MÁGICOS 30: CAPITULO 7: TRAICIÓN

Ya habían pasado dos meses desde que David ingresó en el reformatorio, pero parecía que hubiesen pasado años. El tiempo en aquel lugar había sido un auténtico infierno. Si su vida fuera de aquel sitio ya era una odisea, aquello era mil veces peor. Al menos, durante las borracheras de su padre o la indiferencia de su madre, podía encerrarse en su dormitorio y escapar de todo aquello, pero en el reformatorio no había ninguna manera de evadirse. Allí todo el mundo guardaba mucho odio en su interior, e intentaban descargarlo con quien tuvieran más cerca, y parecía que todos se habían puesto de acuerdo en descargar todas sus frustraciones en David. Aquella tarde, este estaba tumbado sobre la cama, mirando al techo y pensando en el tiempo que le quedaba para salir de allí. Diez años era demasiado, no sabía si iba a sobrevivir tanto en aquel lugar.

De repente, alguien entró en la habitación.

David estaba ensimismado en sus pensamientos y no reparó en ello.

-¿Qué haces ahí tumbado?- dijo uno de los monitores del centro.

Su nombre era Sergio. Los monitores de aquel sitio eran perversos, pero él era el peor de todos.

David dio un salto en la cama debido al susto.

-Te he hecho una pregunta- insistió Sergio alzando la voz- deberías estar con todos los demás en el salón.

Sergio tenía razón. Era la hora de las actividades en el salón y todos debían permanecer allí, pero David se había escabullido para estar un rato a solas. No debería haberlo hecho porque ahora iba a pagar las consecuencias.

-Levántate ahora mismo- le ordenó  Sergio.

David se levantó al instante.

-¿Te crees mejor que los demás para estar aquí tumbado mientras el resto está haciendo sus actividades?

-Lo siento- dijo David- necesitaba estar unos minutos a solas, pero ya regreso al salón con los demás.

Se encaminó hacia la puerta, pero Sergio le cortó el paso.

-Tu no vas a ninguna parte- dijo este, agarrándole por el hombro.

David comenzó a temblar.

-Vaya, ¿tienes miedo?-peguntó Sergio- pues haces bien en tenerlo.

Tras decir esto, apretó el hombro de David con fuerza y  le empujó contra la pared.

-¿Te crees que estás en tu casa? Porque esto no es tu casa, ni es un hotel donde puedas hacer lo que te apetezca en cada momento- dijo Sergio, acercando tanto su cara a la de David que este pudo oler su aliento. Liberó el hombro de este, cerró la mano formando un puño y lo enterró en su estómago. David se quedó sin aire y cayó al suelo, tosiendo. Sergio aprovechó para agarrarle por el pelo y lanzarle sobre la cama.

-Ahora vas a aprender la lección- le dijo, mientras se desabrochaba el cinturón y bajaba la cremallera de sus pantalones, deslizándolos junto con sus calzoncillos por debajo de sus rodillas. Acto seguido, bajó el pantalón de David, dejando al descubierto su trasero. David intento liberarse, pero le resultó imposible. Sergio se escupió en la mano y después la llevo hasta su miembro para lubricarlo. Justo en ese momento, alguien le empujó y este cayó al suelo. Sergio se levantó sorprendido y se subió el pantalón rápidamente. Alzó la vista para ver quien le había derribado. Delante de él tenía a un joven que lo miraba con la cara llena de odio.

-¿Quién coño eres?- preguntó Sergio, ya que no le había visto antes.

-¡Eres un hijo de puta!- respondió el joven- ¿Qué crees que estabas haciendo?

-¿Quién te crees que eres niñato?- gritó Sergio encolerizado corriendo hacia el joven desconocido y propinándole un puñetazo en la cara. El pómulo derecho del joven se puso rojo al instante y un hilillo de sangre comenzó a caer por la comisura de sus labios. Este cayó hacia atrás aturdido por el golpe, y quedó tumbado en mitad de la habitación.

-¡Sergio ven aquí, te necesitamos!- dijo una voz desde el fondo del pasillo.

