RELATO GAY. CORAZÓN DE PIEDRA. CAPÍTULO 1: UN BESO PÉTREO Y SIN ALMA
Grecia-
Año 1554
Ángelo
vivía en una cabaña situada en el bosque, rodeada de árboles y vegetación por
los cuatro costados, y ubicada a varios kilómetros de la aldea más cercana. Le encantaba
la tranquilidad que se respiraba en aquel lugar tan apartado y alejado de la
civilización, ya que no era demasiado aficionado a relacionarse con la gente ni
a entablar amistades.
La
cabaña era una vivienda modesta, pero que disponía de todo lo que Ángelo
necesitaba para vivir cómodamente, no precisaba de nada más. Esta contaba con
un pequeño dormitorio, un cómodo salón y una minúscula pero funcional cocina.
Fuera, en la parte de atrás de la vivienda, se encontraba un modesto trastero,
donde Ángelo almacenaba la leña, sus herramientas de trabajo, ya que el joven
era agricultor, y también sus armas. En la parte delantera, Ángelo había
dispuesto un huerto de gran tamaño, casi el triple que la cabaña, en el cual el
muchacho cultivaba las frutas, verduras y hortalizas, que luego vendía en la
aldea o que intercambiaba por carne, huevos o queso.
Ángelo
era un joven apuesto, atlético y musculoso. Tenía el cuerpo perfectamente
esculpido, gracias a las largas horas de duro trabajo en el campo. Su cabello
era negro y su piel morena, bronceada por el sol que bañaba su cuerpo en las
largas jornadas que pasaba en su huerto. Su rostro era anguloso y varonil, y
sus ojos profundos y de un color castaño precioso, pero en los cuales, si eras
buen observador, se atisbaba un destello de tristeza.
Ángelo
había sido agricultor toda su vida, profesión que había aprendido de su padre, pero también había procurado formarse en el uso de las armas, ya que debía
saber protegerse de los asaltantes y ladrones que en multitud de ocasiones
rondaban el lugar.
En
aquel momento, el joven se encontraba en el salón, devorando su desayuno. Se
introdujo en la boca el último pedazo de pan con queso, y acto seguido, cogió
su taza y bebió de un trago toda la leche que esta contenía. Después, se levantó
de la mesa con la taza y el plato en la mano, y se encaminó hasta la cocina.
Introdujo ambos objetos en un barreño lleno de agua, para dejarlos en remojo y
fregarlos más tarde, y dio media vuelta, dirigiéndose hacia el dormitorio a
toda velocidad.
Entró
en el cuarto y caminó hasta un enorme objeto que se encontraba en el centro de
la estancia, el cual estaba cubierto por una sábana blanca. Este tenía casi la
misma altura que Ángelo. Una vez estuvo frente al gran bulto que cubría la tela,
tiró de ella, dejando al descubierto lo que esta ocultaba.
Bajo
la sábana se encontraba una estatua de piedra, en la cual estaba tallada la
figura de un hombre. A la escultura no le faltaba detalle. En ella estaba
representado el cuerpo de un joven con el torso desnudo, que sostenía un hacha
en su mano derecha. Era un joven bellísimo, aparentemente de la misma edad que Ángelo.
Este se aproximó un poco más a la estatua, acercó su rostro al de esta y propinó
un cálido beso en los labios al apuesto joven de piedra. Tras esto, volvió a
cubrir la escultura con la sábana y dio media vuelta, saliendo del dormitorio a
toda prisa.
Atravesó
el salón a paso ligero y se dirigió hasta la entrada de la vivienda. Agarró el
pomo de la puerta y la abrió para salir al exterior.
El
muchacho se llevó un susto de muerte al encontrar en el umbral a su amiga
Delia, la cual tenía el puño alzado frente a su rostro, ya que justo en ese
momento se disponía a llamar a la puerta.
-
¡No puedes ir allí! - exclamó la joven empujando a Ángelo al interior de la
cabaña y cerrando la puerta tras de sí.
Delia
era la mejor y única amiga de Ángelo. Era una muchacha de cabello largo y
rubio, con la tez blanca y tersa. Era una chica rellenita y muy bonita, con
curvas generosas y con un físico imponente, fuerte y saludable.
-Aparta
de mi camino- respondió Ángelo- debo ir, ha llegado el día.
-Si
vas a ese lugar, ella te matará- indicó Delia agarrándole por el brazo para
detenerle- No debes subestimarla.
-
¡Esa mala pécora convirtió a Alexander en piedra, esto no puede quedar así! -
exclamó Ángelo mientras señalaba la puerta del dormitorio con el dedo- Se lo
debo. Sé que él hubiera hecho lo mismo por mí.
-Medusa
es más peligrosa de lo que imaginas- señaló Delia con semblante serio y
preocupado- es un monstruo perturbado y es muy fuerte, por no hablar de que
basta con mirarla un segundo a los ojos para terminar como el pobre Alexander,
convertido en roca.
-Delia,
ya sabes que Alexander lleva más de un año en ese dormitorio, cubierto con una
sábana como un trasto viejo. Estábamos enamorados. Nos queríamos y esa
serpiente venenosa lo destruyó todo. Voy a ir allí, claro que sí. Además, la
vida sin Alexander no tiene ningún sentido. No me importa morir- señaló Ángelo
con tristeza, mientras una lágrima comenzaba a descender por su mejilla- Ya
sabes lo que dice la leyenda. Si alguien acaba con la vida de Medusa, todo
aquel que haya sido convertido en roca por su mirada volverá de nuevo a la
vida, abandonando su cárcel de piedra y retornando a su cuerpo carnal. Tengo
que salvar a Alexander y ni tu ni nadie podrá detenerme.
CONTINUARÁ...
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Carlos es un joven gay que no tiene demasiada suerte en casi ningún aspecto de su vida. Tanto es así, que cuando por fin encuentra el amor, aparece también el cáncer.
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