RELATO GAY: EL DÍA DEL ÚLTIMO CREPÚSCULO. CAPÍTULO 3: EL DESPERTAR
Echo de menos tantas cosas del
antiguo mundo.
La música, el cine, tener una
cita, cocinar relajado junto a una buena copa de vino a la que ir dando sorbos
entre paso y paso de cada receta, leer un buen libro bajo un frondoso árbol,
bañarme en el mar, los amaneceres, el cielo azul, oler las flores…
Podría seguir enumerando cosas y
no acabaría nunca.
Echo de menos el contacto con la
gente. Socializar. Ahora hay que tener cuidado con todo aquel que se cruza en
tu camino.
Echo de menos la vida. La de
antes. La de verdad.
Me echo de menos a mí mismo,
porque ya no soy el que era. Porque he cambiado. Porque ya no soy la misma
persona.
Echo de menos las cosas simples
de la vida. Cosas a las que antes no daba importancia.
Echo de menos ligar con chicos.
Flirtear. Ese cruce de miradas. Ese primer beso. El sexo.
Echo de menos sentarme en un café
junto a la ventana, mirando a la gente pasar. Intentando adivinar como son sus
vidas. Intentando adivinar qué historia se esconde detrás de cada persona que
camina por la calle al otro lado del cristal.
Ahora todo eso es historia. Ahora
no hay nada que adivinar. Ahora todos vivimos la misma historia. El fin de la
historia.
Ahora el futuro es incierto. El
futuro es muy oscuro.
Ahora lo único que tengo claro es
que hay que aprovechar y disfrutar al máximo los pocos días felices que la vida
te ofrece, porque quizá cuando se vayan, no vuelvan nunca.
* * *
Iván y Jesús se miraban
sorprendidos.
Jesús miraba a Iván totalmente
confuso, sin saber dónde se encontraba y sin recordar que había sucedido.
Iván miraba a Jesús completamente
pasmado. Se había quedado atónito al ver que su paciente había despertado.
Permanecieron así durante unos
segundos, hasta que Iván reaccionó. Vio que Jesús se había arrancado el tubo
endotraqueal, el conducto gracias al cual había podido respirar mientras estaba
en coma, ya que a través de él había recibido el oxígeno necesario para seguir
viviendo.
-¿Dónde estoy?- preguntó Jesús.
Acto seguido comenzó a toser. No
podía respirar. Se ahogaba.
-No… puedo… respirar… - dijo Jesús
jadeando.
Iván arrastró su bombona de oxígeno
hasta el carrito de la medicación y el material sanitario, extrajo una
mascarilla de este y se dirigió hasta la cama del muchacho lo más rápido que
pudo. Sacó la mascarilla de su envoltorio, la conectó a la bombona de oxígeno
de Jesús y cubrió la nariz y la boca del joven con ella. A los pocos segundos
este volvió a respirar con normalidad.
-Gracias- dijo el muchacho.
Este tenía la voz bastante ronca y le
dolía mucho la garganta, cosa que había ocasionado el haber estado entubado
durante tanto tiempo.
-De nada- respondió Iván- Te
encuentras en un hospital.
-¿Qué ha ocurrido?- preguntó Jesús
asustado- ¿Por qué estoy aquí?
-Sufriste un accidente- respondió
Iván.
-No recuerdo nada- señaló Jesús
confundido.
-No te asustes por lo que voy a
decirte- indicó Iván con delicadeza- Has permanecido en coma durante mes y
medio. Puede que no recuerdes nada porque sufras algún tipo de amnesia
temporal. Seguramente poco a poco vayas recordando.
-¿Y por qué no puedo respirar?-
preguntó Jesús agitado.
-A eso no puedo responderte-
señaló Iván- ¿Ves la mascarilla que llevo puesta? Yo tampoco puedo respirar.
-No entiendo nada, ¿por qué? –
preguntó Jesús cada vez más alterado.
-No lo sé- respondió Iván- Creo
que ha ocurrido algo en el hospital. Algo no va bien.
-¿A qué te refieres?- dijo Jesús sobresaltado.
