RELATO GAY. EL INQUILINO DE ARRIBA 2. EL ORIGEN. CAPÍTULO 4: ¿HAY ALGUIEN AHÍ?
Pedro atravesó a toda velocidad
la entrada principal del hospital, se dirigió hasta la escalera y subió los
peldaños de esta, de dos en dos, hasta la tercera planta. Podría haber utilizado
el ascensor, pero estaba tan nervioso, que no tenía paciencia ni ganas de
pararse a esperar su llegada. Recorrió el largo pasillo de la tercera planta,
hasta encontrar la habitación trescientos veinticinco. Una vez localizada,
corrió hasta ella y atravesó la puerta a toda prisa.
Allí estaba Cristian, tumbado sobre
la cama del hospital, una de esas camas articuladas que tienen un mando a
distancia para cambiar de postura. Estaba despierto y jugueteando con dicho
mando, lo que tranquilizó un poco a Pedro. Este corrió hasta la cama, abrazó a
su chico y le besó en los labios con todas sus fuerzas.
-¿Estás bien?¿Qué ha ocurrido? He
venido en cuanto me han llamado del hospital- señaló Pedro, con la voz
temblorosa a causa de los nervios. Se notaba que estaba verdaderamente
preocupado.
-Tranquilo, ya me encuentro
mejor- respondió Cristian dejando caer el mando de la cama sobre la colcha- he
sufrido un ataque de pánico y me he desmayado.
Tras decir esto, el joven no pudo
contener las lágrimas y rompió a llorar.
-Estaba tan asustado- gimoteó
Cristian, agarrando con fuerza la mano de su novio- Había tanta sangre… no sabía
que hacer… me quedé en shock.
-¡¿Sangre?!- exclamó Pedro
confundido- Pero, ¿qué demonios ha ocurrido?
-¿No te lo han dicho?- preguntó
Cristian mientras se enjugaba las lágrimas- Fui a comprar unas cosas al
supermercado y me encontré con Sergio. Como la compra pesaba mucho, me ayudó a
llevarla hasta casa. Pero al salir del ascensor… yo entré en el apartamento… una
de las bolsas se rompió y Sergio estaba recogiendo la fruta. Escuché un gran
estruendo desde la cocina y cuando salí a ver qué había pasado, encontré a
Sergio en el suelo, rodeado de sangre. El ascensor se había descolgado y le había
amputado las piernas.
-¡Madre mía!- exclamó Pedro
aterrado- ¿Pero qué está pasando últimamente en ese edificio? ¿Y Sergio? ¿Él
está…?
-Ha sobrevivido- respondió
Cristian con alivio- Los vecinos llamaron a emergencias y la ambulancia acudió
enseguida. Pudieron detener la hemorragia y le operaron de urgencia. Se
encuentra en la habitación trescientos veintidós.
-Iré a verle… ¿necesitas algo? ¿quieres
que me quede contigo? Si lo prefieres iré a ver a Sergio más tarde- preguntó
Pedro sin soltar la mano de Cristian en ningún momento.
-No te preocupes, ve a verle-
respondió Cristian- Seguro que necesitará estar con alguien en estos momentos,
debe estar hecho polvo.
-De acuerdo, vuelvo enseguida-
indicó Pedro.
Después, besó a Cristian en los
labios con dulzura, dio media vuelta y salió de la habitación.
* * *
Pedro entró lentamente en la
habitación de su amigo Sergio. No quería despertarlo. Sabía que en la situación
en que se encontraba, el joven debía descansar.
Pero Sergio estaba despierto.
Al escuchar cómo se abría la
puerta, el muchacho giró la cabeza hacia la entrada del cuarto, descubriendo
allí a su amigo Pedro.
-¿Puedo pasar?- preguntó este
susurrando.
-Claro… adelante- respondió
Sergio.
El joven estaba completamente
pálido y su voz sonaba extremadamente cansada.
Pedro caminó hasta la cama y puso
una mano sobre el hombro de su amigo.
-¿Cómo te encuentras?- preguntó con la voz llena de tristeza.
-¿Tu qué crees? Me siento como si
me hubieran arrancado las piernas- respondió Sergio con los ojos húmedos y
enrojecidos.
Se notaba que había estado
llorando.
-Lo siento, que pregunta tan
estúpida- señaló Pedro- ¿Cómo vas a estar? Acabas de sufrir un accidente.
-¡¿Accidente?!- exclamó Sergio
con la cara desencajada- Esto no ha sido un accidente.
-¿Qué quieres decir?- preguntó
Pedro desconcertado.
-Te va a parecer una locura-
señaló Sergio, bajando la voz hasta hablar entre susurros- pero cuando se
descolgó el ascensor, escuché una horrible y terrorífica risa. Una siniestra
carcajada. Pero allí no había nadie más. Allí solamente estaba yo.
Pedro se estremeció y miró a su
amigo con inquietud, mientras un escalofrío recorría su cuerpo desde los pies hasta
la cabeza.
CONTINUARÁ...
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