RELATO GAY. ANATOMÍA DE UN GAY. CAPÍTULO 5: DESCUBIERTO
Ricardo
se quedó mudo. No sabía que responder. Manuel le había descubierto. ¿Cómo había
sido tan tonto de dejar la caja a la vista?
-Estoy
esperando una respuesta- dijo Manuel.
Ricardo
permaneció en silencio.
-Está
bien, esto es muy raro, creo que será mejor que me vaya- señaló Manuel
recogiendo su abrigo y caminando hacia la puerta. Ricardo ni siquiera intentó
detenerle. Manuel cerró de un portazo y se marchó a toda prisa.
Ricardo
se quedó mirando la puerta embobado. Su plan había fracasado antes de empezar.
Se sentó en una de las sillas del salón y comenzó a llorar. Quizá aquello había
sido lo mejor. La verdad es que Manuel no había tenido ninguna culpa de lo que
le había pasado. No tenía sentido intentar volcar su odio sobre él. Sacó su teléfono
móvil del bolsillo y marcó el número de Ramón. Tras un par de tonos este
descolgó.
-Ramón,
ven a mi casa tengo que hablar contigo, tenías razón y creo que te debo una
disculpa- dijo Ricardo arrepentido.
* * *
Manuel
llegó a casa y arrojó el abrigo sobre el sofá. Estaba muy enfadado. No entendía
lo que acababa de pasar. Todo había sido muy extraño. ¿Qué hacía aquella caja
de preservativos en la basura si Ricardo le había dicho que no tenía ninguno?
Aquello era bastante sospechoso. Fue hasta la cocina, abrió la nevera y sacó
una lata de cerveza de su interior. La abrió y bebió un gran sorbo. Ricardo le
gustaba mucho, pero aquella situación le había resultado de lo más rara. Lo
mejor sería no volver a quedar con él. Ya estaba harto del mundo gay. Era muy
complicado encontrar pareja. La mayoría de los tíos solo pensaban en el sexo.
¿Es que ningún gay estaba dispuesto a tener una relación seria? Desde luego el todavía
no había encontrado ninguno. El sexo es divertido y a todos nos gusta, pero no
hay nada como despertarse todos los días al lado de la misma persona. Por no
hablar de la gente tan rara que había por ahí suelta. La verdad es que buscar
pareja se había convertido en una misión imposible. Manuel se terminó la lata
de cerveza y la arrojó a la basura. Después caminó hacia el baño. Necesitaba
una ducha para relajarse y aclararse un poco las ideas.
* * *
Media
hora después Ramón estaba llamando a la puerta de Ricardo.
- ¿Qué
ha sucedido para que cambies de opinión? - preguntó Ramón al entrar.
-Me
he dado cuenta de que nadie tiene la culpa de lo que me ha pasado- señaló
Ricardo.
-Me
alegra que te hayas dado cuenta de que ibas a cometer un error- dijo Ramón- te
hubieras arrepentido toda tu vida si hubieses perjudicado a un inocente.
-Eso
es- afirmó Ricardo- no quiero hacer daño a un inocente. No quiero perjudicar a
una persona que no se lo merece.
-Menos
mal que has recapacitado- dijo Ramón respirando aliviado.
-Claro,
no quiero hacer daño a inocentes, quiero hacer daño al único culpable de mi
desgracia, a la persona que me contagió el VIH- dijo Ricardo lleno de odio.
- Pero
¿qué estás diciendo? - preguntó Ramón atónito.
-Lo
que estas oyendo, quiero asesinar al chico que me contagio el VIH, me ha
arruinado la vida, no merece vivir- señaló Ricardo.
-¿Dejas
atrás una locura y te metes en otra?- dijo Ramón dando media vuelta para
marcharse- no quiero saber nada de esto, llámame cuando hayas recapacitado y te
hayas quitado estas ideas locas de la cabeza.
-Espera
por favor- suplicó Ricardo- eres la única persona en quien puedo confiar, y si
quiero matar a ese chico voy a necesitar tu ayuda. Además, me lo debes, ya
sabes porque.
Ramon
se detuvo frente a la puerta y se giró hacia Ricardo.
- No
te prometo nada- dijo Ramon- pero cuéntame que es lo que tienes pensado.
CONTINUARA...
↓Sexo seguro siempre↓
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