RELATO GAY. CORAZÓN DE PIEDRA. CAPÍTULO 5: HA LLEGADO EL MOMENTO
-Bésame- dijo Ángelo,
rodeando a Alexander con sus brazos.
Ambos se encontraban en
el interior de su confortable cabaña.
Este, le besó
apasionadamente y ambos se fundieron en un solo ser. Como cada vez que se
besaban, se paró el tiempo para ambos. Solo existían ellos, no había nada más a
su alrededor. Solo existían sus labios, sus cuerpos, su calor… Cuando estaban
juntos, se paraba el mundo, y eso solo era capaz de conseguirlo el amor verdadero.
Cuando sus labios se
despegaron, los jóvenes volvieron a la realidad.
Permanecieron abrazados
todavía unos instantes, disfrutando del momento y de cada segundo juntos.
Después, se soltaron para ponerse en marcha y comenzar con su rutina diaria.
Alexander recogió su
mochila del suelo y se la colgó en la espalda.
- Solamente estaré fuera
un par de horas- señaló el joven- recogeré algo de leña y volveré a casa
enseguida.
-Tenemos suficiente leña
para esta noche- indicó Ángelo- ¿Por qué no lo dejas para mañana? Así podré acompañarte.
-No te preocupes, tu ve
al pueblo a vender nuestras frutas y verduras, yo me las apañaré bien solo-
respondió Alexander, dándole un beso en la mejilla y encaminándose hacia la
puerta- Te veo a la hora de comer. Hoy prepararé algo especial.
- ¿Y eso? - preguntó Ángelo,
sorprendido.
-Por nada en particular,
simplemente porque nos van bien las cosas- respondió Alexander, abriendo la
puerta y deteniéndose en el umbral- Luego te veo. Te quiero.
-Yo también te quiero-
respondió Ángelo.
La puerta se cerró y el
muchacho escuchó a través de esta los pasos de Alexander, que se alejaban por
el camino de tierra de la entrada.
Ángelo caminó hasta la
ventana y observó a Alexander mientras se alejaba. Se quedó allí parado,
mirándole hasta perderle de vista, como solía hacer cada vez que el joven salía
de casa.
Pensaba en cuanto le
quería. En lo enamorado que estaba de él y lo feliz que era por ser
correspondido.
Pero lo que Ángelo no sabía,
era que aquella sería la última vez que vería a su amado, al menos en carne y
hueso, pues lo encontraría varias horas más tarde convertido en una escultura
de fría y dura roca. Condenado a no volver a sentir su piel. Condenado a no
volver a sentir el calor de sus labios. Ambos muchachos, condenados a estar tan cerca el
uno del otro y a la vez tan lejos.
Una condena que Ángelo no
estaba dispuesto a aceptar.
Ese mismo día, juró que
se vengaría por lo sucedido y rescataría a Alexander de su cárcel de piedra.
Sí, lo haría.
Cuando llegara el
momento, lo haría.
* * *
Ángelo y Medusa se
encontraban frente a frente.
El muchacho intentaba no
mirarla a los ojos.
¿Cómo iba a luchar así?
No podía combatir con los
ojos cerrados.
- ¿Por qué has venido a
profanar mi templo? - preguntó Medusa, con su voz atronadora.
-Vengo buscando venganza-
respondió Ángelo.
- ¿Venganza? - preguntó
Medusa, confundida.
-Sí, por un hombre que
convertiste en piedra hace un año y no merecía acabar así- señaló Ángelo, sin
apartar la vista del suelo.
-He convertido en piedra
a muchos hombres- indicó Medusa- Como comprenderás, es imposible que me acuerde
de todos.
- Él no hizo daño a
nadie, solamente estaba recogiendo leña en el bosque. Ni siquiera se acercó a
este templo. ¿Por qué le hiciste eso?
-Creo que sé de quien me
hablas- señaló Medusa- El granjero.
- ¿Le recuerdas? -
preguntó Ángelo, con la voz llena de odio.
- ¿Cómo olvidarle? Era un
hombre bellísimo. Una pena que acabara de esa forma- dijo Medusa- No fue mi
intención. En realidad, fue un accidente. A veces salgo a pasear por el bosque,
y aquel fue uno de esos días. Me encontré con él mientras recogía leña, lo
recuerdo bien, y nuestras miradas se cruzaron tan solo un segundo, lo
suficiente para que el pobre acabara convertido en roca. Una pena, pero
simplemente se encontraba en el lugar incorrecto, en el momento equivocado.
