Marta regresó a casa cargada de bolsas. Volvía con una sonrisa en los labios. Se había gastado un dineral en ropa, joyas y en diversos manjares que, en su vida pasada, jamás hubiera imaginado que algún día llegaría a probar. También había comprado varios vestidos para su pequeña, y estaba deseando cogerla en brazos, abrazarla y probarle todos y cada uno de aquellos modelitos, porque sabía que iba a estar monísima con ellos. Dejó las bolsas sobre la pequeña mesita que se encontraba en el recibidor de la entrada, y recorrió el pasillo que llevaba hasta el gran salón de la casa. Atravesó la estancia y caminó hasta la escalera que ascendía hasta el piso superior. Una vez arriba, llamó a su marido. -¡¿Roberto?!- gritó, pero no obtuvo respuesta- ¡¿Todavía estás durmiendo?! ¡Son más de las doce de la mañana! Recorrió el pasillo del piso superior hasta llegar al dormitorio, donde observó el bulto que formaba su marido, el conde, bajo la colcha de la cama. <<Todavía durmie...
Comentarios
Publicar un comentario