MÁGICOS 30: CAPITULO 6: UNA NUEVA VIDA
Un charco de sangre cubría el suelo de la clase de primero
B. Al lado del charco, descansaba un cuchillo de cocina de gran tamaño, también
cubierto de sangre, y al lado, sobre el rojizo charco, yacía un cuerpo
completamente inmóvil. El cuerpo era de Ricardo, alumno del colegio público "El
Renacer" desde hacía ya cinco años. De pie, junto al cadáver, se encontraba David con
las manos ensangrentadas. Estaba temblando. Se miraba las manos aterrorizado. No podía creer lo que acababa de hacer. Había prometido que Ricardo nunca más
le humillaría, pero aquello se le había escapado de las manos. De repente, la puerta
del aula se abrió, y entró Margarita, la profesora de literatura. Miró la escena horrorizada. Se quedó paralizada en el umbral de la puerta durante unos segundos, sin
saber cómo actuar. David ni siquiera había reparado en su presencia. Este no dejaba
de mirar sus manos ensangrentadas. Las frotó contra su camiseta, como si así pudiera hacer desaparecer la sangre. Margarita salió al pasillo y comenzó a gritar pidiendo
auxilio. Varios profesores acudieron en su ayuda. Entraron en el aula y sujetaron a David por las muñecas, sacándole
fuera. Margarita sacó el teléfono móvil del bolsillo de su pantalón y llamó a
la policía.
Mientras se llevaban a David a rastras por el pasillo, este reaccionó y comenzó a gritar.
Mientras se llevaban a David a rastras por el pasillo, este reaccionó y comenzó a gritar.
-¡No es lo que parece!- exclamó- ¡Yo no he hecho nada!
Un alumno, que llevaba una gorra roja en la cabeza y un piercing en
la ceja, se encontraba en el pasillo en aquel momento. Echó un vistazo dentro del aula y vio el cadáver de Ricardo tendido en
el suelo. Margarita le echó rápidamente.
-¡Ha sido David!- gritó el alumno mientras los demás jóvenes que estaban en el pasillo le miraban espantados- ¡Ricardo no paraba
de meterse con él y David se ha vengado! ¡Es un asesino!
Los maestros, arrastraron a David hasta la sala de profesores
y lo encerraron allí hasta que llegó la policía.
David, fue declarado culpable por el asesinato de Ricardo, y
condenado a pasar diez años en un centro de menores. Si su vida ya era un
infierno, a partir de aquel día se convirtió en algo muchísimo peor.
Una hora antes…
David, estaba sentado en uno de los pupitres del aula de
primero B, ya que nunca salía al recreo para evitar las burlas de sus
compañeros. Estudiaba para el examen de matemáticas que tenía dentro de
tres días. La verdad es que lo llevaba bastante bien, ya que como no tenía
amigos, dedicaba todo su tiempo libre a estudiar. La puerta del aula se abrió
de repente. David, levantó la mirada de su libro de
matemáticas para ver quien había entrado en la clase. Allí, de pie frente a él, encontró a Ricardo. Cerró su libro de matemáticas y lo guardó en la mochila. Se levantó del pupitre y se dirigió hacia la puerta para salir del
aula, pero Ricardo le cortó el paso, le empujó dentro y cerró la puerta tras de
sí.
-¿Qué quieres?- preguntó David asustado.
-¿Qué te pasa marica? ¿Tienes miedo?-preguntó Ricardo desafiante.
David, intentó salir del aula de nuevo, pero
Ricardo le agarró por el cuello y le empujó contra la pared.
-No vas a salir de aquí- dijo Ricardo mientras buscaba algo en su
mochila- no me gusta que un marica como tu este dando vueltas por el colegio.
-¿Qué vas a hacer?-preguntó David, completamente aterrorizado al ver como
Ricardo sacaba un enorme cuchillo de su mochila- No me hagas daño.
-Voy a librar al mundo de un marica como tú- señaló Ricardo, poniéndole el cuchillo en el cuello- mi padre siempre dice que los gays no
merecéis vivir, y tiene razón. Deberíais
estar todos muertos.
-Yo nunca le he hecho daño a nadie- dijo David- ¿Por qué me
odias tanto?
