UN CUENTO HECHO REALIDAD- RELATO COMPLETO

Eric guardó sus libros en la taquilla del instituto después de un largo día de clase. Por fin había llegado el fin de semana y tenía tres días por delante para descansar. Eric era un chico gay de 19 años, poca gente sabia su condición sexual, solamente su familia y su mejor amiga Laura. Era delgado, llevaba gafas y vestía de una manera bastante clásica para su edad. Todo el mundo le decía que tenía que cambiar de look pero él se sentía cómodo así. Su amiga Laura le estaba esperando al final del pasillo. Tenía su misma edad y era la empollona de la clase aunque por su aspecto nadie lo diría. Era guapísima, tenía un pelo moreno que le llegaba hasta los hombros y siempre vestía a la última. Había intentado varias veces cambiar el look de Eric pero este era muy cabezón y no se dejaba aconsejar.
-Mira- le dijo Laura al llegar, enseñándole un folleto que sostenía en su mano- Mike va a dar una fiesta en su casa esta noche. Ha invitado a todo el instituto. ¿Te apuntas?
-No sé si Victoria me dejará ir- respondió Eric.
-Pídele a tu madrastra que te deje salir un rato esta noche- le suplicó Laura- dile que volveremos a casa antes de las doce.
-Bueno, lo intentaré- le dijo Eric no muy convencido- pero seguro que me dice que no.
-Además así podrás ver a Mike fuera del instituto- le recordó Laura- ¿Desde cuando llevas enamorado de él? ¿Desde qué íbamos a primero?
-Sí, pero él no sabe que existo- dijo Eric agachando la cabeza.
-Eso es por tu manera de vestir, te he dicho mil veces que te vendría bien un cambio de look. Eres muy guapo, no debería darte vergüenza mostrárselo a los demás- le dijo Laura pasando la mano por sus hombros- Mike es el único chico del instituto que ha salido del armario, seguramente si cambiaras un poco tu aspecto se fijaría en ti.
Los dos se encaminaron hacia la salida del instituto. Una vez fuera Laura cogió su bicicleta, que había encadenado a un árbol.
-Llámame luego al móvil y quedamos para ir a la fiesta – le dijo Laura antes de marcharse- Espero que tu madrastra te deje ir. Hasta luego- después se subió a la bicicleta y se alejó pedaleando.
Eric empezó a caminar en dirección a su casa pensando en cuanto le apetecía ir a la fiesta, pero que seguramente Victoria no iba a darle permiso para ir. Su madrastra era una bruja. No una bruja con poderes claro, pero era una mujer muy egoísta y manipuladora. Se casó con el padre de Eric cuando este tenía 15 años. Al cumplir los 18 su padre murió en un accidente de coche y Eric tuvo que vivir con Victoria y con su hijo. Su hermanastro era todavía peor que su madre, se llamaba Paul. Disfrutaba con las desgracias de los demás, sobre todo si le ocurrían a Eric.
Por fin llegó a casa. Abrió la valla que daba al jardín y caminó hasta la entrada. Una vez que estuvo delante de la puerta llamó al timbre y enseguida abrió su madrastra. Era una mujer de 51 años que se conservaba muy bien para la edad que tenía. Llevaba el pelo recogido e iba vestida con un traje negro bastante escotado.
-¡Ah, eres tú!- dijo al ver que quien había llamado a la puerta era Eric- creía que sería mi hijo.
Después se dirigió hasta el salón y se sentó en el sofá a seguir ojeando su revista.
Eric entró en la casa y cerró la puerta tras de sí. Dejó la mochila en el suelo y fue hasta el salón para hablar con su madrastra sobre lo de la fiesta. Se paró frente a ella, pero no sabía muy bien cómo empezar la conversación.
-¿Qué haces ahí parado como un tonto?- le dijo Victoria al reparar en su presencia.
-Quería hacerte una pregunta- le respondió Eric.
-Pues hazla ya y que sea rápido- le dijo Victoria enfadada- Me estás haciendo perder el tiempo.
Eric respiró hondo, trago saliva y lanzó la pregunta.
-Esta noche me han invitado a una fiesta y te quería preguntar si me dejarías ir.
- ¿Te gustaría mucho ir, verdad?
-Si, además estaría de vuelta antes de las doce.
-Sí, seguro que será una fiesta muy divertida-le dijo Victoria- pero lo siento no puedes ir.
-Pero si te he dicho que no volveré tarde, déjame ir por favor- le suplicó Eric.
-¡No vas a ir y punto!- gritó Victoria levantándose del sofá y arrojando la revista violentamente sobre la mesa del salón- Cuando digo que no, es que no. Además, ¿desde cuándo te invitan a ti a fiestas? Siempre estás solo. Nadie te quiere. Solamente esa niñata con la que siempre vas de un lado a otro. Y solo va contigo porque está igual de sola que tú, no porque le guste tu compañía.
-Por eso quiero ir a la fiesta. Así podre conocer gente y hacer amigos. Mi padre me hubiera dejado ir- le dijo Eric que estaba a punto de romper a llorar.
-Pero tu padre está muerto y en esta casa la que manda soy yo- le espetó Victoria.
-Eres una zorra no sé cómo mi padre pudo fijarse en alguien como tú- le gritó Eric.
Victoria levantó la mano y la bofetada que le propino a Eric resonó por toda la habitación. Este se llevó las manos a la cara que empezaba a enrojecerse debido al golpe.
-Vete a tu cuarto y quédate allí hasta que yo te lo diga- le ordenó Victoria- No vas a salir de allí en todo el fin de semana así que olvídate de la fiesta. Y esta noche no bajes a cenar.
Eric salió del salón, cogió su mochila y subió  las escaleras hasta su cuarto. Una vez allí se lanzó sobre la cama y rompió a llorar.


