí estaba su chico tumbado en un saco de dormir y descansando plácidamente. Se acercó a él y le toco en el hombro para despertarle. Este abrió los ojos poco a poco sin saber muy bien quien le despertaba, hasta que por fin despertó completamente y vio que tenía delante a Daniel. Se levantó de un salto y le abrazo con todas sus fuerzas.
-Pensaba que no iba a volver a verte nunca más- le dijo mientras le abrazaba con tanta fuerza que casi le rompió una costilla.
-Y yo- le dijo Daniel besándole en los labios.
Justo en ese momento alguien entro en la tienda.
-Tenéis que ayudarme- les suplicó. Era Ángela. Estaba horrible y tenía el pelo empapado por el sudor a causa de la fiebre. Caminó un par de pasos con el bisturí con el que había atacado a la doctora todavía en la mano y se desmayó en mitad de la tienda delante de Daniel y Fran.


Daniel y Fran levantaron a Ángela del  suelo y la tumbaron sobre el saco de dormir. Tenía una fiebre muy alta y  el pulso bastante débil.
-Tenemos que avisar a los soldados- le dijo Daniel a  Fran- la están buscando.
-¿La conoces?- le preguntó Fran.
-Si- respondió Daniel- ella me trajo hasta aquí en su coche.
-¿Y la vas a entregar después de haberte ayudado?
-Ha matado a una doctora y mira su mano- le dijo Daniel señalando la herida provocada por el mordisco- la han mordido, va a convertirse en una de esas cosas. Voy a avisar a alguien, quédate vigilándola.
- Yo no me quedo aquí con ella- le respondió Fran- no quiero estar aquí solo si se levanta transformada en una de esas cosas. Además no quiero volver a separarme de ti. Vamos juntos.
Los dos salieron de la tienda de campaña, cerraron bien la cremallera para evitar que Ángela saliera de allí si se transformaba y  se perdieron entre la gente buscando algún soldado al que pedir ayuda.
Un hombre  se quedó mirando cómo se alejaban de la tienda. Tenía unos cincuenta años, poco pelo y aspecto de psicópata. Había visto como entraba Angela en la tienda y como Daniel y Fran la habían dejado sola en su interior. Se acercó , abrió la cremallera lentamente y se introdujo rápidamente teniendo cuidado de que nadie le viera entrar. Vio que Ángela estaba inconsciente  y se acercó hasta ella. Se arrodilló a su lado y metió la mano bajo su jersey tocándole los pechos.  Al ver que Ángela no reaccionaba se tumbó sobre ella y empezó a  besarla mientras se frotaba contra ella para satisfacer sus deseos sexuales. En ese momento Ángela abrió los ojos. Pero aquella ya no era Ángela. El pervertido seguía besándola sin darse cuenta de que esta lo miraba con aquellos ojos enrojecidos. Entonces Ángela mordió el labio inferior del pervertido hasta arrancarle un pedazo de carne. El hombre se llevó una mano a la boca y con la otra golpeó a Ángela en la cara. Esta agarró su mano y le propinó otro mordisco en la muñeca. El hombre se levantó, pero resbalo con el saco de dormir cayendo de bruces y quedando aturdido en el suelo. Ángela se aproximó hasta el arrastrándose por el suelo y le mordió en el cuello. La sangre salía a borbotones de la herida. Después se levantó y se dirigió hasta la puerta de la tienda, que el pervertido había dejado abierta sin darse cuenta. Una mujer que estaba bebiendo agua en una de las fuentes cercana a la tienda que habían instalado en el campamento, no la vio llegar por detrás y Ángela le propino un mordisco en el brazo. La mujer comenzó a gritar y la gente que estaba alrededor al ver aquella terrible escena corrió para ponerse a salvo. El pánico se extendió por todo el campamento. La gente corría. Algunos caían al suelo y eran pisoteados  por la multitud.
Daniel y Fran acababan de informar a un soldado de que Ángela estaba en su tienda de campaña  cuando comenzaron a escuchar los gritos de la gente.
-No os mováis de aquí- les ordenó el soldado llevándoles  hasta su tienda de campaña militar- voy a ver qué está pasando.
El soldado se alejó y desapareció entra la gente. Daniel y Fran entraron en la tienda.
-Creo que todo esto tiene que ver con Ángela- dijo Daniel-creo que el campamento ya no es seguro.
En ese momento empezaron a sonar las alarmas.
Sobre una pequeña mesa había un walkie talkie que el soldado debía haber olvidado. Empezó a emitir un ruido y se empezó a escuchar una voz.
-A todas las unidades, contesten.
Daniel se acercó hasta la mesa y  cogió el walkie.
-A todas las unidades- seguía diciendo la voz - el campamento ya no es seguro, el virus ha comenzado a extenderse, hay que eliminar a todo el mundo. Nadie puede salir vivo de aquí. La operación de evacuación queda anulada. Hay que comenzar  la fase de exterminio.


