TRISTE REALIDAD- CAPITULO 4:LA DECISION
Después de enterarse de que su madre le mentía sobre las
visitas de su novio, Pedro discutió con ella. Le hubiera gustado saber la
verdad y no haber quedado como un tonto llamándole para darle las gracias cuando no había nada que agradecer.
Estaba tan enfadado que le había pedido a su madre que aquella noche no se
quedara a dormir en el hospital. Le apetecía estar solo. Miró el reloj de pared
que estaba colgado a los pies de su cama y vio que eran las 3 de la madrugada.
Con todo lo que tenía en la cabeza no había podido pegar ojo y además a cada
rato le entraban ganas de llorar. Se preguntaba que había hecho el para merecer
todo aquello que le estaba pasando. El accidente, el no poder volver a caminar,
después su chico le había dejado tirado cuando más le necesitaba, ¿era una
racha de mala suerte o quizá un castigo por algún error que había cometido? Con
lo bien que iba todo y en un segundo le había cambiado la vida totalmente. Empezó
a preguntarse qué sentido tenia seguir viviendo. Lo había perdido todo y la
vida ya no tenía sentido para él. Alargó la mano hasta el cajón de la mesilla
de noche con dificultad. Cuando consiguió abrirlo saco de su interior una de
las maquinillas de afeitar desechables
que su madre le había llevado y con las que le ayudaba a afeitarse cada
mañana. La rompió apretando con los dedos hasta partirla y después sacó la cuchilla
de su interior. La sostuvo en la mano meditando durante unos segundos sobre lo
que iba a hacer. Era lo mejor. Lo mejor para él y para su madre ya que iba a
librarla de tener que cuidar a un invalido durante el resto de su vida. Sujetó
fuertemente la cuchilla entre sus dedos y presionó contra su muñeca izquierda
realizando un corte limpio del que enseguida comenzó a fluir la sangre. Después
con la otra mano cortó las venas de su brazo derecho. La sangre fluía de sus
dos brazos empapando las sabanas de la cama. Pedro comenzó a sentirse cada vez más
débil hasta que se sumió en la más absoluta oscuridad.
CONTINUARA....

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