Victoria estaba sentada tranquilamente tomándose un vaso de té helado y leyendo su revista cuando el timbre de la puerta volvió a sonar. Se levantó del sofá y fue a abrir. Esta vez sí era su hijo Paul. Era dos años mayor que Eric, pero este en lugar de ir a un instituto público como el, acudía al mejor instituto privado de la ciudad. Su madre quería que tuviera la mejor educación posible. Era moreno, bastante guapo y no demasiado alto. Tenía en la mirada cierto aire de superioridad que sin ninguna duda había heredado de su madre. Esta le recibió con los brazos abiertos.
-¿Qué tal el día hijo?- le preguntó con una sonrisa de oreja a oreja.
-Muy bien mama- respondió Paul- He aprobado el examen de química con un 9.
-Sabía que lo harías genial como siempre- le dijo Victoria con orgullo- Estoy muy orgullosa de ti. ¿Qué te apetece hoy para cenar? Te preparare lo que quieras. Además hoy también cenaremos solos. Eric está castigado en su cuarto.
-Ese imbécil siempre está castigado- respondió Paul riendo- Cualquier cosa me vale para cenar mama, hoy no tengo  mucho apetito. Voy a mi cuarto a dejar la mochila
Paul subió las escaleras de dos en dos hasta la planta de arriba mientras Victoria volvía a sentarse en el sofá a terminar de leer su revista antes de preparar la cena.  Lo primero que hizo Paul fue entrar en la habitación de Eric.
-Hola imbécil, ya me ha dicho mi madre que hoy también estas castigado.
Eric estaba tumbado sobre la cama. Se incorporó hasta sentarse y miro a su hermanastro.
-Déjame en paz. ¡Vete y cierra la puerta!- le grito Eric.
-Hoy vas a quedarte sin cenar pero después puedes bajar a fregar los platos- le dijo Paul riendo.
-Vete de aquí. Hoy no me apetece escuchar tus tonterías.
-No me voy a ir de aquí porque esta es mi casa y puedo estar en la habitación que me apetezca- le soltó Paul dando un paso al frente.
Eric se levantó de la cama de un salto y se puso frente a él.
-Esta casa no es tuya- le dijo empujándole hacia la puerta- esta casa es de mi padre.
-Esta casa era de tu padre. Te recuerdo que está muerto y que le dejo todo a mi madre en el testamento, por lo tanto esta casa es mía- le dijo Paul dándole un empujón.
Eric lleno de rabia se lanzó contra Paul dándole un puñetazo. Este cayó al suelo. Se levantó rápidamente y se pasó la mano por el labio que le sangraba debido al golpe. En ese momento entro Victoria en la habitación.
-¿Pero qué está pasando aquí? Se oyen los gritos desde la planta de abajo. ¿Pero qué te ha pasado en el labio?- dijo al ver a su hijo sangrando- ¿Qué le has hecho a mi hijo? ¡Salvaje!
Victoria corrió hacia Eric a toda velocidad y le agarró del pelo estirando de el con todas sus fuerzas y lanzándole sobre la cama.
-Quédate ahí y no te muevas. No vas a salir de aquí en mucho tiempo- le dijo dándose la vuelta y caminando hacia la puerta. Después salió de la habitación y Paul tras ella- ¿Sabes lo que se hace con los salvajes? Se les encierra para que no hagan daño a nadie- y cerró la puerta con llave desde fuera para que Eric no pudiera salir del cuarto.
Eric corrió hacia la puerta. Intentó abrir pero era inútil, estaba encerrado.
Se sentó con la espalda apoyada en la pared y comenzó a llorar. Después se levantó y se tumbó sobre la cama, donde agotado de tanto llorar se quedó dormido.

Despertó unas horas más tarde. Miró el reloj y eran las nueve de la noche. La fiesta empezaba a las diez e iba a perdérsela y lo peor es que no iba a poder ver a Mike. Cogió su móvil que estaba sobre la mesilla de noche para llamar a Laura y darle la noticia.
-Hola Eric-le saludo esta al descolgar- creía que ya no me ibas a llamar. ¿Nos vemos a las nueve y media para ir a la fiesta?
Eric se acercó a la ventana y miro al exterior. Hacia una bonita noche de verano y él tenía que estar encerrado. Entonces se le ocurrió una idea.
-Sí, nos vemos a las nueve y media en tu casa- le respondió Eric sonriendo.
-Ponte guapo- le aconsejó Laura- Esta noche yo me encargo de que Mike se fije en ti.
-Vale, luego nos vemos que todavía tengo que arreglarme.
 Se despidieron y Eric se dirigió a su armario. Lo abrió y cogió una camisa azul que le había regalado Laura en su último cumpleaños y que no se había puesto porque no iba mucho con su estilo. Después cogió un pantalón vaquero algo desgastado. Una vez que estaba vestido se quitó las gafas y se puso sus lentillas que solamente se ponía para ocasiones especiales, es decir casi nunca, pero esta ocasión lo merecía. Y después busco un bote de gomina que tenía en el armario, casi entero ya que nunca la usaba y se puso un poco en el pelo hasta peinárselo de punta. Se miró en el espejo y estaba genial. Casi ni se reconocía. Se puso un poco de perfume y se dirigió hasta la ventana. La abrió y salió al tejado. Camino con cuidado sobre las tejas  hasta el canalón y se deslizo por la tubería que bajaba por la pared hasta llegar al suelo. Después corrió antes de que Victoria o Paul le vieran desde alguna de las ventanas. Tendría que volver a casa antes de las doce ya que a esa hora Victoria siempre pasaba a echar un vistazo a las habitaciones de Paul y Eric para comprobar que todo estaba en orden antes de acostarse.