-¡Ya voy!- vocifero Sergio, girándose hacia la puerta- esto no ha terminado. Me las vais a pagar los dos- les dijo con mirada desafiante.

Tras decir esto, escupió sobre el joven, que seguía tendido en el suelo y salió por la puerta para acudir a la llamada de su compañero.

David se arrodilló junto al joven desconocido que acababa de ayudarle.

-¿Estas bien?- preguntó.

-Claro que no, ese payaso me acaba de golpear en la cara- respondió el joven.

-Lo siento, gracias por ayudarme. Si no hubiera sido por ti ese cabrón me hubiera…

-No te preocupes- le interrumpió el joven-  se lo que se siente cuando te tratan así, y no podía quedarme de brazos cruzados. Cualquiera hubiera hecho lo mismo.

-Aquí no- señaló David- Aquí dentro la gente no se inmiscuye en los problemas de los demás.  Por cierto, ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Guillermo- respondió el joven poniéndose en pie- acabo de ingresar hoy en el centro.

-Encantado Guillermo, yo me llamo David- se presentó este- ¿Y qué has hecho para que te encierren aquí?

-Es una historia muy larga- respondió Guillermo.

-Tenemos tiempo de sobra- dijo David- puedes contármelo todo mientras te curo ese golpe, antes de que se te hinche más la cara.


*                    *                   *


Habían pasado tres días desde que David había recuperado su juventud, y Guillermo no había vuelto a tener noticias suyas. Le había llamado varias veces y le había enviado varios mensajes, pero no había obtenido respuesta.  Guillermo lo estaba pasando fatal. David era su mejor amigo, y desde que había rejuvenecido parecía que se hubiera olvidado de él. Guillermo siempre había estado a su lado y le había apoyado en todo momento desde que se conocieron en el centro de menores hacia ya veinte años, y también durante su enfermedad, y ahora David se lo pagaba de aquella manera.

Guillermo se encontraba muy cansado, ya que casi no había dormido y tampoco tenía ganas de comer. Se sentía muy débil, ya que aquella situación le estaba afectando mucho. Además, todo había tenido que suceder cuando por fin se había decidido a sincerarse con David y a contarle que estaba enamorado de él. Ahora David estaba demasiado ocupado recuperando su juventud perdida, y conociendo chicos guapos y jóvenes. Se alegraba de que su amigo se hubiera curado, pero no le gustaba nada la persona en la que se había convertido. Guillermo cogió su teléfono móvil, que se encontraba sobre la mesa del salón, y buscó el número de David en la agenda. Pulsó la tecla de llamada y esperó unos segundos hasta que por fin oyó la voz de David al otro lado de la línea.

-¿Qué quieres?- preguntó este secamente.

-Te he llamado varias veces, ¿qué tal estas?¿qué haces?-preguntó Guillermo preocupado.

-Ya he visto tus más de treinta llamadas perdidas. No seas pesado. Estoy bien. Deja de darme el coñazo, que pareces mi madre- dijo David enfadado- Estoy en la cama con un chico guapísimo y no quiero hacerle esperar. No vuelvas a llamarme para molestar. Ya hablaremos un día de estos. Adiós.

Tras decir esto, colgó el teléfono,

A Guillermo le parecía increíble la actitud de David, con todo lo que este había hecho por él. Guardó su teléfono móvil en el bolsillo del pantalón, cogió las llaves de casa y salió por la puerta decidido a hacer algo al respecto.


*                 *                *


Guillermo entró en la tienda de magia y caminó a toda prisa hasta el mostrador, donde se encontraba la dependienta.

-Estoy a punto de cerrar- dijo esta, que estaba recogiendo los productos de las estanterías y guardándolos bajo del mostrador- tendrás que volver mañana.

-Necesito tu ayuda, ¿te acuerdas de mí? Hiciste una poción para mi amigo- dijo Guillermo.

-Nunca olvido una cara- señaló la dependiente- claro que me acuerdo. ¿Qué tal esta tu amigo? Recuérdale que tiene que pasar a pagar la factura.

