RELATO GAY. CUIDADO CON LO QUE NO DESEAS. CAPÍTULO 6: DRAUMSTAFIR
Mateo llegó a casa destrozado. Estaba muy afectado por la terrible desgracia que habían sufrido sus amigos. Tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar, y su cara reflejaba el cansancio acumulado debido a la falta de sueño.
Sacó el teléfono móvil del bolsillo de su pantalón y miró la hora. Eran las cuatro de la madrugada.
Caminó hasta su
cuarto y pulsó el interruptor de la luz. Se paró frente al espejo y observó con
detenimiento los símbolos que se encontraban grabados en su marco.
¿Podría aquel espejo haber sido
el culpable de lo que les había sucedido a sus amigos, o había sido todo una
fatídica casualidad?
Se conectó a internet con su
smartphone y realizó una búsqueda.
Tecleó tres palabras: ESPEJO, SÍMBOLOS y DESEOS.
Observó los resultados.
No tuvo que indagar mucho. Una de
las páginas enseguida llamó su atención. En ella aparecía el dibujo de aquellos
extraños signos. Se introdujo en la web y comenzó a leer.
Al parecer, aquellos grabados pertenecían
a la mitología nórdica. Eran de origen medieval, y se denominaban: Draumstafir.
Se creía que estas runas mágicas tenían poderes sobrenaturales capaces de hacer
realidad cualquier deseo. Aquellos signos podían ser tallados en cualquier
objeto, como espejos o joyas, dotándolos de poderes extraordinarios.
Mateo se quedó con la boca
abierta.
¿Sería cierto todo aquello?
¿Sería posible que un espejo
pudiera conceder deseos?
Solo había una manera de
averiguarlo.
-Desearía que el accidente que
sufrimos mis amigos y yo nunca hubiera ocurrido- dijo dirigiéndose al espejo.
Se quedó completamente inmóvil y
en silencio durante unos segundos, esperando a que algo ocurriera.
No sucedió nada.
¿Qué esperaba, que sus amigos
aparecieran frente a sus ojos completamente recuperados?
Quizá estaba volviéndose loco.
Apagó la luz de la habitación y
se lanzó sobre la cama. Se tumbó bocarriba y observó el techo pensativo.
Aquello parecía una pesadilla.
Aquel sábado se le había hecho eterno. Parecía que aquel día no iba a terminar
nunca.
Estaba agotado.
Poco a poco se fue quedando
dormido.
Entonces, un destello iluminó la habitación.
El resplandor azul emitido por el
antiguo y siniestro espejo iluminó el cuerpo de Mateo sobre la cama. Pero este
ya estaba completamente dormido, por lo que ni se inmutó.
Segundos después, el destello cesó,
y la habitación volvió a sumirse en la penumbra.
* * *
El timbre del portero automático despertó
a Mateo.
Este miró el reloj que se
encontraba sobre su mesita de noche.
Eran las ocho de la mañana.
¿Quién llamaría a su puerta a
aquellas horas?
Se levantó de la cama medio
adormilado y se dirigió hacia el telefonillo para averiguar quien había interrumpido
su sueño. Descolgó el aparato y lo puso en su oído.
-¿Quién es?- preguntó con
curiosidad.
-¿Cómo que quién es?- escuchó al
otro lado- Somos Fermín y Héctor. Llevamos esperándote aquí abajo más de media
hora.
Mateo no entendía nada.
-¿Habéis salido ya del hospital?-
preguntó Mateo confuso, sabiendo que aquello era completamente imposible.
-¿Qué hospital? ¿De que hablas?
¿Estás dormido todavía? - preguntó Fermín extrañado- ¡Baja ya! ¿O es que
quieres perderte nuestra salida de colegas?
-¿Nuestra salida de colegas?-
preguntó Mateo desconcertado- ¿Pero qué día es hoy?
-Pues sábado, ¿qué te ocurre? -
preguntó Fermín perplejo- ¡Venga, te esperamos aquí! ¡Date prisa!
¿Cómo era posible?
<<Hoy debería ser domingo>>
pensó Mateo totalmente estupefacto <<Estoy reviviendo el día de
ayer>>.
Su deseo se había hecho realidad. El accidente de coche no había ocurrido porque el día anterior no había existido.
CONTINUARÁ...
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