SOLAMENTE AMIGOS- CAPITULO 9: FINAL
Habían pasado tres días desde la agresión y esa misma mañana
a Alberto le habían dado el alta en el
hospital. Durante el tiempo que estuvo ingresado, él y Ricardo habían pensado
que lo mejor que podían hacer era mudarse para no volver a cruzarse nunca más
con Luis. Aquellos días en el hospital habían servido para unirlos e incluso
habían hecho planes para irse a vivir juntos. Cuando Alberto le propuso que
buscaran una casa a Ricardo le pareció una locura. Todo había sucedido tan
deprisa. Pero nunca había sentido algo tan fuerte por alguien. Ni siquiera por
Luis. Ahora se arrepentía de haber realizado aquel hechizo.
Tras salir del hospital Alberto y Ricardo tomaron un taxi.
Este los dejo en la puerta de casa. Caminaron hasta la entrada y Ricardo buscó
las llaves en uno de los bolsillos del pantalón. Introdujo la llave en la cerradura justo en
el momento en que oyó el sonido de un coche que aceleraba y se acercaba a toda
velocidad. El vehículo iba directo hacia ellos.
-¡Cuidado!-gritó Ricardo. Agarró a Alberto del brazo y tiró
de él. En el último segundo consiguieron apartarse y cayeron al suelo mientras
el coche se estrellaba contra el muro de la casa.
Ricardo se preguntaba que había pasado. Parecía que el coche
había perdido el control, pero entonces vio salir a Luis del vehículo. Había
intentado atropellarles. Le sangraba la cabeza debido al impacto y caminaba
dando tumbos.
-No voy a permitir que estéis juntos- dijo mientras sacaba
un arma que llevaba escondida en la cintura del pantalón. Tenía la visión
borrosa debido al fuerte golpe que se había dado en la cabeza. Caminó mareado y
desorientado buscando a Ricardo y Alberto. Por fin distinguió sus sombras, como
dos manchas borrosas. Levantó la pistola y apuntó. Iba a apretar el gatillo
cuando algo impactó contra él y lo lanzo varios metros por los aires. Al no ver
con claridad no se había dado cuenta de que estaba caminando por la carretera.
Un coche había aparecido de repente y no había tenido tiempo de frenar. Una
mujer bajó del coche completamente aterrada.
-No le he visto, lo siento- dijo sollozando- he girado en la
curva y lo he encontrado de frente. No me ha dado tiempo a frenar.
Ricardo y Alberto se pusieron en pie y se acercaron hasta la
mujer.
-Iba a matarnos, usted nos ha salvado la vida- le dijo
Alberto.
Los tres caminaron hasta Luis que estaba tendido en el
suelo. Estaba completamente inmóvil. Había muerto. Ricardo comenzó a llorar
desconsoladamente. Todo aquello había sido por su culpa, Luis no se merecía
aquel final. Alberto le abrazo para calmarle mientras la mujer del coche
llamaba a una ambulancia.
UNA SEMANA MAS TARDE…
Alberto había invitado a Ricardo a su casa. Había preparado
una gran cena de despedida ya que al día siguiente se mudaban. Se iban a vivir
juntos a una casita cerca de la playa. Todo lo que había pasado había servido
para unirles aún más. Ricardo nunca se había enamorado tan rápido de una
persona, pero Alberto tenía algo especial. Además le había ayudado cuando más
lo necesitaba.
Ricardo se sentía muy culpable por la muerte de Luis. Si no
hubiera realizado aquel conjuro Luis seguiría
vivo. Después de aquello había quemado el libro de conjuros. Se había dado
cuenta de que no se puede jugar con los sentimientos de la gente y que hay que
tener cuidado con lo que se desea. Si algo tiene que suceder sucederá, pero no
se puede forzar que las cosas ocurran porque eso siempre acaba en desastre.
Era la primera vez que Ricardo estaba en el piso de Alberto.
Era muy bonito y estaba decorado con mucho gusto. La mesa estaba puesta. Había muchísima
comida. Alberto dejó sobre ella la última bandeja que contenía un arroz
preparado con curry y pollo y abrió una botella de vino. Llenó dos copas y
brindaron con entusiasmo.
-Por nosotros- dijeron al unísono entrechocando las copas.
La cena marchó bien. Lo pasaron genial y comieron hasta
quedar completamente llenos. Después se
fueron a dormir ya que al día siguiente salían de viaje temprano hacia su nueva
casa.
A la mañana siguiente se levantaron, hicieron el equipaje y
metieron todas las maletas en el coche de Alberto. Allí de pie junto al vehículo
se besaron intensamente.
-Me alegra dejar todo esto atrás- dijo Ricardo.
-Seguro que en la nueva casa seremos muy felices- añadió
Alberto- Me he dejado una bolsa en el piso. Voy a por ella. Enseguida vuelvo.
-Te espero en el coche- le dijo Ricardo. Después le besó y
se introdujo en el vehículo.
Alberto subió la escalera hasta el piso. Una vez dentro
caminó hasta la habitación donde había dejado la bolsa de viaje. La levantó del
suelo y la colocó sobre la cama. Abrió la cremallera y buscó entre la ropa
hasta encontrar un libro. Lo sostuvo en la mano y leyó el título.: HECHIZOS DE
AMOR. Volvió a introducir la mano en la bolsa y sacó un pequeño frasco vacío,
pero que todavía contenía algunas gotas de una sustancia azul. Alberto había
utilizado el mismo hechizo para enamorar a Ricardo que este había usado para
enamorar a Luis, por eso se había enamorado de él tan deprisa, por eso sentía aquella
atracción tan irresistible hacia el y en tan poco tiempo. Alberto dejó el libro
y el frasco sobre la mesilla de noche y salió de la habitación con la bolsa de
viaje en la mano. Ricardo había recibido su propia medicina, solo que nunca lo sabría.

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