RELATO GAY. EL INQUILINO DE ARRIBA 2. EL ORIGEN. CAPÍTULO 2: COSAS EXTRAÑAS
Cristian, Pedro y Santi, se
encontraban en el salón del pequeño apartamento, sentados alrededor de la mesa
que se hallaba en el centro de la estancia. Cristian y Pedro, eran pareja, y también
los inquilinos del piso. Santi, era uno de sus mejores amigos, y había ido a hacerles
una visita aquella tarde.
Cristian era rubio, tenía los
ojos azules y el cuerpo delgado y atlético, ya que estaba obsesionado con las
dietas y las calorías. Pedro tenía el cabello moreno, los ojos marrones,
llevaba siempre una cuidada barba de tres o cuatro días, y no se preocupaba por
las calorías como su chico, por lo que tenía el cuerpo algo rechoncho, pero sin
llegar a estar excesivamente gordo. Ambos estaban sentados a la mesa, y frente
a ellos, en el otro extremo de esta, se encontraba su amigo Santi. Este tenía el
cabello largo hasta los hombros, los ojos color miel y era adicto al gimnasio,
por lo que tenía el cuerpo hipermusculado y estaba orgulloso de ello.
Los tres estaban tomando un
refresco y comentando la noticia de la que todo el mundo hablaba en el barrio:
la muerte de su vecino de abajo, electrocutado en el cuarto de contadores.
-Me siento mal, ¿sabéis?- dijo
Cristian, tras dar un sorbo a su refresco de limón- yo abrí la puerta anoche y
le dije que porque no se moría y nos hacía un favor a todos.
-No sabías lo que iba a ocurrir- respondió
Pedro, agarrando la mano de su chico- ¿Quién se iba a imaginar que ese viejo
loco iba a bajar al sótano para cortar la luz?
-¡Que fuerte, chicos! Anoche no
hubo fiesta, pero aun así está siendo el evento mas comentado de la historia de
todas las fiestas montadas en vuestra casa. Nuestro grupo de Whatsapp está que
arde. La gente no para de comentar que es la mejor fiesta del año. Que mereció
la pena asistir solo por presenciar la muerte de un homófobo en vivo y en
directo.
-¡¿Cómo puede alegrarse la gente
por la muerte de una persona?!- exclamó Cristian, indignado.
-¿Una persona? Ese viejo era un
cabrón y un homófobo, y si hubiera podido nos hubiera matado a todos nosotros
sin pensárselo dos veces. Lo siento, pero no voy a detenerme a llorar por él.
Lo que le sucedió fue obra del Karma y yo me alegro por ello. Un cabrón menos
es un cabrón menos- sentenció Santi sin ningún remordimiento.
-Bueno chicos, no quiero seguir
hablando del tema- señaló Pedro- ¿Por qué no mejor vamos a preparar la cena?
-Me parece buena idea- indicó
Cristian, poniéndose en pie- ¿Te quedas a cenar, verdad?- preguntó después, dirigiéndose
a Santi.
-Claro- respondió este.
Pedro también se puso en pie, y
Cristian y él se encaminaron hacia la cocina.
-¡Ahora voy a echaros una mano,
voy a contestar algunos mensajes primero!- gritó Santi desde el salón, mientras
sacaba su teléfono móvil del bolsillo del pantalón.
-¡Ok, aquí te esperamos!- respondió
Cristian desde la cocina- ¡Ya sabes que el que no ayuda, no cena!
En el salón, Santi se puso a golpear
la pantalla del móvil con los dedos a toda velocidad, respondiendo a todos los
mensajes que tenía pendientes.
En ese momento, se encendió el equipo
de música que estaba situado sobre la estantería que se encontraba en el otro
extremo de la habitación, pegada a la pared. La música comenzó a sonar a todo
volumen, dando a Santi un susto de muerte. Tanto, que el móvil estuvo a punto de
caérsele de las manos.
El joven miró hacia el equipo de música
confundido. Estaba solo en el salón, así que nadie podía haberlo encendido. Pensó
que quizá sus amigos habían olvidado apagar alguna alarma o temporizador del
aparato.
-Parece que Santi ha puesto música-
señaló Cristian, mientras sacaba un paquete de pan de molde de uno de los armarios-
Se ha pasado un poco con el volumen, ¿no?
-¡Baja un poco esa música!- gritó
Pedro a su amigo desde la cocina.
Pero Santi no le escuchó con la música
tan alta. Este se levantó de la silla con su teléfono móvil en la mano, y caminó
hasta el equipo de música. Alzó el brazo y llevó su dedo hasta el botón que
apagaba el equipo. Lo pulsó y la música cesó
al instante.
Por fin sus oídos podían descansar
de tanto ruido. Se estaba volviendo loco.
Se giró para volver a su asiento,
pero nada más darse la vuelta, la música comenzó a sonar de nuevo. El equipo se
había vuelto a encender solo.
Santi se giró de nuevo hacia el
aparato.
-Pero ¿qué coño…?- dijo completamente
confundido.
Volvió a pulsar el botón “off”,
pero esta vez la música no se apagó, continuó sonando mientras una descarga eléctrica
atravesaba su dedo, para después recorrer todo su cuerpo. Santi soltó su teléfono
móvil, mientras comenzaba a convulsionar. Un dolor insoportable recorría cada célula
de su cuerpo. El teléfono se estrelló contra el suelo, y la pantalla de este se
agrietó, formando el dibujo de una pequeña tela de araña sobre la negra
pantalla del aparato.
La electricidad estaba abrasando
al joven por dentro. Santi sentía como su sangre ardía.
Comenzaron a salir chispas del
interior del equipo de música, además de un humo negro que comenzó a inundar
todo el salón. La música continuaba sonando, impidiendo que Cristian y Pedro
pudieran reparar en lo que estaba sucediendo a solo unos metros de la cocina. Sonaba
una canción de reguetón bastante pegadiza, cuya cantante rapeaba: “hoy me
siento eléctrica, enchúfate a mi y carga tu picapica”. Una desafortunada ironía
para aquel terrible momento.
Entonces, la música cesó y Santi cayó
hacia atrás, quedando tendido en el suelo, en mitad del salón.
Ya era terrible morir
electrocutado, pero encima morir al ritmo de una canción de reguetón…
Había miles de formas horribles
de morir, pero aquella podía considerarse una de las peores maneras de morir de
la historia.
CONTINUARÁ...
🥰👇DONACIONES PAYPAL para poder continuar con el mantenimiento del blog👇🥰👉 https://paypal.me/DaniSnrBlog?country.x=ES&locale.x=es_ES 👈
❗GRACIAS❗
- https://play.google.com/store/books/details/Daniel_Sanchez_de_la_Nieta_Rico_Terminal?id=XbBUDwAAQBAJ








Comentarios
Publicar un comentario