RELATO GAY: EL DÍA DEL ÚLTIMO CREPÚSCULO. CAPÍTULO 4: REVELACIÓN
Iván y Jesús miraban hacia la
calle con los ojos abiertos como platos. Algo terrible estaba sucediendo, pero ¿qué?
-Esto no está ocurriendo
solamente en el hospital como pensábamos- señaló Iván- En las calles la situación
es la misma. Hay algo en el aire. En la atmósfera. En el ambiente.
-Entonces esto puede que este sucediendo
en todas partes. En el mundo entero- indicó Jesús preocupado- ¡Dios mío! Mi
familia. ¿Y si les ha pasado lo mismo que a estas personas? ¿Y si también están
muertos?
-Mi madre vive en la otra punta
de la ciudad. Yo también estoy preocupado por ella- dijo Iván con inquietud.
-¡Tenemos que salir de aquí e ir
a buscar a nuestras familias!- exclamó Jesús- Necesito saber si están bien.
-Claro, pero debemos prepararnos
bien antes de salir ahí fuera. Déjame pensar- indicó Iván mientras permanecía
pensativo durante unos segundos- Enseguida vuelvo.
Tras decir esto, el joven caminó
hacia el final del pasillo arrastrando el carrito que portaba su bombona de oxígeno, atravesó
una puerta sobre la que se encontraba un cartel donde podía leerse: ALMACÉN, y desapareció
en el interior de este.
Jesús permaneció allí parado en
el vestíbulo del hospital, esperando. Mirando a través del cristal de la puerta
y observando el caos que se había organizado en el exterior. Su cara reflejaba
la preocupación que sentía en aquel momento. Temía por su familia y por su
propia vida.
Iván regresó a los pocos minutos con
un pequeño aparato en la mano. Dicho aparato tenía una diminuta pantalla donde aparecían
diversos números e iconos.
-¿Qué es eso?- preguntó Jesús con
curiosidad.
-Es un oxímetro- respondió Iván-
se coloca en el dedo como una pinza, y sirve para medir la concentración de oxígeno
en sangre. Voy a hacer un experimento.
Acto seguido, colocó el aparato
en su dedo índice y se quitó la mascarilla de oxígeno. Pasados unos segundos, comenzó
a resultarle difícil respirar. Se ahogaba. Miró la pantalla del oxímetro. La concentración
de oxígeno en su sangre disminuía cada vez más, y a toda velocidad.
90%... 80%... 65%...
Entonces, volvió a colocarse la mascarilla.
Por fin volvió a respirar con normalidad. El oxímetro indicaba que la concentración
de oxígeno en su sangre volvía a aumentar.
Iván miro a Jesús con la boca
abierta.
-¿Qué sucede?- preguntó este.
-Lo que ha causado todo esto no
es algo que se encuentre en el aire- indicó Iván- Es algo que ha desaparecido
del aire. El oxígeno se ha desvanecido. No hay oxígeno.
-¡Eso no es posible!- exclamó Jesús.
-No existe otra explicación. Mira
a tu alrededor- indicó Iván angustiado- Esta gente ha muerto asfixiada.
La cara de Jesús se desencajó por
completo.
-Se veía venir. Esto iba a ocurrir
tarde o temprano- indicó Iván con la voz llena de tristeza- El mundo necesitaba
un cambio. Nosotros debíamos cambiar nuestro modo de vida. Debíamos cuidar el planeta,
y no lo hicimos. Por eso es el propio planeta el que ha hecho ese cambio, para
eliminarnos como si fuésemos una enfermedad.
Jesús miraba a Iván aterrorizado.
Se había quedado sin palabras.
-Bien, debemos prepararnos para
salir de aquí. Tú necesitas ropa- dijo Iván señalando a Jesús, que todavía
llevaba puesta la bata del hospital- y ambos debemos cubrirnos la piel
completamente para protegernos de las quemaduras. Además, debemos llevarnos una
buena remesa de bombonas de oxígeno para poder sobrevivir, y necesitaremos un
carro mas grande para poder transportarlas todas. ¿Me escuchas?
Jesús por fin reaccionó.
-Sí. Está bien- respondió- Está
bien…
-Vamos a… - comenzó a decir Iván.
En aquel instante, escucharon un
grito que provenía del exterior. Ambos se giraron hacia la puerta, y vieron como
el cuerpo de un hombre, vestido con bata de hospital, se estrellaba contra el
asfalto, justo frente a la entrada.
CONTINUARÁ...
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