50 SOMBRAS DE UN GAY- CAPITULO 1: LA PRIMERA VEZ

Nico se había levantado de muy buen humor aquella mañana y caminaba por la calle camino hacia su trabajo. Nico era asistente social, siempre le había gustado ayudar a los demás así que para el era algo vocacional mas que un trabajo. Como había salido con tiempo suficiente había parado en una cafetería a comprar un café para llevar e iba dándole sorbos mientras caminaba y observaba los escaparates de las tiendas.

Acababa de empezar el mes de abril pero ya comenzaba a hacer calor. Una gota de sudor caía por la frente de Nico que se la seco con el dorso de la mano, con cuidado para no despeinarse el cabello. Era demasiado perfeccionista y no quería estropear su flequillo engominado. Siempre iba perfectamente afeitado y vestido, era muy guapo y tenia un cuerpo perfecto debido a las horas que pasaba en el gimnasio. Aun así era una persona bastante sencilla y no era nada creído como algunos de sus compañeros de gimnasio, que pensaban que por tener buen cuerpo y marcar abdominales ya eran mejores que los demás, cuando la mayoría ni siquiera habían leído un libro en su vida. Mientras estaba absorto en sus pensamientos, una mujer que caminaba a toda prisa chocó con el haciendo que derramara el café y manchandole la camisa. La mujer ni siquiera le pidió disculpas, siguió caminando como si nada y desapareció al doblar una esquina. A Nico le parecía increíble lo maleducada que era la gente, había personas que pensaban que la calle era suya. Se limpió con algunos pañuelos de papel y se alegro de tener varias camisas de repuesto en la taquilla del trabajo, pues ya no le daba tiempo a volver a casa y cambiarse.

Cuando llegó a la oficina entró rápidamente intentando que nadie le viera, pero no tuvo suerte y se cruzó por el pasillo con su compañera Sandra. Tenia el cabello largo y moreno y una sonrisa perfecta. Las chicas de la ciudad tenían suerte porque Sandra era lesbiana.

-¿Pero que te ha pasado?- le preguntó mirando la enorme mancha de la camisa.

-Que una señora que debía tener problemas para calcular bien las distancias me ha empujado y me ha tirado el café encima- le contó Nico.

-Es lo que tiene vivir en una ciudad con tanta gente- le dijo Sandra- las personas van corriendo a todas partes. Luego te veo- y después de decir esto caminó hasta el final del pasillo y entró en su despacho.

El despacho de Nico estaba en el otro extremo del pasillo. Este caminó hasta la puerta y entró rápidamente. Se dirigió al armario que utilizaba como taquilla, lo abrió y saco una camisa azul perfectamente planchada. La dejó sobre la mesa y se quitó la camisa sucia. La introdujo en una bolsa de plástico para lavarla en casa. Cogió la camisa limpia para ponérsela, se giró hacia la puerta y  se dio cuenta de que alguien había entrado en su despacho. Era un chico de unos 25 años que lo miraba de arriba a abajo desde el umbral de la puerta.

-¿Es que no sabes llamar¿- le dijo Nico- Espera fuera en la sala de espera, ahora te llamo.

El joven cerró la puerta avergonzado y se sentó en una de las sillas de la sala de espera.

Nico se puso la camisa, abrochó los botones y después miró en su carpeta quien era el chico que había entrado sin llamar. Se llamaba Pablo Lopez, tenia 25 años y acudía por problemas con las drogas. Nico caminó hacia la puerta y abrió llamándole por su nombre para que entrara al despacho. 
Pablo entró y se sentó en su silla mientras Nico se sentaba en la suya al otro lado del escritorio.

-Buenos días Pablo- le saludó Nico- vamos a ver. Tienes 25 años, vives con tu abuela que tiene 81, vivís de su pensión ya que tu no trabajas y te han enviado aquí porque te detuvieron por meterte en una pelea después de haber cosumido drogas y alcohol. Debido a tu situación te han condenado a servicios a la comunidad y yo debo ayudarte a encontrar un trabajo.

- Eso es- respondió Pablo- no te has olvidado de nada. Pablo era bastante atractivo. Tenia un aspecto descuidado que le daba un look rebelde que resultaba bastante sexy.Llevaba el pelo despeinado y debía llevar unos tres días sin afeitarse.

-¿Y que servicio a la comunidad debes hacer?- le preguntó Nico.

-Limpieza de la vía publica durante tres meses- respondió Pablo.

-Bien, eso es mejor que la cárcel- le indicó Nico.

-Supongo-dijo Pablo

-Bueno para el próximo día vas a tener que traerme tu curriculum para empezar a buscarte un trabajo ya que es una de las condiciones por las que te han dejado en libertad, y deberás hacerte un análisis de sangre mensual para comprobar que no has vuelto a consumir drogas.

-Vale, puedo irme ya- Tengo un poco de prisa- le dijo Pablo que quería marcharse cuanto antes de alli ya que había quedado con sus amigos.

-Firmame aquí para que quede reflejado que has acudido a la cita- le dijo Nico ofreciéndole un documento y señalándole donde debía firmar.

Pablo firmó y se levantó de la silla.

-Te veo la semana que viene a la misma hora Pablo- le dijo- espero que reflexiones sobre todo esto y cambies tus hábitos y tus amistades.

-Me gusta tu camisa- le dijo Pablo haciendo caso omiso de sus palabras- pero hay que reconocer que estas mejor sin ella- después de decir esto se dirigió hasta la puerta y se marchó.

Nico se quedó boquiabierto. Se sentó en su silla y cogió el documento que Pablo había firmado. Lo metió en su carpeta pero antes de cerrarla vio que al lado de la firma Pablo había escrito algo. Nico miró con más atención y descubrió que Pablo había escrito el número de su teléfono móvil.

CONTINUARA...





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