Las balas volaban por el campamento. Los cuerpos se amontonaban por todas partes. Un infectado caminaba con dificultad buscando alguna victima a la que morder. Una bala voló por el aire y entró por su frente. El zombie cayó al suelo al instante. Las pocas personas que quedaban vivas corrían y se amontonaban ante las puertas que habían sido selladas. Nadie podía escapar de allí.
Daniel y Fran estaban muertos de miedo en el interior de la tienda militar. Escuchaban los gritos de la gente y los disparos que provenían del exterior.
-No podemos quedarnos aquí eternamente. Ayúdame a buscar, tiene que haber algún arma por aquí- le dijo Daniel  a Fran abriendo cajones como un loco buscando algo con lo que defenderse.
-Nos van a matar- sollozaba Fran- no vamos a poder escapar de aquí.
En ese momento entro un soldado en la tienda. Daniel y Fran se  giraron hacia él. Este se paró ante la entrada y les apunto con su fusil.
-No voy a haceros daño- les dijo el soldado bajando el arma- solo vengo a buscar una cosa.
Se dirigió hacia un mueble que había en una esquina de la tienda y abrió uno de sus cajones mientras Daniel y Fran lo miraban sin saber qué hacer. Después de buscar durante un rato el soldado sacó unas llaves y se las guardo en el bolsillo.
-No deberíais quedaros aquí- les dijo- cuando acaben con los de fuera revisaran todas las tiendas.
-¿Y tú porque no les ayudas?- le preguntó Fran extrañado.
-No pienso participar en esto. He visto como mis compañeros han disparado a niños que seguramente ni siquiera estaban infectados- les explicó el soldado- Además creéis que cuando acabemos con todos los civiles nos dejaran salir de aquí. Los soldados solo estamos para hacerles el trabajo sucio, después nos mataran como a los demás. Pero yo no pienso quedarme aquí, me marcho en el helicóptero que está al otro lado del campamento.
Después de decir esto se dirigió hacia la puerta de la tienda.
-¡Espera!- le grito Daniel- Déjanos ir contigo por favor.
-No voy a llevar a nadie que me retrase.
-No te retrasaremos-le respondió Fran- Si lo hacemos puedes dejarnos atrás, pero déjanos intentarlo.
-Está bien- dijo el soldado no muy convencido- tomad estas armas y no dudéis en disparar- sacó un par de pistolas que tenía guardadas bajo su cazadora y se las entregó a Daniel y a Fran. Después les indico que se acercaran.
-Tenemos que llegar hasta la puerta de entrada a los laboratorios- les explicó- aquí tengo la tarjeta personalizada para entrar. Después atravesaremos un par de pasillos y llegaremos a otra puerta que se abre con la misma tarjeta. Esta puerta da a una explanada donde está el helicóptero. Bien, ¡seguidme!
Daniel se acercó a Fran y le agarro por los hombros.
-Vamos a salir de esta ya verás- le dijo mientras le besaba en los labios con todas sus ganas.
Dicho esto se pusieron en marcha.
Al salir de la tienda se encontraron con un espectáculo dantesco: cuerpos cubiertos de sangre amontonados por todas partes, algunos infectados devorando cadáveres, gente corriendo que era tiroteada ante sus ojos. Daniel se fijó en el cadáver de una niña que no debía tener más de 6 años tirado en el suelo al lado de su muñeca.
Los tres corrieron atravesando el campamento. Un grupo formado por tres soldados que acababan de matar a un infectado les vieron y comenzaron a dispararles. Las balas rozaron sus cabezas. Una alcanzó a Fran en el hombro pero solamente le hizo un rasguño. El soldado que los acompañaba disparó su fusil y alcanzo a uno de aquellos soldados en la cabeza, que cayó muerto al instante. Después volvió a disparar y acabo con los otro dos.
Daniel, Fran y el soldado siguieron corriendo y vieron a lo lejos  a un niño de unos diez años que era atacado por una infectada.
-¡Tenemos que ayudarle, es solo un niño¡- grito Daniel corriendo hacia allí. Fran y el soldado le siguieron.
Cuando llegaron allí Daniel se dio cuenta de que la infectada que intentaba morder al niño era Ángela. El niño se arrastraba por el suelo llorando mientras Ángela se acercaba a el lentamente. Justo en el momento en que le agarraba la pierna y estaba a punto de morderle Daniel disparó su arma y la bala impacto en el cuello de Ángela. Esta cayó al suelo de espaldas. Entre los tres levantaron al niño y corrieron hacia la puerta de los laboratorios que estaba a pocos metros, pero al llegar allí Daniel se detuvo.
