RELATO GAY: EL DÍA DEL ÚLTIMO CREPÚSCULO. CAPÍTULO 9: DESCONOCIDOS
Iván y Jesús se miraron el uno al
otro estupefactos. Lo que acababan de escuchar les había pillado completamente
por sorpresa. Por increíble que pareciera, Jesús tenía novio antes de sufrir su
accidente, y no lo recordaba debido a su amnesia. Aquello era lo que les
faltaba en aquel momento para empeorar todavía más las cosas. Otro problema,
como si no tuvieran ya suficientes.
¿Y ahora qué? ¿Qué iba a suceder?
¿Qué iba a ocurrir con el amor
que estaba empezando a surgir entre ambos?
-Entonces, ¿no te acuerdas de mí?
- preguntó Pablo- ¿No recuerdas nada?
-Lo siento- respondió Jesús- Me
golpeé la cabeza cuando sufrí el accidente y hay ciertas cosas que no recuerdo,
pero es muy probable que vaya recordándolas poco a poco con el paso del tiempo.
Los ojos de Iván se posaron en Jesús,
y después en Pablo. El muchacho no podía apartar la vista de ellos mientras
hablaban. La mirada del joven reflejaba su sorpresa ante aquel reencuentro, y
también ciertos celos.
Pablo reparó en ello.
-¿Podemos hablar a solas?-
preguntó este dirigiéndose a Jesús- Creo que es mejor que hablemos de esto más
íntimamente.
-Claro, podemos hablar en el
restaurante que se encuentra al final del pasillo- respondió Jesús, aun
bastante conmocionado ante aquel inesperado reencuentro- Allí podremos
sentarnos en una de sus mesas y hablar tranquilamente.
Tras decir esto, ambos se
encaminaron hacia allí.
-Ahora volvemos- dijo Jesús
mientras miraba a Iván con resignación.
Después, Pablo y él se marcharon
para charlar en privado de sus asuntos.
Iván se quedó allí parado en
mitad del pasillo, intentando asimilar lo que acababa de ocurrir.
Ricardo, el joven pelirrojo, se situó
a su lado.
-Vaya, ha sido un reencuentro de
película- dijo mirando a Iván con una sonrisa en el rostro- El mundo sigue
siendo un pañuelo a pesar de haberse ido a la mierda.
Iván permaneció allí parado sin
decir ni una palabra. El mundo se había acabado hacía ya un mes, pero ahora, el
pequeño mundo que había construido junto a Jesús estaba empezando a
desmoronarse también.
* * *
Jesús y Pablo se sentaron en una
de las mesas del pequeño restaurante italiano del centro comercial. En otro
tiempo, aquel restaurante siempre estaba lleno a rebosar de gente, y había que
esperar largas colas o reservar con antelación para conseguir mesa. Ahora, no
se podía evitar sentir miedo, pena y tristeza al ver aquel restaurante
completamente vacío. Todo allí parecía tan gris, tan solitario, tan muerto…
Como el decorado de un
escaparate. Sin vida.
-Entonces, ¿no recuerdas
absolutamente nada de mí? - preguntó Pablo- ¿Ni el más mínimo detalle?
-No, lo siento- respondió Jesús-
Me gustaría decirte que sí, pero no recuerdo nada. He intentado hacer memoria
millones de veces. Ni siquiera recuerdo el día del accidente. No tengo ni idea
de lo que ocurrió.
-Sufriste un accidente de coche,
pero ibas solo, así que no puedo contarte mucho más- señaló Pablo- He pasado
mucho miedo. Pensaba que te había perdido para siempre. Primero, creí perderte
tras el accidente, pero sobreviviste, y luego cuando fui a buscarte al hospital
creí perderte otra vez al no hallarte allí. Pero nos hemos vuelto a encontrar,
y eso significa algo, ¿no crees? Estamos destinados a estar juntos. No pienso
perderte una tercera vez.
Jesús miraba a Pablo
completamente confundido. No sabía que decir. Para él, el chico que tenía
delante era un auténtico desconocido.
-¿Cuánto tiempo llevábamos juntos
antes de mi accidente?- preguntó Jesús para saber un poco más de la relación
que mantenían en el pasado.
-Llevábamos juntos un año-
contestó Pablo- estábamos pensando en mudarnos a un pequeño apartamento.
Jesús permaneció en silencio.
-Sé que esto es difícil para ti
al no recordarme- señaló Pablo con dulzura- pero no te preocupes, sé que acabarás
recuperando la memoria.
-Es más complicado de lo que
crees- indicó Jesús.
-Creo que sé por qué dices eso-
dijo Pablo – es por ese chico que estaba contigo, ¿verdad? Ha ocurrido algo
entre vosotros durante este tiempo.
