RELATO GAY: EL GRANJERO Y EL MOZO DE CUADRA. CAPÍTULO 5: ARDIENDO POR DENTRO
Guillermo comenzó a golpear la
pared del dormitorio con el puño, hasta que empezaron a sangrarle los nudillos.
Estaba fuera de sí. No podía creer que Marta hubiera sido capaz de cometer
aquella atrocidad. De arrebatarle la vida a una persona, sin el más mínimo
remordimiento. De escribir aquella nota llena de odio. No reconocía a su
esposa. Aquella no era la mujer adorable y cariñosa con la que se había casado.
El odio la había consumido y se había apoderado de ella. O quizá ahora había
mostrado su verdadero rostro.
El granjero se sentó sobre la
cama y rompió a llorar desconsoladamente.
En ese momento, Lidia entró en el
dormitorio, buscándole. Observó perpleja como Guillermo lloraba sentado sobre
el colchón. El hombre se cubría el rostro con las manos mientras sollozaba
angustiosamente. Este ni siquiera reparó en la presencia de la joven. La
muchacha recorrió la habitación con la mirada, comprobando lo que ya imaginaba:
que Marta tampoco se encontraba allí. Entonces, su vista se clavó en el armario
que se encontraba al fondo de la estancia. Este, estaba abierto de par en par y
medio vacío, y en él no había ni una sola prenda de mujer.
¿Qué había ocurrido con la ropa
de Marta y con la propia Marta?
Acto seguido, la muchacha se giró
hacia Guillermo y comenzó a caminar hacia él, para consolarlo y preguntarle que
había sucedido con su esposa, pero entonces reparó en el pedazo de papel arrugado
que se encontraba a los pies del granjero. Lo recogió del suelo, lo desarrugó y
comenzó a leer. A medida que avanzaba en la lectura, su cara se iba
desencajando cada vez más. No podía creer lo que sus ojos estaban leyendo. No
podía creer que Marta, su encantadora jefa, hubiera sido la responsable de la
muerte de Héctor. Del bueno de Héctor, un joven amable y bondadoso que
solamente había cometido un error: enamorarse de la persona menos indicada.
En ese momento, Guillermo alzó la
vista y se dio cuenta de que Lidia se encontraba frente a él, y de que estaba
leyendo la nota de despedida de Marta. Le arrebató el papel de las manos, pero
ya era demasiado tarde, la joven la había leído en su totalidad. En el rostro
de la muchacha estaba reflejado el asombro que le había causado lo que acababa
de leer.
-Yo… esto… - comenzó a decir
Guillermo, titubeando- Marta le ha matado como venganza… Héctor y yo…
-Lo sé- respondió la joven- Héctor
me lo contó. Me dijo que estaba enamorado de ti y me contó lo que estaba sucediendo.
Me hablaba de vuestros encuentros y de vuestras escapadas nocturnas. Yo le advertí
que, si se descubría lo vuestro, las cosas iban a ponerse muy feas, pero jamás
imaginé que pudiera ocurrir algo tan horrible.
-Estarás escandalizada- dijo
Guillermo, secándose las lágrimas- Pensarás que dos hombres no pueden estar
enamorados, que es algo antinatural.
-¡Para nada! ¿Sabes una cosa?
Tengo un hermano que es como tú. Yo siempre le apoyé y le ayudé a esconder a
sus amantes para que nuestros padres no le descubrieran- confesó Lidia- El amor
es el amor. No puede haber nada malo en ello, sean quien sean las personas
implicadas.
-No todo el mundo piensa como tú-
indicó Guillermo, poniéndose en pie.
-Hay gente muy ignorante en el
mundo- respondió Lidia- prefieren el odio al amor, y no se dan cuenta de que el
odio no lleva a nada bueno. Mira lo que el odio ha hecho con Marta. Lo que le
ha llevado a hacer. Aun no acabo de creerme que Héctor este muerto.
Una lágrima comenzó a recorrer la
mejilla de la muchacha, que rompió a llorar desconsoladamente.
Guillermo se situó frente a ella
y secó sus carrillos con el dorso de la mano.
-¡Esto no puede quedar así!-
exclamó el granjero con el rostro desencajado por la rabia- Marta no puede
salirse con la suya. No puede cometer un asesinato y quedar impune. No podemos
quedarnos aquí llorando mientras ella huye. No podemos dejar que ella siga con
su vida como si nada, después de lo que le ha hecho a Héctor. Él ya nunca más
reirá, no amará, no soñará, no besará, no hará el amor… Jamás podré volver a
rodearle con mis brazos, ni apoyarme en su pecho hasta quedarme dormido mientras
escucho los latidos de su corazón. No… no pienso dejar que ella rehaga su vida
y pueda seguir haciendo estas cosas, cuando por su culpa una buena persona, que
nunca había hecho mal a nadie, jamás podrá hacerlo. No pienso dejar que una
persona tan horrible siga paseándose por ahí entre la gente, cuando una persona
maravillosa como Héctor, nunca más lo hará. ¡Voy a encontrar a Marta y pienso
matarla! No sin antes hacerle saber lo que es el verdadero sufrimiento, para
que viva en sus propias carnes el calvario que estoy viviendo yo. Se lo
debo a Héctor.
Lidia permaneció en silencio
frente a Guillermo sin saber que decir, observando al granjero y escuchando sus
palabras, horrorizada, sabiendo por la expresión de su rostro, que el hombre
estaba completamente dispuesto a cumplir su palabra.
CONTINUARÁ...
- https://play.google.com/store/books/details/Daniel_Sanchez_de_la_Nieta_Rico_Terminal?id=XbBUDwAAQBAJ








Comentarios
Publicar un comentario