Cuando Eric llegó a casa de Laura esta le estaba esperando sentada en las escaleras del porche. Al ver a Eric se quedó impresionada.
-Menudo cambio- le dijo observándole de arriba abajo- Estas guapísimo.
-Gracias- le respondió Eric- Ya era hora de empezar a hacer cambios en mi vida.
-Con lo guapo que estas Mike no va a poder apartar la vista de ti- le dijo Laura dando una vuelta a su alrededor para verle bien desde todos los ángulos.
-Bueno vamos a la fiesta- le apremió Eric- Ya sabes que tengo que estar en casa antes de las doce.
-Creía que tu madrastra no te iba a dejar salir.
-En realidad no me ha dado permiso- le confesó Eric- pero me he escapado por la ventana.
-Vaya, ¿dónde ha quedado el chico responsable y obediente?- le dijo Laura impresionada.
-Ya era hora de rebelarme- respondió Eric.
-Haces muy bien- le dijo Laura sonriendo.
Después comenzaron a caminar en dirección a la casa de Mike.
-Dicen que la casa de Mike es impresionante. Además de ser guapo está forrado. ¿No te parece increíble que un chico de nuestra edad ya sea millonario?
-Lo que me parece increíble es que siendo millonario sus padres le lleven a un instituto público- respondió Eric.
-Bueno sus padres son de lo más normales a pesar de tener dinero, igual que Mike. Seguramente quieran que su hijo reciba una buena educación sin que se convierta en un niñato rico y malcriado- le explicó Laura.
Después de quince minutos caminando y conversando por fin llegaron a la casa de Mike. Se pararon ante la entrada y observaron la gran verja que rodeaba toda la mansión. Las puertas estaban abiertas para que fueran entrando los invitados. Eric y Laura atravesaron la gran puerta y caminaron por el camino de baldosas que daba al jardín. Un jardín enorme en el que habían colocado mesas llenas de copas, refrescos y botellas de alcohol, con un camarero en cada una de ellas para que sirviera a los invitados. También había aperitivos, canapés y comida de sobra para alimentar a  las más de cien personas que había allí. La gente estaba por todas partes, bailando al ritmo de la música que sonaba a través de unos grandes altavoces que habían colocado al lado de la gran piscina, que estaba situada en el centro del jardín. Por fin vieron a Mike hablando con algunos invitados y se abrieron paso entre la gente hasta llegar hasta él. Estaba guapísimo. A Eric le encantaba su pelo rubio siempre perfectamente peinado y sus ojos azul cielo.
-Hola Mike-Le dijo Laura- Menuda fiesta. Gracias por invitarnos.
-Gracias a vosotros por venir- les dijo este despidiéndose por un momento de la gente con la que estaba hablando para saludar a Eric y a Laura- Me vais a perdonar pero no recuerdo vuestros nombres.
-Yo me llamo Laura- dijo esta dándole dos besos.
-Y yo me llamo Eric- este le ofreció la mano para estrechársela pero Mike en lugar de darle la mano le saludo con dos besos. Eric se puso rojo al instante.
-Voy a por una copa- dijo Laura para dejarles hablar a solas-  y te traigo otra para ti Eric.
-Espera un mom… -dijo Eric, pero no le dio tiempo a terminar la frase. Laura ya se había alejado a toda prisa. Eric comenzó a ponerse nervioso y le empezaron a sudar las manos.
-Entonces… ¿tú también vas al instituto?- le preguntó Mike que no recordaba haberle visto antes.
-Si- respondió Eric.
-No recuerdo haberte visto por allí, y es raro que no me acuerde de un chico tan guapo como tú- le dijo Mike mirándole fijamente con su penetrantes ojos azules.
-Bueno, la verdad es que para venir a tu fiesta me he sometido a un cambio de look completo-le dijo Eric que cada vez estaba más ruborizado.
-Pues me encanta.
Laura apareció con dos copas en la mano.
-Toma tu copa Eric -le dijo ofreciéndole un vaso con hielo y ron con limón.
-Gracias.
-Voy a picar algo a la mesa de los aperitivos- les dijo como excusa para dejarles más tiempo solos- Ahora vuelvo.
Después se marchó a toda prisa y Mike y Eric siguieron conversando durante largo rato. El tiempo pasó volando porque se lo estaban pasando genial y después de una larga charla y varias copas decidieron entrar en la casa e ir a la habitación de Mike para estar más tranquilos. Se abrieron paso entre la gente hasta llegar a la casa y un vez dentro subieron las escaleras hasta el cuarto de Eric. Tenía una habitación enorme con todo lo que un adolescente podría desear. Los dos habían bebido bastante y comenzaban a notar los efectos del alcohol, sobre todo Mike que llevaba encima algunas copas más que Eric.
 Se sentaron sobre la cama y Mike agarro la mano de Eric.
-Me encantas- le dijo.
-Tú a mí también- le dijo Eric mirándole a los ojos- Pero creo que hemos bebido demasiado.
-Llevo queriendo hacer esto toda la noche- le dijo Mike acercando sus labios a los de Eric.
Los dos se fundieron en un beso. Eric cerró los ojos y se dejó llevar mientras Mike le besaba con dulzura Se descalzaron y siguieron besándose tumbados sobre la cama.
 Al abrir los ojos después de aquel impresionante beso,  el gran momento quedo interrumpido cuando Eric  reparó en el reloj que se encontraba en la mesilla de noche de Mike. El reloj marcaba las doce menos cinco. Eric tenía que salir corriendo de allí si quería llegar a casa antes de que Victoria se diera cuenta de su ausencia. Se levantó de un salto de la cama.
-Me tengo que marchar- le dijo a Mike.
-Tan pronto- le respondió Mike que seguía tumbado sobre la cama y medio adormilado por el alcohol.
Eric busco sus deportivas a toda prisa pero solo encontró una de ellas.
-A la mierda- dijo y salió corriendo de la habitación ya que si perdía el tiempo buscándola no iba a llegar a tiempo a casa.