-Tengo que volver, será solo un segundo- les dijo a Fran y al soldado y corrió hasta donde se encontraba Ángela. Se paró frente a ella, que seguía en el suelo intentando levantarse, y le apunto con su arma.
-Me salvaste la vida dos veces y te dije que te debía un favor- le dijo y después le disparó en la cabeza y se alejó para volver con los demás.
-No podía dejarla así- les dijo a Fran y al soldado al volver.
El soldado introdujo la tarjeta en el lector y la puerta se abrió.  Daniel agarro al niño de la mano y entraron los cuatro al interior de los laboratorios.
Dentro las cosas no estaban mucho mejor. Debían haber tenido problemas porque justo al lado de la puerta se encontraron el cadáver de un médico. Siguieron caminando a lo largo del pasillo y al girar a la derecha se encontraron de frente con un infectado. Se abalanzó sobre el soldado que era el que iba delante y los dos cayeron al suelo. El soldado intentaba alejar la cabeza del zombie que intentaba morderle empujándola con las manos. Daniel se acercó, agarró la cabeza del zombie y le metió la pistola en la boca. Apretó el gatillo y cerró los ojos para no ver como la bala entraba en la cabeza del infectado y salía por la parte de atrás salpicando las paredes de sangre y sesos. Después ayudó al soldado a levantarse.
-Gracias  por la ayuda- le dijo este agradecido.
-De nada. Además te necesitamos para que nos saques de aquí. Eres el único que sabe pilotar el helicóptero- le respondió Daniel bromeando.
-Por cierto me llamo Alfredo- respondió el soldado que no se había presentado todavía.
-Encantado pero ya haremos las presentaciones cuando estemos fuera de aquí- les dijo Fran y siguieron corriendo.
Por fin llegaron a la puerta que daba a la explanada. Alfredo la abrió y corrieron hasta el helicóptero. Este se montó y comenzó a ponerlo en marcha. Daniel subió a la parte de atrás, después Fran levantó al niño en brazos para que Daniel lo agarrara y le ayudara a subir y después subió el. Una vez que estuvieron en el interior del helicóptero respiraron hondo, por fin iban a salir de allí. Las hélices del helicóptero comenzaron a dar vueltas cada vez más deprisa. De repente oyeron un ruido de cristales. Era un grupo de cinco soldados que había conseguido acceder a la explanada. Corrieron hacia el helicóptero disparando pero fue inútil porque este estaba blindado, y tampoco les dio tiempo a llegar hasta él ya que comenzó a elevarse rápidamente. Los cinco soldados se quedaron allí parados mirando cómo se alejaba cada vez más el helicóptero sin poder hacer nada por evitarlo.
-Lo hemos conseguido- dijo Daniel abrazando a Fran y besándole en los labios.
-¿Y ahora donde iremos?-  preguntó Fran después del largo beso de celebración.
-Buscaremos un lugar seguro. Todavía debe quedar alguno- respondió Alfredo desde el asiento del piloto.
-¿Y tú cómo te llamas? – le pregunto Daniel al niño que no había dicho ni una palabra desde que le habían rescatado.
-Me llamo Gonzalo- respondió el niño con timidez.
-Pues no te preocupes que ya ha pasado todo- le dijo Daniel para calmarlo. Y después apoyo la cabeza en el hombro de Fran para intentar dormir un poco.

El niño volvió la cabeza hacia la ventanilla y se puso a mirar las nubes. Se llevó la mano a la nuca y se rasco emitiendo un gemido de dolor al tocar la herida que allí tenia.  Eran marcas de dientes. Apenas un rasguño pero suficiente para llevar la infección en su interior. Apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y se quedó dormido mientras la fiebre aumentaba la temperatura de su cuerpo. El helicóptero se fue alejando cada vez más entre las nubes buscando un lugar seguro sin saber que ahora mismo ese era el lugar menos seguro del mundo.

Comentarios

  1. Wow!!! vaya relato, me gusto...aunque obvio ya predecía lo que iba a suceder yo seguí leyendo y en mi cabeza las imágenes de todos....Historia alterna de Resident Evil 3

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