RELATO GAY. CUIDADO CON LO QUE NO DESEAS. CAPÍTULO 9: DECEPCIONADO
Mateo entró en su piso completamente fuera de sí. Lanzó las llaves de casa violentamente sobre la mesita de la entrada y atravesó el pasillo a toda velocidad. Una vez en el salón, golpeó la mesa con el puño.
Estaba enfadado.
Estaba encolerizado.
Hacía unas horas había salido de
casa de lo más animado, camino a su entrevista de trabajo, y ahora allí estaba,
completamente decepcionado.
El dueño del local no pretendía contratar
a Mateo como cantante, quería ofrecerle un puesto de camarero.
¿Camarero?
Menuda desilusión.
Mateo se sentía indignado.
No tenía ningún problema en
trabajar como camarero, pero esperaba que gracias a su curriculum le hubieran
dado la oportunidad de actuar en la mejor sala de fiestas de la ciudad.
Había estudiado en una de las
mejores escuelas de canto, trabajado en numerosos musicales y sido telonero de
un par de cantantes bastante famosos. Mateo creía que se merecía algo más que
un empleo de camarero, y encima tan mal pagado.
¿Tres dólares a la hora?
Eso era una miseria.
Aquel maldito espejo no valía para
nada. No podía conceder ni un solo deseo como era debido.
A Mateo le invadían las ganas de
partirlo en mil pedazos con el palo de la escoba y después arrojarlo al
contenedor de la basura.
Se lanzó sobre el sofá.
Estaba deprimido.
Desde que se había mudado a aquel
maldito piso y encontrado aquel maldito espejo, todo se había torcido.
Ese estúpido espejo.
Pero no, no iba a rendirse.
Tenía que sacar algo bueno de todo
aquello.
Se levantó del sofá y caminó
hasta su cuarto.
Abrió el cajón de la mesita de
noche, y sacó un cuaderno y un bolígrafo de su interior.
Se lanzó sobre la cama, abrió la
libreta y comenzó a escribir.
Ahora todo iba a ser diferente.
Ahora todo iba a salir a la perfección.
Iba a dar una última oportunidad
al espejo.
Tenía que anotar el deseo para no
olvidar ningún detalle. Debía encontrar las palabras exactas y describir lo que
quería a la perfección, para evitar que el espejo cometiera errores.
Le llevó unos minutos escribirlo
todo, y después lo leyó y releyó hasta estar seguro de que no se olvidaba de
nada.
Después, arrancó la página del
cuaderno y caminó hasta el espejo.
Se detuvo frente a él y comenzó a
leer.
-Quiero ser famoso- dijo- Quiero
ser conocido por todos. Quiero salir en las portadas de todos los periódicos y
revistas. Quiero estar en boca de todo el mundo. Deseo estar sobre un escenario
con un montón de gente a mi alrededor, observándome y gritando mi nombre. Y
deseo que Héctor y Fermín estén allí, entre la multitud. Vivos. Sanos y salvos.
Eso es lo que deseo.
Mateo tomó aire. Había leído la
nota de carrerilla, sin apenas respirar.
Esperaba que aquello fuera
suficiente. Que sirviera para solucionar todos los problemas que había
ocasionado.
En aquel momento, sonó el timbre
de la puerta. Mateo salió de su cuarto y
fue a ver quien llamaba.
Nada más que el joven abandonó la
habitación, el espejo comenzó a emitir aquel misterioso resplandor azul, como
en las otras ocasiones.
Mateo abrió la puerta sin ni
siquiera mirar por la mirilla, de lo cual se arrepintió al instante, al ver quien
se encontraba al otro lado.
En el umbral estaba Lucas, mirándole
con el ceño fruncido. Este había aprovechado que un vecino entraba en el portal
para colarse dentro, y así poder llamar directamente a la puerta de Mateo. Sabía
que el joven jamás le habría dejado subir si hubiera utilizado el portero automático.
Hubiera puesto alguna excusa tonta, como siempre, para no verle.
-Hola- saludó Mateo un poco nervioso.
-¿Hola? ¡¿Eso es lo único que
tienes que decir?!- exclamó Lucas enfadado- Has estado evitándome todo este
tiempo y me dices “hola”.
-Lo siento- se disculpó Mateo-
necesitaba estar solo.
-¡Eso no es excusa!- gritó Lucas-
Me has tratado como una basura. Te dije lo que sentía y lo único que has hecho
es ignorarme.
Mateo cayó en la cuenta de que en
el último deseo no había pedido revertir el enamoramiento de Lucas. Menudo
fallo.
¿Cómo había sido tan tonto?
-¡Y eso no es lo peor!- continuó
diciendo Lucas- Vengo a visitarte y te encuentro hablando con ese tío, el del
cabello moreno y la sonrisa perfecta. Estáis juntos, ¿verdad? Por eso me has estado
ignorando.
-¿Quién?- preguntó Mateo confundido-
¡Ah! Ese chico. Creo que te refieres a Iván. Es un vecino del edificio.
-¡No me engañes!- exclamó Lucas fuera
de si- Se que estáis juntos. Lo he notado por la forma en que os miráis. No me
trates como si fuera idiota.
-¡Lucas tranquilízate!- señaló
Mateo alzando la voz, ya que estaba empezando a enfadarse- Creo que estás muy
alterado, y no tienes motivos para…
-¡No me digas que me tranquilice!-
gritó Lucas enfurecido- ¡Me has hecho daño! ¡Me has humillado! ¡Esto no va a
quedar así!
Tras decir esto, el joven sacó un enorme
cuchillo que tenía escondido bajo el jersey, sujeto a la cintura del pantalón.
Mateo miró el arma completamente aterrorizado.
-Si no eres para mí, ¡no serás
para nadie! - gritó Lucas mientras se abalanzaba sobre Mateo empuñando el
cuchillo, totalmente enfurecido.
CONTINUARÁ...
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