-Yo… - comenzó a decir Jesús,
pero no pudo terminar la frase.
-No hace falta que digas nada- señaló
Pablo con serenidad- Lo he notado en vuestros ojos. En la manera de miraros. No
lo puedes negar. Pero no pasa nada. No me importa. Sé que no te acuerdas de
nada, así que esperaré. Esperaré a que vuelvas a recordar.
-No sé qué decir- dijo Jesús
titubeando.
-No te preocupes. Vamos con los
demás- señaló Pablo poniéndose en pie- Sé que pronto volverás a recordar lo
felices que éramos. El tiempo lo pone todo en su lugar.
Tras estas palabras, Jesús se levantó
también de su asiento, y ambos salieron del restaurante para reunirse con el
resto.
A Jesús le parecía increíble lo
bien que se lo había tomado Pablo. Parecía un buen chico. Aunque no recordaba
nada, Jesús no podía evitar sentirse mal ante aquella situación. Se sentía
culpable, pero por el momento no podía hacer nada para solucionar aquel problema.
No podía cambiar sus sentimientos accionando un interruptor, como si encendiera
o apagara la luz.
Aquello era demasiado complicado.
* * *
Jesús y Pablo regresaron con los
demás.
Iván los miraba intrigado.
¿De que habrían estado hablando?
La curiosidad le carcomía por
dentro. No quería perder a Jesús. En aquellas terribles circunstancias no
podría soportarlo.
-Bueno, ¿y cuánto tiempo lleváis
en este lugar? - preguntó Pablo- Parece un buen sitio para vivir. Al menos
tiene todo lo necesario: comida, agua, cuarto de baño… Es casi como un hogar.
-Llevamos viviendo aquí casi un
mes- respondió Iván- y tenemos provisiones para varios meses más. Lo único que
necesitamos es más oxígeno. Hoy mismo pensábamos salir a buscar provisiones.
Hay un hospital al norte de la ciudad donde seguramente tengan un buen
suministro de bombonas en el almacén. Íbamos a dirigirnos allí para
inspeccionar el lugar.
-Ha sido una suerte encontraros-
comentó Ricardo- Solamente disponemos de las bombonas de oxígeno que llevamos a
nuestras espaldas. También andábamos buscando un lugar donde hallar suministros.
Si os parece bien, podemos acompañaros a ese hospital y compartir el oxígeno
que encontremos allí.
-Claro, eso sería estupendo-
agregó Pablo.
-Me parece bien- apuntó Jesús- Toda
ayuda es poca, ¿verdad Iván?
Este estaba absorto en sus
pensamientos, intentando asimilar todo lo que estaba ocurriendo.
-¿Iván?- preguntó de nuevo Jesús.
-Claro, claro- respondió Iván
finalmente- entre todos podremos cargar con todo el oxígeno fácilmente.
-¡Estupendo!- exclamó Pablo- Pues
cuando queráis nos ponemos en marcha.
En ese momento, escucharon una
voz grave y masculina a sus espaldas.
-Vaya, vaya. Veníamos buscando
comida y agua, y mira por donde hemos encontrado algo mucho mejor.
Todos se giraron hacia la voz que
acababa de interrumpir su conversación.
Allí, en mitad del pasillo,
encontraron a un grupo de extraños que los observaban con mirada amenazadora.
Se trataba de tres hombres y una mujer, todos con sus respectivas mascarillas
de oxígeno, conectadas a unas pequeñas bombonas que colgaban de sus espaldas.
Uno de los hombres, el que había hablado, sostenía un revólver entre sus manos.
Se trataba de un hombre de mediana edad, alto, fuerte y robusto. Tenía el
cabello largo y un bigote cubría su labio superior. Los otros dos varones eran
algo más jóvenes, y además eran idénticos, debían ser gemelos. Los dos eran
rubios, y una espesa barba de varias semanas cubría sus rostros. Sostenían entre
sus manos unas enormes barras de metal que empuñaban de manera amenazante. Por último,
la mujer tenía el cabello largo y castaño, este le llegaba por debajo de la
cintura. Sus labios estaban pintados de un color rojo brillante y tenía cara de
pocos amigos. La muchacha portaba en sus manos un enorme machete.
-¡Queremos ese oxígeno!- exclamó
el hombre del revólver- Si nos lo entregáis nadie saldrá herido.
CONTINUARÁ...
- https://play.google.com/store/books/details/Daniel_Sanchez_de_la_Nieta_Rico_Terminal?id=XbBUDwAAQBAJ








Comentarios
Publicar un comentario