RELATO GAY. CORAZÓN DE PIEDRA. CAPÍTULO 8. FINAL: DE CARNE Y HUESO
Ángelo logró apartarse en
el último segundo.
La columna se estrelló
contra el suelo y se partió en varios pedazos. El joven los observó extrañado.
Se acercó un poco más para comprobar si lo que estaban viendo sus ojos era
cierto o era producto de su imaginación.
Boquiabierto, vio como
los pedazos de la columna sangraban.
Se aproximó un poco más y
tocó uno de ellos con el dedo índice.
Atónito, descubrió que la
piedra, ya no era piedra. Esta se había convertido en pedazos de carne
sanguinolenta.
Observó también el suelo a su alrededor, el cual todavía seguía temblando bajo sus pies.
Se abrían grietas aquí y allá, de las cuales manaba sangre como si se tratara de un rojo manantial.
De repente, la firmeza del suelo comenzó a esfumarse, y Ángelo sintió un escalofrío al ver sus pies hundiéndose en lo que ahora era una mezcla de tejido sanguinolento y fragmentos óseos
Entonces, cayó en la cuenta. El templo debía estar construido con los cuerpos que Medusa había convertido en piedra, y ahora que esta había muerto y la maldición había desaparecido, todos esos cuerpos estaban volviendo a su estado original. Estaban volviendo a ser de carne y hueso, y por eso, todo el templo se estaba desmoronando.
Ángelo tenía que salir de
allí cuanto antes, si no quería morir aplastado bajo cientos de toneladas de
carne humana.
Otra columna comenzó a
derrumbarse a su derecha.
Ángelo se apartó de su
trayectoria tan rápido como pudo, escuchando a su espalda el gran estrépito de
la piedra al chocar contra el suelo.
Continuó avanzando a paso
ligero, en dirección a la ladera de la colina por la cual antes había ascendido
hasta el templo. Estaba herido y dolorido, por lo que le resultaba imposible caminar
más deprisa. Para empeorar más las cosas, cada vez le costaba más avanzar, pues
los pies se le hundían entre los pedazos de carne en que el suelo empedrado se había
convertido.
Con gran dificultad, por
fin llegó hasta el borde de la colina y comenzó a descender por la ladera de
esta lo más rápido que le permitían sus piernas.
La sangre que manaba del
templo también descendía por la empinada ladera, formando una sangrienta
catarata.
A Ángelo le dolía todo el
cuerpo y estaba herido y cansado, pero sacó fuerzas de donde pudo para alejarse del peligro y ponerse a salvo.
Una vez llegó al pie de
la colina, por fin pudo detenerse a descansar y recuperar el aliento.
El peligro había pasado.
Estaba a salvo.
Había sobrevivido. No sabía
como, pero lo había logrado.
Alexander le había dado
fuerzas para hacerlo. Lo había conseguido por él. Por su deseo de volver a
verle.
Pasados unos minutos,
tras recobrar el aliento, Ángelo decidió ponerse en marcha.
Lo único que deseaba en
aquel momento era volver a casa.
Lo único que quería era
volver a ver a Alexander.
Este le estaría esperando
en la cabaña. Estaría asustado y confundido.
No podía esperar a verlo.
No podía esperar a
abrazarlo.
Acto seguido, Ángelo se puso en marcha, emprendiendo el camino de vuelta a su hogar.
Mientras se dirigía hacia
el bosque que debía atravesar para volver a casa, no dejaba de pensar en
Alexander. A pesar de que había logrado su objetivo y había matado a Medusa, no
podía evitar sentir algo de miedo. Un miedo que solo se disiparía cuando viera
a Alexander sano y salvo.
Pero… ¿y si algo había
salido mal?
¿Y si Alexander todavía
continuaba convertido en piedra?
Las piedras del templo se
habían convertido en carne, aunque el resultado final no había sido demasiado
halagüeño,
¿Y si había ocurrido lo
mismo con Alexander?
El miedo le invadió de
repente.
Apresuró el paso. Tenía
que llegar a casa cuanto antes.
* * *
Ángelo atravesó la puerta
de la cabaña a toda prisa.
Recorrió el pequeño salón
a toda velocidad y se dirigió hacia el dormitorio.
Se adentró en este, con el
corazón a punto de salírsele del pecho.
No había parado a
descansar ni un solo segundo durante su viaje de vuelta. Necesitaba saber cuánto
antes si Alexander se encontraba bien.
