RELATO GAY: EL GRANJERO Y EL MOZO DE CUADRA. CAPÍTULO 6: NADA ME DETENDRÁ
UN AÑO MÁS TARDE...
La vida de Guillermo había
cambiado muchísimo en tan solo un año. Y no solamente la suya, sino también la
de aquellos que le rodeaban. Había dedicado aquellos últimos meses, única y
exclusivamente a buscar a Marta. Por fortuna, había tenido ayuda con aquella
ardua tarea. Marta y el hermano de esta, Olaf, un apuesto joven de tez morena,
cabello castaño y unos enormes y bonitos ojos verdes; le habían echado una mano
con la búsqueda.
La tarea no había sido nada
fácil. Investigaron durante semanas, preguntando a los habitantes de la aldea
si habían visto a Marta la mañana del crimen. Nadie parecía haber visto nada,
hasta que un buen día, por casualidad, mientras Lidia hablaba con la dueña de
la carnicería del pueblo, dio con una sirvienta que la mañana del asesinato,
mientras limpiaba los cristales de los ventanales de la casa de su señora, había
visto como Marta se montaba en un carruaje. Gracias a la joven criada, que se
ofreció a ayudarles amablemente, pudieron identificar al cochero que había
recogido a Marta aquel día. Este era un hombre de unos cincuenta años, con
entradas bastante pronunciadas en el cabello, y unas enormes ojeras ocultas
tras unas gafas de montura plateada. Tardaron varios días en dar con él. Cuando
lo encontraron, pudieron averiguar que el conductor había llevado a Marta hasta
la ciudad más cercana, Terrashine. Allí, la mujer se montó en otro carruaje.
Por fortuna, el cochero, cuando ya estaba a punto de marcharse tras dejar a
Marta y ayudarla a bajar su equipaje, alcanzó a escuchar como esta le indicaba al
conductor del otro coche, que se dirigía a la ciudad de Alidorm.
Aquella ciudad se encontraba muy
lejos de SunnyTown, por lo que no sería tarea fácil dirigirse hasta allí para
dar con Marta. Guillermo debía abandonarlo todo para llevar a cabo su venganza.
Debía dejar su granja, su pueblo, su vida… Pero lo había prometido. Le había
prometido a Héctor, tras enterrar su cuerpo en un claro del bosque, que
vengaría su muerte costase lo que costase.
Así que preguntó a Lidia y a su
hermano Olaf, si estaban dispuestos a acompañarle. Estos respondieron que sí,
que le ayudarían en todo lo que necesitase. Lidia estaba dispuesta a vengar la
muerte de su mejor amigo, y Olaf, por su condición, ya que también era
homosexual, se sentía profundamente identificado con lo que les había ocurrido
a Guillermo y a Héctor.
Así que Guillermo, completamente
decidido a cumplir su promesa, puso a la venta su querida granja para obtener
el dinero con el que poder ir en busca de su malvada esposa.
Unos meses más tarde, encontró un
comprador, un terrateniente que quería la granja para alquilarla tal y como
estaba, y obtener así algunos ingresos extra para poder vivir más holgadamente.
A Guillermo le alegró mucho que
aquel hombre no quisiese deshacerse de lo que a él tanto le había costado
conseguir. Cualquier otro lo hubiera derruido todo para construir sobre los
terrenos. De aquella manera, aunque la granja ya no fuese suya, sabría que seguiría
allí, sobreviviendo al paso del tiempo.
Tras vender su querido hogar,
Guillermo, Lidia y Olaf, tomaron el primer carruaje de la mañana y partieron
hacia Alidorm, donde no tardaron en dar con la escurridiza Marta. Esta, era
conocida por todos en aquella nueva ciudad, ya que no había perdido el tiempo
desde su llegada. En menos de un año, se había casado con el hombre más rico de
la localidad, el conde de Alidorm, con quien vivía en la casa más grande y
lujosa del lugar, y con el que había engendrado una pequeña niña que ya tenía
dos meses de edad.
La mujer tenía una vida perfecta.
Estaba viviendo un sueño.
Guillermo, sentado sobre la cama
de la pequeña habitación que había alquilado junto a Lidia y Olaf, en una
modesta pensión de la ciudad, se preguntaba cómo era posible que una malvada
mujer como Marta pudiera hallar la felicidad.
Después de haber destrozado su
vida. Tras haber asesinado a una persona inocente. Tras haber demostrado no
sentir ningún tipo de arrepentimiento ni pesar. ¿Cómo podía Marta ser feliz?
¿Cómo podía una persona tan malvada vivir en paz?
¿Qué clase de Dios permitía una
cosa así?
No había justicia divina, ni
castigo para los malhechores.
Guillermo ni siquiera pudo acudir
a las autoridades en su momento para denunciar a Marta. La única prueba que tenía
de que su esposa era culpable del homicidio de Héctor, era la carta de
despedida que esta le había dejado, y en ella, además de confesar su crimen, la
mujer también dejaba constancia de que Guillermo y Héctor mantenían una
relación sentimental. Por ese motivo, las autoridades hubiesen justificado el asesinato,
y en lugar de castigar a Marta, lo más seguro es que hubiesen encerrado a
Guillermo en prisión por practicar la sodomía, que estaba completamente
prohibida por la inquisición, o en el peor de los casos, le hubieran condenado
a muerte.
No, no existía la justicia.
No había castigo para los
malvados. Por eso Guillermo, sentado junto a la ventana, entre las paredes de la
habitación de aquella pensión, sabía que él debía hacer justicia. Él se tomaría
la justicia por su mano.
<<Sé feliz mientras puedas,
Marta>> pensó << Porque mañana cuando salga el sol, empezará tu
tormento y pagarás por la muerte de Héctor, por tu crueldad, y por cada una de
las lágrimas que han derramado mis ojos>>.
CONTINUARÁ...
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