-¡¿A eso le llamas
accidente?! ¡Le has robado la vida! ¡Nos has arruinado la vida a los dos! –
exclamó Ángelo.
-¡Vaya, vaya! Dos hombres
enamorados- dijo Medusa, sorprendida- Solo por eso, si pudiera, le devolvería a
la vida. Pero es completamente imposible revertir el hechizo que provoca mi
mirada.
-No es imposible, hay una
manera- señaló Ángelo- Se puede revertir con tu muerte.
Medusa soltó una
carcajada que resonó por todas las ruinas del templo.
-Como he dicho, es
imposible, nadie puede matarme- indicó esta sin dejar de reír.
- ¡Yo he venido a matarte!
- exclamó Ángelo.
-Has venido a intentarlo-
respondió Medusa con semblante serio- Por cierto, ¿no quieres alzar la mirada y
ver mis preciosos ojos? A tu enamorado le encantaron. Al verlos, se quedó de piedra.
Tras decir esto, soltó
una estrepitosa carcajada.
La ira comenzó a aumentar
en el interior de Ángelo.
Aquella maldita pécora se
atrevía a burlarse.
-No gracias, si mirara tu
horrible cara, lo más probable es que me entraran ganas de vomitar- respondió Ángelo
a la vez que desenfundaba su espada.
-¡¿Qué has dicho?!-
exclamó Medusa encolerizada.
Acto seguido, dio un
salto y en un segundo aterrizó frente a Ángelo. Con un movimiento rápido y
feroz, le arañó el brazo con sus garras, provocándole un profundo corte que
comenzó a sangrar profusamente.
La espada cayó de las
manos del muchacho.
Luego, con un brutal
empujón, Medusa le tiró al suelo, dejándole aturdido y dolorido.
Ángelo se incorporó como
pudo, hasta sentarse, y miró su brazo. Este sangraba abundantemente. Desde el
suelo, vio como Medusa venía a toda velocidad hacia él.
Enseguida, el muchacho
llevó su mano hasta el pequeño saco que le había entregado Delia antes de
emprender su viaje. Lo abrió y vio como la esfera de color azul brillaba con
fuerza.
Había llegado el momento
de usarla.
La tomó en su mano y la
lanzó contra el suelo con todas sus fuerzas, a los pies de Medusa.
Esta se detuvo y miró la
esfera sorprendida. Al romperse, de su interior comenzó a salir una especie de
humo blanco, que fue dispersándose por el lugar, formando una espesa niebla.
Ángelo se puso en pie.
Miró a su alrededor, buscando su espada, pero la niebla le impedía verla.
Tampoco podía ver a Medusa. No sabia donde se encontraba aquel monstro
desalmado.
Miró en todas
direcciones, pero no conseguía ver nada, la niebla lo había envuelto todo como
una telaraña.
De repente, de entre la
espesa niebla, apareció la terrible garra de Medusa. Esta agarró por el cuello
a Ángelo y lo elevó mientras sus pies pataleaban inútilmente en el aire,
colgando a varios palmos del suelo.
- ¿Creías que ibas a
vencerme con estos trucos de bruja? Hace falta algo más para detenerme- señaló
Medusa, apretando con su garra el cuello de Ángelo cada vez con más fuerza.
Después, acercó al
muchacho hasta ella, situando su rostro frente al suyo.
El joven mantenía los
ojos cerrados, apretando los párpados con todas sus fuerzas para evitar la
mirada de Medusa.
- ¡Abre los ojos! - ordenó
esta- Abre los ojos y acabemos con esto de una vez.
Acto seguido, apretó un
poco más el cuello de Ángelo con su garra. Las uñas de Medusa comenzaron a
clavarse en la piel del joven y un hilillo de sangre comenzó a caer por su
garganta.
Los ojos de Ángelo se
encontraban frente a los de Medusa. Si los abría un solo instante, todo habría
terminado.
Había llegado su hora.
Sería mejor rendirse,
abrir los ojos y no prolongar más lo inevitable.
CONTINUARÁ...
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