Eric llego a su casa exhausto después de correr sin parar desde casa de Mike. Miró su reloj de muñeca y eran las doce y cinco de la noche. Esperaba que Victoria no hubiera hecho su ronda por las habitaciones todavía. Trepó por el canalón hasta llegar al tejado y una vez arriba caminó sobre las tejas con cuidado hasta llegar a su ventana. Entró lentamente para no hacer ruido y buscó a oscuras el interruptor de la pequeña lámpara que tenía sobre la mesilla de noche. Cuando consiguió encender la lámpara se giró para meterse en la cama rápidamente pero casi se cayó al suelo del susto al ver allí a Victoria, sentada en la silla de su escritorio, con los brazos cruzados y mirándole fijamente con cara de mal humor.
-Creo que te dije que estabas castigado- le dijo levantándose de la silla. Eric seguía paralizado sin saber que decir ni que hacer- Quien te crees que eres para desobedecerme.
-Solo he salido un momento- le respondió Eric- Llevo todo el día encerrado en la habitación y necesitaba tomar el aire.
-¿Te has creído que soy tonta?- se acercó a él y le propinó una bofetada.
Eric se llevó la mano a la mejilla.
-¡Paul entra!- gritó llamando a su hijo que estaba esperando detrás de la puerta- ya sabes lo que tienes que hacer- este entro rápidamente empuñando una jeringa que contenía una sustancia amarilla.
-¡No por favor!- suplicó Eric- Otra vez no.
-Ya sabes cuál es el castigo por desobedecerme-le dijo Victoria sujetándole para que Paul le inyectara el contenido de la jeringa. Eric intentó resistirse pero Victoria le tenía bien sujeto por los brazos y enseguida Paul consiguió clavarle la jeringa en el cuello.  La sustancia enseguida empezó a hacer efecto y Eric comenzó a sentirse cada vez más cansado, se le nublo la vista y cayó al suelo desmayado.

Al día siguiente Mike  despertó con un dolor de cabeza increíble. Había bebido demasiado en la fiesta y se encontraba fatal. Se levantó de la cama y fue al cuarto de baño. Abrió el armario donde guardaba las medicinas y se tomó un analgésico con un poco de agua. Después fue a su armario y se puso su chándal ya que tenía por costumbre salir a correr todas las mañanas. Buscó sus deportivas pero no las encontraba por ninguna parte así que miró debajo de la cama y allí estaban, pero también encontró una deportiva que no había visto antes. La sostuvo en su mano para observarla bien. Aquella deportiva no era suya. No recordaba casi nada de la noche anterior pero al ver la zapatilla le empezaron a venir a la mente algunas imágenes borrosas. Recordó que había conocido a un chico y que había subido con él a la habitación, pero no conseguía acordarse de su cara.  También le vino a la mente la imagen de una chica, la amiga del chaval de la deportiva y recordó que aquella chica iba a su mismo instituto. Decidió hablar con ella el lunes en clase y así le sacaría de dudas sobre quien era ese chico y donde podría encontrarlo.

Eric abrió los ojos. Cuando se le acostumbraron a la oscuridad vio aquel sitio que conocía tan bien. El lugar donde había pasado tantos días castigado. Estaba en el sótano de la casa. Victoria y Paul le habían encadenado a una de las tuberías para que no pudiera salir de allí. Se encontraba fatal debido a la droga que le habían inyectado, estaba mareado y sentía nauseas.  Se le comenzó a nublar la vista de nuevo y se volvió a desmayar.


Mike corrió por el pasillo del instituto hasta alcanzar a Laura. Había pasado todo el fin de semana pensando en el chico misterioso del que apenas recordaba nada. Laura se giró cuando Mike le toco el hombro.
-Hola Mike- dijo esta al verle.
-Hola, ¿qué tal el fin de semana?- le preguntó Mike, más como una formalidad que por verdadero interés. Lo que en realidad quería era preguntar a Laura sobre aquel chico.
-La verdad es que bastante aburrido, no he parado de estudiar- le respondió Laura- ¿Y el tuyo?
-Bastante bien. Aunque hubiera estado mejor si hubiera tenido noticias de tu amigo.
-¿Y eso?- preguntó Laura.
-Bueno, para serte sincero la otra noche en la fiesta nos besamos- le confesó Mike- pero justo después tu amigo se marchó a toda prisa.
-Vaya, os liasteis y no me ha contado nada- le dijo Laura indignada- Supongo que saldría corriendo porque tenía que estar en casa antes de las doce, no se lo tengas en cuenta.
-¿Y dónde está? Me gustaría hablar con el- le preguntó Mike impaciente.
-No he hablado con él en todo el fin de semana y hoy no ha venido a clase- le respondió Laura- probablemente esté enfermo. Esta tarde le llamaré para preguntarle qué tal está.
-Y te importaría darme la dirección de su casa para ir a verle esta tarde- le dijo a Laura casi suplicando- me gustaría hablar con él y además se dejó una cosa en mi casa y quiero devolvérsela.
-Está bien- le respondió Laura sacando un cuaderno de su mochila y anotando la dirección en una de sus páginas. Después la arrancó y se la entregó a Mike- Espero que me invites a tu próxima fiesta para devolverme el favor.
-Claro que si, a todas las que quieras- le dijo Mike dándole dos besos- y una cosa más, ¿me recuerdas como se llama tu amigo? Es que bebimos mucho y no recuerdo muchas cosas de aquella noche
-Se llama Eric.
-Muchas gracias. Me marcho que voy a llegar tarde a clase- le dijo Mike despidiéndose y corriendo a toda velocidad por el pasillo.
Laura recorrió el pasillo suspirando hasta llegar a su clase, y atravesó la puerta pensando en porque a ella no le ocurrían esas cosas.

