RELATO GAY: EL GRANJERO Y EL MOZO DE CUADRA. CAPÍTULO 7: MOVIENDO FICHA, COMIENZA LA PARTIDA
Guillermo apenas había dormido. Había
pasado la noche en vela pensando en su plan de venganza. Imaginando en su
cabeza cada paso a seguir, cada movimiento, cada acción… Lo tenía todo
calculado al milímetro.
Durante varios días, Guillermo,
Lidia y Olaf se habían turnado para seguir y vigilar a Marta. Habían controlado
todos sus movimientos para averiguar donde solía encontrarse en cada momento
del día, y saber con exactitud a qué horas solía entrar y salir de casa. Con
esta simple información, ya podían llevar a cabo su plan.
Con la luz del alba, el granjero
y los dos hermanos salieron del hostal donde se hospedaban y se encaminaron
hacia la nueva casa de Marta. Había llegado el momento de hacer justicia.
* * *
Guillermo, Lidia y Olaf esperaban
con impaciencia escondidos entre unos matorrales, tras la verja de la enorme
mansión donde ahora vivía Marta con su nuevo marido y su hija.
Tras un periodo de tiempo que les
pareció interminable, por fin vieron como Marta salía de la vivienda, puntual
como siempre, a la misma hora que solía hacerlo cada día, para dar un paseo y
realizar algunas compras en el mercado y en las tiendas más lujosas de la
ciudad.
Su marido, el conde, jamás
madrugaba. Se levantaba bien entrada la mañana, en algunas ocasiones para
ocuparse de sus negocios, y en otras, para sentarse a tomar el sol en el jardín
mientras disfrutaba de la lectura de un buen libro.
Durante las horas que Marta
pasaba fuera, él se encargaba de cuidar de la pequeña, lo cual consistía
simplemente en tenerla a su lado en la cuna mientras dormía, y levantarse para
calmarla solamente si lloraba, aunque en ocasiones, el conde hacía oídos sordos
y ni siquiera se movía de la cama o dejaba lo que estuviera haciendo para atenderla.
No es que fuera el mejor padre del mundo precisamente.
Guillermo, Lidia y Olaf,
esperaron hasta perder de vista a Marta. Entonces, atravesaron la verja de la casa
y se adentraron en el jardín. Recorrieron con cuidado el camino de piedra que
lo atravesaba, evitando ser vistos. Aquel jardín era enorme. Estaba repleto de árboles
frutales, de flores, e incluso contaba con un precioso pozo, que el granjero y los
dos hermanos pudieron ver a la izquierda del camino mientras avanzaban con cautela
en dirección a la vivienda.
Por fin llegaron hasta la entrada
principal. Esta estaba cerrada, pero Guillermo sabía, tras la investigación
exhaustiva que había realizado los días anteriores, que la puerta trasera
siempre permanecía abierta. Lidia se ocultó en el porche de la vivienda, tras
unos árboles. Su misión sería la de avisar a Guillermo si se acercaba alguien a
la casa por la parte frontal. Olaf y el granjero se encaminaron hacia la parte
trasera del domicilio. Una vez allí, se detuvieron frente a la puerta.
-Si alguien se acerca por el
jardín trasero te avisaré- indicó Olaf, situándose frente a Guillermo- Ten
mucho cuidado.
Tras decir esto, el joven agarró
la mano del granjero y la acarició con suavidad. Este le devolvió el gesto, a
la vez que en su rostro se dibujaba media sonrisa. Tras haber pasado tanto
tiempo juntos, los dos hombres habían empezado a sentir algo el uno por el
otro. Pero aún no había ocurrido nada entre ellos. Ni siquiera se habían besado
todavía. Olaf se moría de ganas, pero Guillermo sentía que estaría traicionando
a Héctor si lo hacía. Aun no había superado su muerte. Aun no había pasado página.
Aun no estaba preparado para amar a otra persona.
Tras permanecer unos segundos
así, mirándose el uno al otro, se soltaron las manos.
Guillermo abrió la puerta trasera
de la casa.
-Nos vemos enseguida- dijo el
granjero, atravesándola.
-Ten muchísimo cuidado- repitió
Olaf mientras observaba como Guillermo desaparecía en el interior de la vivienda.
El granjero atravesó la cocina, recorrió
el salón y llegó hasta la escalera que llevaba hasta el piso superior. Allí se
encontraban las habitaciones.
Una vez arriba, caminó por un
largo pasillo, mientras echaba un vistazo al interior de todas y cada una de las
habitaciones que se encontraban a cada lado de este. Por fin, al final de dicho
pasillo, encontró el dormitorio donde el conde de Alidorm descansaba
plácidamente. Allí es donde Marta y él dormían juntos cada noche. Donde
retozaban. Donde habían engendrado a su pequeña.
Observó al conde con
detenimiento. Dormía ajeno a lo que se le venía encima. A su lado, junto a la
cama, se encontraba la cuna donde descansaba la hija de Marta. Allí, delante de
Guillermo, se encontraban las dos personas que Marta más amaba en el mundo. Su
adorada hija y su querido marido.
¿Por qué ella había conseguido
formar una familia?
¿Por qué ella lo tenía todo, si
era una mala persona?
¿Por qué el mundo era tan cruel e
injusto?
Guillermo observó al conde y a la
hija de Marta con la mirada llena de odio. Su esposa se lo había arrebatado
todo tras matar a Héctor. Había llegado el momento de hacérselo pagar.
CONTINUARÁ...
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