Ricardo ignoró sus palabras y alzó el cuchillo con intención de clavárselo en el estómago. David, consiguió parar el brazo de Ricardo con sus manos. Ambos comenzaron a forcejear mientras el cuchillo iba de un lado a otro. La
afilada hoja de este, se estaba acercando peligrosamente al abdomen de David. Este cerró
los ojos, y con todas sus fuerzas empujó las manos de Ricardo para evitar que el
cuchillo se clavara en su vientre. De
repente notó sus manos húmedas y calientes. Abrió los ojos y se dio cuenta de que aquel calor se debía a
la sangre que manaba del abdomen de Ricardo, y que manchaba sus manos. Dio
un paso hacia atrás. Ricardo cayó al suelo.
David no dejaba de mirar sus manos manchadas de sangre, mientras se repetía una y otra vez que había sido un accidente.
<< Yo no quería>> se decía a si mismo <<Yo no quería que esto pasara>>
David no dejaba de mirar sus manos manchadas de sangre, mientras se repetía una y otra vez que había sido un accidente.
<< Yo no quería>> se decía a si mismo <<Yo no quería que esto pasara>>
* * *
Guillermo miraba a David embobado. No podía apartar la
mirada de aquel joven tan atractivo.
-Es increíble, ¿verdad?-dijo David- Ha funcionado.
-Estás genial-respondió Guillermo, observando a su amigo de arriba a abajo.
-Además, me encuentro realmente bien- señaló David- creo
que la enfermedad ha desaparecido por completo.
-¡Me alegro muchísimo por ti!- exclamó Guillermo - te
dije que funcionaria.
-Gracias por convencerme para hacer esto- dijo David agradecido mientras agarraba su mano.
-No tienes por qué dármelas- respondió Guillermo- era mi
deber como amigo. Por cierto, ¿ por qué no vamos a tomar algo y así lo celebramos? Ademas, tengo algo importante que contarte.
-Claro- respondió David- tengo ganas de salir y pasármelo bien.
Estoy harto de estar encerrado en casa.
Caminaron durante unos minutos, buscando una cafetería.
Por fin encontraron una. Entraron y buscaron una mesa libre donde sentarse.
David, pidió al camarero que le trajera un café con leche y Guillermo un cappuccino de vainilla.
Por fin encontraron una. Entraron y buscaron una mesa libre donde sentarse.
David, pidió al camarero que le trajera un café con leche y Guillermo un cappuccino de vainilla.
-Aun no me acostumbro a verte tan joven- dijo Guillermo- que
guapo estás.
-Gracias- respondió David- pero deja de decírmelo, porque al final voy
a acabar creyéndomelo.
El camarero regresó, dejo los cafés sobre la mesa y volvió a marcharse.
-Bueno , ¿y que era eso tan importante que tenías que
contarme?- preguntó David intrigado.
Guillermo estaba totalmente decidido a confesarle su amor, pero no sabía cómo empezar. Intentaba buscar las palabras adecuadas, pero estas no acudían a su cabeza.
-Llevo mucho tiempo queriendo confesarte…- comenzó a decir, cuando de repente, el teléfono móvil de David le interrumpió, emitiendo una serie
de pitidos. Este lo sacó de su bolsillo y leyó los mensajes que acababan de
llegarle.
-Es increíble- dijo David levantando la vista del teléfono-
acabo de crear un perfil en esta aplicación y ya me están llegando
mensajes.
-¿Qué aplicación?-preguntó Guillermo con curiosidad.
-Una aplicación para conocer chicos gays- respondió David-
me han enviado ya quince mensajes.
-Vaya, eso es estupendo- indicó Guillermo decepcionado.
-Me tengo que marchar- dijo David de repente- he quedado con
un chico dentro de veinte minutos y no quiero llegar tarde. Luego hablamos y te
lo cuento todo. Es estupendo esto de volver a ser joven de nuevo. Ahora puedo
recuperar el tiempo perdido y hacer por fin todo aquello que no pude cuando tenía veinte años.
Tras decir esto, se levantó de la mesa y se marchó rápidamente.
Guillermo se quedó allí sentado, mirando como su amigo se alejaba, y destrozado
porque aquel David, ya no era el mismo chico tímido y sensible del que se había enamorado.
CONTINUARA...

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