Mike se encontraba frente a la puerta de la casa de Eric. Estaba nervioso y le sudaban las manos. Había pensado todo el día en aquel momento y ahora que estaba allí frente a su casa no se decidía a llamar al timbre. Por fin se armó de valor y pulsó el botón. Esperó unos segundos hasta que una mujer abrió la puerta.
-Sí, que quieres- le preguntó Victoria mirándole de arriba a abajo con aire de superioridad.
-Hola venía a ver a Eric, ¿es usted su madre?
-Digamos que sí, ¿y para que quieres verle?
-Es que hoy no ha venido al instituto y quería saber si se encuentra bien.
En ese momento apareció Paul que volvía a casa después de haber estado jugando al tenis con unos amigos. Mike le miro de arriba abajo cuando le vio cruzar la verja de la casa y caminar hasta la puerta.
-¿Eric?- preguntó confundiendo a Paul con este.
-Yo no…-comenzó a decir Paul, pero Victoria le interrumpió.
-Pasa dentro que estaremos más cómodos que aquí en la puerta. Por cierto, ¿cómo te llamas?
.Me llamo Mike- respondió este.
Después los tres entraron en la casa y Victoria invitó a Mike a tomar asiento en el sofá del salón.
-Siéntate un momento mientras voy a la cocina y te traigo un refresco y algo para picar- después agarró a Paul del brazo- y tu échame una mano.
-No es necesario- les dijo Mike, pero Victoria y Paul le ignoraron y entraron en la cocina.
-¿Qué hace ese ahí?- pregunto Paul.
-¿No le conoces? Te  ha confundido con Eric- respondió Victoria.
-No le conozco, pero sé que es el hijo del doctor Walter, uno de los médicos más ricos y más famosos de la ciudad- le informó Paul.
-Sí, he oído hablar de ese médico. Es cirujano plástico.
-¿Y por qué le haces pasar si Eric está encerrado en el sótano?- le preguntó Paul- Si lo descubre vamos a tener problemas.
-Tranquilo, se me ha ocurrido un plan- le dijo Victoria que se le había ocurrido como sacar provecho de la situación- Ese niñato te ha confundido con tu hermanastro, así que quiero que le hagas creer que Eric eres tú.


Mientras esperaba a que Victoria y Paul regresaran de la cocina Mike dio una vuelta por el salón observando la decoración. Se paró frente al cuadro de una mujer que miraba al vacío a través de una ventana y lo observó con detenimiento. Le encantaba ese cuadro pero no recordaba el nombre del pintor. De repente comenzó a oír un golpeteo, pero no sabía de donde provenía. Escuchó atentamente y comenzó a seguir la dirección del sonido hasta llegar a la puerta del sótano y comprobó que estaba cerrada con un candado enorme. El sonido provenía de allí abajo.
-Ah ¿estabas aquí?- dijo que Victoria que apareció de repente- creíamos que te habías marchado.
-Es que se oían unos ruidos en el sótano- le explicó Mike.
-Sí, tienen que venir los exterminadores- le mintió Victoria- tenemos ratas ahí abajo.
-Por el ruido que hacían deben ser bastante grandes.
-Si, por eso tenemos la puerta cerrada con un candado, para que nadie baje ahí. Puede ser peligroso- dijo Victoria agarrándole por los hombros y llevándole hasta el salón. Allí habían dispuesto sobre la mesa unos refrescos y algunos aperitivos. Paul estaba sentado en el sofá dando sorbos a su refresco de limón.
-Siéntate aquí con Eric que yo os dejo solos para que habléis de vuestras cosas- les dijo Victoria y salió del salón.
Mike cogió su refresco y le dio un sorbo. Después comenzó a hablar.
-¿Qué tal estas?- le preguntó al falso Eric- ¿Por qué no has ido al instituto? ¿Estas enfermo?
-Sí, esta mañana no me encontraba muy bien- respondió Paul.
-Tenía ganas de verte- le dijo Mike- Ya me ha dicho tu amiga Laura que te marchaste tan deprisa de la fiesta porque tenías que llegar pronto a casa.
-Sí, fue por eso- respondió Paul que no sabía que decir ya que no quería meter la pata y que Mike descubriera que no era Eric.
-Pues cuando quiera puedes pasarte por mi casa y recoges lo que te olvidaste allí.
Paul guardó silencio ya que no sabía de qué hablaba Mike.
-Te dejaste una deportiva, ¿no te acuerdas?
-Sí, es cierto- dijo Paul siguiéndole la corriente- Es por la fiebre. Es que estoy un poco mareado.
-Espero que te recuperes pronto, así podremos salir a tomar algo o a cenar-le dijo Mike apoyando la mano en la pierna de Paul. Este le miró extrañado.
Entonces Mike aproximó su cara a la de Paul para besarle. A este le pilló por sorpresa y cuando los labios de Mike estaban a punto de rozar los suyos Paul le empujo y se alejó de él.
-¿Pero qué estás haciendo?- le gritó Paul levantándose del sofá.
-Pero Eric, ¿Qué te pasa?- le preguntó Mike completamente desconcertado.


-Perdona Mike, es que el beso me ha pillado por sorpresa y además mi madre está aquí al lado, en la cocina- se excusó Paul.
-Lo siento Eric-se disculpó Mike sonrojándose.
-Creo que es mejor que te vayas y  que nos veamos en otro momento- le dijo Paul- cuando estemos más tranquilos y a solas.
-De acuerdo- respondió Mike.
Intercambiaron los números de teléfono y después Mike se marchó. Paul se dirigió rápidamente a la cocina para hablar con su madre.
-¿Pero en que lio me has metido? Ese chico es el novio de Eric- le dijo a su madre.
-¿Y qué problema hay?- le pregunto Victoria.
-Pues que me ha besado y yo no soy gay.
-Pues vas a tener que fingir durante un tiempo- le ordenó Victoria- quiero conocer a sus padres. Tienes que invitarlos a casa cuanto antes.
-¿Pero por qué?- preguntó Paul que no entendía nada.
-Tu haz lo que yo te digo y no hagas preguntas- dijo Victoria terminando la discusión- Y ahora bájale la comida a tu hermanastro.
Paul sostuvo en sus manos el plato que le dio su madre, mientras esta abría un frasco que contenía un líquido amarillo y añadía unas gotas sobre la comida.
-Con esto se dormirá y dejara de hacer ruido- le dijo Victoria- ahora llévaselo.
Paul salió de la cocina llevando el plato de sopa en sus manos con cuidado de no derramar nada.
Cuando Paul entró en el sótano Victoria salió de la cocina y subió las escaleras hasta llegar a la planta superior. Allí caminó hasta el final del pasillo, se paró frente a un espejo y mirando su reflejo dijo:
-Ábrete
Se oyó un chirrido cuando el muro se movió y quedo al descubierto una puerta que estaba oculta tras él. Victoria entró y el muro se cerró detrás de ella. Después subió unas escaleras que daban a un desván. Allí entre telarañas y cajas llenas de trastos había un objeto cubierto con una sábana blanca. Victoria retiró la sabana dejando al descubierto un gran espejo en cuyo extremo superior tenia tallada una calavera. Victoria lo toco con su mano y este comenzó a brillar.
-¿Qué quieres esta vez?- le preguntó una voz atronadora a través del espejo.
-Quiero una muerte más- le respondió Victoria.
-Sabes que esta es la última- le informó la voz- Solo puedo concederte tres muertes y ya te concedí la muerte de tus dos maridos. ¿Quién será esta vez?
-Esta vez es diferente-le dijo Victoria- Quiero que muera la mujer del doctor, la madre de Mike.
-Ya sabes que tienes que traerla a esta casa- le recordó el espejo.
-Lo sé. Ya lo tengo todo pensado, mi hijo se encargara de traerla aquí- le explicó Victoria- Una vez que ella muera yo me encargare de consolar al doctor y también de su dinero.


