RELATO GAY: EL DÍA DEL ÚLTIMO CREPÚSCULO. CAPÍTULO 2: EMERGENCIA SANITARIA
Iván entró en la habitación de su
paciente favorito. Dicho paciente era un joven de treinta años que por
desgracia llevaba más de un mes en coma. Era bastante atractivo. Tenía el pelo
corto y moreno, el rostro perfectamente rasurado, ya que Iván se encargaba de
afeitarle cada mañana, y un cuerpo perfecto. Se notaba que se cuidaba. Para Iván
era un respiro atender a aquel paciente. Aunque como es lógico, sentía mucho
que aquel joven estuviese en coma y le encantaría que se recuperase pronto, agradecía
poder atender a un paciente silencioso, aunque fuese solamente durante unos
minutos al día, para poder evadirse durante unos instantes del ajetreo del
hospital.
Iván era enfermero. Llevaba
ejerciendo ya cuatro años y le encantaba su trabajo. Siempre le había gustado
ayudar a los demás, por lo que para él aquello era más una vocación que un
simple empleo. Se pasó la mano por su rubio cabello y respiró hondo. Estaba
agotado. Se disponía a comprobar el estado del respirador y a cambiar la
bombona de oxígeno de Jesús, su paciente, cuando el doctor Fuentes entró
violentamente en la habitación. Este era un hombre de mediana edad, con el pelo
canoso, una espesa y abundante barba perfectamente perfilada, y que siempre
llevaba puestas sus enormes gafas con montura de plástico. El doctor Fuentes
siempre iba con prisas a todas partes. En aquel momento llevaba en la mano una
chocolatina a la que iba dando pequeños mordiscos, ya que no había tenido
tiempo de desayunar.
-¿Cómo está hoy nuestro paciente?-
preguntó el doctor señalando a Jesús.
-No hay ningún cambio- respondió Iván-
Ahora iba a cambiarle la bombona de oxígeno.
-Bien, si hay algún cambio no
dudes en avisarme- indicó el doctor- Me marcho, tengo muchos pacientes que
visitar. Nos vemos a la hora de comer.
Tras decir esto, el doctor lanzó
el envoltorio de su chocolatina al interior de la papelera que se encontraba
junto a la cama de Jesús, y se encaminó hacia la puerta.
-Doctor, no debería tirar eso
ahí- señaló Iván- Ese envoltorio es de plástico. Debería ir al contenedor
amarillo para reciclar.
-¿Reciclar? Yo no reciclo-
respondió el médico- ¿Para qué? En menos de cien años estaré muerto, y me
importa bastante poco lo que ocurra con este mundo para entonces. Que se las
arreglen las nuevas generaciones. Hazme caso, los jóvenes de ahora son unos cabrones
egoístas. ¿Por qué les vamos a dejar un mundo bonito, limpio y perfecto?
¿Piensan ellos en los demás? Pues yo tampoco. ¡Que se jodan las nuevas
generaciones!
Tras decir esto, el doctor
Fuentes salió por la puerta y abandonó la habitación.
-Así me gusta doctor, siempre
pensando en los demás- dijo Iván en voz alta una vez que se hubo quedado solo-
Ese doctor es gilipollas, ¿verdad Jesús?
Jesús continuó durmiendo
plácidamente.
-Aunque estés en coma y no puedas
responder, sé que me escuchas y que piensas lo mismo- señaló Iván acariciando
suavemente la mano del muchacho.
Después, cambió la bombona de oxígeno
del joven, que estaba casi vacía, por una nueva, y se colocó la vieja en el
hombro para llevársela.
Justo en ese momento, el suelo
comenzó a temblar bajo sus pies. Se escuchó un gran estruendo en el exterior y
pudo ver por la ventana una especie de fogonazo, como si hubiera estallado un gran relámpago, que iluminó el cielo completamente.
¿Qué acababa de pasar?
De repente comenzó a sentirse
mal. Notaba una extraña sensación. Parecía como si le faltase el aire. No podía
respirar. Se estaba ahogando.
Comenzó a toser.
¿Qué estaba ocurriendo?
Se le empezaba a nublar la vista.
Soltó la bombona vacía y caminó con cierta dificultad hacia el carrito donde se
encontraban la medicación y el material sanitario. Este estaba en el otro
extremo de la habitación. Cuando llegó hasta él, abrió uno de sus cajones y tomó
en su mano una máscara de oxígeno. Abrió el envoltorio de esta y corrió hasta
la bombona de reserva que se encontraba junto a la cama de Jesús. Conectó la máscara
a la bombona, y abrió la válvula que se hallaba en su parte superior. Cubrió su
nariz y su boca con la mascarilla, y a los pocos segundos volvió a respirar con
normalidad. Sus pulmones volvieron a llenarse de oxígeno.
Iván no entendía nada.
¿Qué le ocurría? ¿Por qué de
repente no podía respirar?
Agarró la bombona de oxígeno con
suma dificultad, ya que pesaba unos veinte kilos, y la arrastró por el suelo
mientras se dirigía hacia la puerta para pedir ayuda. Se asomó al pasillo, y lo
que encontró allí le dejó sin aliento. Cuatro enfermeras, tres doctores y un
par de pacientes se encontraban tirados en el suelo. Estaban completamente
inmóviles. A pocos metros de Iván se encontraba el doctor Fuentes, tirado en
mitad del pasillo. Tenía los ojos abiertos y completamente inertes. Estaba
muerto. Todas las personas que se encontraban en el pasillo estaban muertas.
¿Qué estaba ocurriendo? ¿Sería un
ataque terrorista?
Iván se disponía a salir de la
habitación para ver si encontraba algún otro superviviente en el hospital,
cuando escuchó una voz a su espalda.
-¿Hola? ¿Dónde estoy?
Iván se giró hacia el interior
del cuarto y descubrió a Jesús con los ojos abiertos. Había despertado del
coma, y le miraba desde su cama totalmente confuso y desorientado.
CONTINUARÁ...
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