-Pues va a ser un poco difícil, porque desde que recuperó su juventud no quiere hablar conmigo, ha cambiado completamente. Ya no es el mismo- explicó Guillermo- Ha olvidado todas sus responsabilidades y en lo único que piensa es en recuperar el tiempo perdido y en salir por ahí a divertirse.

-Es normal, ahora vuelve a tener veinte años y las hormonas revolucionadas- indicó la dependienta, quitándole importancia.

-Eso no tiene nada que ver- dijo Guillermo- cuando David tenia veinte años no era así.

-¿Y qué quieres que haga?- preguntó la dependienta.

-Quiero que reviertas el hechizo- señaló Guillermo.

-¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Si revierto el hechizo tu amigo volverá al estado en que estaba antes de cambiar. Volverá a estar enfermo- indicó la joven.

-Pero volverá a ser el mismo de antes- respondió Guillermo.

-Supongo que al menos esto es una buena noticia para la persona elegida como diana- dijo la dependienta.

-¿Qué quieres decir?- preguntó Guillermo confundido.

-Toda magia tiene un precio- señaló la dependienta- tu amigo lo sabía. Este hechizo en concreto requiere de una persona que se convierta en diana y de la que tu amigo pueda extraer su juventud.

-¿Y quién es esa persona?- preguntó Guillermo intrigado.

-No lo sé- respondió la dependienta- eso es confidencial. Tu amigo me dio una foto de la persona elegida cuando realizamos el hechizo, y yo la guardé en una caja. Se supone que esta nunca debe abrirse, pero para revertir el hechizo tendremos que hacerlo, es necesario saber quién es esa persona, ya que necesitaremos un objeto personal suyo.

-¿Y a qué esperas para abrirla?- le apremió Guillermo.

-Supongo que como tu amigo no me ha pagado puedo saltarme la ética profesional y abrir la caja, pero esto no te saldrá gratis- indicó la dependienta mientras caminaba hasta la estantería que se encontraba al fondo de la tienda.

Abrió un baúl con una pequeña llave dorada y sacó de este una caja de color negro. Después regresó al mostrador, abrió la caja y sacó la foto de la persona a la que David había decidido robar su juventud. 

La dependienta se llevó una gran sorpresa al verla.

-Te va a resultar  muy fácil encontrar un objeto personal de esta persona para revertir el hechizo- le dijo.

-¿Por qué? ¿La conozco?- preguntó Guillermo intrigado.

-¡Claro que la conoces! ¡Eres tú!- respondió la dependienta, mostrándole la foto.

Guillermo no podía creer lo que estaba viendo. Como podía haberle traicionado David de aquella manera.

-Pero, no es posible, yo sigo teniendo el mismo aspecto- dijo Guillermo- No me ha robado la juventud.

-El cambio tarda una semana en producirse- indicó la dependienta- han pasado tres días, así que lo primero que notaras será que te encuentras más cansado y también perderás el apetito. Después vendrá el cambio físico. Tendrás diez años más, y finalmente aparecerá la enfermedad.

-¡Claro, por eso me encontraba tan cansado estos días!- exclamó Guillermo- yo lo achacaba a lo mal que lo estaba pasando por el cambio de actitud de David.

-Te quedan cuatro días para detener el hechizo, sino se hará irreversible- indicó la dependienta entregándole la caja- necesitarás lo que hay en su interior y también necesitarás algunas cosas más.

-Dime, ¿qué más voy a necesitar?- preguntó Guillermo preocupado.

-No va a ser fácil conseguir estos dos ingredientes- le advirtió la dependienta- deberás encontrar a tu amigo, y lo más pronto posible.

-¿Pero cuáles son esos ingredientes?- pregunto Guillermo cada vez más nervioso.

-Una gota de sangre y una lágrima de tu amigo David- respondió la joven- tráeme  todo lo necesario antes de que acabe el séptimo día y podre revertir el hechizo. Sino, tu amigo te  robará diez años de vida y lo que es peor, te habrá condenado a morir a causa de la misma enfermedad que el padecía.

CONTINUARA...





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