Paul salió de la ducha, se puso su albornoz y comenzó a secarse el pelo con una toalla.  Se estaba preparando para la cena de esa noche. Su madre le había hecho invitar a Mike y a sus padres a cenar. No entendía a que venía tanta prisa, pero él se había limitado a obedecer como hacia siempre. Victoria llamo a la puerta del baño.
-Llevas ya media hora en la ducha, date prisa. En menos de una hora llegaran nuestros invitados.
-Ya termino mama- le respondió Paul suspirando.
Cuando estuvo completamente seco se vistió y se peinó el cabello con la ayuda de un poco de gomina. Salió del cuarto de baño y bajo al salón donde su madre ya tenía la mesa preparada.
-El pavo está terminando de asarse en el horno- le dijo Victoria cuando Paul entró en la cocina.
-Te estas esforzando mucho con esta cena- le dijo Paul extrañado con tanta amabilidad- tu no sueles ser tan amable.
-Bueno ya sabes que me gusta codearme con la gente importante- le respondió Victoria- y ese doctor tiene mucho dinero y contactos.
En ese instante llamaron a la puerta. Victoria fue a abrir y Paul fue tras ella. Eran Mike y sus padres. Habían llegado pronto. Victoria los saludo con cortesía.
-Bienvenidos, tenía muchas ganas de conocerles. Pasen.
-Nosotros también- respondió el padre de Mike- Mike nos ha hablado mucho de vosotros y cuando nos dijo lo de la cena nos encantó la idea.
-Es genial unir a dos familias que aceptan la homosexualidad de sus hijos con tanta naturalidad-mintió Victoria.
-Perdón, no os he presentado- dijo Mike- esta Andrea, mi madre.
Paul y Victoria la saludaron con dos besos y después de las presentaciones todos pasaron al salón donde tomaron asiento.
-Todavía falta un poco para que la cena este lista- les informó Victoria- pero podemos tomar una copa de vino mientras esperamos.
Mike, que como es lógico se había sentado al lado de Paul, se acercó a él y le dijo al oído:
-Eric, podemos subir a tu cuarto un momento. Tengo algo para ti y quiero dártelo en privado- le dijo señalando una pequeña bolsa de plástico plateada que llevaba en la mano.
-Claro- respondió Paul- Mama subimos un momento a mi cuarto mientras tomáis esa copa de vino.
-Está bien- respondió Victoria- pero no tardéis mucho. La cena estará lista en quince minutos.
Paul y Mike subieron las escaleras hasta el cuarto de Paul mientras los adultos se quedaban en el salón conversando. Una vez dentro se sentaron sobre la cama. Mike abrió la bolsa y sacó de su interior la deportiva que Eric se había olvidado en su casa.
-Es la deportiva que te olvidaste- le dijo Mike.
Paul la tomó en su mano.
-Dale la vuelta y mira la suela- le indicó Mike.
Paul la giro y vio que el la suela de la deportiva estaba escrito el nombre de Mike y la fecha del día que Eric y él se conocieron.
-He pensado que como nos conocimos de una forma especial gracias a estas deportivas podemos guardar una cada uno con el nombre del otro. ¿Dónde tienes la otra zapatilla?
-Voy a por ella- le dijo Paul cayendo en la cuenta de que la deportiva estaría en la habitación de Eric.
-Bien- dijo Mike- tráela así podrás firmarla y las intercambiaremos.
Paul salió de la habitación y caminó hasta el final del pasillo, donde se encontraba la habitación de Eric. Giró el pomo de la puerta pero estaba atascada y no se abría.
-¿Pero qué le pasa a la puerta?- gruñó Paul girando el pomo con más fuerza- ¡Ábrete!
Al decir esas palabras oyó un chirrido a su derecha y miró sorprendido como el muro, donde se encontraba colgado el pequeño espejo, se abría dejando a la vista una puerta. Camino hacia ella con cautela totalmente perplejo.


Eric abrió los ojos. Tenía un dolor de cabeza muy intenso y la vista nublada. Seguía en aquel sótano, encadenado a la tubería. Miró con nauseas el cubo donde tenía que hacer sus necesidades ya que ni siquiera le dejaban salir para eso. No sabía que estaba pasando ya que nunca había estado encerrado tanto tiempo. Victoria solía encerrarle durante un día, dos como mucho. Pero ya llevaba una semana allí abajo.  Escuchó con atención y oyó pasos arriba y también varias voces. Había más gente en la casa. El ruido parecía venir del salón. Ahora era su oportunidad para hacer ruido y que con suerte alguno de los invitados le oyera y acudieran en su ayuda. Sujetó con dificultad la cadena con las manos y comenzó a golpear la tubería con ella.

