AYUDA, SOY GAY (HELP, I AM GAY)- CAPITULO 4: LA SORPRESA
La mano del encapuchado agarró con fuerza el brazo de Daniel, que se llevó un susto de muerte. Este tiró con fuerza hasta que su brazo quedó libre y se apartó rápidamente.
-Creía que estaba muerto- dijo Daniel espantado.
El encapuchado alargaba el brazo y luchaba por liberarse. La sangre empapaba toda su ropa y no paraba de manar de la herida de su cuello.
Daniel y Alex lo observaban aterrorizados.
Despues de agonizar durante unos minutos, que parecieron una eternidad, el encapuchado por fin quedó completamente inmóvil.
-¿Crees que ya estará muerto?-le preguntó Daniel a Alex.
-Creo que si- respondió este- ha perdido mucha sangre.
Daniel caminó hasta donde se encontraba Alex y avanzaron juntos hasta el cadáver del encapuchado.
-Quítale la capucha-le pidió Daniel a Alex- no quiero llevarme otro susto.
-Quitasela tu- respondió este- tu eras el que quería saber si el de la capucha era Liam.
Daniel levantó la capucha y ambos respiraron aliviados al comprobar que no era su amigo.
Un foco iluminó la puerta que daba a la siguiente sala. Daniel y Alex caminaron con paso tembloroso hacia ella. Alex la abrió lentamente y ambos entraron en la habitación. Esta, como las anteriores, estaba oscura y sucia. Cuando Alex y Daniel estuvieron dentro de la nueva sala, la puerta se cerró detrás de ellos.
Del techo de la habitación colgaban varias bombillas que se encendieron iluminando la sala. Frente a ellos Daniel y Alex vieron a un joven que parecía tener su misma edad. Estaba cubierto de sangre y sotenía un cuchillo en su mano derecha. A sus pies estaba el cuerpo sin vida de otro chico, sobre un charco de sangre.
-Era mi amigo y he tenido que matarle-les dijo llorando.
La siniestra voz empezó a escucharse a través del altavoz que colgaba del techo.
-Daniel, Alex, os presento a Paolo. Paolo también es gay como vosotros por eso esta participando en nuestro juego- les dijo la voz haciendo las presentaciones- hablando de juegos, ahora vais a jugar a un juego muy divertido.
Un foco que colgaba del techo se encendió iluminado una baldosa de la habitación.
Daniel , Alex y Paolo se miraron extrañados.
-Quiero que uno de vosotros vaya hasta la baldosa que señala el foco de luz, la levante y saque lo que hay escondido debajo- les indicó la voz.
Al ver que nadie se ponía en movimiento, Daniel caminó hasta la baldosa y la levantó. Dentro había una caja de cartón de color negro. La sacó y la dejó en el suelo.
-Abre la caja-le ordenó la voz.
Daniel tenia miedo. No sabia lo que podía encontrar en su interior.
-¡He dicho que la abras!- le gritó la voz.
Daniel cogió la caja con manos temblorosas. La abrió y miró lo que había en su interior horrorizado. Dentro había una pistola.
-Los tres vais a jugar a la ruleta rusa. En esa pistola hay una sola bala, así que me imagino que ya sabéis como se juega. Os vais pasando la pistola uno por uno y vais apretando el gatillo hasta que uno de vosotros muera- les informó la voz.
-Estáis locos- gritó Alex-¿Por que nos hacéis esto?
-Tenemos que limpiar este mundo de gente como vosotros- les dijo la voz.
-¿Que mal hacemos nosotros por ser gays?- gritó Alex- No hacemos mal a nadie. Somos personas igual que vosotros.
-Daniel, tu has cogido el arma así que tienes el privilegio de ser el primero- dijo la voz ignorando las palabras de Alex.
Daniel miró el arma asustado.
- No puedo hacerlo-dijo mientras una lágrima caía por su mejilla.
-Si no lo haces ya sabes lo que pasará. Uno de los nuestros entrará, te pegará un tiro y entonces no tendrás ninguna oportunidad de salir de aquí con vida.
Daniel acercó la pistola a su cabeza y apretó el cañón contra su sien. Puso el dedo en el gatillo ante la mirada de terror de Alex y Paolo y lo presionó. Fue tan solo un segundo pero pareció interminable. Por suerte no pasó nada. La pistola no se diparó y Daniel respiró aliviado.
-Ahora es el turno de Alex- ordenó la voz-pásale la pistola.
-¡No!- exclamó Daniel.
-Dame la pistola- le dijo Alex.
Daniel se la dio mientras comenzaba a llorar desconsoladamente.
Alex acercó la pistola a su sien y puso el dedo sobre el gatillo. Paolo y Daniel le miraban aterrorizados. Daniel cerró los ojos para no ver lo que ocurría y Paolo miraba a Alex asustado, deseando que la pistola se disparase ya que el no quería morir.
Alex respiró hondo, apartó la pistola de su cabeza y apuntó a Paolo con ella.
-¿Que haces? ¡No, por favor!- gritó este.
Alex apretó el gatillo y la pistola se disparó. La bala entró en la cabeza de Paolo y salió por su coronilla mientras caía al suelo, al lado del cadáver de su amigo.
-¿Que has hecho?-gritó Daniel horrorizado.
-Era el o nosotros-dijo Alex arrojando el arma al suelo.
La voz comenzó a hablar a través del altavoz.
-Os habéis saltado las reglas del juego-dijo- eso me gusta, parece que tenéis muchas ganas de sobrevivir. Ahora podéis pasar a la siguiente sala.
-No puedo mas- dijo Daniel- esto es demasiado para mi.
-Vamos a salir de esta- dijo Alex para tranquilizarle. Caminó hasta el y le abrazo.
-Hemos matado a dos personas- dijo Daniel gimoteando- y seguro que Liam esta muerto.
-Ahora tienes que ser fuerte, no te puedes derrumbar y dejarme solo. Hazlo por mi,¿vale?-le rogó Alex.
Daniel asintió y caminaron abrazados hasta la puerta que daba paso a la siguiente habitación. Al pasar al lado de los cadáveres de Paolo y su amigo Daniel los miró horrorizado.
-No mires-le aconsejó Alex.
Daniel apartó la mirada de los cuerpos y siguieron caminado. Abrieron la puerta y pasaron a la siguiente habitación.
La sala estaba a oscuras. Pero al entrar, unos fluorescentes redondos que estaban situados en el techo se encendieron. La luz les permitió ver que al fondo de la habitacion se encontraba su amigo Liam de pie.
-¡Liam, estás bien!- exclamó Daniel alegrándose al verle sano y salvo.
Alex y Daniel se disponían a acercarse a su amigo cuando la puerta que estaba situada detrás de Liam se abrió y de ella salió un hombre armado con un rifle que llevaba el rostro cubierto por un pasamontañas.
-Alto- les ordenó el hombre apuntándoles con el rifle.
Ambos se pararon en seco.
Liam seguía allí de pie sin decir nada, simplemente miraba a Daniel y Alex con una extraña expresión.
-Liam ya puedes marcharte- le dijo el hombre del pasamontañas.
-¿Marcharse a donde?-preguntó Alex.
-Puedo irme a casa chicos-les dijo Liam- he hecho un trato con ellos, si os hacia venir hasta aquí se quedarían con vosotros y a mi me dejarían marchar.
Daniel y Alex se miraron sorprendidos al descubrir que su amigo les había traicionado.
CONTINUARA...
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