Su preocupación aumentó
cuando encontró el dormitorio vacío. La estatua de Alexander no estaba allí. Solamente
se hallaba, tirada en el suelo, la sábana que la cubría.
Ángelo salió del
dormitorio y se paró en el centro del salón, inquieto.
¿Dónde se encontraba
Alexander?
No podía haber
desaparecido sin más.
En ese momento, un
destello de sombra cruzó la estancia. El sol vaciló, oculto tras la figura que
pasaba frente a la ventana del salón.
Ángelo dirigió su mirada
hacia esta, pero no vio a nadie fuera, aunque estaba claro que alguien acababa
de pasar por allí. Alguien que se encontraba en el exterior de la vivienda.
El joven corrió hasta la
entrada y atravesó la puerta, esperanzado.
El corazón le dio un
vuelco cuando en el porche de la cabaña, frente a él, encontró a su amado Alexander.
Las lágrimas afloraron a los
ojos de Ángelo mientras se lanzaba a sus brazos.
- ¡Estás aquí y estás
bien! - exclamó Ángelo, abrazando a Alexander con fuerza, mientras este le observaba, confundido.
Había pasado un largo año desde
la última vez que Ángelo sintió el calor de esos abrazos. Cuanto los había añorado.
Después, el muchacho besó
apasionadamente a Alexander, como si le fuera la vida en ello. Como si fuera el
último beso de sus vidas.
Ambos se fundieron en
aquel beso sin decir ni una sola palabra.
El tiempo y el espacio se
diluyeron a su alrededor.
Aquel apasionado beso, sellaba el fin de la terrible espera que Ángelo había soportado. De tantas
noches en vela y de tanto dolor. Un beso que era el lazo que volvía a unir dos
almas destinadas a estar juntas.
- ¡Estás bien! - repitió Ángelo,
separando sus labios de los de Alexander y poniendo fin a aquel precioso
momento - ¡Estas aquí y estás bien!
-Claro que estoy bien,
¿por qué lo dices? ¿Qué ha ocurrido? - preguntó Alexander, perplejo.
- ¿No recuerdas nada? -
preguntó Ángelo.
-Estoy un poco confuso.
Recuerdo estar en el bosque, recogiendo leña. De repente, apareció aquel
terrible monstruo con serpientes en la cabeza- relató Alexander- Después, aparecí
aquí, en la cabaña, cubierto con una sábana en nuestro dormitorio. ¿Y a ti qué
te ha ocurrido? ¿Por qué estás herido?
-Es una historia muy
larga que ya te contaré con más calma- indicó Ángelo- Ahora lo único que
importa es que tú estés bien. ¿Cómo te encuentras? No te sientes mal, ni raro…
Ha pasado mucho tiempo desde tu encuentro con Medusa y…
-Espera, ¿cómo que mucho tiempo?
- preguntó Alexander, desconcertado- Nos hemos visto esta mañana, cuando nos
hemos despedido al irme a buscar leña.
-Vamos dentro, creo que
ambos deberíamos sentarnos, sobre todo tú para poder asimilar todo esto- indicó
Ángelo, encaminándose hacia la puerta.
- ¡Dime que ocurre! -
exclamó Alexander, cortándole el paso.
Ángelo se detuvo y emitió
un largo suspiro.
-Pues que no nos hemos
visto esta mañana- confesó a continuación- ha pasado un año.
- ¡¿Un año?! ¡No es posible!
- exclamó Alexander, incrédulo.
-Si es posible- indicó Ángelo-
y ahora si me disculpas, yo al menos si necesito sentarme.
-Claro, lo siento. Vamos
dentro y cuéntamelo todo mientras te curo esas heridas- señaló Alexander,
situándose junto a Ángelo y encaminándose juntos hacia la entrada de la cabaña.
Ambos atravesaron la puerta de la vivienda y la cerraron tras
de sí.
Ahora, ambos tenían una
nueva oportunidad para ser felices.
Tras tantas desgracias e
implacables peligros, parecía que por fin el destino les sonreía.
Su amor había plantado
cara a múltiples amenazas, repulsas e incluso a la muerte, y había logrado
sobrevivir.
Aquellas vicisitudes les habían
hecho más fuertes.
Aquel viaje, les había puesto a prueba, y ambos habían superado esa prueba con creces. Porque después de todo, como suele decirse, el amor siempre encuentra el camino de vuelta a casa.
FIN
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Carlos es un joven gay que no tiene demasiada suerte en casi ningún aspecto de su vida. Tanto es así, que cuando por fin encuentra el amor, aparece también el cáncer.
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