Mientras en el salón todos estaban disfrutando de una buena copa de vino y de una agradable conversación. Victoria, el doctor Walter y Andrea, su mujer, charlaban alegremente sobre sus hijos y lo contentos que estaban por su relación. Entonces el ruido de las cadenas de Eric comenzó a escucharse en el salón. Era casi imperceptible debido a que las voces de la conversación lo ahogaban. La única que se percató del ruido fue Victoria.
-Voy a poner música de fondo para ambientar un poco la velada- les dijo al doctor y a su mujer mientras se levantaba de la mesa y caminaba hasta el equipo de música. Subió el volumen hasta que dejó de escucharse el ruido que provenía del sótano y volvió a sentarse con sus invitados.
Paul se paró frente a la puerta que acababa de aparecer ante sus ojos detrás del muro. La miró boquiabierto unos segundos sin saber qué hacer, hasta que por fin se decidió a atravesarla. Se preguntó si su madre conocía la existencia de aquella puerta. Subió las escaleras que daban al desván, caminó entre las cajas llenas de trastos y llegó hasta el espejo mágico. Retiró la sabana que lo cubría y miró extrañado la calavera que tenía tallada en la parte superior. Acercó su mano hasta él y al tocarlo vio como este comenzaba a brillar. Su primera intención fue salir corriendo, pero la curiosidad pudo con él y continuó mirando como brillaba totalmente hipnotizado.  
-El último deseo ya ha sido solicitado, ¿Qué es lo que queréis ahora?- preguntó el espejo.
Paul lo miraba incrédulo. ¿El espejo acababa de hablar o se lo estaba imaginando?
-¿Acabas de hablar?- preguntó Paul al espejo.
-Pues claro, ¿es que ves a alguien más por aquí?- respondió este.
-¿De qué deseo hablas?
-Tu madre ha vuelto a requerir mis servicios. Aunque esta es la última vez ya que solo puedo conceder tres muertes a cada familia y tu madre ya ha consumido dos.
-¿Dos muertes en mi familia?
-Victoria pidió la muerte de sus dos maridos para heredar sus bienes y su fortuna- le explicó el espejo.
-Entonces mi madre es la culpable de la muerte de mi padre y también de la muerte del padre de Eric- dijo Paul mientras las lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas al comprobar hasta donde podía llegar la maldad de su madre.


Paul bajó a toda prisa las escaleras del desván, atravesó la puerta secreta y esta se cerró tras él. Caminó a toda velocidad por el pasillo y pasó de largo la puerta de su cuarto, donde estaba Mike sentado en la cama, esperando a que el volviera con la deportiva. Este al verle pasar tan nervioso salió de la habitación y corrió tras él.  Paul bajó las escaleras de dos en dos hasta llegar al salón.
-¡Tengo que hablar contigo!- le gritó a su madre.
Victoria y los padres de Mike que estaban conversando se callaron al instante sorprendidos por los gritos de Paul.
-¿Pero qué te pasa?-le preguntó Victoria acercándose a él.
Mike llegó al salón y se colocó al lado de sus padres observando la escena con atención.
-No me toques- le dijo Paul alejándose- Se lo que has hecho. Se tu secreto.
Victoria le miró asustada.
En ese momento la madre de Mike comenzó a ponerse roja y a toser de forma descontrolada. Parecía que se estaba ahogando. Victoria la miró mientras se le escapaba una pequeña sonrisa al ver que su plan surtía efecto. Mike miro a su madre asustado y el doctor Walter se levantó de la silla para socorrer a su mujer. Cogió el bolso de esta y buscó en su interior hasta encontrar un pequeño inhalador. Se lo puso a su mujer en la boca y pulsó el botón dos veces pulverizando el medicamento en su garganta. A los pocos segundos Andrea comenzó a encontrarse mejor.
-Hacía tiempo que no te daba un ataque de asma- le dijo el doctor Walter a su mujer.
-Sí, creo que no me encuentro muy bien. Me parece que deberíamos dejar la cena para otro día- respondió Andrea que se había quedado pálida después del ataque.
-Vamos a casa y así descansas mama- le dijo Mike a su madre.
-Lo siento Victoria- le dijo el doctor a esta-  tendremos que vernos en otro momento.
Victoria se había quedado muda. No entendía como Andrea estaba viva. El espejo nunca fallaba.
-Victoria, ¿estás bien?- le preguntó Andrea.
-Sí, tranquilos- respondió esta saliendo de su trance- dejamos la cena para otro día.
Se despidieron y Mike y sus padres salieron por la puerta camino hacia su casa.
 Por fin Paul estaba a solas con su madre.
-Se lo del espejo- le dijo a Victoria sin rodeos- y sé que tu mataste a papa y también al padre de Eric.
-Tenía que hacerlo, gracia a eso tenemos esta casa y bastante dinero para vivir cómodamente- le dijo Victoria sin mostrar arrepentimiento.
-¿Cómo pudiste matar a mi padre?- le preguntó Paul sollozando.
-Nunca le quise, ni al padre de Eric- respondió Victoria- solo me importaba su dinero.
-¿Y era necesario matarlos?
Victoria no respondió. Se había cansado de dar explicaciones. Lo único que le interesaba en ese momento era porque la mujer del doctor no había muerto.
-¡Nunca te voy a perdonar que mataras a mi padre!- le gritó Paul.
-¡Cállate! Tengo que averiguar porque no ha muerto la mujer del doctor. Tenía que morir esta noche.
-No ha muerto porque yo he hecho un trato con el espejo- le respondió Paul- Tu muerte a cambio de la suya.
-¿Pero qué has hecho? Soy tu madre- gritó Victoria con la cara desencajada por el miedo.
-Tú ya no eres mi madre- respondió Paul bruscamente.
Victoria salió del salón y corrió escaleras arriba para llegar hasta el espejo antes de que fuera tarde.