-Tenemos que salir de aquí para
pedir ayuda- indicó Iván- voy a buscar un par de porta bombonas de oxígeno. No
podemos cargar con ellas, son muy pesadas, y las necesitamos para poder
respirar. Con los carritos nos resultará más fácil transportarlas.
-Espera, dime… - comenzó a decir Jesús,
pero Iván ya se había marchado de la habitación arrastrando su bombona por el
suelo.
<<¿Qué está ocurriendo? >>
se preguntó Jesús. Algo malo pasaba, eso seguro. Intentó levantarse, pero no tenía
fuerza suficiente. Se encontraba muy débil. Recorrió la habitación con la
mirada. No había mucho que ver. Se encontraba en una habitación de hospital
bastante normal. Entonces, su mirada se detuvo en la ventana. Miró a través de
ella, observando el exterior con detenimiento. Observando el cielo, pensativo.
En ese momento Iván regresó con
los porta bombonas. Había colocado su bombona sobre uno de los carritos, y
comenzó a colocar la de Jesús en el otro.
-¿Qué hora es?- preguntó Jesús
con curiosidad.
-Son las diez de la mañana-
respondió Iván.
-No es posible, ¿entonces por qué
es de noche?- señaló Jesús extrañado.
Iván se giró hacia la ventana.
¿Cómo era posible?
El cielo estaba negro, como si
hubiera anochecido de repente.
Aquello era muy extraño.
¿Qué estaba sucediendo?
-Debemos marcharnos- indicó Iván-
apóyate en mí y te ayudaré a levantarte.
Iván quitó el pulsómetro que
conectaba la mano de Jesús con el monitor de frecuencia cardiaca, y le ayudó a
ponerse en pie. Este se levantó con dificultad.
-Apenas puedo caminar- señaló el
joven.
-Has estado más de un mes en
coma- indicó Iván- Has perdido masa muscular, por eso te cuesta mantenerte en
pie.
Iván y Jesús caminaron juntos
hasta la puerta de la habitación. Este último vestido con la bata de hospital y
apoyándose en Iván, y cada uno arrastrando sus respectivos carritos. Juntos
abrieron la puerta del cuarto y salieron al pasillo.
Jesús miró aterrorizado a la
gente que permanecía tirada en el suelo.
-¿Qué ha pasado aquí? ¿Están muertos?
- preguntó.
-Si, están muertos- respondió Iván
con voz temblorosa- No tengo ni idea de lo que ha ocurrido. No sé si ha sido un
ataque terrorista o un escape de gas… Lo que sí puedo decirte es que lo que ha
provocado esto se encuentra en el aire. Creo que por eso no podemos respirar
sin la bombona de oxígeno.
-¡Madre mía! ¡Vamos a morir como
esta gente! - exclamó Jesús.
- Tranquilízate- indicó Iván-
vamos a abandonar el hospital para pedir ayuda. He comprobado los teléfonos
cuando he salido a por los carritos, y no funcionan. Así que saldremos de aquí y
pediremos ayuda a la primera persona con la que nos crucemos.
-Está bien, vámonos- señaló Jesús-
quiero salir de aquí cuanto antes.
Juntos atravesaron el pasillo,
bajaron dos tramos de escalera hasta llegar a la planta baja y se encaminaron
hacia la salida. Por el camino encontraron más cadáveres. No parecía haber
supervivientes.
Ambos se pararon frente a la
puerta de la entrada y lo que vieron al otro lado del cristal les dejó con la
boca abierta. Decenas de personas estaban tiradas en plena calle, exactamente
igual que en los pasillos del hospital. Un coche se había estrellado contra la
fachada del edificio, y varios vehículos más habían sufrido diversos accidentes en los
alrededores. Un camión estaba volcado en mitad de la carretera y un
descapotable se había estrellado contra él. Ahora ambos estaban envueltos en
llamas.
Jesús dirigió su mano hacia el
tirador de la puerta para salir al exterior, pero Iván le detuvo.
-¡Espera!- gritó este- Mira a las
personas que están en el suelo. Observa su piel. Están cubiertos de quemaduras,
y quemaduras bastante graves. Y mira el cielo. Son las diez de la mañana y está
oscuro. Como si fuese de madrugada. Creo que esto es algo todavía más gordo que
un ataque terrorista.
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