                                                     
Victoria subió los escalones de dos en dos. Estaba aterrorizada. No estaba dispuesta a morir de aquella manera, aun no había llegado su hora. Cuando estaba a punto de llegar al último escalón algo la paralizó. No podía mover ni un solo musculo. De repente sus pies se despegaron del suelo. Una fuerza extraña la mantenía flotando en el aire, sobre las escaleras. Paul miraba la escena asombrado desde abajo sin saber qué hacer. Victoria intentaba luchar contra aquella fuerza invisible pero era imposible liberarse. Entonces aquello que la mantenía en el aire la soltó haciéndola caer rodando por las escaleras. Cuando llegó abajo quedo inmóvil al pie de la estas. Paul se acercó a ella y le tomó el pulso. Victoria había muerto, se había roto el cuello al caer. Paul la miró un momento. No sentía ninguna pena por ella. Gracias a ella había crecido sin padre y había hecho lo mismo con Eric. Su madre le había manipulado toda su vida, pero por fin había abierto los ojos. Incluso le había hecho odiar a Eric sin ningún motivo. Pero aquel odio había desaparecido con ella.
Corrió hasta el salón y cogió el jarrón que estaba sobre el mueble al lado del televisor. Buscó dentro de él y sacó la llave del candado del sótano que estaba allí escondida.  Después fue hasta la puerta de este y abrió el candado. Bajo los escalones y llego hasta Eric, que estaba dormido. Le despertó agarrándole por el hombro y agitándole suavemente.
-Eric despierta- le susurró.
Este abrió los ojos lentamente  y se incorporó hasta sentarse.
-¿Qué pasa?- pregunto Eric adormilado- ¿Vais a dejarme salir ya del sótano?
-Sí, ahora serás libre para siempre- le respondió Paul soltando sus cadenas- y yo también.
-¿Qué quieres decir?
-Mi madre ha muerto, se ha caído por las escaleras- le explicó Paul.
Eric se quedó atónito con la noticia.
-¿Cómo ha sucedido? ¿Y por qué dices que tú también eres libre?
-Simplemente ha tropezado y ha caído rodando- le dijo Paul omitiendo la historia del espejo mágico, ya que era poco creíble y no quería que lo tomaran por loco- y he descubierto que mi madre fue la culpable de la muerte de nuestros padres.
-Pero si sus muertes fueron accidentales- le dijo Eric que no entendía nada.
-Eso es lo que nos hizo creer. Nos ha tenido engañados todo este tiempo y a mí me ha manipulado durante toda mi vida. Hizo que te tratara fatal y me arrepiento muchísimo por ello. No puedo creer que haya estado tan ciego.
Eric se puso en pie con dificultad. Paul le ayudo a caminar ya que este tenía las piernas entumecidas y subieron  las escaleras lentamente. Una vez fuera del sótano Paul dejo a Eric sentado en el sofá del salón y llamó a la policía.
-Llegaran en diez minutos- le dijo a Eric cuando colgó el teléfono- antes de que lleguen tengo que hacer una cosa.
Corrió hasta llegar a la puerta secreta que daba al desván donde se encontraba el espejo. Subió las escaleras rápidamente  y caminó hasta llegar a él.
-¡No vas a destruir ninguna vida más!- le gritó al espejo. Después tomo en su mano un viejo atizador de chimenea que tenían allí guardado acumulando polvo y rompió el espejo en mil pedazos con él.

UNOS DIAS MAS TARDE…
La policía declaró la muerte de Victoria como muerte accidental. Eric y Paul heredaron la casa y la fortuna de su madre a partes iguales. Comenzaron a llevarse mejor e incluso siguieron viviendo juntos en la casa. Paul le contó todo lo que había ocurrido con Mike y como su madre se había querido aprovechar de la situación. Le contó lo del cambio de personalidad y como Mike creía que él era Eric.
-Esta es la deportiva que te olvidaste en su casa- le dijo Paul entregándosela- Mike me la dio firmada y con la fecha escrita del día en que os conocisteis. Él está esperando que tú le des el otro par firmado por ti y con la misma fecha, me dijo que sería bonito intercambiarlas ya que gracias a ellas os conocisteis.
Paul le dio la otra deportiva a Eric y justo en ese momento llamaron a la puerta. Paul fue a abrir. Era Mike, Paul había quedado con él para solucionar aquello de una vez por todas.
-Hola Eric- dijo Mike al abrir la puerta- siento lo de tu madre. Entiendo que estabas muy afectado y por eso no me has llamado en todos estos días.
-Tengo que presentarte a alguien- le dijo Paul apartándose y dejando paso al Eric de verdad- os dejo solos.
Paul entró en la cocina para dejarles algo de intimidad.
Mike miró a aquel desconocido totalmente perplejo sin entender nada.
-Hola- le dijo Eric tímidamente- sé que esto te va a sonar extraño, pero yo soy Eric.
-¿Cómo que tú eres Eric? Si Eric se acaba de marchar
-No, ese no es Eric. Es una historia muy larga pero ese es mi hermanastro Paul- le explicó Eric.
-No entiendo nada- respondió Mike cada vez más confuso.
Eric le enseño las deportivas.
-Recuerdas estas deportivas, son mías. Las llevaba el día de la fiesta. Aquél día lo pasamos genial y luego en tu habitación nos besamos. Después me tuve que marchar a toda prisa y me dejé la deportiva porque no podía entretenerme a buscarla.
Mientras Eric hablaba Paul le miraba a los ojos atentamente. Aquellos ojos empezaban a resultarle familiares. Comenzó a recordar la fiesta. Aquellas imágenes que el alcohol había borrado comenzaron a volver a su mente. Recordó las conversaciones con Eric, recordó haber subido con él a la habitación, recordó el primer y único beso, y por último recordó su rostro. Era el. Aquel chico que tenía delante era Eric. Como había podido dejarse engañar.
-Ahora lo recuerdo- dijo Mike.
-Pues aquí tienes la deportiva- Eric tomó un rotulador permanente, escribió su nombre y la fecha del día de la fiesta y después se la entregó a Mike.
Mike tomo la deportiva en su mano y lentamente fue acercando su cara a la de Eric para besarle. Sus labios se juntaron en un increíble beso. Después entraron en la casa agarrados de la mano y sabiendo que aquello era el principio de una larga amistad y mucho más.











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